3.3 Simulation results and analysis
3.3.1 Driver model
En nuestro propio ministerio de OM, nuestro primer enfoque en esas primeras reuniones de oración y en los muchos años de conferencias preparando a la gente para servir, fue el arre-pentimiento, la aceptación de la Cruz y el avivamiento perso-nal. Eso está claro en los libros que la gente debía leer como
El camino del Calvario y los mensajes, muchos de los cuales
ahora se pueden encontrar en sermonindex.net.
Si quieres una línea para describir el antídoto de Dios, es esta: «El antídoto de Dios para el perfeccionismo tóxico es UNA RELACIÓN PERSONAL CON CRISTO MOMENTO A MOMENTO». Si de alguna manera aún no tienes una rela-ción con el Dios vivo, puedes comenzar ahora mismo al po-ner tu fe en el Señor Jesús y en lo que Él hizo por ti en la Cruz. Las misiones deben surgir de una poderosa experiencia personal con Dios. Con frecuencia la llamamos «Revolución No hay nada más obvio sobre la enseñanza del Nuevo Testamento que esto. Que la vida cristiana es una vida de actividad. Una vida de vigor. Una vida de esfuerzo. La fortaleza nos la da el Señor, pero tenemos que actuar.
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Es piritual». Al leer la Biblia, vemos que se usan muchas palabras y expresiones diferentes para describir esta vida asombrosa y abundan-te. Mi oración es para que tú formes parte de esto y te asegures de que los confines de la tierra y más per-sonas no alcanzadas (a algunos no les gusta ese término) sientan el impacto, con la esperanza de que comience en tu propio vecindario.
Al parecer, a los medios de comunicación les gusta escri-bir sobre sacerdotes, pastores o líderes cristianos derrotados. No me refiero a que no haya lugar para esto, o que no sea muy triste, pero a menudo no hacen un seguimiento ni cuentan las historias de restauración y perdón, y tal vez de una nueva vida de servicio a los demás. En lo personal, he visto esto y tengo amigos que han recorrido ese camino. Recomiendo de manera encarecida el relevante e importante libro de Gordon MacDonald, Rebuilding Your Broken World37.
En mi experiencia personal durante estos sesenta y cinco años entre miles de líderes cristianos, creo que es justo decir que, para todos los que cometieron un error moral grave, hay veinticinco o más que nunca han tenido tal caída. Todos ten-drían sus debilidades, fallas e imperfecciones, y nuestro Dios de perdón, gracia y misericordia está usando a esas personas de grandes maneras para cambiar el mundo entero.
Cuando miro a mis más de sesenta y cinco años de an-dar por el camino, uno de los aspectos más importantes ha sido conocer a mucha gente. Creo que podría hacer una lista de más de mil personas, con las que en algunos casos me he mantenido en contacto por más de cincuenta años, que son Si quieres una línea para
describir el antídoto de Dios, es esta: «El antídoto de Dios para el perfeccionismo tóxico es UNA RELACIÓN PERSONAL CON CRISTO MOMENTO A MOMENTO».
un testimonio vivo de la gracia transformadora de Jesús, ya que encontraron el antídoto de Dios para sus propios factores tóxicos.
Cerca de sesenta hombres han trabajado muy de cer-ca conmigo, cer-casi siempre durante un año entero, y todavía estoy en contacto con la mayoría de ellos. Algunos años tu-vimos cerca de trescientas reuniones con todo el estrés y el desafío que esto implica. Vieron mis debilidades y factores tóxicos, y yo vi los suyos, pero eso no le puso fin a nuestra relación, gracias al quebrantamiento y al arrepentimiento combinados con la gracia y el perdón radicales. De una manera diferente, he trabajado de cerca con mujeres, como mi asistente personal, Vera Zabramski, quien me ha ayu-dado a corregir todo lo que he escrito en este libro. Pronto se cumplirán cuarenta años en los que hemos trabajado juntos. La historia de su vida es una más entre las miles que he presenciado personalmente o sobre las que he leído.
Confío en que tú también seas uno de los que corra en esa gran carrera descrita en Hebreos 12:1.
Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. (ntv)
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El amor de Cristo hiere y cura, fascina y asusta, mata y da vida, atrae y ofende, frustra y embelesa. No puede haber nada más terrible ni más maravilloso que estar tan profundamente afectado por el amor a Cristo para que el ser lo dé todo en una dolorosa adoración de su persona, una adoración que perturba y desconcierta mientras purga y satisface, y relaja el interior profundo del corazón. Este amor es como una especie de fragan-cia moral que se detecta siempre en las vestiduras de los santos. En los escritos de Agustín, obispo de Hipo-na, por ejemplo, esta fragancia es tan fuerte que casi resulta embriagadora. En sus Confesiones, hay pasajes tan apasionadamente dulces que resultan insoporta-bles, pero tan respetuosos y humildes que despiertan compasión por el hombre que se arrodilla en adoración maravillado, atrapado entre el amor santo y un temor igual de santo. La lista de santos con esa fragancia es larga. Incluye hombres y mujeres de todos los matices del pensamiento teológico dentro de los límites de la fe cristiana ortodoxa. Abarca a personas de todos los ni-veles sociales, todos los grados de educación, todas las razas y colores. Este resplandeciente amor por Cristo es para mí la verdadera prueba de catolicidad, la única prueba segura de pertenencia a la Iglesia universal.
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