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Eect of Risk Adjustment on the Characteristics of Subgroups

2.5 Results

2.5.2 Eect of Risk Adjustment on the Characteristics of Subgroups

Sobre el concepto de formación profesional se pudo encontrar diversos enfoques; por ejemplo, Barrón-Tirado, Rojas-Moreno & Sandoval-Montaño (1996), citan la afirmación de Gadamer: “la formación implica un proceso histórico de apropiación de cultura, por el que el sujeto adquiere aquello en lo cual y a través de lo cual se forma”; de esta manera, el proceso de formación es relacionada con la cultura y la sociedad.

Gonzales-Maura, Viviana, Gonzales-Tirados (2008, p.188) añaden una variable, “competencia profesional” y argumentan:

El enfoque de competencia profesional se consolida como una alternativa atractiva para impulsar la formación en una dirección que armonice las necesidades de las personas, las empresas y la sociedad en general, dibujando un nuevo paradigma en la relación entre los

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sistemas educativo y productivo cuyas repercusiones en términos de mercado laboral y gestión de recursos humanos no han hecho sino esbozarse en el horizonte del siglo XXI. En otras palabras, hablar de competencia profesional equivale a formación universitaria. García (2016, p.1) afirma al respecto: “la formación universitaria, es esa oportunidad que tenemos los individuos, de optar por una educación académica, basada en el desarrollo del pensamiento crítico y en el uso de herramientas educativas para obtener un nivel de formación que nos prepare en lo personal y laboral”. Esta es la esperanza con que el estudiante ingresa en las universidades.

El proceso de formación no se puede entender sólo del lado de la capacitación o habilitación, porque requiere un proceso de mayor trascendencia formativa que viabilice una preparación especializada, cuyo proceso prepara al estudiante en un agente capacitado, activo en plantear y resolver problemas de conocimiento con sentido de compromiso social (Barrón-Tirado et al., 1996). El desarrollo social será producto del desarrollo cultural, de la formación.

¿Qué es formación profesional? Se encontraron varios enfoques sobre la formación profesional, la cual tiene relación con la apropiación de la cultura, cuyo producto será el desarrollo social que todos soñamos; también con la competencia profesional que logre armonizar las necesidades de la personas, empresas y sociedad; inclusive con la formación basada en pensamiento crítico que prepare en los aspectos: personal y laboral del estudiante.

Por otra parte, Vicente-Palop (2013, p.188) expresa que “Podemos considerar la FP como instrumento válido para el desarrollo, ya que forma al individuo para la inserción profesional especializada y para la creación de tejido productivo, pero si esta formación no tiene el sustrato de la EP, no podrá germinar en forma de desarrollo”.

Desarrollo histórico

El desarrollo de la humanidad ha sufrido una serie de cambios; la formación del profesional coexistió siempre con el desarrollo del conocimiento, tornándose este en el eje central y

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principal en el proceso de desarrollo social. Arceo, Ramos, Almeida, & Jerónimo (2014, p.5) afirman: “En el actual entorno económico en el que se vive, la enseñanza universitaria se convierte en factor clave para el desarrollo de cualquier tipo de organización”.

Asimismo, Gadamer (citado por Barrón-Tirado et al., 1996, p.2), afirma “la formación implica un proceso histórico de apropiación de cultura, por el que el sujeto adquiere aquello en lo cual y a través de lo cual se forma”. El estudiante necesita ser preparado de forma integral: físico, mental y espiritual.

Estas ideas sobre enseñanza y aprendizaje muestran que el ser humano, por naturaleza, no es lo que debe ser y, por consiguiente, precisa ser formado (Barrón-Tirado et al., 1996). Por eso el estudiante no sólo necesita estar capacitado, sino debe desarrollar otras habilidades y funciones importantes para su desempeño.

De las afirmaciones anteriores originaron diferentes discusiones; por ejemplo, el origen de las profesiones, que, según Barrón-Tirado et al. (1996), “se entreteje con el desarrollo de los procesos de industrialización y los valores, saberes y prácticas profesionales que se generan, se insertan en un contexto político cultural específico”; en efecto, los puestos de trabajo y cada puesto son cubiertos de acuerdo con un perfil deseado.

En la edad media, la formación profesional debía cumplir las exigencias de los gremios, clasificándolos en aprendices, oficiales y maestros. La era de la industrialización cambió por completo el concepto mismo de “formación” ligado más a un saber profesionalizante y a la dinámica económica de cada país (Barrón-Tirado et al., 1996).

Muchos autores afirman que la sociedad pasó por tres grandes periodos. Alvin Toffler lo resume en tres olas; la primera, la productividad económica de la tierra; la segunda, la era de revolución industrial; y la tercera, la era del conocimiento (Rudas-Murga, 2017).

La gestión del conocimiento trajo consigo nuevas tecnologías, induciendo a la sociedad hacia el fenómeno llamado “la globalización”, que, según Alvin Toffler, abre las puertas a la tercera

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ola de la historia. Al abordar el tema de la educación popular en una de las ponencias presentadas al congreso pedagógico nacional de Colombia, nos muestra tres corrientes históricas bien marcadas en la sociedad latinoamericana, dichas corrientes nos dicen:

1. La educación popular del siglo XVIII como una iniciativa cuyo fin tenía la independencia frente a un poder cuyo centro era Europa, en este contexto, la formación popular cumplía su rol de crear nuevas conciencias de identidad y emancipación nacional, tal actividad era acompañada con la enseñanza de algunos oficios que eran complementados con la adquisición de saberes teórico-prácticos que permitían la aproximación entre clases sociales.

