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material. Cuando miramos la deslumbrante salida del sol, estamos

contemplando la belleza de nuestro propio cuerpo, porque hemos salido de

esta tierra en el misterio del nacimiento. La salida del sol nos ofrece un nuevo

día y una nueva visión de esperanza de la renovación y la resurrección. Si nos

vemos a nosotros mismos como un rompecabezas a resolver estaremos

satisfechos con las explicaciones racionales, pero si nos vemos como seres

hechos de misterios necesitaremos imágenes que no sean limitadas. Una

buena presentación artística podrá arrastrarnos a la confusión y ayudarnos a

sentir el caos de la vida más vívidamente que nuca. La verdad en el arte es

difusa e inefable pero al mismo tiempo ofrece un grado de honestidad y 

certeza imposible de hallar en otra parte.” 

De tal manera que al soñar a la Terapia Floral como arte trae como corolario el poder seguir dando fe, como terapeutas, de que los misterios continúan existiendo en los repliegues de la conciencia y del alma del hombre y que, además, hay quienes están interesados no en disecarlos sino en hacerlos suscitar y respetarlos Misterios, esa roca tan heterogénea y no idéntica que sale a luz en medio de aperturas de sentido, imprevistas y repentinas, en las cuales se logra fundar diálogo con los pacientes. Son estos coloquios, que no sabemos muy bien a que lugar nos llevarán, como tampoco

sabemos, con certeza, que cuerdas una esencia floral hará repicar, el escenario y el taller donde el arte floral forja la personalidad.

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(19) De este modo el arte de curar floral consiste –como las producciones de los artistas del “bricolaje” que toman sobras y restos y construyen una sentido plasmado en una obra – en posibilitar en el paciente la entrada a una auténtica experiencia de transformación de los "retazos" de su vida –sueños, síntomas y vínculos – en una imagen de sí mismo plena de significado. En suma, hacer que los eventos de una vida se interioricen o metabolicen como realidad biográfica subjetiva y plena.

Entonces, frente a su lado como ciencia, filosofía o técnica, la Terapia Floral, como arte, como todo arte, continúa siendo una forma fundamental de la razón insatisfecha. Esa inquieta red que se agita y nos mueve, no tanto para obtener una buena pesca, sino para dar cuenta de que el alma esta pescando, esta en proceso, esta en camino. Lo importante no es el logro, lo que vale es el intento. El arte floral es eso: sostener un intento del alma por aprender.

4. La Terapia Floral como técnica

El origen de la palabra técnica conjuga tanto el aspecto de habilidad como el de oficio en el desarrollo de una práctica particular que busca conseguir ciertos objetivos ajustando su accionar a un conjunto de reglas, normas y procedimientos establecidos. Estas pautas, sin embargo, difieren en su universalidad y su posición de acuerdo al campo en donde se aplican. Es claro que no posee el mismo carácter la técnica quirúrgica o de construcción de un rascacielos que la que se desenvuelve en el territorio del arte de curar  psicoterapéutico. E inclusive, dentro de este amplio segmento, cada escuela establece instrumentos y cánones diversos y hasta opuestos para alcanzar el mismo fin.

Hay que señalar que la técnica supone una teoría sobre ella, proposición que parte de definir los principios fundamentales que la alientan y que, en el caso de la Terapia Floral, “erradicar la ignorancia”, “reestablecer la armonía entre el alma y la personalidad”, “abrir la personalidad a la luz del alma”. siguen siendo el objetivo y el sendero de toda la técnica floral. Sin embargo, aunque en estos puntos de partida exista consenso hay una serie de factores que generan divergencias, a veces profundas, entre los que practican el arte creado por el Dr. Edward Bach.

 Algunos de ellos, mencionando los significativos, son:

a) El hecho de que toda manera de implementar la técnica depende, en gran medida, de los conocimientos profesionales y generales que posee cada terapeuta;

b) Que la experiencia personal en otros campos del arte de curar  influyen decisivamente en la forma en la cual cada terapeuta floral trabaja en la clínica,

c) Que existen procedimientos técnicos aceptados por unos y rechazados por otros y que el uso de tales recursos conlleva a conclusiones diversas según sea el instrumento utilizado,

d) El trabajo personal de cada terapeuta incide en la formulación concreta de la técnica que usa,

e) El hecho de con quien un terapeuta se formó o con quien realizó un trabajo terapéutico como paciente es, también, determinante a la hora de establecer acuerdos o disensos técnicos.

