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Econometric methodology

7. Household level data analysis

7.3 Econometric methodology

Sin embargo, los revolucionarios de La Chontalpa a pesar de los intentos de Pedro C. Colorado, seguían careciendo de un mando único. Cada agrupación tenía su propio jefe con su propio cuerpo de oficiales que se manejaban con suficiente autonomía. Pero también es cierto que era frecuente que en una acción de cierta relevancia, que requiriera mayor cantidad de tropa, varios de estos grupos solían unirse y organizarse. Persistente en su empeño, Pedro C. Colorado intentaría de nuevo integrar a todos los revolucionarios de la región y para ello acudió a Mecatepec, a proponer a los demás jefes que se formara un mando único y que en el futuro, las acciones se realizaran con base en un plan que debía discutirse y aprobarse por todos ellos. Con este propósito, el 23 de agosto, Rafael Aguirre Colorado y Juan Bautista Damiani presentaron un plan denominado Bases Orgánicas de Mecatepec. Finalmente, no se lograron los objetivos deseados y la lucha continuó tal como se había estado haciendo.254

Los jefes Carlos Greene y Aurelio Sosa Torres, en común acuerdo con Isidro Cortés y José M. Jiménez pusieron sitio a la ciudad de Cárdenas los días 16, 17 y 18 de agosto de ese activo año de 1913. La lucha fue intensa y los atacantes no pudieron vencer a los defensores de la plaza, por lo que tuvieron que levantar el sitio y cada grupo tomó su propio rumbo.255

El 25 de abril de 1913, Mestre presentó su renuncia al Congreso local y Victoriano Huerta envió como gobernador a Tabasco al brigadier Agustín Valdés, quien fue sustituido por el general Agustín Yarza, en agosto de 1913.

Por el extremo oriental de la entidad, en la región de Los Ríos, caracterizada en esa época como territorio donde proliferaban las compañías madereras que explotaban la selva lacandona, Luis Felipe Domínguez Suárez, hombre de posición económica acomodada, originario del municipio de Balancán y primo de José María Pino Suárez, se adhirió al movimiento maderista.256 Tras los acontecimientos de la Decena Trágica,

254Ibid., p. 267. 255Ibid., p. 268.

256 José Rogelio Álvarez (Director), op. cit., v. I, p. 162, ofrece la siguiente semblanza biográfica de Luis Felipe Domínguez: Nació en Balancán, Tab., en 1869 y murió en Jalapa, Ver., en 1930. Dedicado a las labores del campo, propietario de fincas. A fines de 1910, escondió en una de sus propiedades a su primo José María Pino Suárez perseguido por el régimen porfirista. Domínguez acompañó a Pino Suárez en su huída hacia Guatemala y Belice, donde éste último habría de embarcarse hacia los Estados Unidos para

Domínguez se entrevistó con Venustiano Carranza, de quien obtuvo el grado de general. En marzo de 1914, agrupó a peones y hacendados de la región para integrar la Brigada Usumacinta y luchar contra Huerta y Alberto Yarza (.

A mediados de ese año, fue nombrada una comisión de revolucionarios de La Chontalpa integrada por Rafael Genesta, Nicolás Aguilera, Antonio Hernández Ferrer, Alcides y Alfonso Caparroso y el Ing. Rafael Aguirre Colorado para entrevistarse con Venustiano Carranza de quien recibieron armas que introdujeron a Tabasco por la barra de Santana. Posteriormente, en julio de ese año, Carlos Greene viajó al Norte y también se entrevistó con el Primer Jefe. Además pudo hablar, en Tuxpan, con el general Cándido Aguilar, de quien obtuvo dinero, armas y parque para continuar la lucha.257

Con estas armas se enfrentaron a los federales que defendían Paraíso el 21 de agosto, a cuyo mando estaba el coronel Jacobo Márquez Alejandro, quien era militar de carrera, egresado del Colegio Militar y oriundo de ese mismo pueblo. Bulnes refiere que el combate fue encarnizado entre los aproximadamente dos mil revolucionarios y los 150 federales que defendían la plaza. Y gracias al arrojo de Carlos Fidias Sáenz y Miguel Noverola, que atacando por la retaguardia pudieron vencer. Allí se tomaron prisioneros al coronel Márquez y a un grupo de defensores de la plaza y fueron fusilados, unos al día siguiente y los restantes, tres días después, lo que indica que no hubo ningún tipo de juicio o cosa que se le pareciera, previo al fusilamiento.258 “La falta de comunicaciones originó que se realizara esa matanza, pues ninguno de los que allí pelearon sabía que ocho días antes, el día 13 de agosto, se había firmado el Tratado de Teoloyucan, que ponía fin a la lucha entre los revolucionarios constitucionalistas y el gobierno federal”.259

Cuando en el plano nacional el ejército constitucionalista derrotaban a Huerta en agosto de 1914, los revolucionarios de La Chontalpa y de la Brigada Usumacinta

reunirse con Francisco I. Madero que ya se encontraba en Chihuahua. Domínguez se incorporó a las fuerzas de Manuel Castillo Brito, combatió en Campeche y, al triunfo del movimiento, fue licenciado con el grado de coronel. Fue gobernador del estado del 31 de agosto al 1º de diciembre de 1914 y del 16 de septiembre de 1916 al 10 de mayo de 1917. Tras el reconocimiento oficial del general Carlos Greene como vencedor de las elecciones de 1918 para gobernador, en las que Domínguez había contendido, se retiró a la vida privada en Jalapa, Veracruz.

