2. NSP4 INTERACTIONS WITH AND FUNCTIONAL STUDIES OF
2.4 Discussion
LA SALVACIÓN DEL HOMBRE
En el siglo XIV hubo un eminente sacerdote budista de nombre Muso. En cierta ocasión, él dijo: “En verdad, no hay naciones en apogeo o naciones en ruina”, lo que significa: “Sea cual sea la situación manifestada a los ojos carnales, no pasa de un aspecto fenoménico, es decir, no pasa de una ‘sombra’ proyectada por la mente humana. Por lo tanto, ni el esplendor ni la decadencia de las naciones tiene una existencia real”. La esencia de estas palabras es la misma contenida en la afirmación que hacemos en Seicho-No-Ie: “El fenómeno no es realidad. Las infelicidades, las enfermedades, etc., son sólo fenómenos y, por eso, no tienen una existencia real, no pasan de manifestaciones de karmas acumulados en la mente del hombre.” Como vemos, la esencia del Zen-budismo es la misma de la enseñanza de Seicho-No-Ie.
También el maestro Hakuin, otro sacerdote budista de gran renombre, expresó: “En su estado original, todo hombre es Buda, del mismo modo que el hielo, originalmente es agua”. El significado de estas palabras, básicamente, es el mismo del contenido en la afirmación de Sei- cho-No-Ie: “No hay nadie que verdaderamente sea malo”. En su esencia, todas las personas son buenas, pues son hijas de Dios. Es igual decir que “el hombre es Buda” o que es “hijo de Dios”. Lo importante es comprender que originalmente todo hombre es bueno y no hay uno solo que “esencialmente sea malo”.
que todos esos pecados “no tienen existencia real”, porque Dios no creó pecados ni pecadores. Esto no pasa de “sombras” proyectadas por la mente humana, comparables a las imágenes proyectadas en “una pantalla de cinema.” Y ¿por qué se proyectan esas “sombras” en la pantalla de la vida? Porque los hombres- por desconocer su propia perfección original mantienen en su mente la idea de que el “pecado existe y que todos los hombres son pecadores”. Esta idea es proyectada en el mundo de las formas, porque este mundo es una especie de pantalla de tres dimensiones. Y el hombre, al ver estas “sombras” proyectadas, vuelve a grabar en su mente la idea de pecado y de pecador; y de esta manera, da lugar al círculo vicioso de proyecciones de los karmas negativos. Sin embargo, a partir del momento en que comprendemos que “en realidad, no existen ni pecados ni pecadores, que existen únicamente Dios y los hijos de Dios”, lograremos alcanzar un mundo de total libertad, trascendiendo las imperfecciones manifestadas en el plano fenoménico.
Cristo dice: “... y la Verdad los hará libres” (Juan 8, 32). Y también: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Juan 14, 6) “La Verdad” es lo que realmente existe: no se trata del aspecto manifestado provisoriamente, sino el Aspecto Verdadero (Imagen Verdadera). La mayoría de las personas, equivocadamente, cree que es existencia verda- dera, lo que se manifiesta temporalmente. Sólo existe lo que de verdad existe; y las demás cosas, que no son existencias verdaderas, no existen. Lo que es existencia falsa no puede ser considerado existencia. El fenómeno es una cosa manifestada y, por eso, no podemos decir que él existe. Esto es comparable a las escenas de una pieza teatral o de una película, por más auténticas que puedan parecer, nunca son escenas reales. Por ejemplo: aunque un actor “mate” a cien personas en el escenario, es sólo una acción de la pieza teatral. En realidad, él no ha matado ni una sola persona lo que puede ser constatado fácilmente, si miramos los camerinos de los artistas. Lo mismo sucede res- pecto al cinema: por más auténticas que parezcan ser las escenas de una batalla sangrienta en que mueren millares de personas, ellas no son reales. No pasan de ser creaciones de las mentes de los productores de la película, que son captadas por las mentes de los espectadores. Podemos decir, que ellas son sólo “imágenes” proyectadas por la mente y que no existen de verdad.
En la Sutra de Loto del Budismo encontramos este trecho: “Todos los fenómenos son lo mismo que nada”. Realmente, fenómenos son sólo fenómenos y no son sustanciales. El aspecto fenoménico de este mundo no es su aspecto verdadero. Lo que existe realmente es el “mundo pleno de luz creado por Dios”. Y todos sus habitantes son perfectos y viven en armonía, pues son hijos de Dios. He ahí, la Imagen Verdadera de este mundo y de las personas que lo habitan.
