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CHAPTER 2 : STAPHYLOCOCCUS AUREUS MULTI-LOCUS SEQUENCE TYPES

2.5 Discussion

Tal y como se ha analizado en el apartado anterior, al afrontar los estudios de los enfoques y de las diferentes escuelas que analizan la relación entre economía, tecnología y cambio tecnológico es obligatorio hacer mención de Schumpeter. Para dicho autor la innovación es la base de la economía capitalista, eje con el que desarrolla un marco conceptual que parte de la ruptura con el modelo de competencia perfecta neoclásico, sentando un análisis de la dinámica económica en el que sitúa a la innovación y el sujeto innovador (el empresario) como su eje central.

El marco teórico de Schumpeter parte de “un estado abstracto, de una situación estacionaria relacionada con una situación de partida de equilibro sin beneficios”, que es roto por la aparición de individuos (empresarios) que modifican ese equilibrio -la

corriente circular en palabras de Schumepter-, por medio de la introducción de

innovaciones que impulsan una nueva dinámica que lleva, en consecuencia, a la

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El apartado se ha trabajado en función de las lecturas de Pérez (1986: 43-89); Clark, Freeman y Soete (1985); Freeman, (1986) y Vence Deza (1995: 291-319).

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aparición de beneficios económicos que se relacionan con la situación de “monopolio provisional” derivado de dichas innovaciones introducidas (Schumpeter, 1976).

Partiendo de esta teoría del emprendedor y las innovaciones, Schumpeter analiza las transformaciones económicas del capitalismo como un desarrollo no parejo en el tiempo. Este énfasis en las discontinuidades en el proceso económico las relaciona con el cambio tecnológico con lo que intenta elaborar una interpretación tecnológica de las

ondas largas40 y de la crisis estructural en relación a lo que Schumpeter denominaba

Businnes Cycles (1936).

Este esquema de relación de los cambio tecnológicos con los ciclos económicos sirvió, en la década de los setenta y principalmente de los ochenta del siglo pasado, para hacer un acercamiento al estudio del cambio tecnológico desde una óptica estructural, que ponía “en relación la aparición y propagación de conjuntos de innovaciones radicales y los cambio en la estructura industrial, en el marco institucional y en la evolución cíclica del desarrollo económico” (Vence Deza, 1995: 295). Fueron autores que pretendían construir un análisis alejado de enfoques basados en “las tecnologías individuales” y avanzar hacia estudios centrados en las interdependencias del cambio tecnológico y el marco institucional y social en el que se produce la innovación y su difusión.

Dichos estudios analizan las relaciones recíprocas entre la aparición de grandes innovaciones radicales y los ritmos de desarrollo económico sobre la base de una explicación tecnológica de las grandes fases de expansión auge y caída de la economía. De esta forma se produce una redefinición de los conceptos clásicos de la economía del

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Nicolái Kondrátiev (1892-1938), economista ruso autor de la teoría del ciclo económico largo conocido también como “ondas largas”, que describe el desarrollo de la economía capitalista en función de fluctuaciones cíclicas de largo plazo cuya duración varía entre 45 y 60 años. Para el autor ruso, durante dicha onda se producen periodos de alto crecimiento y estabilidad que son seguidas por fases de crecimiento más lento en los que se producen crisis más fuertes y prolongadas. Dicha teoría de las ondas largas de Kondrátiev influyó en Schumpeter, que al alejarse del marco teórico neoclásico basado en el “equilibro general”, encontró en la teoría de las ondas largas inspiración para su explicación a los cambios de ciclo económico y crisis en función de los cambios tecnológicos. Cada ciclo de Kondrátiev estaría asentado en un factor clave: el ciclo correspondiente a mediados del siglo XIX se asentaría en la disponibilidad de carbón barato y transporte barato basado en la máquina de vapor; el tercer ciclo se asentaría en el acero barato; el cuarto ciclo sobre el petróleo barato y el actual sobre la microelectrónica y las telecomunicaciones. Con la crisis de los setenta este esquema fue desarrollado por economistas neoschumpeterianos como Carlota Pérez, la cual explica los cambio de ciclo en función de fases “de la innovación” sobre una curva logística o curva “S”, que dan lugar a la «irrupción o ebullición» o inicio de una era tecnológica, «frenesí» o auge del ascenso, «sinergia» o construcción rápida y «madurez» o realización (Pérez, 2005: 116-189). Véase Kondratieff, Nicolái (1979). Los ciclos económicos largos: ¿una explicación a la crisis? Akal, Madrid y Gómez Uranga (1992).

