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12. DISCUSSION

Rafael Caneva y el realismo crítico

Sólo en un mundo polarizado tal y como lo vemos hoy en día es posible que surja el realismo crítico. Así lo asegura Rafael Caneva en su ensayo “El realismo crítico y la novela en América”, publicado por la revista de la Universidad de Antioquia (1960). La gestación de esta tendencia se remonta a un trayecto en el que la literatura tuvo (tiene) que sujetarse al cambio y desarrollo histórico de la sociedad, iniciando con un realismo idealista, contemplativo, pasando luego por un realismo de denuncia pasiva, hasta llegar a una postura crítica frente a la realidad.

El realismo idealista “callaba lo feo, lo desagradable de la sociedad” (24), se encargaba de

mostrar la realidad agradable, la lectura que todo hombre quisiese hacer para creer siquiera por unas horas inmerso en la lectura que el mundo era diferente, que la vida tenía un sentido bello y amable. Explica Caneva que los escritores detrás de la pluma tenían la protección de un Mecenas, su trabajo era adular la vida individualista de la monarquía o de las clases altas de la sociedad. Aquellos que no contaban con un Mecenas y cuya vida era desgraciada, tampoco tuvieron la oportunidad de escribir sobre su realidad, esto para evitar problemas con el gobierno, optando por disfrazar todo lo que observaban.

Si bien el escritor inserto en un sistema social de monarquías absolutas tiene que maquillar la vida, su rol cambia en la modernidad, cambia porque su posición social ya no es la misma, ahora es un “escritor libre”. Libertad relativa, pero al fin libertad, que le permite luego de la Revolución Francesa tomar la real autoría de sus escritos. Una nueva legislación impartirá una concepción de vida, en la que expresar las ideas es un derecho y no se puede atentar contra quien lo ejerce, puesto que se estaría atentando contra el derecho

49 fundamental: el derecho a la vida (24). Es de esta forma como el realismo idealista se

transforma en el realismo “a secas”, como lo llama Caneva. Este escritor es pues el puente del realismo idealista al realismo crítico, jugando el papel de denunciante:

[…] disecciona y denuncia, escarba y dice todo cuanto de desagradable ve en

la sociedad que vive y palpa. Para ello expresa en su novela todo cuanto es, tal como es pero sin comentar. Sintiéndose “imparcial” o por falta de

perspectiva sociológica, se limita a fotografiar y transcribir. […]

posiblemente es que no se arriesga a comprometer la pelleja (26).

El escritor observa, contempla la realidad, la copia, la escribe y eso representa un gran avance si pensamos que años atrás esto era imposible. Denuncia una realidad injusta, sus

protagonistas son borrachos, campesinos “suburbianos”, trabajadores desocupados (27). La

novela realista de occidente se concentra en escribir sobre quienes nunca se había escrito: la clase marginal. Las obras se convierten así en un desfile de humanidad miserable y perdida. El autor se ubica en una esquina, mira por la cerradura, es el flâneur, el voyerista, camina, toma apuntes, tiene conmiseración con su especie. Pero nunca toma partido.

¿Cómo es entonces que el escritor se vuelve un crítico de su propia realidad? Se concientiza de eso que observa, se genera el sentimiento de preocupación. Esa primera revolución se da conjuntamente con la revolución de la máquina y con ella nuevos medios de producción aún más injustos, donde la sociedad nuevamente se transforma y se divide en dos polos. La máquina transforma las dinámicas sociales de todos los que tienen contacto con ella, no sólo la dinámica social, el medio ambiente también se ve afectado. El río Magdalena, sus orillas, sufrieron (y sufren) una vasta deforestación durante la incorporación y funcionamiento de los vapores y luego de los barcos cuya fuente era el combustible, el petróleo. Los bogas se extinguieron, o más bien se transformaron en pescadores. El pescador se vio (aún hoy con más intensidad) obligado a dejar su lugar, a

trabajar en oficios donde su “valor” como ser humano es meramente económico, y así se

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realismo crítico, en el momento en que el mundo está polarizado entre “la masa y la apropiadora de la masa” (27).

En América Latina toma mayor fuerza la novela de realismo crítico, pues se ve más contraste de la diferencia de clases económicas, se abulta más la injusticia:

[…] porque el escritor tiene a su vista más tierra para menos pobladores,

grandes riquezas que son llevadas allende el océano a cambio de salarios que no dan la subsistencia, incontables aglomeraciones analfabetas contrapuestas

con la élite intelectual “humanística” de algunos centros desperdigados en la

quebrada extensión cordillera. Y falta de luz y de todo medio sanitario en las covachas para hombres en las orillas de nuestros ríos innumerables (31, énfasis mío).

