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del pueblo remanente. Apocalipsis 7 muestra un foco específico

del tiempo del fin que complementa el quinto sello (Apoc. 6:9-11).

Tanto este sello como Apocalipsis 7 tratan del mismo tema: la

gran tribulación para el pueblo de Cristo. El rayo de luz de la pro-

fecía pone de relieve la tribulación final con su crisis universal.

No sólo los poderes perseguidores del mundo causan la crisis, si-

no que en un sentido más elevado, la crisis la causa la ira del Cor-

dero manifestada en las siete últimas plagas (Apoc. 6:16,17; 15:1).

La protección divina es esencial si la última generación del pue-

blo de Dios va a pasar incólume durante el derramamiento de la

ira de Dios. Apocalipsis 7 está planeado para asegurarle a todas

las generaciones del pueblo de Dios, especialmente a la última, de

la provisión que ha hecho para rescatar a cada seguidor de Cristo

en ese tiempo de emergencia.

Esta crisis de proporciones mundiales impuesta por el cielo se describe en el sexto sello, donde las señales cósmicas introducen el día del juicio. Por consiguiente, la pregunta existencial "¿y quién podrá sostenerse

en pie?" llega a ser crítica (Apoc. 6:17). Esta pregunta fundamental había (ISO)

sido hecha antes por tres profetas: Joel (2:11), Nahum (1:6) y Malaquías (3:2). Cada vez el profeta contestó su pregunta diciendo que la única manera de permanecer en pie en el día de la ira es teniendo un arrepen- timiento verdadero (Joel 2:12-27; Nah. 1:7; Mal. 3:3, 4). Nahum recalcó que solo Jehová es "fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían" (Nah. 1:7).

Por lo tanto, podemos esperar encontrar la respuesta a esta pregunta de Apocalipsis 6:17 en el capítulo 7. El propósito de Apocalipsis 7 es mostrar quiénes se sostendrán en pie en el día de la retribución. La pre- gunta: "¿Quién podrá sostenerse en pie?", es totalmente esencial para los que estén vivos cuando termine repentinamente el tiempo de gracia y se derramen desde el cielo las 7 plagas. Apocalipsis 7 es para alentar al pueblo de Dios a perseverar hasta el fin en su fe en Cristo. Es uno de los capítulos más tranquilizadores para la fe cristiana. Por primera vez en- contramos aquí a un grupo denominado los "144.000" israelitas verda- deros. Éstos pueden permanecer firmes en el día del Señor sin temor, porque tienen un refugio contra la ira del Cordero. Su lugar especial en la historia de la salvación es al fin del tiempo. Saldrán triunfantes de la gran tribulación. Este es el marco del fin del tiempo de Apocalipsis 7 en su contexto inmediato del sexto sello.

"Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre nin- gún árbol. Vi también a otro ángel que subía del nacimiento del sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ánge- les, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árbo- les, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nues- tro Dios. Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel" (Apoc. 7:1-4).

Con esta descripción de liberación divina, el Señor resucitado les asegura a sus seguidores que las plagas no destruirán a toda la humani- dad. Primero Cristo colocará una señal de protección sobre sus "sier- vos". "Conoce el Señor a los que son suyos" (2 Tim. 2:19). Malaquías ha-

"Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compa- ñero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su

152 Las profecías del fin

nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerni- réis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve" (Mal. 3:16-18).

Esto expresa la teología hebrea de que habrá un pueblo remanente final de Dios. Esto implica la separación de un Israel que adora a Dios de un Israel nominal.

Daniel también señaló al remanente de Israel de esta manera: "Pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro de la vida" (Dan. 12:1). Daniel distingue entre un Israel nacio- nal y un Israel espiritual. Sólo los que están registrados en el cielo como ciudadanos del reino de Dios, serán librados de la tribulación final en el fin de los días (vs. 1, 2). El ángel le aseguró a Daniel: "Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impía- mente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos com- prenderán" (v. 10). Isaías también predijo que un remanente santo so- breviviría al juicio del Dios de Israel:

