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Distributed Computer Systems

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III. Modules in the Master Degree Course

III.3.1 Distributed Computer Systems

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DESORDEN DEL COLAPSO COLONIAL

nam mellitus erat

C ATULO

Se extinguen las colmenas.

Pronto no habrá abejas trasmitiendo el polen.

No habrá flores enamorando fotógrafos para calendarios. No habrá remedios con propóleo para la tos de los naturistas, ni jabones para los hedonistas de la tina de los melosos. Hasta cuándo la polinización en los estambres.

Habrá grandes multas a los que pisen abejas al cruzar la calle y un sinfín de mercados nacerán y morirán en la misma pestaña. Dicen que hay cantantes senegalesas

en México exportando miel a Suiza.

Dicen que la miel sintética será la única que conocerán los niños de las ciudades post industriales.

Ahora digo colmena como una metáfora en desuso, un fósil entre los motivos poéticos,

una reliquia de la jerga sindicalista. Se extinguen las colmenas

y no hay reporteros que develen los motivos en primera plana, no hay cadena multinacional en busca de la fórmula, ni actos heroicos dentro de los panales.

Parece inadecuado decirlo pero hay un abejicidio debajo de los televisores

esperando otra polinización.

FLORA NUMÉRICA

Ciento setenta y tres de cada mil mujeres se llamaban Rosa en Alabama en el mil novecientos cincuenta y cinco. Una de ellas se sentó en un autobús

que nos llevó a todas a un futuro de posiciones y museos pero con una idea de justicia que rondaba las costuras de la automovilística. (Hubo Rosas que no contaron en el censo porque recién habían cruzado la frontera o habían germinado).

Una niña que nació por cesárea y no lactó fue la última en llamarse Rosa

en el mil novecientos ochenta y nueve. Ese mismo año dejaron de nacer Rosanas.

En la década del ochenta se extinguieron las Rosario. En el mil novecientos noventa

ninguna niña se llamó Rosemary.

En el dos mil cinco, una de cada mil mujeres en todos los Estados Unidos se llamó Rosa. Hay residuos del Big Bang en las rosas,

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residuos de radiación, hay menos abejas en el planeta polinizándolas, hay menos Rosas.

JETLAGS

I.

el deseo o la ventana o la náusea que amerizo me dice desde otra latitud cosas comosoy el ángel de todas las azafatas con mis pestañas duermo el miedo de los tripulantes las azafatas iconoclastas erizos sin miedo nostalgia aérea de las viudas negras vacíos de aire los pilotos cansados las azafatas místicas del consumismo que venden tarjetas de llamada que nunca funcionan artefactos de t.v que nunca comprarían son las mártires de las naciones que no existen azafatas jetlags de amor para los viajeros sin audífonos sin tarjeta de crédito sin almohada para vuelo trasatlántico sin asiento en ventana

amerizo llevo dentro a una azafata en emergencia y amerizo llevo dentro una avería técnica y amerizo llevo dentro a un piloto trasnochado que se duerme y amerizo llevo dentro a una pasajera que amenaza con explotarse y amerizo amerizo y primero se enfrían motores tragan agua las turbinas dejo de ser zumbido y soy chasquido de olas contra mi alma de metal amerizo y las nubes no me extrañan inmediatamente yo extraño a las nubes inmediatamente extraño a los pasajeros que le temen a la turbulencia y rezan me extraño las nubes las recuerdo turbulentas las nubes no me extrañan porque aquello que atravesé ya no son las nubes las botellas de whisskey salen flotando de las ventanas de primera clase como abejas ahogadas en una piscina de un hotel veo que los tripulantes de primera clase también quieren huir primero morirse primero empujar primero a los de clase turista amerizo y el bip bip bip de la caja negra se desprende como una mosca que se ahoga en la saliva de un oficial encubierto amerizo y engendro el terror de todos los que no saben nadar amerizo y una pasajera que aún duerme sueña con el ruido de una turbina que se apaga

QUISIERA SABER CÓMO SE AFRONTAN DECEPCIONES ATÓMICAS

Quisiera saber cómo se afrontan decepciones atómicas, pensó Maduk en el laboratorio. Una decepción no tiene materia, aunque sí memoria. Se ha averiado el acelerador de partículas. No se sabe cuándo repondrán imanes. Dicen que se escapó el helio y todos sabemos lo que les pasa entonces a las voces.

MOHO

Los carros de mi casa tenían los retrovisores pegados con silicona porque no había dinero para repararlos.

