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Document-level Evaluation

3.3 Experiments with ROSE and SIMPBLEU

3.3.1 Document-level Evaluation

Muchas de las claves que se manejan en educación sexual son aplicables tam- bién al trabajo en prevención de la MGF, con algunos matices que ofrecemos a continuación:

Idea de sexualidad de la que partimos. Necesariamente, nuestras interven-

ciones han de partir de una idea determinada de la sexualidad. Por ello, nos detendremos un momento para repasar algunas nociones básicas al respecto. Toda persona es un ser sexuado, y su historia como ser sexuado se desarro- lla y evoluciona a lo largo de la vida. Está presente en todas las épocas de la misma, y se encuentra íntimamente relacionada con aspectos psicológicos, sociales y culturales.

La sexualidad es mucho más que penes y vulvas que se relacionan. Tiene que ver con personas completas, sexuadas, que se sienten, viven y se expresan como tales.

Hay dos sexos, femenino y masculino, pero no hay dos mujeres iguales, o dos hombres iguales entre sí. Desde que nacemos, nos construimos como mujeres y como hombres en un complejo proceso de sexuación, con mu- chísimos niveles y matices, que dará lugar a una mujer única, a un hombre particular e irrepetible.

Los niveles de los que hablamos son muchos. El primero tiene que ver con el cromosoma, con la X o Y que aporta el espermatozoide, pero eso es sólo el principio. Después vendrán: las gónadas, los genitales internos, los genitales externos, las hormonas… Y más adelante, tras el parto, aún sigue el proceso con la asignación de sexo, la crianza diferencial, la pubertad… el climaterio, la andropausia...

La mayoría de estos niveles deben verse desde una doble perspectiva: a cada nivel le corresponden dos posibilidades: hombre o mujer, y cada una de ellas está llena de grados o matices. De modo que cada cual se situaría en un punto del continuo, donde existen los extremos, pero donde también abundan las zonas comunes.

De todo esto se desprende una idea: sexos hay dos, pero cada uno de ellos

está repleto de posibilidades. Hay muchas maneras de “estructurarse” como hombre y muchas de hacerlo como mujer.

A la hora de trabajar, de todo esto de la sexuación, deberíamos sacar al menos dos cosas claras: una de ellas es que trabajar con niños y niñas, con mujeres y hombres, es trabajar con “complejidades”, con seres únicos e irrepetibles, pues cada proceso es peculiar. Y la otra es que ser hombre o mujer es algo más que lo que nos muestre uno de los niveles tomado inde- pendientemente.

La sexualidad es la manera que cada persona tiene de vivir “el hecho de ser sexuado”. Es una categoría subjetiva y no hace referencia exclusivamente a funcionamientos anatomofisiológicos. Su referencia más clara son “las viven- cias”, lo que cada cual se siente en su intimidad.

El niño, la niña, la mujer o el hombre toman conciencia de que hay personas de dos sexos. Su sexualidad será la manera propia de verse, sentirse y vivir- se como ser sexuado, como uno de los dos sexos.

Es evidente que cada persona vivirá su sexualidad de distinta manera, que, dicho sea de paso, no es estable, sino que está en continua evolución. Y, además, así ha de ser, por supuesto, sin entrar en los terrenos de lo normal

y lo anormal. El terreno de la sexualidad es el de lo peculiar. El terreno, en definitiva, de las sexualidades.

Esta categoría no es objetiva y está mediatizada por la cultura, por la edu- cación, por los distintos modelos de hombres y de mujeres que ofrece la sociedad y quienes educan: profesorado, familia, iguales… De tal modo que según que expectativas se estén generando, sobre cómo son o cómo deben comportarse los hombres o cómo son y cómo deben comportarse las muje- res, las cosas estarán más o menos fáciles.

Como profesionales nos corresponde conocer el proceso, reconocerlo, respe- tarlo y protegerlo. Y por supuesto, ofrecer modelos en los que quepan todas

las posibilidades y todas las mujeres, todos los hombres, puedan encontrarse a gusto, y desarrollarse de forma plena.

La vivencia del hecho de ser sexuados incluye la orientación del deseo que, como hombre o como mujer, podrá ser sentida en su matiz homosexual u he- terosexual. Como es lógico, en este caso, también es importante manejarse con la doble perspectiva, dos posibilidades y muchos grados, y ofrecer, de nuevo, modelos donde quepan todas las posibilidades.

La erótica es la forma concreta de expresar todo lo anterior, lo que somos y lo que vivimos. Y que, de nuevo, tiene múltiples y variadas formas. Cada cual tiene su propia erótica, como tiene sus propias peculiaridades.