"Y acontecerá que el que quedare en Sión, y el que fuere dejado en Jerusalén, será llamado santo; todos los que en Jerusalén estén regis- trados entre los vivientes, cuando el Señor lave las inmundicias de las hijas de Sión, y limpie la sangre de Jerusalén de en medio de ella, con espíritu de juicio y con espíritu de devastación. Y creará Jehová sobre toda la morada del monte de Sión, y sobre los lugares de sus convocaciones, nube y oscuridad de día, y de noche resplandor de fuego que eche llamas; porque sobre toda gloria habrá un dosel, y habrá un abrigo para sombra contra el calor del día, para refugio y escondedero contra el turbión y contra el aguacero" (Isa. 4:3-6). En Apocalipsis 7, Dios le asegura a su iglesia que su ira no se de- rramará hasta que haya sellado a su verdadero Israel. Ese sello los prote- gerá, no sólo de la muerte física, sino de todos los poderes sobrenatura- les de destrucción, tanto demoníacos (Apoc. 9:4) como divinos (cap. 16). Sólo de esa manera pueden permanecer en pie en el último día. De esta manera Cristo cumple su promesa:

"Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra" (Apoc. 3:10).

Seguridad de liberación en el tiempo del fin

El "sello del Dios vivo", que los ángeles del cielo pondrán sobre las "frentes a los siervos de nuestro Dios" (Apoc. 7:2, 3), está en agudo con- traste con la "marca de la bestia", una batalla estrictamente del tiempo del fin contra los santos (ver 13:15-17). Ambas señales de identificación operan en forma simultánea en el tiempo del fin como el escenario final de separación definitiva.

Algunos han identificado este sello apocalíptico con el sello del evangelio del cual Pablo habla en Efesios 1:13; 4:30 y 2 Corintios 1:21 y 22. Pablo dijo que la seguridad de la salvación del creyente estaba sella- da en el corazón por el Espíritu Santo. Cristo nos "ha ungido" y por lo tanto, "también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones" (2 Cor. 1:22). Pero este sello del evangelio colocado por el Espíritu en el corazón no debe identificarse completamente con el único sello apocalíptico que los ángeles colocarán sobre las frentes de los siervos de Dios (Apoc. 7:1-3).

El sello del tiempo del fin tiene un propósito diferente que el de asegurar la salvación personal. Es una señal externa añadida al sella- miento interno del Espíritu, como la señal de la aprobación divina du- rante la última prueba de fe, impuesta al pueblo de Dios por la bestia de Apocalipsis 13. Es también la señal de protección contra las siete últi- mas plagas de la ira de Dios (ver Apoc. 16).

Después de la descripción del sellamiento de los 144.000, Juan vio en el cielo a una "gran multitud" de gente redimida y glorificada que había "salido de la gran tribulación" (Apoc. 7:9, 14). Esto plantea el si- guiente problema: ¿Cómo se relacionan entre sí estas dos escenas de Apocalipsis 7? ¿Presentan dos grupos diferentes de redimidos, como ha sido la conclusión tradicional de muchos? ¿Describen a 144.000 judíos y una innumerable multitud de gentiles? Primeramente observemos algu- nas distinciones entre estas dos escenas:

En primer lugar, hay una progresión histórica clara en Apocalipsis 7, porque el sellamiento de los 144.000 está situado en la tierra, con anterio- ridad a la crisis final de fe, mientras que la gran multitud está en pie "delante del trono y en la presencia del Cordero" (Apoc. 7:9). Éstos han "salido de la gran tribulación" (v. 14). De esa manera, las dos escenas describen un desarrollo en la historia de la salvación.

En segundo lugar, otra diferencia tiene que ver con el lenguaje figura-

do de las dos escenas de este capítulo. A primera vista, parece describir

dos grupos diferentes, uno que consiste de 144.000 judíos de 12 tribus específicas, y una gran multitud de todas las naciones de la tierra que no puede contarse. Pero si se considera el contexto del Apocalipsis como

un todo, podemos ver que estas distinciones aparentes no describen dos clases diferentes de redimidos. El libro comienza anunciando que la iglesia es la que realiza la elección de Israel: "Y nos hizo reyes y sacerdo- tes para Dios y su Padre" (Apoc. 1:6; cf. Éxo. 19:4, 5). Esta verdad del evangelio se amplía en el canto de los ancianos:

"Con tu sangre adquiriste para Dios hombres de toda raza y lengua, y

pueblo y nación; hiciste de ellos linaje real y sacerdotes para nuestro

Dios, y serán reyes en la tierra" (Apoc. 5:9,10, NBE).

