Chapter 2 Literature Review
2.3 Dye decolorization methods
Encontramos dos textos que Oteiza escribió antes de irse a Latinoamérica a principio de 1960. En cada uno de ellos se perfilan conceptos planteados principalmente en el concurso de Montevideo y en el libro “Hacia un arte receptivo. Ambos son publicados en prensa, uno en junio y otro en octubre. Constituyen el marco teórico público, que avalan las esculturas de Oteiza, ya que no son difundidos ni la conferencia de Valencia ni el proyecto de libro que tiene en manuscrito.
El primer artículo que encontramos lo denominaremos, según aparece en el manuscrito, aunque no coincida con el título publicado, “Para un entendimiento del arte religioso en la Arquitectura y en el arte”. El original que hemos hallado en Archivo FMJO consta de dos partes: “Hacia un arte receptivo”, sin publicar hasta el año 2000, y “El cromlech-estatua vasco y su revelación para el arte contemporáneo” que sí fue publicado en 1959. En la primera parte se define el concepto espacio receptivo (espacio sacralizado por Oteiza debido a su función), el nuevo papel del espectador frente a la obra y la definición de mueble metafísico referido a sus ultimas obras. En la segunda parte Oteiza se centra en el el cromlech y desde él explica sus ideas.
El otro artículo se titula “Lo que destruyen las restauraciones”. Está motivado por la reconstrucción del castillo de Carlos V en Fuenterrabía. Es interesante porque Oteiza aplica conceptos expuestos en el proyecto de Montevideo a un caso también real pero de carácter diferente: la rehabilitación de unas ruinas. Fundamentalmente se centra en el trabajo conjunto arquitecto y plástico y en la creación desde la desocupación del espacio para obtener un espacio receptivo para el hombre
Para un entendimiento del arte religioso en la Arquitectura y en el arte
El texto original se ubica en el Archivo FMJO, caja 74, carpeta Montevideo-7, documento 7.28. Este documento está fechado en Irún en junio del año 1959 y parece estar dirigido al periódico El Bidasoa. Oteiza, bajo el título “Para un entendimiento del espacio religioso en la arquitectura y en el arte”, recoge dos textos:
-Hacia un arte receptivo.
-El cromlech-estatua vasco y su revelación del espacio religioso.
Al haber encontrado el manuscrito original de Oteiza, que incluía ambos, se ha decidido estudiarlo conjuntamente, del modo en que fue concebido. El primer texto, además de formar parte del libro titulado de la misma manera, nunca vio la luz en su tiempo. Años más tarde se publicará en: Espacialato. Oteiza118. En ese catálogo el texto se fecha en 1958 en Montevideo. Finalmente el artículo publicado solamente contuvo el segundo texto (Anexo documental, pp.143-144), incluyéndose también en la
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Idem. 118
Catálogo, Sala Amos Salvador, Logroño, marzo-abril, 2001. Centro de Exposiciones y congresos Ibercaja, Zaragoza, mayo-junio, 2001, pp. 123-124
segunda parte del libro Quosque Tandem...!, dentro del apartado “El alma vasca en su origen”.
En “Hacia un arte receptivo” Oteiza hace una síntesis de sus planteamientos sobre el arte, que no limita a la escultura, sino que los amplia a todas las disciplinas (música, cine, ballet, etc.). Lo primero es definir qué es arte receptivo en la estatua: disociación del Espacio y del Tiempo que conforman nuestra realidad, para conseguir un Espacio puro, absoluto que está mas allá de esta realidad, de lo físico. Obtiene una espacialidad inmóvil, interior, abierta, callada y habitable espiritualmente. Esa estatua receptiva tiene como fin el tratamiento espiritual del hombre. No va dirigida a sus sentidos, sino a su alma. Pero para que esto sea posible es necesario que termine el espectador pasivo ante la obra de arte. Hay que transformar ese espectador en habitante, un hombre que busca su consuelo existencial en esta estatua receptiva. Por ello, Oteiza considera que el arte, por su misión espiritual, es religioso.
Toma como referencia de esta opción en la actitud creadora del artista prehistórico reflejada en el cromlech y en la que mantiene Velázquez en sus pinturas finales. Oteiza afirma haberlo conseguido en sus últimas esculturas, que bautiza como muebles metafísicos. “Mueble”, por estar definidos en el interior del espacio arquitectónico, y “metafísico”, por su servicio espiritual al hombre. Tres claves los definen: corteza formal envolvente que delimita el Espacio puro, receptividad trascendente y a menor actividad formal mayor receptividad.
