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2.2 Applications of vegetable oil-based cutting fluids in machining processes

2.2.2 Drilling process with different workpieces

Según se puede ver en el esquema (tabla 7.3), éste recoge las pautas más comunes de la evaluación y el diagnóstico conductuales, y puede asegurarse que constituye un canon adaptable a escenarios y circunstancias muy disímiles y a sujetos de toda edad. En tal sentido, algunos de los pasos pueden ampliarse o restringirse de acuerdo con las características del problema y el usuario del

servicio clínico o educativo. A continuación se desarrolla el esquema presentado en (A), teniendo en cuenta, como consta en el esquema de la figura 6.1, la meta central a que van todas las acciones, el resto de las cuales serán abordadas en otra sección.

Tabla 6.3. El proceso de evaluación conductual estándar

PARTES PASOS

A) Entrevista

1. Descripción del problema y variables de su mantenimiento.

2. Información histórica personal.

3. Averiguación sobre repertorios positivos que puedan ayudar al tratamiento. B) Operaciones de registro directo 1. Automático. 2. De productos permanentes. 3. Observacionales. 4. Autorregistros. C) Operaciones de

registro indirecto 1. Escalas. 2. Listas de chequeo. 3. Inventarios. D) Diagnóstico

funcional

1. Gráfica de línea base. 2. Análisis secuencial.

3. Ordenamiento de la información recopilada.

IDENTIFICACIÓN INICIAL IDENTIFICACIÓN DEL PROBLEMA

Sintomal

Entrevista Planificación Sindrómica

Registros Estructural

LA ENTREVISTA

Este paso constituye el medio inicial y el más importante por el cual se entra en contacto con el usuario del servicio psicológico. En dicho sentido, contribuye a generar información de primera mano sobre las variables conductuales pertinentes al asunto que trae al cliente, por lo que el ingeniero del comportamiento debe ser sensible a los indicios que proporciona el asistido, exigiéndole (guardando las formas, se entiende) a él y/o a sus acompañantes precisión en los informes, para lo cual eventualmente tiene que pedir ejemplos concretos de sus interacciones deficientes o inadecuadas. Desde luego que en el proceso de indagación se requiere del “calor humano” necesario para que la persona bajo consulta se sienta cómoda, mas estructurando la situación de tal modo que quede claro su objetivo principal.

Las entrevistas periódicas permiten llevar un control aproximado del programa o secuencia de intervención, y retroalimentarse con las percepciones o expectativas del(os) sujeto(s) tratado(s), tanto en el transcurso como al término del proceso.

La entrevista conductual tiene una estructura y una temática. Sobre estos asuntos existen pautas teóricas muy importantes, por ejemplo las de Villareal-Coindreau (1981) o de Kanfer y Phillips (1980, trad. esp.) en los aspectos generales, Holland (1980, trad. esp.) o Gross y Wixted (1993, trad. esp.) en los aspectos específicos (funda- mentalmente con niños). Mención aparte merecen Ribes y cols. (1986) por su guía de análisis contingencial, así como Goldfried y Davison (1983, trad. esp.). A propósito de éstos últimos, Goldfried (1992, trad. esp.; pp. 315-316) presenta

unas guías de preguntas bastante operativas, corrientemente utilizadas con adultos por sugerencia de Peterson (1968) y con menores de edad por Gelfand y Hartman (1975).

Los puntos que siguen recogen muchos de los aportes mencionados:

Descripción del problema y de las variables de su mantenimiento

Aquí la indagación se dirige a detalles concretos y actuales, a partir de la oportunidad dada al cliente o a quien lo trae para que explique la naturaleza general de su problema. Se inicia, por ejemplo, con solicitudes como: “Describa que cosas de... le preocupan” o “¿Qué problemas ha tenido con...?”

Comúnmente las quejas son imprecisas. El objetivo principal, entonces, pasa por reducirlas a una lista de comportamientos discretos con mayor o menor índice de frecuencia, duración o latencia (aparte de la descripción morfológica o comportamiento manifiesto), según las cuales se verá si la conducta: a) es perjudicial para el cliente o para los demás; b) se desvía significativamente de un nivel óptimo de ejecución, c) se desvía significativamente de la norma cultural; d) se desvía significativamente del estándar fijado para su edad; e) trastorna a personas significativas del entorno, y f) si difiere, y en qué medida, de la conducta de otros a los que se les califica como competentes (Barrios, 1993, trad. esp.; Olivares, Méndez y Maciá, 1997).

Algo especialmente relevante es identificar las condiciones situacionales y contingenciales del contexto inmediato en las que es más probable que ocurran las

conductas blanco de la indagación: “Dónde, cuándo y ante quién(es) suele comportarse así?”, “¿Qué es lo más probable que suceda antes de que se comporte de esa manera?”, “¿Cómo responde(n) quien(es) está(n) presente(s) en ese momento?”, “¿Qué pasa con la actividad en curso?”.