Esta verdad del nuevo pacto, es decir, que los 12 apóstoles conti- núan el llamamiento teológico de las 12 tribus de Israel, fue el resultado de la proclamación de que Jesús es el Mesías de Israel. Todos los creyen- tes en Cristo Jesús son llamados cristianos, es decir, el pueblo del Me- sías. Su bautismo en Cristo los selló como hijos de Abraham, el padre de todos los creyentes (ver Rom. 4:12). Las promesas del Dios de Israel están garantizadas por Cristo "para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abra- ham, el cual es padre de todos nosotros" (v. 16). El apóstol Pablo no re- conoció ya la diferencia teológica entre los judíos y los gentiles con res- pecto a las promesas del pacto de Dios:

"Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos se- gún la promesa" (Gal. 3:26-29).

Sobre esta base, Pablo incluso pudo llamar a la iglesia: "el Israel de Dios" (Gal. 6:16).' Para Santiago, los cristianos son "las doce tribus que están en la dispersión" (Sant. 1:1; ver también 1 Ped. 1:1; 2:9). Esta ver- dad fundamental del evangelio es la razón por la que el Apocalipsis le asegura a la iglesia que pasa por la aflicción que su meta es la Nueva Je- rusalén (Apoc. 21, 22), y que tanto los nombres de las 12 tribus de Israel como los de los 12 apóstoles están escritos en la misma santa ciudad (21:2,10-14).

Volviendo a Apocalipsis 7, reconocemos que Juan contempla al re- manente de Israel en promesa y en cumplimiento. Primero describe al Israel de Dios en forma simbólica, en la gran aflicción del tiempo del fin en la tierra. Después procede a explicar su tamaño real como un pueblo

innumerable que permanece fiel durante la "gran tribulación" y por lo tanto disfrutará la paz eterna del cielo. Se puede expresar esto diciendo que la primera escena de Apocalipsis 7 representa a la iglesia militante, y la segunda a la iglesia triunfante. La última escena (Apoc. 7:9-17) es pro- léptica, anticipando los goces futuros de la tierra nueva que están am- pliados en términos similares en Apocalipsis 21:1-4 y 22:1-5.

Es importante observar que Juan no declara que vio 144.000 israelitas como los sellados. Sólo declara: "Y oí el número" (Apoc. 7:4). Cuando Juan se dio la vuelta para ver a los sellados, sólo vio una gran multitud de vencedores. Esta descripción vivida confirma la verdad del evangelio de que las promesas de Dios a Israel no fallarán, sino que se cumplirán en Cristo y en su pueblo.

El modelo de oír y después volverse para ver, lo usó Juan en Apoca- lipsis 1:12 y 13. Lo que Juan oyó quedó ulteriormente aclarado por lo que en realidad vio. En Apocalipsis 5 encontramos otro ejemplo. Oyó que uno de los ancianos dijo "el León de la tribu de Judá... ha vencido" (Apoc. 5:5). Pero cuando miró para ver al León, vio "en medio del tro- no... un Cordero como inmolado" (Apoc. 5:6). Lo que Juan vio fue una aclaración de lo que primero sólo había oído.

Este estilo de revelación también lo usa Juan en el capítulo 7. Des- pués de haber oído el número de israelitas que fueron sellados, Juan dice que: "Miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero" (Apoc. 7:9). En una visión ulterior, Juan ve a los 144.000 también "delante del trono" (14:3) mientras "si- guen al Cordero por dondequiera que va" (v. 4). De esa manera Juan identifica a los 144.000 israelitas espirituales como los innumerables cre- yentes en Cristo, el Cordero de Dios. Mientras Abraham fue gentil, Dios le prometió que su descendencia sería incontable como las estrellas (Gen. 15:5; 32:12).

Las promesas de Dios de bendecir a Abraham y a los otros patriar- cas de Israel se cumplirán por medio de Cristo en una forma que supe- rará todas las expectativas (ver Gal. 3:29; 6:16). Apocalipsis 7 contiene la llave para abrir su propio simbolismo hebreo: el verdadero Israel de Dios no está limitado a 144.000 judíos literales, sino que es un símbolo de la totalidad del Israel espiritual entre toda la raza humana.

En el día final, todos recibirán el sello de protección y no sólo un pequeño número de creyentes judíos, dejando a los cristianos de origen gentil sin protección. Esta es la seguridad que presenta Apocalipsis 7 para la iglesia del tiempo del fin. Algunos eruditos bíblicos destacan

156 Las profecías del fin Seguridad de liberación en el tiempo del fin 157 con toda razón la idea de que "el sellamiento debe ser coextensivo con el peli-

gro, y por lo tanto, debe incluir a toda la comunidad cristiana, judíos y

gentiles por igual".2 Otros declaran que "las dos visiones, describen el

mismo cuerpo, bajo condiciones totalmente diferentes".3 Esta conclu-

sión también está confirmada en Apocalipsis 14:1-5, donde se describe la fe cristiana de los 144.000 en el lenguaje simbólico de Joel 2:32 y Sofo- nías 3:13.

