OBSERVATIONS
6.0 DISCUSSION
otros autores
En Junio de 2010, Nicolás Ignacio Uribe, publica en la edición
No. 19 de la Revista electrónica de psicología social Poiésis, su
artículo: “Consideraciones psicoanalíticas sobre el abuso sexual y el
maltrato infantil”, donde haciendo alusión a los estudios acerca de
las repercusiones psíquicas de las situaciones de abuso sexual en la infancia, reales o fantaseadas, realizados por Freud (1895), plantea como se descubrió que la etiología de las afecciones neuróticas comportaba situaciones cargadas de agresividad, tales como el maltrato, las cuales adquirían un estatuto sexual en el psiquismo, por medio de falsos enlaces simbólicos los cuales eran creados cuando situaciones erótico-agresivas eran objeto de procesos psíquicos defensivos, tales como la represión. (Uribe, 2010)
Así mismo, el autor, al hablar de consecuencias psicológicas del niño que ha sido abusado sexualmente o maltratado, se debe enfatizar el hecho de que estas situaciones generan un dilema moral para el niño, que puede llegar a ser traumático. Según Freud, el concepto de trauma implica el campo de la sexualidad debido a que las situaciones sexuales hacen operar el mecanismo psíquico de la represión, por medio del cual reaccionan los seres humanos ante vivencias traumáticas, cuando está excluida la posibilidad de
reaccionar de forma normal. Así pues, la relación entre sexualidad y represión permitió que Freud destacara esta forma de defensa como un proceso psíquico patológico el cual dificulta la reacción apropiada ante las situaciones traumáticas, ya que deriva en la retención de la reacción y su posterior tramitación vía la formación de los síntomas neuróticos. (Uribe, 2010)
Uribe (2010), explica cómo partiendo de la conceptualización de la represión, Freud elabora una teoría del trauma centrada en la sexualidad. Dicha teoría, le permite a Freud explicar por qué los síntomas neuróticos no se producen seguidamente después de que ocurren las escenas traumáticas, sino después de un tiempo o período, que llama “incubación” o “elaboración psíquica”.
Con esto se pudiera entonces afirmar, que las situaciones de abuso sexual son traumáticas porque el recuerdo de las mismas entra en conflicto con la conciencia moral de la víctima, generando así una inclinación represiva por parte del yo. Debiéndose esto a la moral inculcada en instituciones sociales básicas, como la familia y la escuela, censurando toda manifestación de los impulsos sexuales en la infancia, lo cual genera en el yo una tendencia a autocensurar sus propias vivencias sexuales. Esto se puede observar en el quehacer clínico, donde se ve cómo, aunque el niño sea la víctima del abuso sexual, existen sentimientos de culpa y malestar con el mismo. Al respecto Bernal (2009) destaca el hecho de que en estos casos: “la culpa recae más sobre la víctima, que sobre el victimario, es decir, que más fácilmente se siente culpable el niño objeto de abuso y explotación sexual, que el proxeneta y el paidófilo” (Bernal, 2009, citado en Uribe, 2010). Así mismo, se tiene que en los casos de
maltrato infantil el niño también experimenta un sentimiento de culpa. (Uribe, 2010)
Vivencias sexuales como el abuso, son difíciles de relacionar con los rasgos de la vida anímica regido por los valores morales, siendo entonces reprimidas. Así entonces que para Freud la represión implica “el interés voluntario de regocijarse con la propia
personalidad, de estar contento con ella” (Freud, 1895, citado en
Uribe, 2010). Es más claro entonces, por qué cuando el niño es abusado sexualmente, aparece un dilema moral, ya que en la parte del psiquismo donde estaban los valores o preceptos morales es totalmente rechazado y reprochado este tipo de actos sexuales, originando un conflicto entre las instancias psíquicas ello, yo y superyó. (Uribe, 2010)
