Chapter 4 Contention-Aware Signaling
4.1 Signaling Process
4.1.2 Distributed Admission Control Algorithm
Conforme a lo indicado, el dinero obtenido gracias a la actividad militar solamente era un plus añadido a las actividades diarias de estos caballeros. Puesto que este grupo, al igual que sus homólogos conquenses214, obtenía la mayor parte de su riqueza de explotar el enorme territorio con que se había dotado a Teruel y a sus aldeas.
Del mismo modo que se advierte en la repoblación llevada a cabo en el valle del Ebro, a las nuevas gentes que acudiesen en un primer momento a morar en la reciente villa se les habría entregado un lote de tierra en las inmediaciones de la urbe. Terrenos que no tendrían ni el mismo valor ni tamaño, y que serían repartidos de acuerdo con el estatus del agraciado, lo que benefició a los hombres de caballo.
Este conjunto de parcelas formaban el término agrícola turolense que, inserto en los alrededores del municipio, servía para producir los productos agrarios necesarios para la supervivencia. Se trata de un espacio donde cabe tanto el regadío, mayoritariamente en torno a los cursos fluviales y acequias, como el secano en las zonas más alejadas, por lo que en la documentación encontramos desde huertas a campos de cereal y viñas215.
211 M. L
AFUENTE, Un reino…, p. 76.
212
M.ROJAS, “El valor bélico…”, pp. 314-315. 213 J.P
OWERS, A society… p. 184.
214 Y. G
UERRERO, “Élites urbanas…”, p. 87.
215
V. MUÑOZ,Teruel. De sus orígenes…, pp. 257-260 y A.GARGALLO, El concejo de Teruel… (1996), pp. 430-440.
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La enumeración de bienes donados por varios miembros de la familia Marcilla para la fundación de la capellanía de las Once Mil Vírgenes216 servirá para ilustrar este hecho. Lo interesante de este documento es que, aparte de citar sus bienes, explica los terrenos colindantes, gracias a lo que tenemos una interesante descripción del cinturón agrícola turolense del último tercio del siglo XIV. Dentro de esta relación de propiedades se citan diversos parrales y huertos cercanos al río Guadalaviar, en las zonas conocidas como la Vega Alta y la Muela; cerca de este área, tocando con el convento de los franciscanos, también se nombran varios huertos; mientras que en la Vega de Ornos se sitúan piezas de tierra, sargales y prados, así como viñedo.
En la explicación de algunos de estos terruños se cita también su explotación de forma indirecta mediante arrendamiento o cesiones a terceros a cambio de un canon que en muchas ocasiones era a perpetuidad (treudo). Llama la atención que la mayoría de estos aparceros son de origen mudéjar: se lavra al tercio por Hacam Zarba et Farach de
Arquos et Avdalla Maruhan et Mahomat Alaqar. Hemos de suponer que el trabajo en el
resto de campos se realizaba de forma directa por siervos de la familia o asalariados, especialmente en los cultivos dedicados a la obtención de uva, puesto que la mayoría de descripciones de las bodegas de las casas hay utensilios para la fabricación de vino217.
Otro ejemplo, esta vez para finales del siglo XV, es el manuscrito transcrito por Wittling218, donde se inventarían una serie de piezas de tierra y huertos sitos en los Arenales y la Moratilla, áreas englobadas en la Vega Alta219.
Sin embargo, el verdadero poderío de una parte del grupo no se sustentaba sobre estas propiedades, sino en aquellas que poseían en las aldeas, especialmente en los lugares cercanos a la villa y de repoblación más tardía. El origen de estas extensas fincas en manos del patriciado urbano tiene su germen, en opinión de Gargallo, en las apropiaciones realizadas a través del concejo y en las concesiones reales motivadas a raíz de las últimas repoblaciones. Heredades que seguramente agrandarían mediante la
216
ACT, perg. 200, doc. 230. Doc. 4 del anexo.