2. La educación popular como defensa del trabajador (obrero) inicios de 1900, se piensa en la formación de los hijos de los trabajadores, estructurando de esta manera como un refugio de los intereses de la clase obrera; movimientos que se gestaban con mayor fuerza en la misma Europa como resultado de la naciente era de la revolución industrial.

3. La educación popular como defensa de la brecha social, allá por el año de 1950, afirma el autor, que fue la época de mayor producción de saberes, no sólo en lo que concierne a la didáctica, sino también fue grande en su aportes metodológicos y filosóficos (Mejía, 2001).

Esta afirmación histórica puede ser ratificada con la afirmación de Casanova (2003), quien luego de un estudio de las razones de la formación profesional concluye: cuando tocamos el tema de formación, seguido por el adjetivo “profesional”, tácitamente podemos entender que se trata del proceso de formar personas para el trabajo; pero si lo observamos desde el punto de vista de los demandantes (estudiantes), ofertantes, tendríamos que hacernos dos preguntas más, las cuales desarrollaremos a continuación.

La primera pregunta: ¿si la afirmación de la pregunta del párrafo anterior es sí, entonces donde quedan aquellos que trabajan por cuenta propia, o a los que realizan trabajos no remunerados? (Casanova, 2003).

La segunda pregunta: ¿será suficiente que en el proceso de formación profesional se tenga en cuenta sólo aspectos o saberes de carácter técnico, o debemos abrir el horizonte para hacer de la formación profesional logre una visión más completa de la vida? Esta pregunta se refiere al hecho de que si el egresado logró comprender aquellas cuestiones relativas a su desarrollo

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personal, cultural y político y entender el medio donde se desarrollará como profesional (Casanova, 2003).

Tabla 22

Evolución del concepto de formación profesional

Año Definición

1939 La OIT a través de su Recomendación 57 decía: La expresión formación profesional designa todos los modos de formación que permitan adquirir o desarrollar conocimientos técnicos y profesionales, ya se proporcione esta formación en la escuela o en el lugar de trabajo.

1961 La OIT a través de su Recomendación 117 expresaba que la formación no es un fin en sí misma, sino un medio de desarrollar las aptitudes profesionales de una persona teniendo en cuenta las posibilidades de empleo y de permitirle hacer uso de sus capacidades como mejor convenga a sus intereses y a los de la comunidad; la formación debería tender a desarrollar la personalidad, sobre todo cuando se trata de adolescentes.

1975 La OIT a través de su recomendación 150-1975 dice: para efectos de la presente Recomendación, la calificación profesional de los términos orientación y [formación] significa que la orientación y la formación tienen el objeto: descubrir y desarrollar las aptitudes humanas para una vida activa productiva y satisfactoria y, en unión con las diferentes formas de educación, mejorar las aptitudes individuales para comprender individual o colectivamente cuánto concierne a las condiciones de trabajo y al medio social, e influir sobre ellos.

2000 En su Resolución sobre el desarrollo de los recursos humanos, expresa lo siguiente:

 No sólo las personas y las empresas se benefician de la formación, sino que también lo hacen la economía y la sociedad en general.

 La formación pone de relieve los valores fundamentales de una sociedad de equidad, justicia, igualdad de trato entre hombres y mujeres, no discriminación, responsabilidad social y participación.

 La formación (junto a la educación) son componentes de una respuesta económica y social a la mundialización.

 La formación (y la educación) no resuelven por sí mismas el problema del empleo, pero contribuyen a mejorar la empleabilidad de las personas en unos mercados internos y externos que cambian rápidamente.

 La formación profesional ha de estar integrada y articulada con las políticas económicas, de empleo y de otra naturaleza.

 La educación y la formación constituyen un derecho para todos.

 Los interlocutores sociales deberían fortalecer el diálogo social sobre la formación, compartir responsabilidades en la formulación de políticas de

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formación y educación y concertar acciones entre ellos o con los gobiernos para invertir en la formación, planificarla y llevarla a cabo.

Fuente: Casanova (2003).

Por tanto, los inicios de formación está en la educación popular, de la cual emerge la formación profesional con potenciales y características únicas, se podría decir que la educación popular puede ser considerada base del proceso de formación profesional, porque ambos son corrientes formativas, cuyos objetivos son muy semejantes, se nutren mutuamente para favorecer el desarrollo social con valores: inclusión, la participación, la sostenibilidad; sólo así podremos estar al menos insinuando ingresar en una formación para el desarrollo de los pueblos (Mejía, 2001).

En tal sentido, las universidades tienen la gran tarea de seguir atendiendo el desarrollo de la gestión de conocimiento. Arceo et al., (2014, p.5) dicen: “hacer de la GC la tarea cotidiana del quehacer educativo, y elevar la calidad de vida en función de las capacidades de aprendizaje de los alumnos, es un proceso fundamental de las instituciones educativas de hoy”.