Con la participación del yo en la represión lo central es que sucumbe al proceso represivo todo lo que en el progreso hacia fases evolutivas posteriores, debe ser relegado por inconciliable con lo nuevo y perjudicial para él. En este mismo sentido, Freud planteó que a la conciencia de culpa le escandaliza tanto el sadismo como la elección incestuosa de objeto. Por ello, al hablar de la represión como el proceso por el cual se omite la reacción ante un estímulo psíquico de naturaleza sexual, plantea Freud que lo mismo ocurre en esencia con la emoción producida por la pulsión de venganza que se desencadena ante las situaciones de maltrato físico o psicológico. No obstante, sería un gran error que Freud plantee que la sexualidad infantil, sucumbida por la represión, no aceptara que las pulsiones sexuales sean objeto privilegiado del proceso represivo, ya que esencialmente son estas pulsiones las que hacen fracasar la
represión al conquistar una relevación en los síntomas. De esto que es la principal fuerza pulsional de la formación de síntoma y por eso la pieza clave de su contenido. Así pues, las escenas sexuales son traumáticas no sólo por ser contradictorias con los preceptos morales, sino que a su vez generan en el niño niveles de excitación muy altos, que no pueden ser asimilados en ese momento por la inmadurez del aparato genital, trayendo como consecuencia cargas energéticas constantes, que al no poder ser evacuadas producen alteraciones en el psiquismo. (Uribe, 2010)
En 2002, Carolina Ferreira, publica en el portal electrónico
Galeon, su artículo: “Enfoque psicoanalítico sobre el maltrato infantil”, en el cual expresa algunas ideas planteadas por la Lic. Nur Abdel-Masih sobre la violencia, donde sostiene que la agresividad tiene como base una raíz pulsional, sostenida en la dualidad Eros- Tánatos, donde se inhibe la finalidad directa de la agresividad y su fuerza queda al servicio del yo y del nosotros. Cuando se enfrenta la violencia, se está ante la manifestación más primitiva de la agresión, ante la ruptura del ordenamiento producido por el desarrollo social. Así pues, la violencia implica una regresión al narcisismo primitivo y su omnipotencia. Se regresa desde la posibilidad de utilizar las palabras como medio de comunicación, hasta situaciones donde ésta no tiene lugar y es reemplazada por acciones sin sentido o por palabras manipuladas a modo de actos. (Abdel-Masih, s.f., citado en Ferreira, 2002)
Según la propuesta realizada por Abdel-Masih (s.f.), las manifestaciones de violencia producen rupturas libidinales en distintos ámbitos como se presenta a continuación:
1. Las que marcan directamente al sujeto desde su advenimiento al mundo, provenientes de la estructura y funcionamiento familiar, de los modos vinculares de los progenitores para con el niño.
El abandono emocional por ejemplo se vive como una catástrofe y
configura un trauma narcisista que conlleva la pérdida de amor y la imposibilidad de construir el sentido de su ser y significación de los elementos externos y de su vida pulsional. Estas experiencias quedan en el inconsciente como agujeros psíquicos; van a mimetizarse con el objeto liberándose grandes montos de agresión que repetirá en sus vínculos de adulto, tomando a los otros como aquel objeto anhelado y alguien en quien vengarse. Bajo la presión de la compulsión de repetición operante, buscará objetos y situaciones con los cuales reeditar el vínculo decepcionante primario. Siendo todas estas modalidades las que van a erotizarse en las futuras relaciones con los otros.
2. Los factores que provienen del medio social en forma de modelos
o ideales de la cultura.
