Chapter Two Literature Review 2.1 Introduction
2.18 DMO finance
Eleázar Augusto Monroy Mejía*
Amo la vida, intensa y profundamente… Gilberto Lima
Para algunos académicos, la clave epistemológica está en la interpretación de un mundo dual (sujeto-objeto) y de certezas. Contrariamente, el gran atractor epistemológico en el paradigma emergente son los conceptos de lógica borrosa, incertidumbre, caos, vacío, azar, riesgo, asombro, desorden, mito, subjetividad, etc.
Dos mil quinientos años atrás, aproximadamente, en la Grecia clásica dos pensadores tenían distinta visión epistemológica. Para Heráclito de Éfeso con su Panta rei: todo fluye, todo cambia, nada permanece igual; es decir, todo es relativo. Diametralmente opuesto, Parménides de Elea sostuvo que el ser-es y el no ser-no es. Los sofistas fueron devotos del devenir heraclitano, mientras que Sócrates, Platón y Aristóteles consolidaron la tesis parmeni- dea de lo absoluto.
Platón en su Alegoría de La Caverna presenta una síntesis ad- mirable: Sí podemos conocer y producir conocimiento, aún en el mundo sensible o de los sentidos; por ello, somos capaces de dar respuestas a las preguntas sobre ¿qué conocemos?, ¿qué signifi- ca conocer? Sí, somos capaces de discutir sobre los límites de eso que llamamos conocer o interpretar la realidad y podemos trazar líneas exegéticas y hermenéuticas para establecer confianza en lo que interpretamos.
* Ex Decano de la Facultad de Humanidades, Universidad de San Carlos, Guatemala.
Desde el nuevo paradigma, esa interpretación epistemológica dual y de certezas la consideran lineal, fragmentaria, reduccionis- ta y simplificadora. Einstein, con su teoría general y especial de la relatividad, demostró que el espacio es curvo y el tiempo relativo; la visión cartesiana y mecánica de Newton debe dar paso al pen- samiento complejo, señalan autores como Édgar Morin, Fritjof Capra, David Bohn, Ilya Prigogine, Ken Wilber, David Peat, Jorge Wagensberg, Denise Najmanovich, Erwin Lazlo y otros.
Como resultado de los sobrecogimientos que llegaron después de la Segunda Guerra Mundial, Alexis Carrel (fisiólogo francés) escribió el libro La Incógnita del Hombre, donde proclama la ne- cesidad de estudiar los procesos fisiológicos y espirituales del ser humano. Aún hoy, en pleno siglo XXI, el ser humano y todo lo viviente son entes desconocidos y, por ello, es urgente que cen- tremos nuestra atención en la vida humana y en sus conexiones cósmicas porque sin esta comprensión, tanto el cosmos mecánico de Newton como el cosmos cuántico de Einstein, corren riesgos de autodestrucción.
¿Con qué lente epistemológico miramos la vida y el aprendiza- je? Todos hemos escuchado el trinar de las aves al amanecer y nos hemos extasiado con el agradable perfume de las flores. La vida, con su pleamar de esperanzas, la vemos mágicamente atractiva, a pesar de que constantemente enfrentamos seductores engaños y variedad de peligros que, al vencerlos mediante aprendizajes coti- dianos, nos permiten valorarla aún más.
¿Qué es la Vida?, preguntan los célebres biólogos Lynn Margulis y Dorion Sagan. Al intentar responder con responsabilidad, ellos dan más de cuarenta definiciones sobre la vida y concluyen reco- nociendo, con humildad, que ese tipo de investigación debe conti- nuar…la vida siempre está abierta al universo y a sí misma (2005, p 199). El problema no es simple. Jean Rostand ha señalado que los tres enigmas primordiales de la biología: el problema de la for- mación del Ser, el origen de la vida y definir qué es la vida, son temas que demandan más investigación (1974).
Hay preocupación en los biólogos por aclarar qué es materia inerte, materia inorgánica, materia inanimada y, en contraste,
qué es materia viva; un buen acercamiento se logra al precisar cada una de las características de los seres vivos. A finales del siglo pasado Humberto Maturana y Francisco Varela, biólogos chile- nos, presentaron la tesis de que los organismos vivos son auto- poyéticos (De Máquinas y Seres Vivos, p 53); es decir, la vida se construye a sí misma, se hace, se rehace, se reinventa, se recrea constantemente.