¡Escuchen todos los que lloran porque sufren de enfermedades e infelicidades! Levanten los ojos y graben la luz de la Imagen Verdadera. Por más reales que parezcan las enfermedades, las infelicidades y las tragedias “manifestadas” en sus vidas, crean que ellas “no tienen existencia real”, pues son sólo fenómenos. Es esencial que todos nosotros mentalicemos constantemente esta Verdad.
En la conferencia anterior, relaté el caso de un niño que dejó de “mojar la cama” a partir de la noche en que su madre, sentándose a su cabecera después que él se quedó dormido le susurró durante el sueño alrededor de 10 minutos, las palabras: “Tú eres un niño bueno y cariñoso”. Como podemos ver por este ejemplo, la manifestación de los aspectos imperfectos del hombre cesan cuando se graba en su subconsciente la Verdad que dice: “El hombre, por ser hijo de Dios, es bueno, es generoso, es perfecto”. Comúnmente, los padres cuyo hijo tiene el problema de “mojar la cama” intentan curarlo a través de severas reprimendas, diciéndole constantemente: “Tú ya estás muy grande para orinarte en la cama. ¡¿No tienes vergüenza?! De alguna manera tienes que dejar esa fea costumbre, ¿me escuchaste?” Pero, cuanto más los padres lo regañan, más profundamente se graba en la mente del niño la idea de “mojar la cama”, por lo que él no puede dejar la mala costumbre.
Tal vez, ustedes piensen que le doy demasiada importancia a un caso tan insignificante como la curación de la enuresis. Quiero que comprendan que me referí a este caso sólo como un pequeño ejemplo de cómo podemos mejorar a las personas a través de la mentalización de las palabras positivas. De igual forma, que una simple experiencia de laboratorio puede comprobar una gran verdad científica, también un caso, aparentemente sin importancia, puede mostrarnos la Verdad y ser la base para comprender cómo podemos mejorar realmente a la humanidad.
Si a pesar de que han surgido tantas religiones, la humanidad todavía no alcanzó gran progreso espiritual es porque la mayoría de los predicadores dirige a los fieles palabras negativas: “¡Los hombres son malos!, ¡Los hombres son pecadores!, ¡Es necesario que se arrepientan, que hagan penitencias, que intenten ser buenos, sino el infierno los espera!”. Podemos decir que estos predicadores actúan exactamente como los padres que viven llamando la atención al hijo, con la intención de curarlo del vicio de mojar la cama’. Al grabar en la mente de la humanidad la idea de que “todos son pecadores”, les impiden mejorar, aunque la intención sea justamente la contraria.
Yo tengo la costumbre de escuchar atentamente las conferencias radiales de los predicadores de las diferentes religiones y he notado que casi todos dicen: “El hombre es pecador”. El otro día, escuché que uno afirmaba: “Todo hombre es pecador, no sólo por sus pequeños pecados individuales, sino porque él ya nació pecador debido al pecado original, común a toda la humanidad”. Sé que hacen sus sermones con el noble objetivo de salvar a la humanidad; pero no puedo dejar de pensar cuán perjudicial es grabar en la mente de los hombres la idea de que “todos son pecadores”. No puedo dejar de sentir un gran pesar, cada vez que escucho tales afirmaciones que parten de los que se dicen cristianos. Si analizamos profundamente los textos de la Biblia comprenderemos que Cristo sabía que las enfermedades y las infelicidades de los hombres eran manifestaciones del autocastigo que se origina de la idea de pecado”. Por eso, Cristo curaba a los enfermos cuando eliminaba de sus mentes la “idea de pecado y el subsecuente deseo de “auto punición”. En cierta ocasión, él le dijo a un paralítico: “Tus pecados te son perdonados... Levántate y camina”. En el mismo instante, desapareció de la mente del paralítico la “idea de autocastigo y él se levantó y comenzó a caminar.