217 En 1357 se documentan en la bodega de Sandra Martínez, viuda de Pedro de Armillas, 12 cubas de
gargalo et de sapino (ACT, perg. 152, doc. 177. Doc. 1 del anexo); en 1372 Elfa Martínez de Marcilla
dice tener 5 cubas en su bodega (ACT, perg. 200, doc. 230. Doc. 4 del anexo). En lo relativo al trabajo llevado a cabo en los campos de cereal contamos otros dos ejemplos: en 1407 García Martínez de Marcilla guarda en su casa de Camarillas 1.000 fanegas de trigo (ACT, perg 313, doc. 362. Doc. 7 del anexo); mientras que Pedro Sánchez Muñoz en 1484 es el dueño de una era cerca de la puerta de Valencia, aunque indica que la arrienda a la ciudad (C. J. WITTLING, “Un inventario turolense…”, p. 213). 218
C. J. WITTLING, “Un inventario turolense...”, p. 213. 219 V. M
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compra de minifundios pertenecientes al campesinado, que se veía obligado a venderlas por las dificultades que atravesaba220.
No faltan datos que den cuenta de las posesiones de la oligarquía en las aldeas turolenses, como los dieciocho ejemplos recogidos por Gargallo entre 1245 y 1336, entre los que destacan las situadas en La Puebla, Sarrión y Camarena221. O las heredades de las que disfrutaba García Martínez de Marcilla a principios del Cuatrocientos en Camarillas, Cuevas Labradas, Rubiales o la Aldehuela222.
A pesar de todo ello, las condiciones físicas del territorio –orografía accidentada, amplios pastizales y abundancia de pequeños afluentes de agua223– hicieron que estas gentes se inclinaran por la ganadería. De igual modo, la cercanía del enemigo durante los primeros siglos también favoreció las explotaciones pecuarias ya que, en caso de amenaza por parte del enemigo, los productos ganaderos son más defendibles que los relativos a la agricultura, puesto que basta con llevar las cañadas a un lugar fuera de peligro. Los cultivos, en cambio, quedaban a merced del atacante, quien con frecuencia los incendiaba o destruía en su busca por causar el mayor daño posible. A ello debemos sumar la facilidad de recuperación de los animales robados en un contraataque rápido, o incluso de aumentar su número a costa de las reses del contrario224.
A pesar del extenso hinterland del que disponía la villa, con el tiempo se demostró insuficiente para mantener el creciente número de cabezas de ganado. Con el fin de aumentar el número de prados disponibles, y saciar sus ansias económicas, la oligarquía ganadera turolense, una vez decaído el poderío almohade, incitó a gestar una política expansiva hacia levante225.
Sin lugar a dudas, con la conclusión de ese afán conquistador tras la toma de Valencia, la producción ganadera experimentó un aumento desconocido hasta el momento, que la situaría como el sector más pujante y floreciente de la economía turolense. La principal ventaja de disponer de los pastos levantinos, donde los inviernos no son tan crudos y fríos, abría la posibilidad de apostar por una ganadería trashumante,
220 A. G
ARGALLO, El concejo de Teruel… (1996), pp. 562-565.
221 Ídem. 222
ACT, perg. 313, doc. 362. Doc. 7 del anexo.
223M. M
ARTÍNEZ GONZÁLEZ yJ.MLATORRE CIRIA,Historia de la ciudad de Teruel, Teruel, Instituto de
Estudios Turolenses, 2014, pp. 14-34.
224
A.GARGALLO, El concejo de Teruel… (1996), pp. 366-368.
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apacentando a las reses en territorio turolense durante el periodo estival y bajando a la costa en el periodo invernal226.
Al acceso a estos nuevos lugares de forraje se añadió la necesidad de Jaime I por tener de su lado a los caballeros de la villa, por lo que no escatimó en privilegios para los rebaños turolenses, lo que hizo que poseyeran una situación ventajosa a la hora de apacentar su grey en el nuevo reino227. Simultáneamente se otorgaron medidas, algunas de las cuales podemos encontrar en el fuero, encaminadas a conceder el monopolio del uso de las dehesas turolenses a sus lugareños228.
