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Section I: Inpatient Data Practices

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al rey (en general, un ataque por el flanco de rey) es más prometedor que, por ejemplo, ejercer presión sobre una casilla débil en una zona, por lo demás tranquila, del flanco de dama. Esto es así porque equivocarse al mantener las defensas del rey puede conducir, en efecto, a la pérdida de la partida, mientras que desprenderse de mate­ rial o una casilla clave puede suponer la pérdida de una batalla en vez de la guerra. Cuando el rey está en el punto de mira, siempre hay un poco más de presión, responsabilidad y tensión. La ta­ rea defensiva se agrava por el hecho de que un simple desliz, el pasar por alto un solo factor, por sencillo que sea, podría ser desastroso. Aquí te­ nemos un buen ejemplo de un GM de alto nivel que por propia voluntad se sienta en el lado incó­ modo de un ataque por el flanco de rey, pero me­ tiéndose en problemas.

P. H. Nielsen-Kotronias

Hastings Premier, 2003-2004

N

Algunas aperturas y defensas son más procli­ ves que otras a producir situaciones en las que de­ fenderse con exactitud es de importancia capital. En casos así, el medio juego puede ser tan tenso que, en cada jugada, la línea que separa la victoria de la derrota es finísima, y la suerte del jugador de­ pende de lo bien que trabaje bajo presión. La po­ sición del diagrama es una línea principal, típica, de la Defensa India de Rey, en la que las blancas cifran sus esperanzas en imponerse por el flanco de dama, dada la ventaja territorial que tienen allí; las negras, en cambio, obtienen un ataque por el flanco de rey que dista mucho de ser sutil. No es de extrañar que ambos bandos tengan excelentes oportunidades de victoria. Veamos cómo la partida subió algunos grados de temperatura.

25 . . . . , g4

Después de concentrar tropas en el flanco de rey, las negras ya están listas para lanzar el ata­ que.

26. i_xa5, . . .

Mientras tanto, las blancas han ido combi­ nando el juego preventivo en el flanco de rey con maniobras activas en el otro flanco.

26 . . . . , �es

Tomar en a5 y permitir 1d xc8 es de todo pun­

prácticamente abandonando e l flanco d e dama en su búsqueda de la gloria.

27. h4, gxf3 28. i.,xf3, i.,g4

B

Renovando la presión en la columna «g ... Nótese la importancia que tiene la torre de g7 en el ataque.

29. i.,xg4, ..•

29. {¡jc7?, i.,xt3 30. {¡jxe8, � xg2+ 31 .

�h1 ,

b!.

g3+ 32. � h2, ti:Jfg4+ da mate.

29 .... , l¡jtxg4 30. i.,b6, •..

El atareado alfil blanco, tras haber suprimido el peón de a5, desempeña un papel clave en la defensa.

30 . ... , Vjjje7

Atacando h4.

31 . 0Jxg4, 0Jxg4 32. i.,f2, •••

N

El alfil defiende tanto e3 como h4, y el cambio de un par de piezas menores ha disminuido algo -pero no del todo- la presión. Desde que nos in­ corporamos a la partida, las blancas también se las han ingeniado para embolsarse un peón suple­ mentario; teniendo en cuenta el alfil de f8 (que a

menudo tarda en intervenir en esta línea, ya que las negras tienen tropas suficientes con las que atacar), mantener cohesionado el flanco de rey debería bastar para llegar a un final aceptable. Por

ejemplo, jugar enseguida 32 . . . . , l¡jxf2?! 33.

Vjjjxt2, llg434. l:ra1 , VJ!ixh4? 35. VJ!ixh4, l:txh4 36. a5, � g4 37. �f1 es desagradabilísimo para el bando negro. Sin embargo, Kotronias no tiene la intención de quitar el pie del acelerador, y las blan­ cas deben esperar que el asalto continúe. ¿Cómo se sentiría usted en la piel de las blancas?

32 . . . . , f3!

Las negras todavía tienen recursos suficientes para plantear más problemas defensivos al primer jugador. La textual pone de relieve una vez más la influencia de la torre. Lo mejor que tienen las blan­

cas ahora es 33 .

