La relación población-medio ambiente ha sido objeto de un análisis determinista, el cual explica que el deterioro ambiental es causado por el crecimiento de la población, desde nuestra perspectiva los factores explicativos en primera instancia son las fuerzas productivas, el grado de tecnología y las relaciones productivas, pero no desconocemos que los patrones de fecundidad, migración y asentamiento repercuten en el ambiente por la presión que ejerce la población sobre la reserva y el potencial de recursos naturales, o por la degradación debido a la concentración urbana e industrial.
En el DF, el deterioro ambiental se manifiesta de manera concreta en un grupo de fenómenos o factores, entre ellos destacan: la crisis del agua; la contaminación ambiental y la ocupación de suelo fértil o de conservación ecológica.
a. Crisis del agua
La altura de la ciudad de México determina costos crecientes para el abastecimiento del agua y altas inversiones en la construcción de obras de bombeo que han mejorado la dotación del agua. El suministro actual de agua potable para la ZMVM alcanza los 64 m3/seg de los cuales 35 m3/seg son canalizados al DF. En los últimos cinco años los caudales no han tenido variación pese al incremento absoluto de la población. Para el DF, el 70 por ciento del volumen total es de fuentes subterráneas locales y el 30 por ciento restante se importa de fuentes externas alejadas de la ciudad hasta 127 kilómetros.
En el año 2000 la población del DF fue de 8.6 millones de habitantes, la dotación per cápita diaria real es de 231 litros por habitante, considerando la recuperación de volúmenes por la reparación de fugas en la red llevada a cabo en los últimos 3 años. En cuanto al déficit, se estima que es de 3 m3/seg que afecta a 1.2 millones de personas. El avance más significativo en el gobierno democrático es haber evitado la escasez que periódicamente se vivía en temporada de estiaje.
Esta desigual distribución y la excesiva pérdida por fugas ha generado que en los últimos años los nuevos programas de vivienda se hayan frenado, en consecuencia detienen el desarrollo de la ciudad. En este sentido la historia se repite y los inversionistas encaminan su acción hacia los municipios conurbados, al suelo de conserv ación y a zonas de alto riesgo con la consecuente afectación del medio ambiente metropolitano.
Otro problema que se presenta es la calidad del agua en varios sectores de la ciudad, –Gustavo A. Madero, Iztacalco, Iztapalapa y Tláhuac; fierro y manganeso son los contaminantes que aunque no alteran su potabilidad, le imprimen una apariencia desagradable. El GDF ha llevado a cabo las acciones necesarias para enfrentar el problema. A la escasez, se adiciona la ausencia de una cultura en el manejo del ag ua potable: riego de áreas verdes, lavado de autos, procesos industriales, muebles y sistemas hidráulicos de alto consumo, etcétera, estimándose derroches de hasta un 40 por ciento.
Luego de subir el agua a 2,240 metros sobre el nivel del mar y ser usada, gran parte es expulsada de la cuenca a través del drenaje profundo y del gran canal de desagüe. Es un desperdicio que sólo el 10 por ciento del caudal total reciba algún tipo de tratamiento, aunque la capacidad de las plantas de tratamiento es del doble de la producida; sin embargo, la escasa infraestructura para su distribución, su inadecuado emplazamiento territorial y su alto costo tarifario (superior al costo del agua potable) hacen que este bajo caudal no sea aprovechado.
En conclusión, los altos costos para traer agua de grandes distancias y extraerla de grandes profundidades, las altas pérdidas por fugas y los bajos índices de producción y aprovechamiento de aguas tratadas, indican claramente un manejo histórico del agua inadecuado. Además, no se aprovecha el agua pluvial que la naturaleza sube al Valle de México. A pesar del costo en la construcción del drenaje pluvial, es necesario ir pensando en la necesidad de su construcción.
b. Contaminación del aire
La ciudad de México es una de las zonas más contaminadas del planeta. Sus características geográficas se ven agravadas por la localización de las industrias y por los patrones de crecimiento urbano. Los altos índices de contaminación son producidos por fuentes fijas (industria) y fuentes móviles (vehículos).
Los tipos y niveles de contaminación intraurbana están en estrecha relación con los modelos de localización de la población y las actividades económicas; por ejemplo, se ha observado en algunos estudios que la zona noroeste presenta los promedios más altos de dióxido sulfuroso, producto de las emisiones de la industria termoeléctrica. La ciudad central tiene una tendencia a la contaminación por monóxido de carbono y bióxido de azufre, mientras que, en las áreas periféricas con asentamientos irregu lares carentes de pavimentación y áreas verdes, predomina la contaminación por partículas.
La magnitud alcanzada por el problema de la contaminación atmosférica ha llevado al GDF a implementar una serie de medidas de gestión y ordenamiento ambiental; sin embargo, falta mucho para incrementar las condiciones de vida de la población capitalina.
c. Expansión física urbana
El crecimiento extensivo del DF, ejemplifica un proceso de transformación radical de las características ecológicas del medio ambiente urbano. La transformación y la degradación del suelo circundante son resultados directos de la presión que ha ejercido la concentración de población y las actividades.
El crecimiento de la ciudad ha provocado la ocupación de áreas productivas, de preservación ecológica y zonas de alto riesgo, en los últimos cincuenta años, de esta manera se han extinguido lagos y parques naturales, con graves alteraciones del equilibrio biológico en la recarga de los acuíferos al sur de la ciudad.
La deforestación va asociada a tormentas de polvo que aumentan la contaminación y producen la erosión de los suelos, asimismo, en los últimos años se le atribuyen las variaciones de las temperaturas que registran máximas y mínimas cada vez más extremas.
Ante esta situación es importante revisar el despoblamiento de las delegaciones centrales e intermedias, para evitar la ocupación de áreas periféricas importantes para mantener el equilibrio ecológico de todo el Valle, con medidas que contribuyan al desarrollo de la ciudad y no a su paralización. En el DF se requiere transitar a un modelo de desarrollo sustentable que mejore la calidad de vida de la población presente y futura sin comprometer los recursos naturales y la calidad del medio ambiente del Valle de México.