El trabajo con el segmento ocular lo vamos a encarar como uno de los más importantes del proceso psicoterapéutico. de ahí que en el Análisis bioenergético Reichiano le dediquemos mucha importancia tanto cuantitativamente (el tiempo que nos instalamos a trabajar en este segmento, la cantidad de energía que nos proponemos movilizar en este primer anillo en el trabajo psicoterapéutico), como cualitativamente (como zona erógena de relevancia en el vehículo de la excitación y del placer, y como animales ópticos que somos)31.
29 Alexander Lowen, “El gozo”; Ed. Era Naciente (buenos Aires, 1996).
30 En el Análisis bioenergético Reichiano usamos el término acting para definir aquellas
tecnologías de intervención (movimientos neuromusculares emocionales) que nos permiten trabajar con el cuerpo del paciente, segmento por segmento, respetando su ritmo biológico y su dinámica histórica y natural evolutiva. En la medida en que los
actings propuestos siguen la dirección céfalo-caudal (ocular-pélvica) nos permiten no
violentar la dinámica natural evolutiva, además de poder recuperar y reconstruir, en un marco psicoterapéutico, la historia del paciente. La traducción conceptual que hacemos del término acting es de acción analógica. Es decir, aquellas acciones que funcionan,
en determinado momento del desarrollo evolutivo, como organizadores y aquellos
movimientos naturales y espontáneos que favorecen el streaming (el flujo o corriente libre de las energías del cuerpo).
31 El tercio de las fibras nerviosas del cuerpo humano forman parte de sus ojos. Elsworth baker le da a los ojos el estatuto de zona erógena principal (junto a la boca, al ano y a los genitales), a partir del cual se va a dar el desarrollo céfalo caudal en función de un ritmo descendente que desemboca en la zona genital (estadios fálico y genital), pasando evolutivamente en forma previa, por los estadios pregenitales (ocular, oral y anal). ver de E. baker, “O labirinto Humano. Causas do bloqueio da energia sexual”; Summus Ed. (San Pablo, 1980).
Muchos pacientes sienten una gran dificultad al realizar los actings del segmento ocular. En esos momentos es muy importante ayudar al paciente, reasegurando nuestro contacto para disminuir el miedo y la ansiedad subyacentes, e invitándolo a colaborar en la ejecución gradual y sucesiva de los actings.
Como regla general, los actings neurovegetativos en el segmento ocular tienen un tiempo que debe respetarse32. La experiencia práctica nos ha enseñado que, a menudo es durante el último minuto de ejecu- ción del acting, que se produce una abreacción emocional.
La recuperación del funcionalismo ocular, por medio de los actings neurovegetativos, permite al sujeto sentirse en contacto con el mundo, con la realidad que lo rodea.
Al comienzo del trabajo con el segmento ocular vamos a reactivar el momento del nacimiento, es decir el contacto que tuvo el paciente con sus ojos en el momento del nacimiento. Por lo tanto, desde el principio podemos realizar los actings del segmento ocular junto a actings del segmento oral, en la medida en que estos dos segmentos entran en contacto desde el momento mismo del nacimiento. Esta coordinación entre ojos y boca, se basa metodológicamente en cuatro movimientos expresivos combinados:
1) el acting del punto fijo junto al acting de la boca abierta; 2) el acting de acomodación y convergencia junto al acting del
“pez” o de reach out;
3) el acting de lateralización junto al acting de morder una toalla de mano;
4) el acting de rotación junto al acting de mostrar los dientes o de
reach out.
Pasemos a desarrollar cada uno de ellos:
Acting del punto fijo: se le propone al paciente abrir los ojos y fijarlos en un punto en el techo, no perdiéndolo nunca de vista. Se consigna una respiración profunda dirigiendo sensiblemente la atención sobre la totalidad del organismo.
Lo combinamos con el acting de la “boca abierta”.
A través de los ojos buscamos las primeras imágenes para deco- dificar e introyectar nuestro primer punto de contacto.
32 En un encuadre de psicoterapia breve el tiempo es de 5 a 10 minutos, en un encuadre analítico es de 15 a 20 minutos, y en un trabajo de experimentación grupal el tiempo puede ir de 10 a 25 minutos, aproximadamente.
En los primeros momentos este primer punto de contacto está confuso y desenfocado. En parte por la confusión de estímulos (rui- dos, luces, etc.) y por el cambio de ambientes tan radical, más que por una incapacidad fisiológica real de ver. Hasta que buscamos esa figura de referencia que nos da la seguridad de no estar solos, de no sentirnos abandonados. Y enfrentando el primer miedo a la pérdida y al abandono abrimos la boca con la esperanza de poder reforzar ese primer momento de vida extrauterina. Es que antes de tener necesidad de comer tenemos necesidad de reencontrar aquel mismo cuerpo que habíamos experimentado, primero, en la vida intrauterina.