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cambio tecnológico como era la distinción entre invención, innovación y difusión, con la aparición de conceptos como “frontera tecnológica, brecha tecnológica, paradigma tecnológico, trayectoria tecnológica, nuevas tecnologías, revolución informática o paradigma tecnoeconómico” (Vence Deza, 1995: XIX).

Las teorías pertenecientes a dicho enfoque desarrollan un cuerpo teórico que se puede plasmar en cuatro conceptos claves. En primer lugar aparece el concepto de

innovaciones incrementales, entendidas como mejoras sucesivas tanto en productos

como en procesos existentes, que tienen lugar de manera continuada en todas las ramas industriales provocando fuertes incrementos de productividad y reducción de costes. En segundo lugar estarían las innovaciones radicales, entendidas como la introducción de productos o procesos nuevos, los cuales provocan una modificación de la “frontera tecnológica de un sector industrial, innovaciones que centran gran parte de los análisis sobre la innovación. En tercer lugar aparece el concepto de nuevos sistemas

tecnológicos, término que mejor define a este tipo de teorías, que es entendido como un

marco de innovaciones interrelacionadas técnica y económicamente que afectan a varias ramas del sector productivo, lo que provoca una sucesión creciente de nuevos productos y procesos que desemboca en un cambio incremental. El concepto anterior permite entrar en el cuarto y último eje teórico del enfoque, relacionado con la idea de

revolución tecnológica o cambio de paradigma tecnoeconómico.

La economista venezolana Carlota Pérez plantea la hipótesis central de dicho enfoque: “Cada revolución tecnológica se basa en una modificación radical y duradera en la dinámica de costes relativos del conjunto de todos los insumos posibles del proceso productivo, estableciendo algunos que tenderán a la baja y otros al alza por largos periodos de tiempo” (Pérez, 1986; 48).

El proceso de difusión de dicha revolución tecnológica estaría guiado por un paradigma tecnoeconómico, que funcionaría como un tipo ideal de organización productiva cada vez más hegemónico en el ámbito tecnológico. Su consolidación como paradigma configura una lógica general que orienta el rumbo de las innovaciones incrementales y explica la aparición de innovaciones radicales y de nuevos sistemas tecnológicos, provocando su consolidación como nuevo paradigma tras una “crisis de ajuste estructural que comprenda profundas transformaciones sociales e institucionales

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y grandes cambios en las principales ramas motrices de la economía” (Freeman, 1986: 53).

Un nuevo paradigma económico implica un dominio tecnológico durante una fase completa de desarrollo económico. Para que se de ese dominio, una revolución tecnológica ha de contar con un “factor clave” (Freeman, 1986), el cual debe cumplir con una serie de condiciones para desempeñar ese nuevo papel rector del cambio tecnológico. Por un lado su oferta debe aparecer “como ilimitada durante largos periodos de tiempo”, después su potencial de uso “debe ser claramente amplio y universal, extensible a productos y procesos de todo el sistema económico”, para por último, debe encontrarse “en la raíz de un sistema de innovaciones técnicas y organizativas que permitan reducir el coste de los bienes de capital” (Freeman, 1985 y Vence Deza, 1995: 300).

Este papel central es consecuencia de la interrelación que se establece entre los aspectos económicos y aspectos técnicos derivados de una reducción significativa de su coste, combinada con un agotamiento potencial de productividad del anterior “factor clave”:

[Lo que] sustenta la inevitabilidad de la difusión de un nuevo paradigma a lo largo y ancho del aparato productivo es su capacidad para superar las limitaciones específicas enfrentadas con el paradigma anterior, ofreciendo además un salto cuántico en productividad potencial, brindando oportunidades nuevas de inversión en nuevas áreas e inaugurando nuevas trayectorias de evolución tecnológica. El reconocimiento de ese nuevo potencial es lo que impulsa el cambio masivo en los criterios aplicados por los ingenieros y gerentes en sus decisiones de innovación e inversión (Peréz: 1986: 51).

Para Pérez la propagación de un paradigma tecnoeconómico afecta a todo el conjunto de elementos que configuran un sistema productivo. Los mecanismos de regulación macroeconómica institucional y social se manifiestan como ineficaces cuando un nuevo paradigma tecnoeconómico irrumpe, lo que provoca un desacoplamiento de los mecanismos de regulación existentes que no desaparecerá hasta que otros nuevos restablezcan la “coherencia estructural”, periodo en el que se dará un proceso de “confrontaciones sociales que moldea ese proceso de transición” (Pérez, 1986: 57). De esta forma se concede particular importancia a los períodos de “transición tecnológica”, en el que se producen variaciones en las posiciones entre países tanto en el plano tecnológico como en el productivo, que conduce a un nuevo patrón de

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localización geográfica de la inversión, relacionado con el crecimiento de los productos ligados al “factor clave”, que explican la aparición de asimetrías tecnoeconómicas entre los países.