La realidad de la gente que vive en “subdesarrollo” que es la mayoría de la población en

Latinoamérica, no permite que el escritor se desvié por otro rumbo. Esa realidad es su misma realidad, ya no sólo observa: el escritor latinoamericano se vuelve un obrero de los acontecimientos, su sindicato es la escritura, su revolución empieza con la palabra.

Rafael Caneva: hacia la denuncia activa

Intentar ubicar la novela de Rafael Caneva “Y otras canoas bajan el río” (1957) dentro del realismo social implica enfrentarse a una primera problemática: El realismo en sí. Como lo plantea Jorge Enrique Adoum, sería obstinado querer considerar la obra de arte (en este

caso la novela) exclusivamente en función de su “relación” “identificación” con la realidad

(205). Es decir que entraríamos a hablar de qué tan real es la realidad presentada dentro de la obra, y si ésta de alguna forma la traiciona. En primer lugar me atrevería a decir que el objetivo de Caneva nunca fue puntualmente casarse con la realidad, centrarnos en qué tan real es la vida de los pescadores presentada en la novela con relación a la realidad de los

51 pescadores de Gamarra al sur del César sería entrar en un seudoproblema. Si bien existen muchos pasajes dentro de la novela cuya narración es casi semejante a la de una fotografía, pues retrata de forma minuciosa la vida en las riberas, no se puede reducir la obra a una serie de imágenes instantáneas donde no existe un cuestionamiento de la realidad o una recreación o re-invención de la misma.

Quiero tomar como punto de partida para el análisis de esta obra el realismo, o su crisis, en el sentido en que la corriente literaria se aproxima con muchas de sus características a lo plasmado en la obra de Caneva, pero a su vez estos puntos en común que se relacionan con lo que conocemos como realismo latinoamericano son transgredidos, o mejor, superados por el autor. Superados al decir que la novela no se queda en la necesidad de ser fiel a la realidad, toma elementos del realismo funcionales para lograr el objeto de la narración, pero a su vez adhiere nuevas formas de representar esa realidad, donde no es necesaria una larga descripción del lugar para que nos sintamos realmente ubicados dentro de un playón en medio del Magdalena.

La importancia del paisaje dentro del realismo fue la forma de hacer más visible la realidad (Adoum, 205), e incluso, asegura Jorge Enrique, convirtió al hombre en elemento del paisaje. Podríamos entonces aventurar en este sentido que las crónicas y escritos de los viajeros citados en el capítulo anterior son claramente una primera muestra de realismo, de la misma forma que las acuarelas, en donde el paisaje es el protagonista, y el hombre de la ribera no es visto como ser individual, no es individuo, simplemente hace parte al igual que los bongos y los caimanes del paisaje que se extrae del trópico. El viajero del siglo XIX es un espectador que en muchas ocasiones condena el paisaje, condena la conducta del hombre que hace parte de ese paisaje, pero muy pocas veces vemos en el viajero al espectador justiciero al que se refiere Adoum cuando habla del escritor de la novela realista:

El escritor que pretendía indagar era más bien el espectador justiciero de esa vergüenza, el que veía de lejos pero creía conocerla a través de breves giras

52 o de visitas parecidas a vacaciones, en las que tomaba notas a la manera de

Zola en la estación ferroviaria, actuando más por simpatía que por identificación con sus personajes (Adoum, 206).

El viajero no tendría por qué ser justiciero, no era su patria la que atravesaba, sin embargo sí existió algo semejante a un espectador justiciero: Gaspar Teodoro Mollien, quien como ya vimos es uno de los pocos viajeros que le dedica espacio dentro de sus escritos al hombre de la ribera, por fuera del paisaje.

Trasladándonos al escritor del realismo que era más un espectador, no diría que éste fuera el caso de Caneva (sin quererlo catalogar como realista), pues la marginalidad del hombre de las riberas no le era desconocida, su intención, como sí lo era la de muchos escritores realistas del momento, no quedaba en la contemplación de ser marginado, esto porque él de alguna forma hacía parte de esa marginalidad, era un hombre de río, de eso no cabe la menor duda5.