El neonato se queda fijamente mirando a la madre y a través de ella progresivamente va entrando en contacto con su propio yo (distin- guiendo su yo de su no yo). En este sentido, este acting se convierte en el primer organizador.
Cuando realizamos este acting en la psicoterapia invitamos a la persona a no perder el punto.
Mirar fijamente un punto (en el techo, o la punta de la nariz, o el rostro del psicoterapeuta, o una estimulación luminosa) puede reacti- var temporalmente angustias antiguas. A nivel emocional, junto a las lágrimas y al llanto puede haber tanto reacciones de miedo, perplejidad, asombro y terror, como reacciones parasimpáticas positivas (risa, sueño, coloración del rostro). A nivel de imágenes, pueden aparecer distintas visiones, por ejemplo, de colores.
El acting de abrir la boca, lo más abierta que se pueda, tiene que ver con el momento evolutivo en donde el bebé está en una situación de demanda y de búsqueda. En este acting tenemos que prestar especial atención a las sensaciones que se producen en la boca del paciente. Por ejemplo, la respuesta simpaticotónica de sequedad, que por lo general está relacionada a miedo o ansiedad (ansia de espera). O, por ejemplo, la sensación de abundante salivación, que puede estar relacionada a una oralidad insatisfecha.
desde el punto de vista del desarrollo evolutivo el acting de fijar un punto con los ojos y la boca abierta, posibilita expresar la situación emocional de miedo (a nacer) o deslumbramiento (perplejidad de encontrar un mundo nuevo), que ocurre después del nacimiento en partos frustrantes
Si el paciente no puede realizar este acting puede estar relacio- nado a no poder tener un punto de referencia fuera de sí mismo.
Es recomendable hacer hincapié en este acting con aquellos pacientes que sufren de astigmatismo. Mirar un punto fijo les da la
posibilidad de estigmatizar lo real, hacer concreto un punto, salir de la nebulosidad, de la confusión (característica emocional del astigmático) que no puede acomodarse en un punto. Una vez que el paciente consi- guió mirar y observar una realidad fuera de sí (no sólo ver), el segundo
acting que le proponemos al paciente es poner en relación el punto fuera
de sí (el no-yo) con un punto en su propio cuerpo (el yo).
Acting de acomodación y convergencia: se consigna al pacien- te concentrar su atención en un punto del techo y posteriormente mirar la punta de su nariz. Luego de unos minutos pasa a mirar alternativamente el punto de la nariz y el punto del techo, respirando en todo momento en forma rítmica y continuada.
Se combina con el acting del “pez” (empujar los labios hacia de- lante en la inspiración y luego cerrarlos en la espiración, o permanecer con los labios en la posición de “reach out”).
Este acting de acomodación y convergencia permite una acción que en el período pos-natal fue decisiva: la exploración focalizada del objeto en el proceso de diferenciación del objeto parcial al objeto total. Y por lo tanto, del pasaje del no-yo al yo.
mirar un punto en el techo y la punta de la nariz es sinónimo del pa- saje del infinito a lo finito, de lo abstracto a lo concreto, del no-yo al yo. Este acting es sinónimo del movimiento que realiza el bebé cuando mama, al mirar el rostro y el pezón de su madre alternativamente. junto con el acting del pez, simulando el mamar, este acting de acomoda- ción y convergencia puede provocar en el paciente una abreacción de emociones ligadas con el amamantamiento. Por lo tanto nos sitúa en el período oral y nos remite a los conflictos propios de ese período. Cuando el paciente vivió mal su amamantamiento este acting puede reactivar abreacciones emocionales de depresión, de insatisfacción y frustración, funcionando idénticamente a la imposibilidad de mover placenteramente los labios.
El acting de acomodación y convergencia realizado junto con el
acting de chupar calma la ansiedad y ayuda a concretizar el sueño,
pudiendo ser muy útil con pacientes con bloqueo en su oralidad, particu- larmente en los momentos depresivos. Analógicamente, el niño después de haber mamado se duerme, viniendo después de la realización de este acting, la relajación y la tranquilidad.
Este acting de convergencia y acomodación visual funciona como un segundo organizador, al participar activamente en la focalización con los músculos oculares, permitiendo y desarrollando la función de
la discriminación. Posibilita al paciente verse a sí mismo y al otro. Al objeto de su deseo y al vínculo entre ambos.
Permite recuperar la capacidad de desear (“reach out” con los labios), pero no la capacidad de concretizar en actos los deseos, en la medida en que reactiva una forma oral de funcionamiento.
El paciente mira, desea y busca con los labios, lo que le permite recuperar la potencia oral con el objetivo de alcanzar la madurez oral, que derive posteriormente en madurez y potencia genital.