Cuando se habla de Edipo desde el psicoanálisis, se hace referencia a las múltiples formas de organización llamadas familia, donde se consideran diversas las expresiones de conflicto sobre las cuales se gesta y difunde la pulsión, el deseo, el narcisismo, la elección de objeto. Lo que se encuentra como antecedentes de conductas violentas (golpes y otros modos graves de manifestaciones de la violencia en la familia), son situaciones de abandono o dificultades en la constitución de la subjetividad, en la constitución narcisística del yo y de identificaciones que otorguen una filiación,
pertenencia y sean marcas de diferencias de las generaciones así como de la diferencia de los sexos. Lo que hace referencia a experiencias de privaciones vividas con mucho dolor u horror que no tuvieron registro psíquico. Con esto se puede decir que la problemática de violencia familiar no necesariamente remite a una estructura psicopatológica. (Ferreira, 2002)
Entonces se haría alusión a lo que se llaman actos psicopáticos, como un paso a la acción. Conductas como estas son conocidas como “acting” y se encuentran relacionadas con la transferencia, en el sentido freudiano del poner en acto, mostrar, actuar, en lugar de verbalizar algo. Es un hacer en lugar de decir. (Ferreira, 2002)
Según Ferreira (2002), toda situación vivencial humana con posibilidades o potencialidad traumática, va a implicar por los menos 2 tiempos:
1. El momento del acontecimiento.
2. El momento de la significación a posteriori. Se trata del tiempo
que impone el trabajo del inconsciente.
Cuando se habla de golpes físicos reales, se tiene que estos serían maneras de lograr de algún modo la inscripción de la pulsión en el registro real del cuerpo del otro. Lo que retorna compulsivamente es aquello que no cesa de escribirse, pues la función homeostática se encuentra ligada a la repetición simbólica. (Ferreira, 2002)
Nombrar algo como Siniestro, implica pensar también en lo familiar, pues cuando se está ante la presencia de maltrato familiar o infantil, se puede ver la marca de aquello que debía permanecer en
secreto, pero que al ser descubierto, no puede ser tapado por un velo, por lo tanto para disimular lo siniestro, se debe recurrir al secreto. Lo siniestro, hace referencia a aquello que excita, que angustia y produce horror, y que pertenece al orden de lo terrorífico, son procesos que despiertan sospecha de ser automáticos (De Bonansea, s.f., citado en Ferreira, 2002).
Freud (1919) citado en Ferreira (2002), "es sólo el factor de repetición no deliberada el que vuelve ominoso algo en sí inofensivo y nos impone la idea de lo fatal, inevitable, donde de ordinario habríamos hablado de casualidad.” (párr. 16)
Ferreira (2002) afirma que padres maltratantes pueden serlo desde personas en estado de extremo estrés hasta las más graves patologías, produciendo esto diferentes niveles y formas de maltratar. Dejando así el niño de ser visto por sí mismo, para entrar a encarnar personajes internos del adulto, implicando con esto, que su presencia como otro en el narcisismo paterno no es soportada, resistiéndose así al abandono de su posición infantil.
"Lo siniestro es que los padres, gestadores y primeros cuidadores de la vida del niño, se conviertan en amenaza o peligro para el mismo" (De Bonansea, s.f. citado en Ferreira, 2002, párr. 23). Lo siniestro es aquello que rompe el narcisismo abruptamente dejando al yo incipiente desamparado, puesto a merced de sus pulsiones sin la posibilidad de hacer discriminaciones.
Freud (1920) expresa: "El estado narcisista primitivo no podría seguir su desarrollo si cada individuo no pasase por un período de indefensión y cuidados, durante el cual son satisfechas sus necesidades por un auxilio exterior y contenido así su desarrollo". (Freud, 1920 citado en Ferreira, 2002, párr. 25). A través de las
distintas experiencias de violencia se produce la libidinización de lo hostil, del dolor. Traumático es cuando el niño se encuentra sometido a constantes e imprevisibles descargas agresivas que no puede significar.