El aporte de Maturana y Varela es valioso tanto para la com- prensión de los fenómenos vitales como de los procesos de apren- dizaje. Se ha creído que los virus, por ejemplo, son el puente entre lo vivo y lo no vivo. Para medir la pequeñez de las bacterias, los microbiólogos hablan de micras; una micra es la milésima parte de un milímetro. Hay bacterias grandes, como los espirilos, que miden hasta 500 micras (medio milímetro) pero hay un vasto gru- po de bacterias muy pequeñas, los cocos, que pueden medir unas diez micras; estas bacterias sólo se ven con microscopio; a pesar de su pequeñez, resultan ser entes gigantes al compararlas con los virus.
Los virus son infinitamente pequeños y pueden permanecer muchos años en forma cristalizada (característica de la materia inorgánica) pero, eso sí, al menor roce con la materia viva saltan a ella con gran impunidad. Es más, los virus no se reproducen por sí mismos (la reproducción se ha visto como la característica más conspicua de los seres vivos); para replicarse llegan al interior del núcleo de una célula y cambian las instrucciones del ADN (áci- do desoxirribonucleico) y, de esa forma, se multiplican rápida e impunemente.
El concepto de autopoiesis ayuda a clarificar el problema. Margulis y Sagan opinan que los virus no están vivos porque no son autopoyéticos, no tienen metabolismo, carecen de genes y proteínas suficientes para auto-mantenerse; solucionada esa di- ficultad, los célebres microbiólogos sostienen que más que dis- tinguir entre VIDA y no vida, lo importante es señalar la conti- nuidad química. De ahí que, desde Maturana, Varela, Prigogine y Margulis la atención más que en la reproducción de los seres vivos se centra en el metabolismo.
Los trabajos de Ilya Prigogine y Erwin Schrödinger, -ambos pre- mio Nóbel-, sobre termodinámica y estructuras disipativas dan luces para llegar a comprender cómo el metabolismo permite una entrada continua de energía para que la vida se sostenga, mien- tras disipa cierta parte como calor, energía ya no útil pero que, en la trama de la vida, es un proceso termodinámicamente correcto.
Los genetistas sostienen que el ácido desoxirribonucleico, -ADN-, es la molécula maestra y, a su vez, molécula clave de la vida. Margulis y Sagan, al profundizar en el tema del origen de la vida, explican que el ADN requiere de varios tipos de ácido ribo- nucleico (ARN ribosomal, ARN mensajero, ARN de transferencia, etc.) para funcionar. Las moléculas de ADN se replican pero no metabolizan, no son autopoyéticas. El ARN, en cambio, es más versátil y tiene capacidad para dirigir él sólo su propia replicación y la síntesis de sus proteínas (2005, p 64), por tanto es el principal candidato a súper molécula de la vida primitiva.
Para el origen de la vida y para la autopoiesis de los seres vivos, el ARN y el ADN son las moléculas claves de ese maravilloso enig- ma llamado Vida. La reproducción permite la perpetuidad de la especie pero el metabolismo, -ligado íntimamente a la autopoie- sis-, logra que todo ser vivo se construya constantemente a sí mis- mo. Al cesar la autopoiesis, la célula no metaboliza y el ser vivo muere. Margulis y Sagan concluyen en que “la vida en la Tierra, más que un nombre, es un verbo. Se repara, se mantiene, se recrea y trasciende a sí misma” (Margulis, p 22). La vida es, pues, un re- galo precioso.
La vida está íntimamente ligada al aprendizaje, explican los biólogos citados y Hugo Assmann en Placer y Ternura en la Educación lo corrobora: “En la compleja trama que une procesos vitales y cognitivos, vida y aprendizaje son lo mismo y ello es cier- to para los seres humanos y todo lo vivo” (p 36). Hace ya más de tres décadas, Maturana y Varela con diversos tipos de experimen- tos demostraron que, junto a los hemisferios cerebrales y toda la red nerviosa periférica, el aprendizaje se da en en todas nuestras células: “hay dos redes biológicas cognitivas: el sistema nervioso y el sistema inmunitario” (De Máquinas y Seres Vivos, p 53). Vida,
aprendizaje y salud biológica son bendiciones cotidianas que pro- vienen de la constante labor de nuestro sistema inmunológico.
Bibliografía
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