Para el desarrollo de la erótica entran en juego muchos factores. Por supues- to todo lo anterior, pero también los propios valores y creencias, la forma de pensar y de entender las relaciones sexuales y las relaciones de pareja, los sentimientos y la importancia que se den a los mismos, así como todas las demás cosas que se puedan considerar importantes. De todo esto, así como de otras influencias, acabará surgiendo un tipo de erótica propia.

A veces, cuando se habla de sexualidad, se tiende a identificar esta palabra con la realización de coitos. Pero en realidad, la sexualidad abarca mucho más en la construcción del ser humano. Como hemos dicho, tiene que ver con estructuras, con vivencias, con creencias, con emociones, y también con expresiones, dentro de las cuales pueden darse (o no) coitos.

Las distintas formas en que se expresa la sexualidad humana son igualmente amplias y plurales, y no se limitan a aquellas en los que la intervención de los genitales es relevante. También son expresiones de la erótica las caricias,

el abrazarse, el coger de la mano, los masajes, la masturbación... del mismo

modo que los son el coito vaginal o el resto de penetraciones. Además, tam- bién están las fantasías, que por supuesto forman parte de la erótica. Las

formas de goce son plurales, e igualmente legítimas.

El Hecho Sexual Humano está lleno de sexualidades y de peculiaridades. Y está atravesado por tres caminos. Uno que entiende de “lo reproductivo”, de su cultivo como valor y de evitar las consecuencias no deseadas. Otro que se dirige a “los placeres” y la satisfacción, y en el que el orgasmo es sólo un atajo. Y un último, quizás el primero, que habla de “lo relacional”, del encuentro, de la atracción y del deseo.

Lo que estamos planteando es que las relaciones eróticas no son algo entre penes y vulvas. Son relaciones entre hombres y mujeres, ya sean homo- sexuales o heterosexuales. Y esto significa que además del roce y los fluidos se mezclan expectativas, valores, miedos, deseos, creencias, identidades… se mezclan dos peculiaridades, dos sexualidades.

En base a esta idea de sexualidad, ¿para qué sirve la educación sexual? Ya

hemos comentado que no creemos que la educación sexual deba servir sólo para evitar riesgos. La sexualidad no es un peligro y el objetivo de la educa-

ción sexual no debe ser sólo preventivo. Por supuesto se deben evitar peli-

gros, por ejemplo, se puede trabajar por prevenir la MGF, pero la educación sexual puede abarcar mucho más.

El objetivo de la educación sexual no es otro que el contribuir a que las mu-

a expresar su erótica de modo que se sientan felices, satisfechos y sa- tisfechas.

Da igual la procedencia cultural o geográfica, ser del medio urbano o rural, hablamos de todas las edades, desde la infancia a la tercera edad. De cualquier orientación del deseo, ya sea homosexual o heterosexual. De todas las identidades, incluidos transexuales. Y, por supuesto, tam- bién de los chicos y chicas, hombres y mujeres, con algún tipo de disca- pacidad, física, psíquica o sensorial o con parálisis cerebral. Repetimos sin rangos, jerarquías o calidades. Y dentro de este trabajo, tenemos una magnífica ocasión para abordar tam- bién la prevención de la MGF, o la atención a las mujeres que la han sufrido. Es posible que en ocasiones (por ejemplo, ante un riesgo de MGF inminente), debamos ceñirnos a una intervención efectivamente más centrada y reducida a evitar peligros. Pero si disponemos de las oportunidades necesarias, sería idóneo desarrollar una labor de educación sexual más amplia y completa.

No hay que esperar a los peligros, y no hay que hablar sólo de los peligros.

Y esto es cierto aún en el caso de que nuestro único interés sea “evitar peli- gros” (y ya hemos mencionado que tal vez podamos permitirnos ser un poco ambiciosos en este sentido).

Nuestra intervención, incluso en prevención de la MGF, será mucho más prác- tica si seguimos esta máxima. Se ha demostrado que son más efectivas las intervenciones realizadas con tiempo, con tranquilidad, de forma coordinada con otros profesionales, y ofreciendo a las familias información y apoyo sobre diversos temas (por ejemplo, si estamos en una consulta de pediatría, las vacunas que necesita la niña, consejos para una alimentación adecuada… si estamos en una ONG, información a la familia sobre trámites legales o burocráticos, apoyo para conseguir la tarjeta sanitaria, información sobre el sistema sanitario…). En este marco, la prevención de la MGF se puede intro- ducir como un tema más relativo a la salud, en el transcurso de los sucesivos encuentros o entrevistas que se mantengan con la familia.

