• No results found

Dynamic File Descriptor Re-use

In document Understanding Windows Shellcode (Page 80-91)

8.5 Staged Loading Shellcode

8.5.1 Dynamic File Descriptor Re-use

Santo Tomás afirma que por la virtud se obra bien10

. Esto no es menor, pues cuando hace referencia al bien, se está apuntando a un determinado tipo de operación, es decir, a aquella que es perfecta, pues corresponde a la que por naturaleza se está desti- nado a realizar, llevándola a cabo de modo prácticamente natural debido a la impronta generada por el hábito de la virtud. A esto se volverá más adelante cuando se trate sobre llas perfecciones de los juicios de los hábitos intelectuales teóricos, especialmente respecto del hábito de sabiduría.

El Aquinate distingue que el hábito puede ordenarse a un acto bueno de diverso modo, rescatando así la dimensión en la que puede ser llamada virtud el hábito intelectual y estableciendo, al mismo tiempo, una precisión conceptual desde la cual ubica el

9 “cum verum sit finis intellectus, cognoscere verum est bonus actus intellec-

tus. Unde habitus perficiens intellectum ad verum cognoscendum, vel in speculativis vel in practicis, dicitur virtus”. S.Theol. I-II q. 56, a. 3, ad. 2.

II. 2. Connaturalidad de los hábitos intelectuales 147

lugar que el hábito intelectual tiene entre las virtudes en general, en tanto que virtud. Así, existe un modo por el que un hábito puede ordenarse a un acto bueno en cuanto que por tal hábito adquiere el hombre la facultad de obrar bien, como ocurre con el hábito de la retórica que otorga la facultad para que el hombre exprese sus ideas oralmente de modo adecuado. Pero también, hay otro modo por el que el hábito puede ordenarse a un acto bueno, y esto es no sólo en cuanto confiere la facultad de obrar, sino también en cuanto que hace que el hombre haga correcto

uso de ella11

.

Y como se trata del uso que se hace de este hábito, se vincula con la parte apetitiva racional, la voluntad. De manera que este segundo modo de ordenarse al acto bueno será el que santo To- más establecerá como máximamente propio de la virtud, llamán- dola así virtud simpliciter. En efecto, “a tales hábitos se les da absolutamente el nombre de virtudes, porque hacen que su obrar sea bueno en acto y hacen que sea absolutamente bueno quien los posee. En cambio, los hábitos primeramente señalados, no se llaman absolutamente virtudes porque no confieren el bien

obrar, sino que dan la facultad para ello”12

. De ahí que no se diga que un químico es bueno moralmente por saber química, sino por lo que hace a partir de ese conocimiento, como por ejemplo contribuir a la ciencia para el bien del humanidad con nuevos medicamentos que ayudan a combatir las enfermedades, buscando con ello una mejor calidad de vida para aquéllos que padecen dichas enfermedades.

11 Cfr. Ibid.

12 “huiusmodi habitus simpliciter dicuntur virtutes, quia reddunt bonum opus

in actu, et simpliciter faciunt bonum habentem. Primi vero habitus non simpliciter dicuntur virtutes, quia non reddunt bonum opus nisi in quadam facultate, nec simpliciter faciunt bonum habentem”. Ibid.

En consecuencia, las virtudes intelectuales serán denomina- das virtudes solo en parte, es decir, como virtudes secundum

quid, en tanto que la dimensión apetitiva no está incorporada,

distinguiéndose así cuatro hábitos: arte (de la razón práctica),

intelecto, ciencia y sabiduría (de la razón especulativa o teó-

rica). Al contrario, se le denominará absolutamente virtud, es decir, virtud simpliciter a aquéllas que perfeccionan a la facultad apetitiva racional y los de las otras potencias en cuanto movidas por la voluntad, pues la voluntad tiene la capacidad de mover a las demás potencias a su operación propia y así conferir, pri- mero, la capacidad para obrar bien y, segundo, hacer la obra bien en acto, es decir, constituyendo al bien como realidad ac- tual. Así, las virtudes morales asumen en su sentido pleno la bondad a la que apela la virtud, favoreciendo el perfecto uso de la potencia, pero además haciendo bueno a quien realiza la operación; posibilidad otorgada sólo por la voluntad que tiene por objeto al bien en general. De ahí que los hombres buenos se

les denominen como tales por tener buena voluntad13

.

Ahora bien, como lo propio de la virtud es hacer actos bue- nos, en el caso de la operación de la inteligencia, cual es enten-

der, su acto bueno es decir la verdad14

. Y en este decir, el sujeto alcanza cierta infinitud, pues la palabra que se dice mediante las virtudes intelectuales manifiesta la fecundidad del entendi- miento que, por su actualidad, logra expresar una palabra interna por parte de quien entiende, diciendo para sí mismo lo que posee

13 Cfr. Ibid., q.9, a.1, c; q.17, a.1 y a.5, c.; I q.82, a.4, c.

14 Citamos el párrafo completo para ver la congruencia con las ideas ante-

riormente espuestas: “virtus intellectualis est quaedam perfectio intellectus in cognoscendo. Secundum autem virtutem intellectualem non contingit inte- llectum falsum dicere, sed semper verum: verum enim dicere est bonus actus intellectus, virtutis autem est actum bonum reddere”. S.Contra Gentes. I, q. 61, n. 6.

II. 2. Connaturalidad de los hábitos intelectuales 149

como entendido15

, según se dijo antes al explicar la formación del verbo mental como una emanación ex plenitudine.

Lo que queremos destacar con ello es que, si bien los hábitos de la inteligencia son virtudes secundum quid, no por ello pue- den ser catalogadas como hábitos cuya operación contiene cierta indigencia. Pues, esa dimensión que apela al secundum quid manifiesta sólo que no hace referencia al uso del hábito, pero no a la operación generada por éste. En efecto, precisamente es virtud el hábito intelectual porque gracias a ella realiza perfecta- mente la inteligencia la operación que le es propia, cual es proferir un verbo que diga lo que la cosa es.

No obstante, santo Tomás establece una jerarquía donde las virtudes intelectuales aparecen como superiores absolutamente consideradas. Esto por dos motivos: primero, porque perfeccio- nan la parte más alta del alma, a saber, la potencia intelectual, mientras que las morales sólo residen a ella por participación. Segundo, por la excelencia de su objeto, pues las virtudes intelectuales miran a lo universal, mientras que el apetito mira al

bien particular. Sólo relativamente las virtudes morales son

superiores a las intelectuales, considerando la virtud en orden al

15 Podemos ver así cómo el entendimiento, siendo una potencia, posee una

característica más propia de los seres infinitos. Ya lo decía Aristóteles en el III De Anima, “el alma es de algún modo todas las cosas”. En efecto, el cono- cer que es inferior a la razón, como el sensorial manifiesta claros límites, al contrario del intelectual. Siempre se puede conocer más y mejor sobre cual- quier cosa. Lo cierto es que la inteligencia no conoce su límite, incluso en su cuestionamiento sobre la misma, pues se llega a nuevos conocimientos a partir de ella. La inteligencia, como señala SELLÉS, “no tiene fondo de saco, esto es, que no llega un momento en el que el saco no se pueda sacar más contenido porque se topa con el fondo. La inteligencia puede conocerlo todo, y no por ello se agota. Siempre puede pensar más”. Los hábitos intelectuales

acto, según ha quedado señalado antes, pues perfecciona al ape-

tito que a su vez mueve a las demás potencias al acto16

.

In document Understanding Windows Shellcode (Page 80-91)

Related documents