Todos estos privilegios acarrearon no pocos problemas con los territorios vecinos a causa de apacentar el ganado en lugares vedados. Las zonas de Gúdar y Valdelinares fueron especialmente prolijas en cuanto a estas situaciones, debido a que los pastores zaragozanos incluyeron estos lugares dentro de sus rutas de trashumancia, para lo cual se escudaban en los privilegios de pastura universal otorgados a la Casa de Ganaderos de la capital aragonesa229. La mayoría de los litigios que nos describen los legajos conservados hacen referencia a la aprehensión de ganados zaragozanos por parte de las autoridades de la villa fronteriza, lo que motiva la queja de éstos al monarca, quien, por medio de una misiva, recordaba a los de Teruel el privilegio zaragozano. Sin embargo, parece que los turolenses no se tomaban muy en serio estos recordatorios
226 Interesantes a este respecto son las aportaciones del volumen monográfico sobre la vida rural y
ganadera que publicó el Boletín de la Sociedad Castellonense de Cultura, tomo LXXV, julio-diciembre 1999, cuadernos III y IV, con artículos de J. Á. SESMA MUÑOZ y G. NAVARRO ESPINACH, “Herbajes de
ganados valencianos en tierras de Teruel (siglo XV)” (pp. 783-801); y J. APARICI MARTÍ, “Vilareal y los
ganados de Teruel en el siglo XV” (pp. 307-323). J. L. CASTÁN ESTEBAN, Pastores turolenses. Historia
de la trashumancia aragonesa en el reino de Valencia en la época foral moderna, Zaragoza,
Publicaciones Rolde de Estudios Aragoneses, 2002. Y J. M. ABAD ASENSIO, “La trashumancia en la
Comunidad de aldeas de Teruel (siglos XlII-XV): una valoración documental” y C. VILLANUEVA MORTE, “La trashumancia y los herbajes de ganado a través de la aduana de Barracas a mediados del siglo XV”, ambas contribuciones en J. L. Castán y C. Serrano (coords.), La trashumancia en la España
mediterránea. Historia, Antropología, Medio Natural, Desarrollo Rural, Zaragoza, CEDDAR, 2004, pp.
177-202 y 203-232, respectivamente.
227 A.G
ARGALLO, El concejo de Teruel… (1996), pp. 369-370.
228 Si ovejas, mulos o vacas de forasteros entran en las dehesas a pastar en el término de Teruel, el
Concejo las multe y sean arrojadas de todo su término. FT, f. 127v. J. CASTAÑÉ,El fuero de Teruel, p. 543.
229 Archivo Municipal de Zaragoza (en adelante AMZ), manuscritos, 74, ff. 119v-121; ff. 118v-119v; y
104-104v. Publicados en C. VILLANUEVA MORTE Y M.LAFUENTE GÓMEZ (coords.), Documentos del
concejo de Zaragoza. Edición crítica de los fondos del Archivo Municipal. I (1285-1348), Zaragoza,
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regios, puesto que al primer pleito, documentado en 1300230, sigue otro a los pocos años231.
No conocemos ninguna respuesta por parte del concejo turolense hasta 1369232, ya sea porque no se conservan, o porque no existió. Sin embargo, esta única contestación que hemos podido consultar es muy significativa, puesto que se observa cómo los de Teruel se refugian en su fuero especial para negar el derecho de pastura universal en sus territorios. Alegan que el privilegio tan solo era aplicable a los territorios que estuviesen bajo el fuero general de Aragón, mientras que en su término, al regir una legislación propia, no tenían poder alguno ni instituciones, ni oficiales ajenos a ellos.
En cuanto al tipo y tamaño de las cabañas ganaderas de la élite turolense, sólo podemos hacer conjeturas basadas en documentos referidos a la generalidad del colectivo. Sobre los negocios particulares de cada estirpe de caballeros sólo hemos conseguido encontrar dos pliegos, además de los tres de los que da cuenta A Gargallo233; además se tratan de referencias imprecisas y puntuales que no se pueden tomar como datos totales.