.!le?,

fxg2 34. � a1 , usando

con eficacia el peón enemigo como protección y preparándose para eliminar la torre y trasladar la acción al flanco de dama. Quizás al bando blanco no le hacía ninguna gracia la perspectiva de que la dama adversaria llegara a f4 o incluso a h3 o qui­ zás ni siquiera estudió tal posibilidad, porque su próxima jugada era, sencillamente, parte de su es­ trategia de contención en el flanco de rey.

33. g3??, . . .

Ahora e l punto e3, l a columna « g » y h 4 están defendidos, y aparte de que � c7, seguida de !1xg7, sigue ahí, también hay que estudiar U c3xf3. Sin embargo, dado que Nielsen está contento con sentarse en el lado de las blancas de esta violenta línea y está preparado para tra­ tar con el flujo constante de piezas enemigas que van hacia su rey, sí debería haber estudiado la próxima jugada de las negras.

33 . . . . , l¡je3!

34 E R R O R E S G A R R A F A L E S E N A J E D R E Z . C O N O C E R L O S . E V I T A R L O S

Esto pedía a gritos que se jugara en cuanto el peón llegó a f3, lo que hace que el error garra­ fal de las blancas sea más desconcertante. Tene­ mos un caso de pieza sobrecargada; el caballo ha ido a e3 de todos modos, minando la defensa de g3, y para colmo de males el peón de h4 tam­ bién está colgando debido a la clavada.

34. i,xe3,

Il

xg3+ 35. rj;>f2, •..

35. Wh1 ,

br

h3+! conduce por fuerza al ma­

te, así que las blancas deben ceder la dama. 35 . . . .

, br

g2+ 36. rj;>xf3,

br

xc2 37.

br

xc2,

N

La torre y el caballo no son rival para la da­ ma, y el rey está expuesto. Las negras concluyen la partida asépticamente.

37 . . . . , �xh4 38. 1:r g1 , . . .

O bien 38 . .l:ic4, �g4+ 39. rj;>f2, i,e7 40. rj;>e1 , i,h4+ 41 . i,f2 (41 . rj;>d2, 'l!lVg2+), g f8, con ventaja decisiva; p. ej. : 42. i,xh4, �xh4+ 43. rj;>e2, 'l!lVg4+ 44. rj;>e1 , �g3+ 45. rj;>e2, �g2+, etc.

38 . . . . , .i:r xa4 39. i2Jc3,

1::!.

c4 40. rj;>e2, i,h6!

B

Bonito toque. 41 . i,b6, . . .

41 . i,xh6, 'iVh2+; 41. ld gc1 , i,xe3 42. 'íitxe3, �g3+ 43. 'íite2, h4.

41 . . . . , lhe4+

o

- 1

Si, a cambio de obtener la iniciativa o una es­ trategia favorable en un determinado sector del tablero, el jugador quiere permitir que su rey se vea sometido a ataque, debe estar preparado pa­ ra caminar por una cuerda muy delgada. Si la ex­ periencia le sugiere que usted propende a pasar por alto la táctica o truco ocasionales, el mejor consejo es que evite aperturas que conlleven se­ mejantes obligaciones defensivas. Sin embargo, una actitud así es poco constructiva, y, como de costumbre, es más sensato situarse en el feliz término medio.

Es imposible evitar que el rey esté en el pun­ to de mira con independencia del repertorio de aperturas que utilice, así que prepárese y sea consciente de las situaciones en las que se re­ quiere una defensa más circunspecta de lo habi­ tual. En este ejemplo, lo interesante es que el error de las blancas se dio justo cuando parecía que habían capeado el temporal; las tropas de ataque del enemigo se habían reducido, y la ven­ taja del primer jugador en el flanco de dama era más perceptible. Es en este estadio, cuando co­ menzamos a percibir la recompensa por el traba­ jo bien hecho, cuando somos propensos a que se nos escape algo.

Otro problema surge cuando nos dan jaque y tenemos más de una opción. Tendemos a tratar tales decisiones como especiales, críticas inclu­ so, porque el objetivo es el rey (pese al hecho de que un jaque es una jugada como cualquier otra), y esta tensión adicional puede provocar equivo­ caciones. Kaspárov fue víctima de esto contra el joven Krámnik en Linares en 1 994.

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