El Espacio receptivo, concepto expuesto en este breve texto, es el núcleo conceptual de sus planteamientos. Es por ello que dará título al libro que Oteiza estaba elaborando.
La segunda parte del texto “El cromlech-estatua vasco y su revelación del espacio religioso” es publicada en El Bidasoa en junio de 1959. Es muy relevante que sea el único texto sobre el Espacio receptivo (ya Espacio religioso y sagrado) que se publica en ese momento. Ni el propósito experimental de Irún, ni la carta a André Bloc, ni la conferencia en Valencia, ni “Hacia un arte receptivo” llegan a ver la luz en estos años. Solamente el proyecto de Montevideo, en su primera fase, es el que publica en algunas revistas. Por tanto este texto, junto con sus esculturas, es lo visible, la punta del iceberg de todo el pensamiento de Oteiza.
El texto comienza exponiendo su idea fundamental: el artista de cualquier época cumple una función social y religiosa. Para hacernos ver que hay periodos en los que el artista alcanza este fin, Oteiza explica la diferente intención creada que existe entre los cromlechs ingleses y franceses y el pequeño cromlech vasco. El espacio religioso no se tiene que abordar desde lo religioso ya que se trata de una cuestión estética. Para explicarlo confronta los conceptos ocupación-desocupación espacial. La desocupación de ese espacio es un espacio puro, sin tiempo que se hace espacio receptivo.
“Estéticamente este espacio receptivo pone al hombre fuera de su realidad temporal, es el espacio religioso”
En este espacio receptivo el espectador abandona su papel secundario de “receptor” para ser recibido en este espacio, un espacio cromlech.
“El escultor del cromlech abre in sitio para su corazón en peligro, hace un agujero en el cielo y su pequeña cabeza se encuentra con Dios”
El artista es el nuevo sacerdote que le puede crear un espacio espiritual que lleve al hombre a comunicar con Dios. Y desde este punto de vista se tiene que aplicar al espacio arquitectónico religioso (al templo) pero también al exterior, a la música, a la oración, a la liturgia, etc. Todo reducido a cero como expresión formal.
Pero no hay ninguna referencia explícita a la intervención en el espacio urbano, en la ciudad, aunque se afirme que hay que llevar este espacio receptivo a todos los ámbitos posibles. Las fotografías que se proponen en el manuscrito para acompañar al texto son diferentes de las que fueron posteriormente publicadas. En el manuscrito se incluye una fotografía, que finalmente fue eliminada, del monumento a Batlle. El pie de foto que lo hubiera acompañado no se centra en la intervención en la ciudad sino en la interacción Estatua Arquitectura y en la nueva idea de monumentalidad.
Lo que destruyen las restauraciones
Es un artículo publicado en “la voz de España” (San Sebastián) el 10 de octubre de 1959. El recorte de periódico original y el manuscrito de Oteiza están ubicados en el Archivo FMJO. Sin embargo no se ha encontrado, todavía, el material de trabajo de Oteiza. Se ha recogido en el anexo documental (pp. 136-137). También se ha localizado documentos relacionados con el tema que se plantea en este artículo.
El motivo que lleva a Oteiza a escribirlo es su desacuerdo en cómo se está planteando la restauración del castillo de Carlos V en Fuenterrabía. En ese año se estaba determinando el planeamiento urbanístico mediante un “Plan de reforma interior” en el pueblo llevado a cabo por el arquitecto Manuel Manzano Manís.119
Oteiza comienza el artículo sosteniendo que en cada época el hombre define sus propios monumentos y cuando este hombre muere, el paso del tiempo es el que actúa sobre ese monumento, instalándose la Naturaleza en esa obra que se abandonó. Oteiza acaba de definir cómo se genera la ruina, pero lo novedoso es como entiende que se realiza: la naturaleza no actúa ocupando, sino desocupando el Castillo.
