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EVIDENCE REVIEW

DRIVER ORIENTATION, TRAINING, AND COMMUNICATIONS

ría suponerse la plena vigencia de un “mercado libre” de trabajo, en el que los em-

128 SARASÚA, C., o. c., pág. 19.

129 Según A. Riviere , para el período de 1845 a 1860 “la mitad de las colegialas acogidas por las

Adoratrices en Madrid habían desarrollado su actividad laboral antes de ingresar en el colegio empleadas como sirvientas”, en Caídas, Miserables, Degeneradas: Estudios sobre la prostitución en el siglo XIX, Horas y Horas, Madrid, 1994, pág. 126. Para autores coetáneos, el 60% de las jóvenes que empezaban como sirvientas en la capital, terminaban tarde o temprano siendo “víctimas de la seducción de los señoritos” y muchas de ellas optaban luego por la prostitución. Sobre este tema particular, ver J. Borderies-Guereña, o. c., y J. GUEREÑA, “Una aproximación sociológica a la prostitución”, en Historiarnúm. 2, 1999, págs. 13- 23.

pleados domésticos tendrían amplias facultades para desarrollar estrategias de movilidad ocupacional. Sin embargo, las prácticas consuetudinarias mantuvieron su vigencia, sólo paliadas en la medida en que se abrieron nuevas posibilidades de empleo en las nacientes actividades industriales. Según Rosa María Capel, en 1900 las mujeres dedicadas al servicio doméstico en España eran 264.021, cifra que representaba el 20,1% del total de ocupadas. En 1930 su número había aumen- tado hasta 341.550130.

Tras la Guerra Civil la sociedad española vivió unos años de reruralización de la población y de la vida económica en los que el poder social se asentaba en gran parte en los intereses de los grandes propietarios de tierras; la autarquía eco- nómica y el rígido control ideológico impuesto bajo la forma del nacional-catoli- cismo configuraron un panorama laboral caracterizado por el inmovilismo, el con- trol jerárquico y el ensalzamiento del papel de la mujer como madre y esposa. Durante este período el servicio doméstico era demandado por las élites urbanas y rurales y la mayoría de las mujeres empleadas provenían del mundo rural. Aunque no existen estudios pormenorizados sobre el sector, puede suponerse que el clima de represión y las dificultades económicas incrementaron la oferta de mano de obra femenina barata, dispuesta a emplearse como criada. Según algunas estima- ciones el número total de trabajadoras domésticas entre 1930 y 1950 se situaba algo por encima de las 350.000, con cierta tendencia decreciente, constituyendo uno de los principales sectores de empleo para las mujeres en un contexto de tasas de actividad baja.

El fin de la autarquía y la adopción de un modelo desarrollista a partir de 1959 generó un enorme proceso migratorio desde el campo hacia las ciudades españo- las y hacia otros países europeos. Buena parte de la emigración femenina encon- tró empleo en el servicio doméstico. En consecuencia, el sector experimentó un no- table crecimiento debido, por un lado, a la oferta de mano de obra disponible en las ciudades y, por otro, al incremento de la renta disponible por familias de las nuevas clases medias, que generaron una mayor demanda. Entre 1960 y 1970 al- gunas fuentes estiman el total de empleados domésticos en España en 600.000 (Banco de Bilbao), en tanto que otras lo cifran en torno al millón de trabajadores (Informe FOESSA). Paralelamente creció el número de mujeres españolas emplea- das como servidoras domésticas en países como Bélgica o Francia; su importancia en la configuración del sector queda reflejada en la expresión “conchitá” (afrance- samiento del nombre español Conchita), utilizada en París como sinónimo de em- pleada de hogar. Para 1970 se estimaba en alrededor de 100.000 las trabajado-

130 CAPEL, R.M., El sufragio femenino en la Segunda República Española, Dirección General de la Mu-

ras españolas empleadas en Francia en este sector131. En Bélgica, aunque no cono-

cemos su número, se sabe que una parte de las mujeres que salían de España con contratos para trabajar en empresas estaban en realidad empleadas en el hogar de alguno de los responsables de dichas empresas. En definitiva, durante la dé- cada de los ‘60 y ‘70 el servicio doméstico volvió a cumplir una de sus funciones seculares: ser punto de incorporación al empleo de buena parte de los inmigrantes recién llegados al mundo urbano. Según estudios realizados por la Juventud Obrera Cristiana, en torno a 1970 más del 80% de las trabajadoras del sector eran mujeres procedentes del ámbito rural.