En el niño víctima de situaciones de violencia, se pueden generar descargas a manera de tensiones como el llanto incesante, irritabilidad, constantes demandas, agresión, etc. no logrando la integración paulatina con los aspectos del amor. Así pues, el desborde compulsivo lleva a la angustia de pérdida de límites, surgiendo lo confusional para el niño de la incertidumbre de lo vivido, sobre quién le pegó, la causa, que puede llevar al total sometimiento al estilo de "por mi culpa", "porque fui malo", "por lo que deseé", "por lo que hice o no hice". Son intentos por preservar la bondad de los objetos, a costa de asumir como propios los aspectos terribles. Este sometimiento puede dejar de serlo ante cualquier incidente, apareciendo como desafío activo o pasivo, o como identificación. (De Bonansea, s.f. en Ferreira, 2002).
Entonces, lo siniestro se da cabida cuando el niño piensa que no reconoce en ese acto brutal a quien lo quiere y tiene que reconocer los impulsos destructivos de sus padres y de sí mismo. Una persona que ha sido humillada, sometida, desvalorizada, la mayoría de las veces por una persona muy cercana, a la que también puede amar, va a valorar de manera muy significativa los pequeños gestos de consideración, afecto y respeto. (Ferreira, 2002).
En 2000, María L. Kuperman de Kuitca, publica en la Revista
de Psicoanálisis ApdeBA, Vol. XXII - Nº 2, su artículo: “Violencia
estudio de la problemática del maltrato infantil fue impulsado en la Argentina y en gran parte de Latinoamérica por Diana Becher de Goldberg (1999) con quien Kuperman de Kuitca, ha trabajado desde el enfoque psicoanalítico la problemática de abuso y entre las dos han planteado un esquema fundamental con el cual aproximarse al tema a través de los siguientes pasos:
1. la seguridad del niño para que las acciones abusivas se suspendan inmediatamente.
2. que se realice el diagnóstico psiquiátrico-psicoanalítico lo más exhaustivo posible de las personas allegadas para localizar los factores de riesgo y comenzar a la brevedad los tratamientos psicoanalíticos.
3. estudiar las posibilidades de obtener un reconocimiento mínimo de las acciones por parte de los adultos transgresores.
4. que el niño se contacte con los adultos intervinientes en el problema hasta donde lo permita su seguridad física y emocional. 5. que el niño reciba la explicitación de la verdad, del grado de su implicancia personal o sea de la diferencia entre la responsabilidad de las acciones de los adultos y de las fantasías y accionar propios. 6. recibir las disculpas del grupo transgresor.
7. estudiar las posibilidades mínimas de recuperación (promoción desde lo legal) de la familia abusiva. Se utiliza la expresión “posibilidades mínimas” debido a que, por la dificultad del cuadro, la expectativa de recuperación es mínima pero no por eso menos importante; es decir que en relación al daño que se produce en los vínculos más significativos consideramos que la más mínima recuperación toma una gran envergadura para el niño en lo individual. (Kuperman de Kuitca, 2000, p. 353-354)
La Justicia, refiriéndose a la legalidad de una sociedad, encuentra también enormes dificultades y es motivo permanente de estudio la aplicación de las leyes existentes y la investigación sobre nuevas leyes para estos casos. Otra dificultad es la de la situación social en que se vive, donde algunos padres afirman que si se animarán a denunciar a ciertas personas, que parecieran tener poder, correrían peligro sus vidas. No se puede desconocer que en algunos casos han existido diferencias en cuanto a esto, pero comúnmente en la clínica se puede apreciar como muchos de los temores expresados como riesgo de muerte escondían la fuerza de la fantasía universal de la realización proyectiva de los deseos incestuosos inconscientes de los adultos a través de los niños. (Kuperman de Kuitca, 2000)
En el abuso sexual, la motivación puede estar ligada a una situación dada en una etapa de la vida de una persona, comúnmente a raíz de una pérdida importante, que lleva al sujeto a un estado depresivo severo, hasta una compulsión ritualizada en una personalidad psicopática grave, diferenciándose en un principio por el tipo de coerción, castigo y perversión impuesta sobre el niño. Así, el paidofílico es una persona que permanece ligada a una elección primaria de objeto pregenital, lo que prácticamente imposibilita que pueda establecer vínculos sexuales maduros una vez pasada la pubertad. (Kuperman de Kuitca, 2000)
Según Kuperman de Kuitca (2000), el paidofílico fijado es la persona que generalmente se encuentra en los hechos de violación; el cual posee un núcleo delirante que expresa en términos de “querer salvar a los niños de los horrores de la vida sexual adulta”; Así mismo, estos constituyen un peligro social y las acciones se
caracterizan más por su perversidad que por la búsqueda de un objeto amoroso.