Quisiera citar una frase de Jorge Enrique, de donde realmente se desprende mi análisis y

básicamente el objeto de este trabajo de investigación: “[el escritor] no veía sino lo visible,

lo externo, y lo incrustó en el paisaje, casi como elemento inanimado que no llega a personaje” (206). Si bien el autor antes citado se refiere al ser marginado, al campesino, también se refiere a lo externo, a lo visible, el río, por ejemplo, hace parte del paisaje, es dentro de las crónicas de los viajeros y las acuarelas un elemento inanimado al igual que el hombre que lo habita, está lejos de ser un personaje. Lo contrario sucede en la obra de Caneva, donde el autor logra hacer del río no sólo un personaje, sino su protagonista, basta ver el título: Y otras canoas bajan el río. No sólo logra rescatar de la pasividad al Magdalena, rescata al campesino que en la novela es el pescador y le da completamente el carácter de personaje a uno de ellos: Robertico Palomino.

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Ver Ensayo publicado en la revista de la Universidad del Atlántico La casa de Asterión No 44: El hombre y su río: Rafael Caneva Palomino de Edgar Rey Sinning. Citado en la bibliografía final.

53 Lo anterior evidencia una de las características del realismo en Latinoamérica que se puede ver en la obra del escritor magdalenense: hacer del sector\ser marginal su protagonista.

Una crítica puntual dirigida a esta corriente fue que reducía la realidad a la condición social del campesino, ligada a lo marginal, como si las ciudades o la clase media que era la que en realidad leía ese tipo de obras no pudiera ser representada; es decir, que otro tipo de

problemáticas digamos “urbanas” quedaban totalmente excluidas del objeto de esta

literatura. Causaba entonces una especie de contradicción saber que los protagonistas de las obras del realismo nunca serían sus lectores, ya que los campesinos, y en este caso los pescadores eran analfabetas en su gran mayoría. Ahora, esa no correspondencia por parte del lector no debía ser un impedimento para que la obra fuera aceptada y su mensaje fuese recibido apropiadamente, el problema consistía en que el realismo redujo la realidad al campo y dejó la ciudad en el abandono. Una vez consciente el realismo del reduccionismo al que se había circunscrito, decide darle protagonismo a lo marginal dentro del mismo centro de poder: las ciudades.

No era necesario trasladarse hasta el campo para encontrar una realidad igual pero en otras

condiciones: “la clase media latinoamericana, su confusión también de víctima, cómplice y

acusador al mismo tiempo” (Adoum, 207). Hago esta aclaración no con el objetivo de

introducirme en el estudio del realismo, pues no es mi objeto de investigación como tal, sino para expresar que si bien la literatura descubre que la realidad social latinoamericana no era exclusivamente campesina, en el caso de Y otras canoas bajan el río, sin ubicarla definitivamente dentro de esta corriente, es innegable que se ubica desde la voz marginal de lo rural: campesino-pescador. No de forma arbitraria porque ¿en qué otro espacio podría incrustarse el Magdalena sino en el olvido, en la periferia, en la ausencia y menosprecio de una cultura de río y para el río?

54 La realidad crítica en Y otras canoas bajan el río

La novela de Rafael Caneva indiscutiblemente pertenece al realismo, pero no un realismo sin pretensiones y poco ambicioso; pertenece a un realismo crítico, donde no sólo basta con aportar el material artístico (la obra de arte-novela) sino que de forma paralela, inserto dentro de ese material, se encuentra un segundo elemento: lo “humanístico” la postura frente a lo que mejor le conviene a la humanidad (21).

Ya no hablamos de una mera fotografía, o de retratar la sociedad. Ahora el escritor es un escritor comprometido, el escritor interviene en-la obra. Esa intervención se da a través de elementos postulados por Caneva dentro del ensayo ya antes citado y que son por así decirlo las características que debe tener toda obra-novela que pertenezca a la corriente social. A partir del ensayo se pueden resumir los postulados en cinco ejes:

1. El autor: personaje-pensante

2. Los diálogos como medio “humanístico”

3. La condena de conductas negativas (injusticias, explotación etc…) 4. El escritor útil

5. El espacio

El autor como personaje pensante no se refiere a que el autor actúa dentro de la novela como si fuera un personaje más, pero sí actúa orientando el pensamiento de sus protagonistas y de la misma forma orientando a los lectores. La orientación de los lectores se da de dos formas: desde la voz de los personajes (y es aquí donde pasamos al segundo eje), o por medio del narrador en tercera persona, todo lo sabe, todo lo ve e incluso tiene la capacidad de orientar el pensamiento del personaje, que en el caso de la novela se da siempre con el protagonista: Robertico Palomino.

