Getting into Wage Labour
4.4. E m ploym ent as loss
Antes de proseguir, permíteme hacer una breve aclaración. Se la debo a aquellos anarquistas que no son comunistas.
Porque has de saber que no todos los anarquistas son comu- nistas; no todos ellos creen que el comunismo –la propiedad social y la distribución de acuerdo con las necesidades– sería la mejor y más justa ordenación económica.
Te he explicado, primero, el Comunismo Libertario, porque él es, según yo lo aprecio, la forma social más práctica y deseable.
Los comunistas libertarios sostienen que sólo bajo condi- ciones comunistas podría prosperar la anarquía, que asegura- ría a cada cual, sin distinción alguna, igual bienestar, justicia y libertad.
Pero hay anarquistas que no creen en el comunismo. Se les puede clasifi car generalmente como individualistas y mutualis- tas77, son no obstante, completos anarquistas, puesto que son
incrédulos con respecto al gobierno y a la autoridad política de cualquier clase.
Todos los anarquistas están de acuerdo en la postura funda- mental de que el gobierno signifi ca injusticia y opresión, que es invasor y esclavizador, y que es el mayor obstáculo en el camino del desarrollo y la evolución humana. Todos ellos creen que sólo puede existir libertad en una sociedad donde no haya coacción de ninguna clase. Por lo tanto, todos los anarquistas se apoyan en el principio básico de la abolición del gobierno.
Generalmente disienten sobre los siguientes puntos:
Primero. El modo en que se llegará a la anarquía. Dicen los comunistas libertarios que sólo una revolución puede abolir el gobierno y establecer la anarquía, mientras que los anarquistas individualistas no creen en la revolución. Piensan que la socie- dad actual irá desplazándose del gobierno hacia una situación no gubernamental.
Segundo. Los anarquistas individualistas y mutualistas creen en la propiedad privada, al contrario que los comunistas liber- tarios, que ven en la institución de la propiedad privada una de
77 Los mutualistas, sin embargo, no se denominan a sí mismos anarquistas,
las principales causas de injusticia y desigualdad, de pobreza y miseria. Los individualistas y mutualistas mantienen que libertad signifi ca “el derecho de cada cual al producto de su esfuerzo”, lo que, desde luego, es verdad. Libertad quiere decir eso. Pero la cuestión no está en que uno tenga derecho a su producto, sino en si existe el llamado producto individual.
He apuntado en capítulos anteriores que tal cosa no existe en la industria moderna, todo el trabajo y el producto del tra- bajo son sociales. Por lo tanto, el argumento del derecho del individuo a su producto no se puede tener en cuenta, ya que no tiene un valor práctico.
He demostrado también que el intercambio de productos o artículos no puede ser privado o individual, a menos que se emplee el sistema de búsqueda de benefi cios. Desde el momento en que no puede determinarse el valor de un producto, ningún intercambio es equitativo. Este hecho conduce –en mi opinión– a la propiedad y al uso social, es decir al comunismo como sis- tema económico más práctico y justo.
Pero, según se ha establecido, los individualistas y mutualis- tas disienten en esto de los comunistas libertarios. Aseguran que la causa de la desigualdad económica es el monopolio, y argu- mentan que éste desaparecerá con la abolición del gobierno, puesto que el monopolio es un privilegio especial concedido y protegido por el gobierno, que es quien lo hace posible. La libre competencia, dicen, acabará con el monopolio y sus males.
Los anarquistas individualistas, seguidores de Stirner y Tucker, así como los anarquistas tolstoianos que creen en la resistencia pasiva, no tienen un plan muy claro de la vida económica bajo la anarquía. Por otro lado, los mutualistas proponen un nuevo sistema económico. Creen, con su maestro, el fi lósofo francés Proudhon, que el banco mutuo y los créditos mutuos sin intere- ses serían la mejor organización económica de una sociedad no gubernamental. Según sus teorías, el crédito gratis, concediendo a cada uno la oportunidad de recibir dinero prestado sin interés, tendería a igualar los ingresos y a reducir las ganancias al mínimo, eliminando así tanto la riqueza como la pobreza.
Crédito libre y libre competencia, dicen, producirían igual- dad económica, mientras que la abolición del gobierno asegura- ría la libertad. La vida social de la comunidad mutualista, como
también la de la sociedad individualista, estaría basada en la santidad del acuerdo voluntario, del contrato libre.
No he dado aquí más que un más breve bosquejo de la acti- tud de los anarquistas individualistas y mutualistas. No es el objetivo de este libro tratar en detalle aquellas ideas anarquistas, que el autor juzga erróneas e impracticables. Siendo comunista libertario, me interesa mostrar al lector los puntos de vista que considero mejores y más completos. Pensé, sin embargo, que era legítimo no dejarte en la ignorancia respecto de la existencia de otras teorías anarquistas no comunistas. Para un conocimiento más a fondo de tales teorías, te remito al apéndice de libros que tratan de anarquismo en general78.
Capítulo XXIV