Desde el punto de vista fisiológico trabaja la convergencia bi- nocular. A nivel psíquico permite explorar la desfusión con el primer objeto libidinal, reactivando (junto con el acting del “pez”), vivencias relacionadas a la lactancia.
Si vemos en el paciente dificultad de realizar la convergencia ocular y de coordinar los movimientos oculares con los labios puede ser una señal manifiesta de una lactancia inadecuada o con disturbios.
Si vemos dificultad de acomodación y convergencia ocular puede estar reflejando que mira con ambigüedad el punto que está fuera de sí (el no yo, que puede simbolizar a la madre) y la propia punta de la nariz (el yo, lo concreto de sí mismo).
Una buena acomodación y convergencia permite poder identi- ficarse y desidentificarse. Y esta acción es fundamental para los que tengan la intención de ser psicoterapeutas.
Se recomienda además realizar este acting con pacientes que tienen miopía, pudiendo suscitar una mejora sensible e importante, inclusive su desaparición.
Acting de lateralización: se consigna al paciente la movilización de los ojos de izquierda a derecha y de derecha a izquierda sin mover la cabeza, realizando este movimiento ocular hasta el límite pendular en ambos extremos.
Se combina con el acting de morder una toalla de mano. Un buen funcionalismo ocular tiene desarrollada la necesidad y la capacidad de lateralización de la mirada. Esta función nos permite al mismo tiempo “controlar” lo que vemos y “cuidarnos de” lo que miramos.
La visualización alternada de los focos laterales (derecho e izquier- do) permite trabajar la ambivalencia, la desconfianza, los celos, el miedo al abandono y el miedo al castigo, entre otras emociones primitivas.
Al trabajar este acting estamos reactivando el nivel de emociones arcaicas de la época pre-verbal. Por ejemplo, la situación de desconfian- za y de miedo que el bebé tuvo (hacia los 8-10 meses), cuando perdía
de vista a su madre. A nivel de la boca, estimula los sentimientos de celos, de bronca y de miedo. Por ejemplo, el miedo de perder el objeto amado (la madre, la teta). En términos históricos permite la reactivación del momento del destete33.
El acting de morder la toalla permite desbloquear la rabia con- tenida a nivel de los maseteros, de los músculos de la masticación y de la mandíbula en general. muchos pacientes lloran de rabia; otros descargan esa rabia mordiendo pero teniendo impotencia de llorar, concentrándose en el impulso de descarga y de destrucción; otros viven sentimientos de angustia, que puede estar ligada al miedo de ser castigados si llegan a manifestar plenamente la rabia que sienten; otros pacientes pueden tener reflejo de vómito o llegar a vomitar34. El vómito permite la exteriorización de algo que fue reprimido.
Este acting se convierte en el tercer organizador del segmento ocular. Coincide con el hecho de que, a esa edad, el niño comienza a gatear. Al poder el niño sostener la cabeza, al desarrollar el enraiza- miento de brazos e ir adquiriendo la postura erecta y dar los primeros pasos se comienzan a producir nuevas formas de vínculo: las primeras desconfianzas, el primer miedo a los extraños, el rechazo a la llegada del otro al propio campo energético, el descubrimiento de lo externo, del espacio y del tiempo, la pérdida del contacto privilegiado en el vínculo dual.
Para R. Spitz este momento se transforma en un organizador, en la medida en que señala una nueva etapa del desarrollo infantil, en el curso de la cual, tanto la personalidad del niño como su conducta, sufrirán un cambio radical. Ahora, tanto la forma en que se expresa el desagrado, como la percepción y el reconocimiento del estímulo, se hacen aun más específicos.
“Entre el sexto y el octavo mes se produce un cambio decisivo en la conducta del niño hacia los otros. Ya no res- ponderá el bebé con una sonrisa cuando un visitante casual se detenga junto a su camita y le sonría moviendo su cabe- za. Para esa edad la capacidad para la diferenciación dia- crítica está ya bien desarrollada. Ahora el infante distingue claramente entre el amigo y el extraño. Si uno de éstos se
33 Si el destete fue brusco y/o violento se instala la oralidad reprimida.
34 Por lo que siempre es necesario, al realizar este acting, tener a disposición al lado del diván, bolsas de plástico o un recipiente para vomitar.
acerca a él, hará que entre en funciones una conducta típica, característica e inconfundible del infante; dará muestras de diversas intensidades de recelo y de angustia y rechazará al desconocido. Sin embargo, la conducta individual del niño varía en una escala bastante amplia. Puede bajar los ojos tímidamente, puede cubrírselos con las manos, alzar sus vestidos para ocultarse el rostro, arrojarse bocabajo y esconder la cara entre las mantas o puede llorar o chillar. El denominador común consiste en una negativa a entrar en contacto con el desconocido, un volverle la espalda, con matiz más o menos pronunciado de angustia”... “denominé a este patrón de conducta la angustia del octavo mes y considero que es la primera manifestación de la angustia propiamente dicha” 35.