“Tus pecados te son perdonados”- Estas palabras Jesús no las dirigió sólo a los enfermos, sino a toda la humanidad. Sin embargo, muchos de los que se dicen seguidores de Cristo predican que “la humanidad está llena de pecados”, “todos los hombres son pecadores”, etc. Parece que no comprenden la esencia de las enseñanzas de Cristo. Al contrario de algunas sectas que de cristianas sólo tienen el nombre, a pesar de no ser conocida como religión cristiana, Seicho-No-Ie comprende la esencia de las
enseñanzas de Cristo, las pone en acción, aplica en la vida práctica no solamente la esencia del Cristianismo, sino también la del Budismo, pues ella se basa en la Verdad de que la esencia de todas las religiones es una sola. No ordenamos a las personas a entrar a un “local limitado” llamado Seicho-No-Ie, pues creemos que la verdadera religión es la que libera realmente al hombre. Por eso, lamentamos saber que existan religiosos como un cierto sacerdote budista que hizo la siguiente “advertencia”: “Si ustedes asisten a Seicho-No-Ie, irán al infierno”. Con seguridad, él actuó de esta manera porque recelaba no poder mantener su propio templo si no retuviese a sus fieles. Sacerdotes como él revelan la pequeñez de su propia fe, porque al hacer tales “advertencias” prácticamente afirman que el poder de Buda es tan débil que es incapaz de salvar a las personas que, en opinión de ellos, “están en mal camino”. El gran maestro Shinran, expresó: “No debéis temer al mal, porque no existe ningún mal que tenga el poder de impedir la Voluntad de Buda”. Y, también, dijo: “Por más terribles que sean los pecados que el hombre haya cometido, con seguridad, entrará en el Paraíso si cree en Buda y toma conciencia de su unidad con Él”. Como vemos, el verdadero Buda es capaz de salvar a los que hayan cometido las peores acciones. Si es así, el acto de leer libros de Seicho- No-Ie, que no es algo nocivo, no será de ninguna manera un obstáculo para el poder de salvación de Buda.
Todo hombre tiene la posibilidad de ser salvo, porque trae en su interior la Vida de Dios o la Naturaleza Divina. El maestro Shinran dijo: “La verdadera fe es la manifestación de la naturaleza búdica (divina) que existe en el hombre”. Entonces, naturalmente podemos concluir que la fe nace en el corazón del hombre, porque él ya tiene dentro de sí el Dios Interior”. La verdadera fe se basa en la conciencia que el hombre pueda tener de su Dios Interior y en su sentimiento de reverencia. Reverenciar quiere decir: “contemplar la perfección de la Imagen Verdadera del hombre y dirigir a esa Imagen Verdadera nuestras alabanzas, nuestro amor y nuestro respeto”, y no simplemente adoptar la posición de oración, cerrando los ojos y uniendo las palmas de las manos. Esta postura debe ser la manifestación natural del amor, gratitud y respeto a la Imagen Verdadera. Lo esencial es la actitud mental: contemplar y reverenciar la Imagen Verdadera perfecta de todas las personas.
“Todas las personas son hijas de Dios. Por lo tanto, no existe ni una sola persona siquiera que sea mala, pecadora, perversa”. Debemos dirigir estas palabras no sólo a los oídos del niño que está a punto de dormirse, sino también a la mente de toda la humanidad. Debemos hacer que la humanidad despierte a la Verdad, mentalizando firmemente: “¡Todos los hombres de la faz de la Tierra, despierten!. Despierten a la Verdad de que todos son hijos de Dios, seres bondadosos y generosos. No hay nadie que desee eliminar al prójimo”. Cuando la humanidad despierte a esta Verdad, mejorará; desaparecerán las enfermedades, la miseria y las guerras. Si la humanidad no ha mejorado, a pesar de su vehemente deseo de concretizar la paz y la felicidad, es porque todavía no eliminó de su subconsciente la idea equivocada de que “el hombre es pecador”, y por eso intenta mejorar, pero no lo logra.
Esta idea provoca el deseo de expiación que lleva a la humanidad a torturarse a sí misma, desencadena guerras crea infelicidades, favorece la aparición de las enfermedades Con seguridad, la humanidad mejorará si hacemos que concentren que “Todos los hombres son perfectos, pues son hijos de Dios”. En realidad, no existe ni un solo pecador siquiera. También, en lo que se refiere a la educación esta concientización es esencial. Mientras los padres profesores y educadores insistan en señalar los puntos negativos, será imposible que se obtengan buenos resultados. Por más imperfecto que sea el aspecto fenoménico de un niño, debemos creer que su Imagen Verdadera es perfecta, y orientarlo de modo que él mismo lo comprenda así. De esta forma, él comenzará a manifestar la perfección de la Imagen Verdadera y será una persona extraordinaria.