La información ofrecida por el malogrado historiador turolense alude a rebaños cogidos en prenda a unos vecinos de Teruel, dos para el siglo XIII y otro para el XIV. El primero de ellos, fechado en 1279, habla del ganado que los de Moya habían enajenado a Domingo don Dolz, cuyo número era de 94 vacas y 700 ovejas234. La segunda de las noticias, de unos años después, es sobre la presa que los vecinos de Cañete hacen sobre los animales de una vecina de Teruel, Oria de Cedrillas235. En este caso el ganado era más heterogéneo, ya que estaba compuesto por 110 vacas, 17 yeguas, 10 bueyes, 18 añojos, 15 becerros, 3 potros y 3 mulatos236. El único pergamino que tenemos del siglo
230 Archivo Casa de Ganaderos de Zaragoza (en adelante ACGZ), caja 5, doc. 1. Recogido en A.
CANELLAS LÓPEZ, Diplomatario medieval de la Casa de Ganaderos de Zaragoza, Zaragoza, Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, 1988, p. 84.
231 ACGZ, Cartulario grande, ff. 159v-160v. Publicado por A.C
ANELLAS, Diplomatario medieval…, pp. 103-104.
232 ACGZ, Cartulario grande, ff. 158-163. Publicado por A. C
ANELLAS, Diplomatario medieval…, pp. 233-237.
233
A.GARGALLO, El concejo de Teruel… (1996), p. 566.
234 ACA, Cancillería, reg. 42, f. 140. Cfr. A.G
ARGALLO, El concejo de Teruel… (2005), p. 175.
235 El tratamiento de donna que se otorga a la mujer en el texto hace pensar a Gargallo que esta
pertenecería a la oligarquía urbana.
236 ACA, Cancillería, reg. 94, ff. 171v-172. A.G
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XIV (1337) narra el robo de unas ovejas, valoradas en 10.000 sueldos jaqueses a Pedro Sánchez de Jarque237.
En cuanto a los otros dos documentos, ambos son del siglo XV. El más temprano de ellos (1407) es la ya conocida donación de Miguel Martínez de Marcilla, en la cual especifican los ganados que posee en Cuevas Labradas y en Rubiales, ambas aldeas de Teruel. En el primero de los términos su rebaño consta de 400 cabezas de ganado cabrío y lanar, mientras que en el segundo éste asciende a 500 cabezas de ganado caprino y lanar, además de dos pares de bueyes y 4 vacas238. El otro pergamino, fechado en 1467, detalla la compra que Francisco Martínez de Marcilla hace a Ramón Cerdán de su cabaña, compuesta por 2.600 reses de diversa clase –borregas, borregos,
carneros, cabras, cabrones de diversos pelos– junto con otros animales de labor – rozines, asnos et otras [qualesquiere] bestias de qualquiere pelage–, a cambio de
18.000 sueldos jaqueses239.
De todo ello podemos inferir que la mayor parte del patrimonio ganadero de estas gentes estaba formado por reses caprinas y ovinas, dirigidas a la producción de materia prima para la industria textil; junto a este tipo de reses también había, aunque en menor cuantía, ganado vacuno y animales de tiro y labor. También se observa que una parte considerable, si no la totalidad, de estos rebaños estaban en las posesiones que estos potentados poseían en las aldeas, donde seguramente disponían, dado el tamaño de las mismas, de pastores propios240. Se trata, por lo general, de rentistas que confieren a la cría del ganado un carácter secundario pues esta clase de negocio exige atender muy de cerca todos los complicados mecanismos de su funcionamiento: arriendo de pastos, negociación de la venta de corderos y vellones, acopio de forraje y sal, contratación de pastores y auxiliares cualificados, control del ciclo reproductor pecuario, pago de impuestos, financiación hasta la cría y engorde de los corderos...
237 ACA, reg. 591, ff. 33v-34. A.G
ARGALLO, El concejo de Teruel… (1996), nota 1080.
238 ACT, perg. 313, doc. 362. Doc. 7 del anexo.
239 AHPT, Concejo de Teruel, Carpeta Azul, doc. 249. Citado en F.L
ÓPEZ,Datación de la historia…, pp.
113-116.
240 En contraste con estos grandes latifundistas encontramos a los poseedores de unas pocas cabezas de
ganado, quienes para el mejor aprovechamiento optaban por la formación de unos rebaños comunitarios que agrupaban a las reses de un determinado lugar y eran dejadas al cuidado de un pastor designado por el concejo. A.GARGALLO, El concejo de Teruel… (1996), pp. 376-378.
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