Durante la escena de abuso, se puede encontrar otro agresor, conocido como el abusador regresivo, el cual puede tener mejor pronóstico si acepta tratamiento y es la personalidad que en ocasiones se encuentra en la dinámica familiar incestuosa, donde el niño abusado es significativo para ese adulto. Se relaciona con el niño como si éste fuera adulto y espera reconocimiento amoroso y
validación, es decir que no busca gratificación genital per se, sino,
aporte libidinal; suele actuar, desde una situación emocional basada en un severo estado depresivo; no buscan relaciones amorosas adultas fuera del hogar mientras dura la organización endogámica incestuosa dentro de la familia. La preferencia de amor está colocada en los niños ya que éstos pueden por necesidad, curiosidad, amor y sin quejas llegar a establecer dicho tipo de relación. Recién cuando esta situación se prolonga por largo tiempo se agregan, secundariamente, situaciones de violencia por el temor de los adultos a las consecuencias en la develación. (Kuperman de Kuitca, 2000)
En cada situación de maltrato infantil se puede ver comprometida potentemente al profesional que lleva el caso, pues cada situación deja un nuevo conocimiento y al entrarnos en estos temas debemos revisar permanentemente el Horror al Incesto, o sea agregar al diagnóstico el estudio de la contratransferencia, pues situaciones como estas generan en los profesionales un sentimiento de identificación con la desprotección del niño, que se encuentra muy claramente descripto por Roland Summit en 1983, y que se denomina “Síndrome de acomodación”. (Kuperman de Kuitca, 2000).
Summit (1983), plantea que el Síndrome de Acomodación consta de cinco características: 1) carácter secreto; 2) desprotección; 3) acomodación; 4) denuncia tardía y poco convincente; 5) retracción de la denuncia. Éste utiliza en su descripción, el abuso sexual del padre sobre una hija, el cual propone como modelo de estudio.
A continuación la descripción que hace Summit acerca de las características del síndrome de acomodación.
Secreto: los niños mantienen el secreto del abuso sexual por vergüenza y culpa. Temen el castigo y desaprobación por parte de la madre; venganza o pérdida del afecto por parte del padre o familiar (ofensor) y sobre todo temen la ruptura y pérdida del hogar.
Cuando el niño proporciona señales de la situación, el énfasis en el secreto y el temeroso aislamiento por parte de la madre, definen a la actividad sexual como algo malo y peligroso aun cuando el niño fuese muy pequeño para entender el valor social del incesto. También los temores del niño se ven reforzados y sugeridos por las amenazas directas del agresor.
Desprotección: el niño en situación de abuso se siente obligado y avasallado por la autoridad inherente a la figura paterna. A medida que va descubriendo el significado de lo que está ocurriendo, sentimientos de profunda desprotección lo paralizan. Esta incapacidad natural de pedir ayuda o resistirse provee la esencia misma del rechazo de lo sucedido y el prejuicio en el mundo adulto. “¿Cómo fue posible que no gritó, pateó o se defendió del ataque?”; se espera del niño una reacción normal adulta a la intrusión. El niño se encuentra tan indefenso frente a dicho adulto como éste se encontraría en una situación de violación a punta de cuchillo. Ante la
paralización frente al ataque, el niño no tiene otro recurso que culparse a sí mismo como parte del proceso. Es necesario un experto