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alrededor del territorio, en nuestro caso no solo refieren a las transformaciones materiales en este, sino también los cambios en las condiciones subjetivas y simbólicas, las cuales se sustentaron y usaron como referente a un territorio especifico (Pradera y Florida) y en esta construcción dieron cuenta del territorio como elemento constitutivo del conflicto y como evidencia o producto de las relaciones sociales. Esto posibilitó observar la confluencia entre diferentes actores, intereses, conflictos y demandas alrededor de un hecho común, evidenciándose como cada actor apropia, adapta y asume el territorio según sus necesidades y proyectos.

La solicitud de despeje se sustentó en las características particulares -construidas socio-históricamente en sus diversas formas materiales y simbólicas- de Florida y Pradera para la construcción de territorialidades. Así en la territorialidad bélica prevalecieron los proyectos territoriales sustentados en la continuidad de las dinámicas del conflicto armado que se experimenta en el país. Ésta territorialidad evidenció que las perspectivas políticas desde el gobierno pueden superar las urgencias humanitarias,

168 prevaleciendo el balance entre costo y beneficio en lo relacionado con el poder político- militar, aludiendo constantemente a la justicia y la defensa de la soberanía.

La territorialidad de paz también usó el referente material del territorio, sin embargo en su apropiación prevaleció una dimensión simbólica que dio cuenta de la vinculación de nuevos actores como las familias de los secuestrados quienes construyeron relaciones con el territorio en un momento coyuntural, contrario al gobierno, las FARC, indígenas y campesinos y el gremio azucarero quienes constituyen actores históricos que ante el conflicto socio-político-territorial suscitado por el “nuevo hecho”: la solicitud de despeje, propendieron por el afianzamiento, defensa y promoción de sus proyectos territoriales, con lo cual de paso afirmaron sus posiciones en la estructura social.

Las territorialidades evidenciaron en su construcción la existencia de un referente material, esto es Pradera y Florida como municipios; sin embargo no necesariamente su producción requirió de la presencia física, directa y permanente de los actores en el territorio para que sus sentidos, significados y acciones tuviesen repercusiones, lo anterior puede observarse en la forma como las decisiones del gobierno nacional tomadas desde Bogotá impactaban directamente en las dinámicas de Pradera y Florida, no obstante la presencia estatal -sobre todo en las zonas rurales- era escasa y centrada en las FF.MM.

El análisis evidenció que el conflicto social no sólo se remite a las macroestructuras sino que moldea y es transversal a toda la sociedad en sus diversos niveles macro, meso y micro. El conflicto modifica entonces los recursos disponibles de la vida cotidiana para construir repertorios y oportunidades para la agencia. En tal sentido el análisis de los sentidos de lugar constituye una valiosa categoría analítica ya que permitió la indagación por la dimensión simbólica que los actores le asignan al territorio en el cual habitan, al observar las maneras en que los cambios sociales inciden en la forma como los actores viven, asumen y sienten su territorio.

En nuestro caso de análisis la cotidianidad de campesinos e indígenas representada en su forma de relacionarse con espacios habituales como los páramos, las

169 cañadas, ríos, los caminos y los senderos fue abruptamente modificada por las dinámicas del conflicto, cambiando en muchos casos sus sentidos y significados de lugares proveedores y habituales a zonas de riesgo y amenaza o en términos de Oslender (2008) se constituyeron “geografìas del terror”. Se observó una clasificación con respecto al uso del territorio: la “zona nuestra” y la zona de los “otros” lo cual implicó un proceso de construcción de una “diferencia” y el interés por hacer reconocer esa diferencia.

Profundizar en las maneras en que los actores colectivos significaron el territorio, constituye un aporte a su carácter simbólico que nos aleja de concepciones simplistas bajo las cuales se considera que éste constituye un simple elemento contenedor, otorgándose por el contrario capacidad de incidencia en las actuaciones, interpretaciones y definiciones de la realidad por parte de las organizaciones y movimientos. Los territorios y las identidades a ellos ligadas se desarrollan entonces en el marco de imbricados procesos de antagonismo, oposición, re-negociación, y cooperación entre las múltiples representaciones y los diversos sujetos sociales; En nuestro caso se observó que paralelo a la instrumentalización del lugar como escenario o sitio para el conflicto armado también éste se constituyó en motivo o causa para la acción colectiva y el desarrollo de formas de resistencia.

El lugar fue receptor durante la solicitud de despeje de los proyectos de diversos actores especialmente del Estado y de las FARC-EP, de manera que es un producto de relaciones de poder territorializadas. En este caso considero que el conflicto armado se agudizó en Pradera y Florida cuando se pretendió imponer ciertas concepciones territoriales. Esta imposición fue tanto en el orden de la materizalización de proyectos territoriales como la creación de bases militares y la ejecución de planes militares especìficos para zona como “la operación sagaz”, como en el orden de las representaciones pues como lo vimos llevó a transformaciones de la idea misma que “la gente” -los individuos y los grupos organizados- se hacen de ellos mismos, de sus expectativas, de sus maneras de estar en el mundo.

170 Durante la solicitud de despeje el conflicto armado adquirió dinámicas particulares en el lugar que incidieron en la cotidianidad de los habitantes, observándose diferentes formas, estrategias de relación y de uso del territorio acorde con las reconfiguraciones del conflicto. Los desplazamientos forzados y las minas antipersona constituyen las principales problemáticas de estas reconfiguraciones, su análisis permitió no solo dar cuenta de los hechos victimizantes mas referidos por campesinos e indígenas como causantes de alteraciones en su cotidianidad, sino también de dos fenómenos que constituyen a la vez consecuencias e indicadores del conflicto armado.

En el caso del desplazamiento forzado pudimos establecer como éste al tratarse de un fenómeno complejo y producto de la conjunción múltiples formas de violencia constituyó un reflejo de otros hechos victimizantes y a la vez un indicador de la intensidad con la cual se presentó el conflicto. El desplazamiento nos permitió aproximarnos a los niveles de ruptura física con el territorio y con ello a las modificaciones en los sentidos y significados dados a este. El uso de minas antipersona por su parte nos permitió entender no solo su uso como arma de guerra para el control territorial, sino su fuerte incidencia en las dinámicas socioculturales de los habitantes de Pradera y Florida, constituyendo a la vez tanto un limitante a la movilidad, una fuente de terror y un indicador de la importancia estratégica dada por la guerrilla al territorio de ambos municipios.

Tanto en Pradera como en Florida el conflicto armado durante la solicitud de despeje trajo como consecuencia la fragmentación y disminución de las formas de organización y con ello el debilitamiento del tejido social al afectar las formas habituales, tradicionales y cotidianas de construir territorio, ya que las comunidades indígenas y campesinas debieron responder a las exigencias que trajeron las dinámicas del conflicto armado. Esto demuestra que el lugar no es entendido como escenario de la vida social sino que hace parte de la misma.