Esto provoca la aparición de una “brecha tecnológica entre los países y aquellos que desplazan la frontera tecnológica internacional” determinarán una posición de desigualdad o de liderazgo en la economía internacional. La capacidad de “cada país para asimilar y adaptarse social, institucional y políticamente a las condiciones del nuevo paradigma son factores que determinan la trayectoria de desarrollo de cada país en la nueva fase que se abre” (Pérez, 1986: 85).

Durante los periodos de transición se abre la posibilidad para algunos países romper la brecha tecnológica con los países “lideres” del cambio tecnológico. Planteamiento que supone una ruptura con las tesis defendidas por las teorías del ciclo del producto, las cuales afirman que “la competitividad de los países en desarrollo sería mayor en la fase de madurez de los productos y tecnologías, cuando ya no son significativas las capacidades de innovación y adaptación”. En este caso la industrialización tendría lugar en la fase de madurez del paradigma y casi exclusivamente mediante mecanismos de transferencia tecnológica [extranjera]. Por el contrario, para autores como Carlota Pérez, “una estrategia basada en las nuevas tecnologías es posible en las fases tempranas si existe…un proceso endógeno de desarrollo de la capacidad tecnológica” (Pérez, 1986).

De lo analizado anteriormente se entiende que la difusión de los nuevos sistemas tecnológicos va acompañada de un cambio estructural en la economía que se plasma en un nuevo paradigma tecnoeconómico. En cada fase de cambio o de auge cuenta con el predominio de unas ramas que se convierten en las industrias motrices que constituyen el principal polo de acumulación y que se relacionan con el “factor clave”. Cada sistema tecnológico necesita de una “infraestructura específica que lo unifica y que arrastra un conjunto de ramas y actividades específicas (nuevas y viejas)” Freeman (1981: 57) y Vence Deza, (1995).

La relevancia económica y social está constituida por el cambio estructural que cada revolución tecnológica provoca, al dar lugar a nuevas ramas industriales y a la transformación de otras ramas productivas ya existentes. De esta forma el enfoque de nuevos sistemas tecnológicos huye de los esquemas predominantes en la década de los

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cincuenta y sesenta del siglo pasado, donde predominaban enfoques estáticos basados en tecnologías individuales donde la innovación es reducida a un mero proceso de introducción de un nuevo proceso o producto, avanzando hacia una concepción del cambio tecnológico basados en la idea de nuevos sistemas tecnológicos en los que existe una “interdependencia de los complejos tecnológicos y los marcos sociales e institucionales en los que estos se manejan”. Esquema teórico que permitió huir a estos enfoques del determinismo tecnológico que les condujo en un primer momento basarse en la “explicación tecnológica para la comprensión de las fases de expansión y crisis de la economía41” como una explicación prácticamente unicausal (Vence Deza, 1995: 303).

Este negación de cualquier enfoque basado en el determinismo tecnológico llevó

a la economista Carlota Pérez42 a evolucionar de sus planteamientos

neoschumpeterianos iniciales a una conexión de éste enfoque con la Escuela de la regulación que se abordará en el próximo apartado.

Los enfoques de la Economía de la innovación y el cambio tecnológico permiten ver que entre los factores que explican el crecimiento y la falta del mismo entre países y regiones está justamente la capacidad innovadora de cada territorio. Esa diversidad de trayectorias está vinculada, entre otros factores, a la diferente capacidad mostrada para adaptarse al cambio tecnológico, pero, en especial, deriva de la desigual capacidad innovadora en lo relativo a procesos, productos y organización de la producción. Ello explica la renovación del debate en torno al crecimiento, al cambio estructural y a los factores que lo impulsan o guían, donde el cambio tecnológico ocupa un lugar privilegiado.

Realizado el análisis de las variables teóricas que sirven de base para la investigación, se afronta el trabajo de estudiar los marcos de relación e interacción entre ambas, objetivo que constituye el contenido del siguiente capítulo.

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Determinismo tecnológico que se puede apreciar en Clark, et al. (1981: 104). 42 En este sentido es de interés la lectura de la parte final de Pérez (1986).

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CAPÍTULO III

EL CAMBIO TECNOLÓGICO EN EL MARCO DE LA

TRANSNACIONALIZACIÓN DE LOS APARATOS PRODUCTIVOS. LA NOCIÓN DE DEPENDENCIA TECNOLÓGICA

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CAPÍTULO III. EL CAMBIO TECNOLÓGICO EN EL MARCO DE LA

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