1.3 Overview
2.2.15 Discussion
Amigos todos de la Universidad de Navarra y del profesor Carvajal, a todos os anuncio y os agradeceré por ello, que me permitais tan sólo dirigirme al homenajeado. Perdonadme pero bien se lo merece. Se trata de la celebración de un homenaje.
Querido Javier: Hace dos meses me invitó la Escuela de Arquitectura de esta Universidad, por la gran relación que siempre nos unió a los dos, a que participara en este homenaje que se te rinde, en justa correspondencia a la gran labor que aquí has realizado, la semilla que en Pamplona has sembrado y la docencia arquitectónica y personal que tan brillantemente has testimoniado, pregonado y adoctrinado.
Inmediatamente acepté agradecido porque para cualquiera, entre otros yo, no sólo es un honor sino también una obligación, acudir a home- najear a un compañero como tú, que diste cuanto pudiste por nuestra pro- fesión, que recorriste tantos caminos en el campo profesional, e incluso en otros ajenos, y en todos ellos dejaste tu huella personal y notable. Era una oportunidad deseable de rendir al compañero entrañable e insigne un aplauso más de los muchos que has de recibir, además de los que ya reci- biste siempre, pero te aseguro, Javier, que el aplauso no sólo es fruto del choque de las palmas sino que es, además, el que lanza el corazón gozoso al aire, es el aplauso cordial del compañero que te admira con el más sen- cillo y afable de los entusiasmos.
Por todo lo que has hecho, bueno e incluso menos bueno, es cono- cido por todos, son hechos ciertos admirados, aplaudidos y pregonados. Todo es evidente, tan evidente que no es preciso investigar sobre ello para confirmar su certeza. Viene publicandose desde que iniciaste tu caminar profesional en 1953 y sería tan fácil hablar sobre ello que no lo voy a hacer, no quiero hacerlo porque tú no aceptarías con agrado que sólo se hable de tus hechos ciertos; son tan numerosos, de tanto mérito y tan cono- cidos que no habría que esforzarme demasiado para contarlos. Además de que este acto, más que de exposición exhaustiva profesional, considero que debe tratar de cantar las virtudes, rectitud, integridad y cumplimiento de una labor realizada muy meritoriamente por ti y que es obligado agra- decer.
Es por ello que he decidido imaginar y suponer lo que puede lle- gar a ser tu falta permanente y definitiva en la Cátedra de Proyectos que has venido desarrollando en nuestra Escuela de Arquitectura como colofón
diste para exponer y manifestar tu docencia avalada por tus obras, condi- ción o peculiaridad fundamental, básica y esencial; no se puede ejercer la docencia y enseñanza eficaz en la Cátedra de Proyectos si no se enriquece la personalidad y sensibilidad del maestro con un ejercicio profesional amplio y permanente como el tuyo.
Pues bien, querido Javier, yo no me imagino nuestra Escuela, y digo nuestra porque lo es, tuya, mía y tantos otros que la hicieron posible, repito, no me la imagino sin un hombre con aspecto y aire erguido, flaco, escueto, seco y, no obstante, y sin necesidad de hablar con él, tan sólo con- templándole, poder percibir y percatarse, y además acertar, que esa figura humana, tú, está sin duda llena de inteligencia, agudeza y entendimiento tan necesarios para conformar un gran arquitecto, vocacionalmente dotado para expresar oral, gráfica y espacialmente todo lo que llevas dentro. ¿Al faltar tú en la escuela, te suplirá alguien que de a entender o somejar esa imagen tan llena de contenido y carisma?
Los que habeis conocido a Javier Carvajal en la Escuela ¿le visteis alguna vez caminar por ella sólo? Yo nunca. Siempre ha ido con personas; generalmente jóvenes estudiantes, a su lado y llevandole como en el cen- tro de un corrillo parlante, como en una mesa redonda móvil y él, siempre, de moderador activo, protagonista y centro de gravedad. ¿No os ha llama- do la atención esta peculiar y frecuente imagen? Y, ¿porqué no se hace eso mismo con otros profesores? Al faltar tú, ¿se repetirá con otro? ¿Llegará a tener el carisma como el tuyo, que a mi tanta envidia me dio siempre, para lograr esa imagen tan llena de “gancho” y que tanto puede ayudar a la enseñanza, como ha ocurrido contigo? Ese detalle o actitud de los alum- nos, ¿no es una manifestación, indicio o síntoma de admiración y recono- cimiento por tu magisterio?