Los espejos fragmentados como en un rompecabezas mal hecho. Cuando mirabas por ellos veías a conductores ebrios, mujeres golpeadas, adolescentes maquillándose, niños olvidados en los asientos traseros, parejas camino a los moteles o a la iglesia, asesinos vestidos de empresarios, veías monjas serias que miraban hacia el frente,

al vecino evangélico gritándole a la esposa,

yerberos capsuleando, novios recién casados, ambulancias, músicos camino a los conciertos en el anfiteatro, transacciones de droga, de armas, de huesos, veías plátanos verdes traídos de dominicana

y piñas gigantes más dulces que la miel,

veías volkys de colores y los contabas y poco a poco desaparecieron, veías cañas de pescar, tablas de surfear,

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las varetas de madera con las que enmarcaba el padre y que los compañeritos de la escuela llamaban escopetas,

veías a los policías que querían multarnos por ir rápido, por ir lento, por ir con los retrovisores rotos pegados con silicona,

veías la heroinómana en el semáforo que se quedaba pidiendo monedas cuando los carros mohosos aceleraban para llegar a la casa,

a la escuela, a la universidad, al trabajo.

Retrovisores rotos, movilidad enmohecida por el salitre mar por todas partes, reflejo de fractal en aguacero, posibilidad de yunque, de ave costeña, de yagrumo, de flamboyán como hemorragia del camino.

En los carros mohosos de mi casa se hicieron pequeñas revoluciones amorosas y escolares, pronuncié correctamente la palabra periódico, conduje rápido por las autopistas y la ruta panorámica,

me escapé al grito de Lares y a veces vi fantasmas, en los retrovisores de los carros mohosos vi los ferrocarriles dándole la vuelta a la isla

y los rostros de la gente asomados por los ventanas de los vagones sin que nadie se quejara de no tener aire acondicionado, vi a mis tíos sin cinturón yendo por la número uno

antes del accidente que hizo llorar tanto a mi madre y a mi abuelo subiendo la ventana automática como si fuera un gran adelanto para la familia.

Porque el pasado de esta isla sólo puede verse en un retrovisor roto con espejos mal pegados: recuerdos enmohecidos que están más cerca de lo que parece.

(L A QUE VA A CHICAGO SABE QUE LA VOZ EN EL PARÉNTESIS ES LA VOZ SIN LA VOZ) En el camino, otra persona aparece cerca del final del segundo tramo pero nada pasa. A veces ella escribe con las ventanas de la casa abiertas y piensa que alguien la mira desde una ventana en la cual nunca ve a nadie. A veces piensa en esa ventana como en el futuro. Quiere ver si entiende qué significa ese uso tan repetidootrodespués de los sustantivos.

No le importan tanto los finales como las líneas que los atraviesan.-Ella no lo entiende. No cree que los otros lo entiendan.

\\\se altera la frontera con los temblores/ se destrazan/ las coordenadas en los pasos/ \/\/\/\y dan una ruta/ que no /inventan\/\/\/\ aunque la descubren ojos zigzagueando/

como el rumor/ de algún /\/\ paisaje milenario / que devela \/\/\/sus puntadas/\/\/\/ de cadeneta /cruz /\/\realce, como decir ruedo de tierra// /que a veces nos descoses.\\\

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P ARVATI

(hija de la montaña en sánscrito)

Avistar el gran monolito a lo lejos es como decir allá está lo que fue luz que ahora roca. Olores a zona agrícola. Escucho una destrucción joven profetizar una deidad decapitada. El amarillo lleva nombre de estrella. La luz relumbra útil entre nubes e irradia el sánscrito que no hemos olvidado. Me asustan las curvas. Calor y memoria cada vez más cerca. Recuerdo los estados de la última meditación. He visto un ojo pero me da miedo decirlo. He visto un señor ciego con barba. Atestiguo. Tomamos el retorno. ¿Algo muerto? Pajareras abren la ruta disímil hacia el magma. ¿Hay final del camino? La piedra. Aquí está el destino que fue lava.

*

¿Será finalidad subir a la cima? Zopilotes o cuervos sobrevuelan en espirales. La comedora de mariposas medita rodeada del canto de los grillos. Pájaros revolotean sobre su cabeza y ella, impasible, se bruma al horizonte. Decide bajar descalza como de una pirámide. Ella no sabe que pronto ofrendará hojas secas al niño con trompa de muchos nombres.

*

Los pies se resbalan entre ceniza y poliedros de roca afilada. Hay circunstancias que le impiden a la piel tocar la tierra. Por el camino encontré sentada a una mujer que le cantaba mantras como nanas al paisaje. Subir era una pestaña del proceso. La finalidad: calibrar la altura y la piedra para quedarse en reposo. La voz de la mujer lactaba al tiempo.

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A

LEXEI

T

ELLERÍAS

[Santo Domingo, República Dominicana, 1981]

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