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In document Case No. 121 of In the matter of (Page 43-46)

Después de la edificación del Templo interior, examinemos la edificación del Templo Exterior que es la acción del masón en el mundo. Según la tradición iniciática, el mun- do es a la vez antítesis y reflejo material de la divinidad: en primer lugar es el reflejo directo en el mundo espiritual o noumenal, y en segundo lugar el reflejo secundario en el plano de los fenómenos; toda la creación lleva el sello divino, la rúbrica divina. La edificación del Templo exterior comporta un carácter escatológico, es decir, de los fines últimos del hombre. Viviendo todo en la ciudad presente aspira a la ciudad futura que resultará la transformación del mundo. El hombre es instrumento, de ésta. De toda la creación, no hay quién sea apto para plantear la cuestión del origen del mundo y de su fin último, pues hemos visto, es el intermediario y el eslabón entre el mundo sensible y el mundo espiritual. En esto, es superior a los ángeles, pues realiza la unidad de la tríada formada por el cuerpo, el alma y espíritu.

El hombre es el intermediario y el realizador de los designios del G∴ A∴ D∴ U∴, pues es a la vez la imagen de Dios y la del mundo sensible al cual pertenece. Es tal por esencia, pero no es tal en realidad: como lo hemos visto, la edificación del Templo in- terior tiene por objeto devolverlas su naturaleza integral, a fin de que tenga conciencia del principio que lleva en sí mismo, que está más allá de la materia y de la duración, y que se traduce, por la atracción que sobre él ejerce todo lo que es eterno e infinito. Los instintos y las necesidades determinan y limitan las percepciones de los animales, aun- que los más evolucionados de entre ellos sean capaces de emociones refinadas, tales como la unión desinteresada, y el amor y respeto a su amo. No es concebible, sin em- bargo, que un animal se pregunte de donde viene y cual es su fin último. El materia- lismo histórico reduce al hombre a su naturaleza bien lógica desde que oye explicar la historia considerando sobre todo las causas económicas y la lucha por la vida. Solo el yo orgánico, superficial y egoísta, en función de las condiciones materiales de la exis- tencia. El hombre no sufre solo de hambre físico, sino también de hambre espiritual que ha sido siempre el carácter distintivo de los pueblos.

El trabajo de este Templo Exterior del G∴ A∴ D∴ U∴ que es la manifestación de la Masonería en el Mundo, debe proseguirse al mismo tiempo que el trabajo interior de cada uno; pero es evidente que solo puede emprenderlo con provecho aquel que ha ad- quirido ya una cierta experiencia iniciática y que alcance una cierta disposición espiri- tual, permitiéndole mirar el mundo con otros ojos que aquellos del profano. Es indis- pensable, algo más, un cierto misticismo; su ausencia hace imposible la percepción integral del mundo exterior.

El hombre, solamente, es el ser de toda la creación capaz de utilizar sus sentidos para comprender el lenguaje inconsciente de las cosas que lo rodean. Se puede decir que la creación se reconoce por medio de la inteligencia, del pensamiento, del lenguaje del hombre; y aunque el lenguaje, articulado descubre el pensamiento que tiene que tradu- cir, esto demuestra únicamente la importancia a expresar la naturaleza y la esencia de las cosas. El hombre es el centro de la naturaleza o microcosmos. Es a través de la inte- ligencia humana que el mundo, creado se exterioriza y reconoce. Es lo que le hace apto para comprender y conocer el macrocosmo. La significación propia de la esencia mis- ma de cada cosa no se realiza sino en el momento en que ésta, última es percibida, re-

conocida y denominada por el hombre. En el origen este fue el papel de Adán, hombre integral; él fue encargado de dar nombre a los; animales. Denominar no es colgar una simple etiqueta. La criatura se ha realizado, es decir, que su sustancia está constituida, según la ley predeterminada de la analogía con el prototipo divino o pensamiento crea- dor de Dios, que Platón llama, idea, que Plotino llama el Logos de las cosas, y que es la realidad suprema y original, predestinante del aspecto fenomenal del mundo.

La Criatura es la Rúbrica del Creador sobre el plano material; el hombre es el único capaz de leer el libro abierto y de responder al llamado de la Creación; pero, hay que precisar todavía, solo es apto para esto el hombre cuando la Iniciación lo ha aproxi- mado a su naturaleza original.

Así se realiza de nuevo, por edificación del Templo Exterior al G∴ A∴ D∴ U∴, el rol cósmico de Adán interrumpido en el hombre profano por la dislocación de la Tríada, que la iniciación tiene por objeto reconstruir. El mundo entero espera con ansiedad esta transfiguración del hombre. Recordemos las palabras de San Pablo: “Pues la Creación ha sido sometida a la vanidad, no de su grado, pero a causa de ella hay sumisión, con la esperanza de que ella también será liberada de la servidumbre de la corrupción para tomar parte en la libertad de la gloria de los hijos de Dios” Romanos. 8,19, 23.

Y recordemos el consejo de Zosismo: “Amad la creación de Dios, tan enteramente co- mo cada objeto y cada gramo de arena: aprended a percibir el secreto de Dios en las cosas. Sembrad la tierra y amarla sin reposo ni saciedad. Amad todo, y buscad este éx- tasis y este delirio”. Este éxtasis es solo accesible a los grandes iniciados, como San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz y otros.

Sin duda si el objeto supremo de la Iniciación consiste en la transformación del cosmos, el primer objetivo del iniciado debe ser el Mundo Social, es decir, la Humanidad mis- ma. Esta transformación debe comenzar por poner ésta misma en armonía con el Prin- cipio Supremo, el G∴ A∴ D∴ U∴; pero esta reforma espiritual de la sociedad humana es irrealizable sin haber obtenido, previamente, una transfiguración interior, individual, y sobre todo, voluntaria de cada ser humano.

Esta debe traducirse por un desarrollo espiritual y por una restauración de la naturaleza original de la Tríada. Nuestra tarea es defender esta libertad, aún contra una aparente mejoría de la existencia del Hombre, mejoría impuesta por la fuerza.

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