Y ¿qué puedo decir de tus clases? En nuestra Escuela, y creo que por fortuna y como debe ser, la perspectiva visual de las aulas gráficas acristaladas es total desde el exterior lejano. Cuantas veces, en mis muchos años también de docencia, desde mi despacho, enfrente del tuyo, y media planta mas alta favoreciendo la vista, he visto al profesor, tú, desa- rrollando auténticas lecciones magistrales en diálogos abiertos y claros, ante croquis y planos, sentado frente a la larga mesa de dibujo, rodeada de alumnos ansiosos por escuchar tus palabras, con la intención de no olvi- darlas nunca, porque significan, ciertamente, la Arquitectura misma, la transcendencia de su función y la deseada atracción de su plástica exterior e interior. Esa “gozada” de explicar Como tú lo has venido haciendo siem- pre, y más “gozada” aún, de escuchar, por parte de los alumnos tus pala- bras llenas de garra, énfasis y entusiasmo cuando hablas de Arquitectura, de su poesía y su denso contenido eminente y sublime ¿tendrá continuidad en tu sucesor?
¿Qué dirán aquellos alumnos que oyeron hablar de ti y que, por ello, deseando oirte cuando llegue su turno, no te vean porque te releva- ron? ¿No se sentirán, si no engañados, sí decepcionados?
Y, en cuanto a los tribunales, exámenes, etc..., en aquéllos miem- bros de los mismos que te conocieron actuando en algunos de ellos, ¿no sentirán la falta de tu buen juicio en la crítica y rigor para enriquecer las razones de sus decisiones?
Javier , si todo lo dicho producirá, evidentemente un trastorno en la audiencia y presencia universitaria, no menos sucederá cuando se eche de menos tu aportación y testimonio permanentes en el cumplimiento, y hacer que se cumpla, una disciplina y una obligada seriedad en todos los eventos y sucesos: Y no se olvidará la puntualidad rigurosa que practicas y la asistencia ejemplar y testimonial a todos los actos a los que fuiste con- vocando participando, además, en ellos con la precisión , bríos y decisión que son necesarios muchas veces, aunque en algunas ocasiones resulten, por tu supuesta arrogancia, molestos y mal interpretados. Todas estas cua- lidades apuntadas por la sociedad en general, suponen y constituyen un patrimonio rico y necesario para una óptima y útil organización social en paz.
Todo lo manifestado hasta ahora son cualidades, dotes y peculiari- dades que sólo seres humanos extraordinarios pueden expresar y patenti- zar. Pero, con ser mucho esto, en ti se acrecienta su desarrollo y puesta en práctica con esa capacidad de trabajo excepcional e insólita que te hace aportar más, incluso, de lo mucho que se te pide. Es por ello, y siempre nos sorprendió, que puedes llegar a tantas solicitudes, a tantas colaboraciones y dedicaciones y, en suma, a practicar y ofrecer una eficiencia casi insul- tante por lo inusual.
Por último, pero transcendente y serio, ¿no es incomprensible y, quizá, absurdo, que una cabeza lúcida y llena de profesión y vocación, como es la tuya, tenga que decir adiós, porque así lo exige una hoja del calendario? Pienso, pero no lo deseo, que estas medidas no mermen la cali- dad universitaria. Para evitarlo, confío en que el “poso” que dejas sea muy valioso y se aproveche. Todo ello en beneficio de los alumnos, ya casi arquitectos, de la Arquitectura y de nuestra Escuela de la Universidad de Navarra.
Y no puedo, ni quiero, dejar de expresarte mi agradecimiento por lo mucho que nos has dado a todos.