De la misma forma, desde el campo de la educación sexual, lo deseable es que no esperemos a que se presente una situación de riesgo para hablar a estas familias sobre prevención de la MGF, y sobre sexualidad. Esto quiere decir que, por ejemplo, si trabajamos con una familia con una hija o varias, perteneciente a una etnia o país de riesgo, es mejor no esperar a que dicha familia esté a punto de realizar un viaje a su país de origen para realizar la intervención. Lo ideal es haber comenzado antes, hablando sobre temas di- versos relacionados con la salud sexual, ofreciendo información y educación sexual a través de talleres y charlas, de cursos o entrevistas personales, fa- cilitando información sobre los recursos de salud y también los relacionados con la planificación familiar, la sexualidad… y dentro de este marco, tratar la prevención de la MGF como un tema más, aunque no haya ningún viaje previsto en los próximos meses.

La MGF es una realidad que no podemos ignorar y que debemos abordar, y desde la educación sexual podemos afrontarla dentro de un trabajo más am- plio en lo referente a la sexualidad. Ciertos contenidos de educación sexual, a nuestro entender, nos otorgarán una buena base para el posterior trabajo en este tema, por ejemplo, el trabajo de las actitudes que tienen que ver con la igualdad de género, con la tolerancia hacia las distintas formas de vivir la sexualidad, con el conocimiento y respeto de los derechos sexuales que toda persona tiene, el conocimiento de la anatomía de la reproducción y el pla- cer, el amor y el respeto al propio cuerpo (también a los propios genitales), información sobre el proceso de embarazo y parto… todos estos contenidos de educación sexual favorecerán que el trabajo en prevención de la MGF sea más fértil, más sencillo, mejor comprendido, y cale más. Por añadidura, son contenidos que por sí mismos enriquecerán la vida de la persona.

Educación sexual y prevención con todo tipo de familias. Sabemos que no hay que hacer educación sexual sólo con “las personas expuestas a ciertos riesgos” (ejemplo: riesgo de una ITS, riesgo de un embarazo no deseado…). Las personas que, supuestamente, están libres de estos peligros también necesitan educación sexual. De la misma forma, habría que hacer educación sexual con todas las familias, tanto con las que tienen hijas en riesgo de sufrir la MGF como con las que no.

Concretamente en el caso de población subsahariana, atender y educar la sexualidad de este colectivo, independientemente de su riesgo de MGF, es positivo por varios motivos: uno de ellos es que son magníficos transmiso- res de información. Si nosotros trabajamos ciertos contenidos de educación sexual, incluida la prevención de la MGF, con parte de esta población, aunque no sea de riesgo, es bastante probable que esa información se difunda, y

acabe llegando también a familias con hijas en riesgo de MGF. Estaremos facilitando la educación de pares.

Por otra parte, si un porcentaje importante de esta población rechaza la MGF y además, cuenta con buenos argumentos para explicar los motivos de su rechazo, facilitaremos que otras familias, en principio afines a dicha práctica, se replanteen su postura, encontrando además menos presión social para mantenerla. Por ejemplo, en alguno de los talleres de educación sexual que hemos realizado (en los que hemos trabajado también la prevención de la MGF) las personas asistentes nos han comentado que estaban en contra de la práctica, pero que carecían de argumentos para defender su postura cuan- do conversaban con personas de su misma comunidad que se mostraban a favor. Estas personas nos han manifestado su satisfacción porque el taller les había dotado de conocimientos e información útiles para convencer a otras personas de su comunidad para abandonar la práctica (generalmente, argumentos relativos a los efectos sobre la salud de la mujer).

Otra ventaja es que, como ya hemos mencionado, ciertos contenidos gene- rales de sexualidad nos facilitarán el camino para la prevención de la MGF, y aquí también contaremos con la difusión de la información a través del grupo de iguales. Lo que expliquemos o tratemos un día en un taller, o en una entrevista personal, es posible que mañana o pasado sea transmitido a otra persona del mismo o similar origen.

Por otro lado, estas personas que migran y siguen teniendo contacto con sus redes sociales y familiares en sus países de origen, pueden también contri- buir a que se modifiquen ciertas actitudes en dichos países, ser agentes de cambio en su tierra, en lo relativo a la MGF y en lo relativo a temas generales de sexualidad.

El hablar de sexualidad y de MGF con todo tipo de familias posiblemente nos ayude también a evitar cierta sensación de estigmatización. Si sólo tratamos estos temas de forma exclusiva con algunas personas o familias, pueden sentirse señalados o estigmatizados.

Hablar facilita que nos hablen. Es bastante probable que las dudas, inquie- tudes, o problemas en el terreno de la sexualidad, se compartan en el centro y con los profesionales que previamente han tratado el tema, que les han hablado sobre estas cuestiones.

Si, además, las personas se han sentido cómodas por la forma en que se han abordado los temas relativos a la sexualidad (de forma respetuosa y dialogante), y han percibido voluntad de apoyarlas o informarlas sobre las

cuestiones tratadas, es bastante probable que sean más permeables a lo que tengamos que contarles.