55 Hay que aclarar que ese autor-personaje-pensador a quien refiere Caneva es en el caso de la novela el narrador. El narrador no sólo se encarga de relatar los hechos, sino que a su vez mantiene una postura frente a las situaciones, al igual que el protagonista: la esperanza de mantenerse en la playa contra todas las adversidades. Si bien el narrador no tiene una comunicación directa con el personaje-protagonista, es decir, que no interpela su accionar, sí lo aprueba y esto porque básicamente la postura del narrador orienta la de Robertico.

Aquí en este sitio el agua nos da más. Una llave de la pesca y de las aguas es esta playa. A pesar de todo, hemos cogido más que todos los otros grupos. Si lográramos seguir así, pronto tendríamos nuestra casa en El Banco, en el peñón donde todos, desde los más viejos abuelos hasta nosotros, tuvimos casa propia. Esto piensa y dice para sí Robertico. Y no piensa mal el nieto de Roberto Palomino (166, énfasis mío).

Y no piensa mal asegura el narrador, ésta es la aprobación que le da al pensamiento del protagonista. De igual forma, el narrador no sólo aprueba, también pone al protagonista a pensar en una pregunta que éste anteriormente formula y que el lector puede verla como una pregunta abierta, pero en el momento siguiente el personaje se cuestiona dicha pregunta. Esta es una muestra de cómo el personaje-pensante orienta el pensamiento:

[…] Qué sentiría un abuelo si viera ahora el pueblo que ayudó a fundar?

Robertico Palomino piensa en eso y sigue ahora oyendo el <<plac-plac>> del agua en su constante chapotear (38).

En segundo lugar, diálogo como medio “humanístico” refiere que “por boca de los

dialogantes debe salir lo que convenga al mejor desenvolvimiento de la sociedad en busca de una vida feliz espiritual y materialmente” (22). El fragmento a continuación refleja claramente esa búsqueda por parte de los dialogantes por mejorar la vida de los pescadores: crear una escuela, salir del analfabetismo es toda una revolución:

56 Si nosotros pasamos tanto trabajo es porque todos somos ignorantes. A

nuestros viejos los arruinaron porque no sabían leer siquiera […] Esta

mañana conté en la rejalada a más de veinte muchachos que ya debieran saber siquiera poner sus nombres y todavía no conocen la <<a>>.

[…]-Pero antonce hay que hacé ejcuela, Robe-.

-Sin casa de escuela. Una persona que quiera venir en la mañana y se vaya por la tarde. Los mismos muchachos pueden hacer la travesía y en el mejor rancho se reúnen los que tengan que estar con el que los enseñe. Cómo les parece? (49)

Si bien el elemento número dos habla sobre los diálogos entre los personajes, la mayoría de los diálogos cuyo objeto es la búsqueda de una mejora de la sociedad son diálogos en los que se encuentra a la cabeza Robertico Palomino. Esto tiene una explicación y es que este personaje es el único estudiado y es el que conoce la realidad social, sus caminos y estrategias, el por qué de las injusticias, pero el pescador común las vive y por esto las conoce mejor que nadie.

Los personajes tienen dentro de sus diálogos el poder de conducir al lector hacia lo que humanamente le conviene a la sociedad. Es curioso que dentro de la novela los diálogos estén escritos según la forma de hablar de los riberanos, diferente del resto de la narración en tercera persona y de los diálogos del protagonista. La presencia de la oralidad entendida como la transcripción del habla riberana, no es gratuita y no es gratuito que se presente únicamente en los diálogos, pues si el objeto del diálogo es la posición humanista, podría decirse que un diálogo escrito dentro del castellano común, sería quitarle humanidad a esa realidad.

En los diálogos se expresan los conflictos internos, sociales, las emociones, las tristezas y alegrías. El diálogo es la expresión del personaje, que se inclina o parcializa por defender una posición, no es un diálogo objetivo, es dado desde una postura, la esencia del realismo crítico.

57 En el fragmento a continuación Tiodomiro y Chencho, dos pescadores que se encuentran en sus canoas rumbo al lugar donde darán inicio a su faena de pesca con atarraya, discuten sobre la posibilidad de tener un futuro por fuera de El Cabezón y vemos que uno de ellos tiene una postura bastante negativa frente a las urbes como Barranquilla, pues estas ciudades están siendo pobladas por extranjeros y los nativos son desplazados debido a la explotación de recursos y el despojo de tierras. Este auge de población extranjera es muy propio de las primeras décadas del siglo XX.

-Qué, hombe! Si en er Banco no se puee ni bebé-.

-No adigai eso. Tiodomirito. Ve a Fermín Villalobo, que se quedó en er sitio.

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