Juan descompone el número 144.000 en 12 por 12.000, por lo cual muestra que el número 12 es el número clave, que debe entenderse en su

significado en el sistema del pacto como representando al pueblo del pacto

o el reino de Dios. La multiplicación expresa la totalidad del pueblo de Dios en el tiempo del fin. Douglas Ezell lo explica de esta manera:

"Como Juan usó el título del Antiguo Testamento ('un reino de sa- cerdotes') reservado para los israelitas para referirse a los cristianos, así ahora emplea las doce (tribus) multiplicadas por doce (los após- toles) multiplicado por diez (el número de lo completo) elevado a la tercera potencia (el número de la deidad), para describir simbóli- camente a todos los redimidos (note también que las puertas y los fundamentos de la Nueva Jerusalén tienen los nombres de las doce tribus de Israel y los doce apóstoles, Apocalipsis 21:12-13)... El nú- mero redondo de 12.000 representa simbólicamente un cupo com- pleto".4

Colocado en el contexto del tiempo del fin de Apocalipsis 7, enten- demos que el número 144.000 representa al pueblo del pacto de Dios en todo el mundo durante la crisis final de la era cristiana. Esta lista de las 12 tribus de Apocalipsis 7 es única en toda la Escritura y señala a un simbolismo cristiano, porque coloca primero en la lista a Judá, aparente- mente para enfatizar que Cristo es la cabeza del nuevo Israel (Apoc. 5:5, 6; 7:5). El hecho de que se omite la tribu de Dan y que se añade la de Manases aunque ya está incluido José (Apoc. 7:6, 8), de nuevo da a en- tender su significado no literal. Se podría concluir en las palabras de Beatrice S. Neall que...

"...el número 144.000 debe entenderse como un símbolo de la uni- dad, la perfección y la consumación de la iglesia de Dios, completa porque se ha completado el número de los elegidos (Apoc. 6:11)".5

El significado de Apocalipsis 7 llega a ser claro si se lo ve en su co- nexión inmediata con los sellos del capítulo 6, que termina con la in-

quietante pregunta: "Porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?" (Apoc. 6:17). Apocalipsis 7 responde con una contestación doble: primero, visualiza al remanente santo como victorio- so en el juicio de Dios (Apoc. 7:1-8), y después lo describe como glorifica- do en el reino de Dios (vs. 9-17).

El ángel del oriente o del nacimiento del sol

"Después de esto vi a cuatro ángeles en pie sobre los cuatro ángulos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplase viento alguno sobre la tierra, ni sobre el mar, ni sobre nin- gún árbol. Vi también a otro ángel que subía de donde sale el sol, y tenía el sello del Dios vivo; y clamó a gran voz a los cuatro ángeles, a quienes se les había dado el poder de hacer daño a la tierra y al mar, diciendo: No hagáis daño a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios" (Apoc. 7:1-3).

Este pasaje sugiere una cierta "demora" del fin, similar a la del quinto sello (Apoc. 6:11). Los cuatro vientos de contienda de guerra (ver Jer. 49:36-39; Dan. 7:2) y destrucción son refrenados por intervención di- vina. Es la voluntad de Dios la que determina el curso de la historia hu- mana. Se realizará el propósito más elevado del Dios que guarda el pac- to. Dios enviará un mensaje especial de su trono (el oriente cósmico) para proteger a un pueblo que permanecerá fiel a Dios durante "la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran en la tierra" (Apoc. 3:10).

La misión de este ángel anticipa la del ángel de Apocalipsis 10, que se desarrolla más en el triple mensaje de Apocalipsis 14:6-12. Con res- pecto a esto, Uriah Smith concluyó: "El ángel que tiene el sello del Dios vivo es, pues, el mismo que el tercero de Apocalipsis 14".6 El ángel con

el sello del Dios vivo viene de "donde nace el sol". Esta frase particular anunció en la profecía de Isaías la llegada de la liberación de Israel de la cautividad babilónica (ver Isa. 41:2, 25). Ezequiel también vio la gloria de Dios "que venía del oriente" (Eze. 43:2). Y Malaquías predijo que para los que temen el nombre del Dios de Israel, "nacerá el Sol de justicia, y

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