“lo que se ha ido acostando en el suelo ya está muerto, pero lo que permanece en pie asciende, definiéndose con nueva vida en la amplitud vacía del espacio”
Oteiza identifica esta nueva atmósfera espacial abierta y receptiva con sus conclusiones en su línea experimental de la estatua. Se trata de un espacio –estatua en el que Oteiza define con varias palabras: abierto, inmóvil, receptivo, sin expresión, soledad, silencio, vacío. Es la perfecta integración de la arquitectura y la escultura, del mismo modo en como están realizando él y Puig en Montevideo.
El castillo está siendo restaurado dejándolo como era. Pero Oteiza no contempla esta posibilidad, afirmando que “lo muerto no merece ser restaurado”, sino propone simplemente contener y definir lo que ya es. Si en Montevideo Oteiza y Puig parten de casi de cero, solo de la colina como lugar dado, y desarrollan los nuevos planteamientos (integración, monumentalidad, etc.), que podríamos definir como espacio receptivo, en Fuenterrabía parte de lo que hay, las ruinas, y aplica los planteamientos del mismo modo pero con distinto resultado.
“Con estructura metálica y hormigón visto y vidrio, podrían quedar resueltos los lugares para biblioteca, exposiciones, investigación, permeables para la total visibilidad del conjunto”
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Se parte de diferentes condicionantes, la colina o la ruina, y por ello, bajo las mismas ideas, el resultado arquitectónico es diferente. En Montevideo, frente lo Natural hay que determinar el lugar, aunque sea con desocupación (cuadrado, muro, teatro). La arquitectura se cierra. En Fuenterrabía la ruina hay que mantenerla abierta, conservar su desocupación.
Como ejemplo real a seguir nombra una pequeña plaza cerca de la catedral de Colonia (Alemania), donde hay una pequeña iglesia románica con una galería de vidrio.
Oteiza vuelve a aplicar sus conclusiones experimentales a un espacio real, aunque solo sea desde las palabras. Toca temas como monumento, integración de arquitecto y plástico y el vacío como Espacio receptivo. Cuestiones ya planteadas en Montevideo pero que aquí se materializan de manera diferente. En Montevideo la arquitectura era una pieza cerrada y abierta al cielo. En Fuenterrabía la arquitectura es transparente, permeable.
El artículo concluye con que este problema se tiene que resolver desde el diálogo de todas las partes, no solo desde el Arquitecto municipal.
“se puede sumar, al saber de los Arquitectos Municipales, Colegio de Arquitectos, Comisión de Monumentos, Museo San Telmo, ahora la ya decisiva colaboración del Grupo actual de arquitectos guipuzcoanos que acaba de constituirse (...)”
Este artículo está en relación con la formación del Grupo Arquitectos Guipuzcoanos120 (Gag), del que se ha encontrado documentación y con la publicación de otros dos artículos publicados ese mes en el mismo periódico:
-.“Oportunidad para transformar el ambiente cultural guipuzcoano” (9 de septiembre 1959)
-.”Es preciso rectificar nuestro festival de cine” (22 de septiembre 1959)
Esta serie se cerraría con la publicación, en octubre, de “Lo que destruyen las restauraciones”.
Suponemos que su implicación en este tema proviene probablemente, teniendo como referencia sus notas, de su participación (ver anexo documental pp.138-139) en un encuentro o reunión de arquitectos que se realizó ese mismo verano en Zarautz, que Oteiza nombra en su artículo “Oportunidad para transformar el ambiente cultural guipuzcoano”
“Este mismo día por la tarde, en Zarauz, en la inauguración del primer bloque proyectado para la urbanización de un gran parque, se efectúa una sesión de crítica de arquitectura. La discusión descubre que esta operación, humana, inteligente, responde a un nuevo concepto creador de nuestra realidad a la que decisivamente se incorpora”
Probablemente se refiere a “Residencial Vista alegre” inaugurado en 1959, de los arquitectos Peñaganchegui y Encio Cortazar.
El 30 de septiembre el Grupo A Arquitectos hizo publica, mediante un artículo (anexo documental pp.139), su fundación. Así que Oteiza, al hacer referencia a este hecho, suponemos que este articulo es escrito a posteriori. No debieron tener gran
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trascendencia ya que no se ha encontrado información sobre este equipo de arquitectos, que según las notas de Oteiza, estaba encabezado por Eugenio Aguinaga.
Los artículos de Oteiza, así como su participación en estos encuentros arquitectónicos, nos adelantan lo que anunciará desde Lima, el abandono total de la escultura y su paso a la ciudad.