Tony Roshan Samara, Urban Habitat, Right to the City Alliance
2. How does the need for information/knowledge appear in social movements?
Los fenómenos de la conquista y la colonización europea produjeron una profunda transformación en la vida de las mujeres de varios continentes, europeas, americanas y africanas. Para empezar impusieron de manera violenta una cultura diferente, al mismo tiempo que destruían o transformaban las instituciones tradicionales indígenas y convertían a sus habitantes originales en siervos sobre los que ejercieron una férrea explotación y opresión, al punto que, según las denuncias del padre De Las Casas, muchos indios “optaron por suicidarse de la desesperación” y “para escapar de los malos tratos; unos se ahorca(ro)n otros se deja(ro)n morir de hambre, otros toma(ro)n hierbas venenosas...”1
La sociedad española de 1495 estaba todavía imbuida del espíritu clerical del Medioevo y mantenía restricciones muy fuertes sobre la vida de las mujeres, por ello, en los primeros tiempos de la Conquista, las mujeres ni siquiera fueron admitidas en los barcos en los que se realizaron las primeras travesías, pues esta actividad se consideraba de estricto dominio de los varones y, durante varios años, las mujeres españolas estuvieron ausentes de la tierra conquistada. La conquista fue, pues, una epopeya eminentemente masculina, pero sus efectos incidieron de manera contundente sobre la humanidad femenina del territorio conquistado y sobre la otra humanidad femenina dejada al otro lado del océano.
Desde los primeros momentos de la invasión española al continente americano, las mujeres conquistadas se convirtieron en un objeto de apropiación, pues a más de llenar los deseos instintivos de la sexualidad, eran convertidas en siervas al servicio de los nuevos amos. Esto aceleró el proceso de mestizaje en el Nuevo Mundo.
1 Reig, Ramón: “La Irrupción, transformaciones sociales y económicas del mundo indígena prehispánico a la época colonial”, Ed, Alfar, Sevilla, 1987. p. 153.
Jenny Londoño López Página 68 En este primer momento, fundacional de la nueva sociedad, los guerreros españoles se impusieron a través de las armas y se produjo una apropiación paulatina de la tierra, de los medios de producción y de la fuerza de trabajo, aprovechando la racionalidad del sistema económico y político impuesto por la dominación incásica. Se desencadenará, posteriormente, un proceso civilizatorio que será llevado a cabo con la llegada de funcionarios españoles, enviados por la corona, con el objeto de establecer los cimientos de una administración eficaz, en beneficio de la metrópoli europea.
Es un hecho que los españoles impusieron por la fuerza su cultura y sus instituciones, introdujeron su idioma y su religión, y que durante un largo período, subsistieron también las instituciones, la religión, las costumbres y la lengua del Incario. Ese encuentro, o mejor podríamos llamar desencuentro, entre la cultura europea y la cultura americana, podríamos definirlo con la contundente descripción que hace de él, Germán Arciniegas, en “América, Tierra Firme”:
“Nosotros teníamos en la América meridional el ayllu peruano, la repartición anual de las tierras, el Estado listo para defender a la viuda y al hijo menor, a los desvalidos, a los estudiantes, a los sabios, a los guerreros y a los sacerdotes; una organización para favorecer a quienes perdían sus cosechas, un sistema democrático de trabajo. El conquistador, fraile o encomendero, trajo el latifundio, la economía del empresario, tributos, mita, alcabala, diezmo, almojarifazgo, cosas todas que correspondían a una concepción económica europea, colonial, entre cuyas manos desaparecieron y se olvidaron los sistemas típicos de América, los sistemas adecuados al desarrollo natural de estas naciones.”2
Las mujeres de Quito encontradas a la llegada de los españoles fueron descritas en las crónicas de Cieza de León, con respeto y consideración:
"Las mujeres, algunas andan vestidas a uso del Cuzco, muy galanas, con una manta larga que las cubre desde el cuello hasta los pies, sin sacar más de los brazos, y por la cintura se la atan con uno que llaman chumbe, a manera de una reata galana y muy prima y algo más ancha. Con estas se atan y aprietan la cintura, y luego se ponen otra manta delgada, llamada líquida, que les cae por encima de los hombros y desciende hasta cubrir los pies. Tienen, para prender estas manías, unos alfileres de plata o de oro grandes, y al cabo algo anchos, que llaman topos. Por la cabeza se ponen también una cinta no poco galana, que
Jenny Londoño López Página 69 nombran vincha, y con sus ojotas en los pies andan".3 …En la Tacunga resultarán las mujeres ...”muy amorosas, y algunas hermosas"4.
Respecto de las tribus Cañaris, en cambio, el español, Cieza de León, tiene una visión prejuiciada por su cultura española, pues considera a los hombres de aquella comunidad como femeninos. Dice Cieza de León:
“Las mujeres de los cañaris, que usan el cabello tan largo como los hombres, son algunas hermosas y no poco ardientes en lujuria, amigas de españoles. Son estas mujeres para mucho trabajo, porque ellas son las que cavan las tierras y siembran los campos y cogen las sementeras, y muchos de sus maridos están en sus casas tejiendo y hilando y aderezando sus armas y ropa, y curando sus rostros y haciendo otros oficios afeminados, y cuando algún ejército de españoles pasa por su provincia, siendo, como aquel tiempo eran, obligados a dar indios que llevasen a cuestas las cargas del fardaje de los españoles, muchos daban sus hijas y mujeres, y ellos se quedaban en sus casas.”5