En el próximo apartado analizaremos con detalle las normas jurídicas que re- gularon este sector laboral durante el franquismo tardío. Aquí interesa destacar la acción de entidades de encuadramiento ideológico de las mujeres dedicadas al servicio doméstico. Por una parte, la Sección Femenina del Movimiento Nacional, organización encargada de orientar la acción social de los organismos de protec- ción social, desde un planteamiento paternalista y moralizante, plenamente coinci- dente con los valores de las élites sociales y políticas132. Por otra, la acción forma-

tiva desplegada por instituciones dependientes del Opus Dei, entidad que en esa época había ganado influencia en los círculos del poder político. Una de las máxi- mas del mensaje destinado a las trabajadoras era: “si servís mejor a los señores, servís a Dios”, proponiendo una analogía entre “los señores” y “el Señor” que no podía más que servir a los intereses de aquéllos. El discurso formativo pretendía “dignificar el oficio de empleada de hogar, convirtiéndolo en una verdadera pro-

131 Juan Goytisolo cita estos párrafos de una Guide bilingue ménager, editada en París en 1956 con el

fin de orientar a las sirvientas españolas recién llegadas a Francia y a sus empleadoras en el trato con las “bon- nes”: “Debe Vd. saber que la Española no es holgazana sino dura al trabajo (sic) y no se queja de él, sobre todo si se siente en confianza. No se inquiete si un día encuentra su cocina invadida por un grupo de amigos o parientes españoles, recién llegados a Francia, sin nada para comer, ni dónde dormir..., pero sobre todo no piense que tiene que hospedar, a la fuerza, a toda España (...) El español tiene el sentido del deber y no el de la reivindicación, tan querido del francés. En general no se queja y acepta su condición, con esa fatalidad here- dada de la ocupación árabe. (...) El trabajo de la empleada española consistirá en hacer bien la cocina coti- diana y los platos franceses más corrientes. Es necesario que en adelante aquélla se olvide de las costumbres es- pañolas, muy diferentes de las nuestras, y no se acuerde de ellas sino el día en que la familia francesa, ávida de novedad y folklore, le pedirá de (sic) hacer un plato español típico”. GOYTISLO, J., y NAÏR, S., El peaje de la vida. Integración o rechazo de la emigración en España, Aguilar, 2000, pág. 190. Cualquier similitud con el discurso de los empleadores españoles de TSD inmigrantes no es ninguna coincidencia.

132 En la exposición de motivos del Decreto 385 de 1959, de creación de un Montepío Nacional de

Servicio Doméstico, se afirmaba: “el llevar a cargo una acción social hasta el seno de las familias españolas requiere (...) el concurso de una Organización que, como la Sección Femenina del Movimiento, accedió en largos años de brillante ejecutoria a poseer cualidades y elementos indispensables para la consecución de la finalidad perseguida, la cual no ha de ser sólo allegar medios materiales de protección a los servidores domésticos, sino también contribuir a su perfeccionamiento moraly a su progreso en todos los órdenes, con- cretamente en el personal”. BOEnúm. 71, 24 de marzo de 1959.

fesión”. Para ello se trataba de cualificar a las trabajadoras (para que trabajasen “con sentido científico”) de forma que desarrollasen su “vocación de servicio”. A continuación reproducimos algunos de los temas del curso “Moral profesional de la auxiliar de hogar”, citado por Bayón y Lázaro:

– Obediencia, docilidad y respeto. – Obligación de adaptarse y acomodarse. – El arte de saber abrir y cerrar una puerta.

– Profesión más parecida a un gerente que a un obrero. – Sobriedad, reserva, deferencia, respeto.

– Gratitud y obligación más estricta que se originan de los permisos, consideraciones y regalos.

– Algunas tendencias modernas del todo intolerables.

– Actitud de la auxiliar doméstica ante los fallos sociales de las familias. – ¿La auxiliar doméstica forma parte propiamente de la familia?

– Los actos de culto deben ser especializados para auxiliares domésticas.

– Hacer respetar al novio la condición y valor de la profesión del servicio doméstico. – Distinción fundamental entre relación y noviaje.

En pleno proceso de modernización de la sociedad española nos encontramos que una buena parte del protagonismo económico de las mujeres inmigradas del campo pasa por el empleo como trabajadoras domésticas. Tanto desde el punto de vista legal como de su consideración social y contraprestaciones económicas, el sector ocupaba uno de los lugares más bajos de la estructura ocupacional. Sin embargo, esto no impidió que un sector significativo de mujeres lo utilizara como instrumento en sus estrategias de movilidad social y ocupacional. Como ha docu- mentado Cristina Borderías133, incluso la precariedad de estos empleos les permi-

tió abandonar la sujeción de las estructuras rígidamente patriarcales de la familia rural, desplegar estrategias matrimoniales con obreros industriales y asegurar un nivel educativo y mejores expectativas ocupacionales para sus hijas. En parte, esta podría ser la historia que actualmente están escribiendo muchas inmigrantes ex- tranjeras que trabajan en el servicio doméstico.

3. DELIMITACIÓN DEL SERVICIO DOMÉSTICO EN LA SOCIEDAD ACTUAL