 A estas dificultades se le aúna el hecho de la carencia de textos que aborden los problemas técnicos como algo más que la descripción de una regla o como un análisis de la destreza en el arte de la formulación. Los problemas técnicos, en nuestro arte, trascienden las cuestiones de procedimientos que pueden estandarizarse, ya que, la práctica floral escapa en mucho a la objetividad, a la respuesta unívoca en situaciones semejantes y en donde la mirada debe estar puesta siempre en buscar adaptar la técnica a las reacciones personales y particulares de cada quien antes que responder con formas fijas de trabajo.

La técnica es necesaria, y el Terapeuta Floral debe conocer este aspecto de su labor, dado que, al momento de practicarla esta visión le aporta un conocimiento de cómo llevarla a cabo de un modo lo mas adecuado posible.

Hemos expuesto los cuatro puntos anteriores como aspectos simultáneos y diversos de la Terapia Floral pero cabría agregar que esta ciencia, filosofía, arte y técnica es, también, una práctica (el saber que conlleva y es el fruto de la acción) y un lenguaje.

En la práctica se articulan dinámicamente los cuatro aspectos anteriormente mencionados y, como lenguaje, la Terapia Floral permite la construcción y descripción de la realidad con símbolos que llevan impresa su particular significación. Así, por ejemplo, cuando se menciona que una persona manifiesta una personalidad Water Violet tal designación posee una resonancia entendible para todo aquel que posee el código.

Sin embargo, esta implicación lingüística no se reduce a una nomenclatura sólo clínica sino, por el contrario, puede ser extendida a todos los ámbitos de la vida. Tal como lo insiste el maestro Luis Jimenez, cada flor  es un símbolo que alude y conecta entre si a diferentes realidades temporales, espaciales y substanciales desde las mas concretas a las mas sutiles, desde las mas internas a las mas externas

.

4.1 Los capítulos de la técnica

Los diversos problemas de la técnica floral pueden ser agrupados en una serie de seis capítulos, cada uno de lo cuales aquí solo son mencionados ya que se desarrollan en un próximo texto. Estos son:

1.

Encuadre y contrato

, que incluye todo lo concerniente al dispositivo formal que hace posible la tarea terapéutica, tales como las horarios, honorarios, compromisos, etcétera.

2.

Criterios y reglas

, que abarca los procedimientos específicos de la prescripción, indicaciones, contraindicaciones, situaciones y casos particulares.

3.

 Arte y rituales,

que alude a las consideraciones ceremoniales de la labor prescriptiva y a su carácter creativo.

4.

Formas de preparación,

técnicas de preparación de las esencias en origen y para el paciente, direcciones de la acción floral, medios vehiculares, etcétera.

5.

Frecuencia

6. Evaluación de la acción de las esencias florales II Ahora si la definición

La Terapia Floral puede definirse, entonces, como un arte psicoterapéutico y prescriptivo o como una psicoterapia –de corte espiritual.- ayudada por remedios naturales. Dicho de un modo más preciso: es un arte psicoterapéutico, clínico, medicamentoso no farmacológico, causal, reaccional y holístico,

Tal semblanza constituye la figura exterior de la Terapia Floral pero, con certeza, existen otros artes de la salud que se ajustan a estos mismos criterios de entendimiento, de manera que no es en este plano donde es viable hallar  su especificidad diferencial que la permita caracterizar con propiedad. En cambio, cuando miramos la naturaleza de su dinámica interior, surge con toda claridad el hecho de que allí reside y late lo que le da su verdadera fisonomía personal y privativa. ¿Cuál es?

 Al pasar de la

textura

a la

trama

del arte floral se hace evidente que su tejido más substancial entraña la convergencia, en un mismo nudo, de cinco hebras de esta práctica. Estas son: mayéutica, dialéctica, simbólica (interpretativa), alquímica e iniciática.

Ya sea por su exterioridad como por su interioridad, la Terapia Floral no deja de ser un arte,

un modo de hacer o producir.

 Aristóteles decía que,

el 

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