Como profesionales, podemos espe- rar a que nuestros usuarios y usua- rias de origen subsahariano nos pregunten al respecto para tratar el tema (esperar a que nos pregunten sobre MGF o sobre sexualidad, o a que manifiesten alguna necesidad al respecto). Pero, por lo que conoce- mos de la población subsahariana, es bastante probable que eso no suceda nunca, o muy ocasionalmen- te, lo cual no quiere decir que no precisen atención en su sexualidad, que no puedan beneficiarse de re- cibir educación sexual, o que la ne- cesidad no exista. A lo mejor sim- plemente quiere decir que no están acostumbrados, en muchos casos, a tratar el tema con naturalidad en un contexto formal, educativo o sani- tario, por ser un tema considerado tabú o íntimo. Justo lo mismo que pasaba en nuestro país no hace tan- tos años.

De sexualidad habrá que hablar. Habrá que visibilizarla, y los profesionales tendrán que reservar un espacio en su agenda para tratar el tema. Sin espe- rar necesariamente a que sean los usuarios los que nos planteen demandas al respecto, ni sobre sexualidad, ni sobre MGF.

A veces son las propias profesionales, y los propios profesionales, los que evitan estas cuestiones, por temor a no abordarlas de forma adecuada, por miedo a causar algún sentimiento de incomodidad en el otro, o por conside- rarlas demasiado privadas e íntimas.

Sin embargo, al igual que en el caso de otros temas relativos a la sexualidad, es preciso animar y motivar a las profesionales y los profesionales a abordar estas cuestiones. Y evidentemente, se les debe apoyar en esta labor, ofre- ciéndoles una formación adecuada y la adquisición de claves para realizar educación sexual y prevención de la MGF.

De los intereses a las necesidades. En educación sexual sabemos que es im- prescindible que la persona perciba que lo que le proponemos aprender “le sirve”, “le resulta útil para su vida diaria”. Es decir, tendremos que proponer aprendizajes funcionales.

Es fundamental, por tanto, partir de sus intereses, por ejemplo, si acuden a la consulta de pediatría interesados por las vacunas o la salud de la niña, si acuden a la consulta de ginecología interesados por el tratamiento de una infección, si acuden a la matrona para el seguimiento de un embarazo, o a un curso sobre métodos anticonceptivos y planificación familiar… todo ello son intereses de los que partir para ofrecer explicaciones adecuadas sobre el cuerpo y su funcionamiento, la concepción y la anticoncepción, la anatomía de la reproducción y del placer, el papel de mujeres y hombres en las rela- ciones eróticas y en la anticoncepción y prevención… y sobre la MGF, entre otras cuestiones.

Es posible que la persona acuda a nosotras con un interés específico, pero nuestro papel no debe ser quedarnos sólo en sus intereses, sino también

ofrecerles información y educación sobre aquello que pensamos que necesitan saber, esto es, sus necesidades. Tal vez no acudan a nosotras o nosotros

con preguntas o inquietudes acerca del VIH, de los anticonceptivos, o de la orientación sexual, pero es bastante probable que se beneficien de los cono- cimientos que obtengan sobre estos temas, y de la posibilidad de hablarlos con alguien.

Partir de los intereses ofrece también ciertas ventajas: permite tratar temas que son bien acogidos, y generar un clima de confianza y un ambiente relaja- do de comunicación y diálogo, que nos permite abordar más tarde los temas más complejos o más “sensibles”. Partir de los intereses nos garantiza la

atención de la persona que nos escucha, y en el caso de los talleres, cursos,

o incluso entrevistas personales, facilita la asistencia. En nuestra experien- cia, los talleres que hemos organizado que indicaban claramente en el título que se iba a abordar la MGF, han tenido escasa o nula asistencia. De forma que adoptamos la estrategia de partir de los intereses del grupo: ¿qué que- rían saber sobre sexualidad? ¿sobre el embarazo, el parto, la concepción, los métodos anticonceptivos, las relaciones de seducción y de pareja en España, la educación de los hijos e hijas, la salud de la mujer y del hombre? Organizar cursos o talleres con estos temas nos ha facilitado la asistencia, y ha permi- tido generar un clima de confianza, de diálogo reflexivo y fluido, que nos ha dado pie en un determinado momento a abordar también la MGF.

Partir de los intereses y atenderlos, nos permite por tanto sentar las bases para atender también las necesidades que no han sido formuladas, en un

clima y momento adecuados, y a un ritmo propicio para facilitar la reflexión y el cambio.

Es posible que, en ocasiones, no tengamos tanto tiempo como desearíamos para realizar nuestra intervención de este modo: atendiéndolos antes en sus intereses, tratando previamente otros temas antes de abordar la MGF... pero en la medida de lo posible, debemos procurarlo, prestando siempre atención a generar un buen clima y crear un ambiente de confianza.