De la misma forma se verifican las pautas de comportamiento encubierto que pueden acompañar, causar o seguir a los episodios problemáticos: “el diálogo interno”, las “percepciones incorrectas” de la situación o las “creencias irracionales”. Se pregunta con las formas “¿Qué crees (o esperas, o quieres, o sientes) de... ?” o “¿Por qué crees que... ?”, dado que éstas disposiciones verbales suelen operar a nivel de formulación de expectativas (pensamientos acerca de lo que vendrá) o atribuciones (responsabilizar a alguien o a algo de lo que sucede o sucedió), condicionando las respuestas, desempeños o actividades presentes y futuras del individuo frente a los acontecimientos y personas juzgados negativos.

Ribes (1990) centra la atención en las dimensiones sociales episódicas que contextúan la conducta problemática del sujeto en relación a: 1) cómo afecta a otros individuos significativos en lo individual e indirectamente a quienes no lo afectan; 2) cómo es afectada por la de otros sujetos significativos en lo individual, y por las interacciones de ellos entre sí, y 3) cómo se afecta(rá) a sí mismo en el presente y en el futuro. Las funciones de aquellas personas que pueden participar en el episodio contingencial son, según Ribes y cols. (1986, p. 129), las de sujeto auspiciador (facilita las condiciones para que algo suceda), de sujeto disposicional (genera estados de ánimo o regula inclinaciones), de sujeto mediador (determina el tipo

de interacción), de sujeto mediado (regulado por el mediador) y de sujeto regulador de la tendencia (por capacidad o función histórica).

Información histórica

Conlleva la exploración de aquellos aspectos referentes a la vida pasada del individuo bajo consulta, buscando saber qué eventos influyeron para constituir en él ciertas disposiciones emotivas, motoras, verbales y/o fisiológicas que se muestran problemáticas al presente (Kanfer y Phillips, 1980, trad. esp.). Así, es una labor netamente genética en la cual se debe prestar atención especial a sus interacciones familiares y sociales. La clásica anamnesis clínica tiene aquí un papel relevante, por lo que esta etapa puede requerir la administración de un cuestionario previamente preparado para ser llenado por la persona interesada, en compañía o no del terapeuta, mediador o tutor. Asimismo, tanto en el plano educativo como clínico, puede acompañarse del análisis de algún record adjunto que, proporcionado por informantes cercanos al sujeto, muestre su desempeño y/o rendimiento (lectivo, laboral, personal, marital, deportivo, etc.; según sea el caso) en épocas pasadas.

Repertorios positivos del cliente

En cierto punto de la entrevista hay que redondear una idea precisa de las ventajas conductuales del usuario del servicio. Por ejemplo cómo está equipado para enfrentarse (con la asesoría respectiva) a la situación falente o molesta. Generalmente, salvo en los casos inmediatamente

verificables (vgr.: retardo, carencia manifiesta de autocontrol o de repertorios precurrentes específicos), se tiene que recurrir a instrumentos evaluativos auxiliares para obtener medidas claras de su rendimiento o su potencial. Además, debe averigüarse la información relativa a éxitos o fracasos precedentes de la persona en sus intentos por superar sus problemas (incluyendo experiencias terapéuticas o de entrenamiento), que pueden afectar la estrategia de intervención a proyectar.

Como señalan Goldfried y Davison (1983, trad. esp.), esas eventualidades se relacionan directamente con la posible efectividad de las técnicas a utilizar y la manera de presentarlas al cliente. Una técnica determinada u otra parecida, o simplemente una vivencia espontáneamente experimentada por él y anteriormente infructuosa, podría perjudicar la tarea presente.

Antes de finalizar la primera entrevista se pide al cliente o a sus protectores que sugieran comportamientos alternativos a los problemáticos, pues esto ayudará luego al establecimiento de metas para el tratamiento. Se pregunta. “¿Qué cree(n) que se puede hacer al respecto?”, o “¿Cuál es el objetivo que le(s) gustaría lograr?”, así como los posibles pasos para ello, y que, de ser posible, se llene una lista de reforzadores aptos para apoyar la intervención, o en todo caso, obtener indicios de tales reforzadores: “¿Qué le gusta hacer (o consumir)?”, “¿Con quién(es) se lleva bien?”; etc.

Lo antes posible se debe determinar también si el cliente: a) requiere una ayuda interdisciplinaria y de qué tipo, y b) si se adapta o no al servicio (posibilidades económicas, libertad de acción, condiciones familiares e institucionales facilitadoras, etc.), y, en la segunda eventualidad, a quién se le puede remitir.

La figura 6.2 (adaptada de Olivares y cols, 1993; p. 152) resume el procedimiento completo de determinación del problema, considerando todos los grupos molares de variables implicadas en los criterios de evaluación de desviación normativa y los criterios funcionales.

En el capítulo 7 se expondrán los siguientes pasos de la evaluación conductual. A saber: las operaciones de registro directo e indirecto del comportamiento.

DETERMINACIÓN DEL PROBLEMA Criterios de Criterios Desviación funcionales normativa

Contexto Conducta Conducta Promedio inmediato manifiesta encubierta de edad

Actividad Déficit Autocontrol Desarrollo

Esperado Escenario Excesos Nivel Intelectual Demografía Inadecuaciones

Promedio

Cultural Diálogo interno Disposiciones Percepción incorrecta

Creencias irracionales

Atribuciones Expectativas

7. EL PROCESO DE

EVALUACIÓN: LOS

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