desde el punto de vista del desarrollo evolutivo este acting pone al paciente en una situación de regresión psicoterapéutica en el octavo- décimo mes de vida, cuando nos encontramos con el miedo al extraño, descrito por Spitz. En este desarrollo evolutivo el niño consigue mirar a los lados, aprende a desconfiar, a no ser ingenuo y a proteger lo que es de él encarando de frente las realidades adversas.
desde el punto de vista transferencial, permite trabajar analítica- mente la desconfianza hacia el psicoterapeuta, incluso el temor a ser atacado por él. Facilitando, de esta manera, el análisis de la transfe- rencia negativa en el marco de la dinámica psicoterapéutica.
Se recomienda hacer hincapié en este acting con aquellos pa- cientes que sufren de hipermetropía.
Acting de rotación: se consigna la rotación completa de los ojos dando un giro lo más amplio posible (360°). Hacemos un barrido completo de la cavidad del ojo, sin mover la cabeza tratando de mirar los objetos que hay a nuestro alrededor36.
35 R. Spitz, “El primer año de vida del niño”; Fondo de Cultura Económica (buenos Aires, 1996); pág 118.
36 En los hombres podemos proponer este giro en el sentido de las agujas del reloj (hacia la derecha) y en la mujer en el sentido contrario de las agujas del reloj (hacia la izquierda). Con los zurdos el movimiento es al contrario. El objetivo y el sentido de la rotación en estas direcciones es integrar funcionalmente los dos hemisferios cerebra- les que necesitan equilibrarse para evitar los excesos de femineidad en la mujer y de masculinidad en el hombre.
Se combina con el acting de mostrar los dientes o de extender los labios en posición de reach out.
Este acting es el cuarto organizador del segmento ocular. Co- mienza a tener una funcionalidad histórica cuando el bebé adquiere la capacidad de sostener el cuello (aproximadamente a los 4 meses) y se consolida en los momentos de gateo y en el aprendizaje al caminar, dando un nuevo sentido a la orientación espacio-temporal.
Nos permite ver:
1) El grado de funcionalidad global de la mirada. Los globos oculares son las partes más móviles del cuerpo humano. Sólo los mamíferos humanos son capaces de girar intencionalmente los ojos. El acting de rotación trabaja la coordinación de los movimientos oculares y la ampliación del campo visual. Esta ampliación visual está a su vez relacionada con la ampliación del campo relacional y de la orientación espacio-temporal. 2) La vinculación con los parámetros espacio-temporales.
Los ojos no existen sólo para ver, contemplar. Existen además para organizar la acción y la locomoción en el contexto del momento. El más fundamental de nuestros instintos (raramente mencionado) es el de orientación: ¿dónde estoy? ¿para donde voy? En este mismo sentido sólo la persona tiene el sentimiento de hacer historia: ¿de donde vengo? ¿quién soy? Y con el giro de los ojos podríamos imaginar que el primer bípedo contempló la inmensidad del universo y realizó –ontológicamente– estas preguntas. Al estar el niño en condiciones de apropiarse del espacio, implica que ha llegado a un grado de maduración, en el cual se encuentra preparado para ponerse de pie, o sea, en condición de encontrar su equilibrio. La apropiación del es- pacio, posibilita en el niño la condición de apropiarse también del tiempo. Y la capacidad de integrar el tiempo lleva implícita la integración de la historia. Por lo tanto, este acting es un rasgo fundamental de la condición humana ya que el hombre es el único animal que posee el sentimiento de historia37. Al reapropiarse en el tiempo, este acting le genera al paciente la posibilidad de historizar su estructura de carácter, es decir, situar las cosas que le pasan y que provocaron la cristalización de sus rasgos y trazos caracteriales actuales.
37 La historia es el tiempo. Podemos decir ayer, hoy o mañana, ahora o después, y hablando en estos términos estamos en una dimensión histórica.
3) La conexión con la realidad externa e interna en el aquí y ahora. Al igual que en el acting de lateralización (tercer orga- nizador) este movimiento organizador permite la percepción de nuevas imágenes y de nuevas formas que se comienzan a interponer en la primera relación preferencial (bebé-madre). En el momento actual de la psicoterapia este acting permite salir
del primer y del segundo organizador. Por ejemplo, en vez de quedarse llorando por lo que perdió y quedarse en el lamento de aquello que no tiene, este acting permite descubrir que el mundo es grande y da la posibilidad de partir para la aventura de los espacios nuevos.
A diferencia del acting del punto fijo –que permite condensar el campo energético y producir fenómenos energéticos de mar- caje de límites, de focalización en un objeto y de construcción de límites entre el objeto y el sujeto–, en el acting de rotación