257 Manuel González Calzada, op. cit., p. 154. 258 José Bulnes, op. cit., pp. 31 y 32.

tomaban el control del estado de Tabasco. El gobernador huertista general Alberto Yarza mandó llamar al general Luis Felipe Domínguez, que se encontraba en su cuartel de Siquiscab en el municipio de Tenosique, para entregarle el gobierno y la comandancia militar. Por su parte los generales revolucionarios de La Chontalpa, Carlos Greene y Ramón Sosa Torres, al frente de la “Brigada Sosa”, acuartelados en El Golpe, pequeña población que se encuentra en la zona costera del municipio de Cárdenas, al enterarse de la designación de Luis Felipe Domínguez, intentan, mediante una misiva, fechada el 25 de agosto, disuadirlo para que no aceptase el cargo, haciéndole ver que se trataba de una estratagema de los huertistas. Pues

… una vez usted en el poder, sin habérsenos tomado en cuenta para nada, como hasta estos momentos está sucediendo, fomentarán en usted la idea de que nosotros somos opositores sistemáticos de su gestión administrativa, y que sería de altísima conveniencia para usted disolver nuestras tropas, apartar a los principales jefes revolucionarios, y eliminar de los puestos públicos a nuestros elementos intelectuales […] Al efecto ya iniciamos nuestra marcha hacia la capital del estado, pues para ello contamos con magníficos elementos de guerra […] que nos servirán para hacer respetar nuestros indomables y honrados fines [...]

Nuestra opinión es que aplace usted cualquier resolución que quiera darle a las proposiciones que se le hagan, hasta ponernos en contacto directo […] ya iniciamos nuestro avance sobre la capital, contando con que usted haga lo mismo, para que converjamos simultáneamente sobre dicho punto, para hacer efectivo el Plan de Guadalupe.260

El 31 de agosto de 1914, el revolucionario de la región de Los Ríos asumió el cargos, y después de hacerlo, contestó la carta a Greene y Sosa Torres desde San Juan Bautista en donde expresa que

Me extraña sobremanera la versión que ustedes me indican respecto a que se me ha ofrecido el gobierno del estado, imponiéndome condiciones que atacan directamente a ustedes, y a nuestro principios.

Declaro con la sinceridad que uso para todas mis cosas que a nadie, ni de la pasada ni de la presente situación, me ha ofrecido tales cosas, pues si yo he venido a

esta capital no he sido llamado por grupo alguno. He venido a cumplimentar una orden del Primer Jefe, y los acontecimientos que para el cumplimiento de ella se desarrollaron, acatando el Plan de Guadalupe, me hizo asumir el poder en el estado.261

Esta controversia entre jefes revolucionarios, si es analizada solamente a través del intercambio epistolar, parecería que es Domínguez quien habla con la verdad, pero si se juzga por las implicaciones que tuvo el nombramiento de Domínguez, la verdad estaría del lado de Greene, principalmente por dos razones: los revolucionarios de La Chontalpa habían sido en realidad quienes habían combatido a los huertistas, además de que el propio Carlos Greene ya se había entrevistado con el Primer Jefe, tal como lo había hecho la comisión designada para tal efecto y es claro que Carranza confió en ellos y por eso les apoyó. Además, Greene y su gente habían demostrado, con los fusilamientos de los oficiales huertistas y con otras acciones no sólo su intransigencia a negociar con el enemigo, sino también su radicalismo y anticlericalismo. Se les solía acusar de poco caballerosos y hasta ignorantes.

Por ello fue más fácil para los huertistas negociar con las fuerzas de Domínguez, ya que garantizaba así lo que sucedió finalmente: los huertistas salieron tranquilos, con toda clase de garantías […] Eso explica en cierta forma la posición que asumió Carranza cuando [poco después] dio su apoyo a Greene y no a Domínguez, de quien en términos personales se hallaba más próximo.262

Surgen de este modo las dos facciones que lucharían por el poder político del estado en los años siguientes, identificadas por sus orígenes regionales: La Chontalpa, bajo el liderazgo de Carlos Greene, y Los Ríos, bajo el de Luis Felipe Domínguez. Aunque localmente enfrentadas, ambas facciones estaban adheridas al constitucionalismo.

Casi de inmediato, el 19 de septiembre, Domínguez, con la asesoría política de José Domingo Ramírez Garrido, decretó la abolición de la servidumbre por deudas. Posteriormente, una reunión de jefes revolucionarios designó gobernador del estado a Carlos Greene en octubre de 1914. El historiador Alfonso Taracena afirma que en

261Ibid., p. 29.

262 Carlos Marínez Assad, “El rayo de la guerra. Carlos Greene y la Revolución den Tabasco” en Carlos Martínez Assad (coord.), Estadistas, caciques y caudillos, México, Instituto de Investigaciones Sociales_UNAM, 1988, p. 197.

febrero del año siguiente, Greene fue llamado por Carranza para combatir a los convencionistas en el Estado de México y éste entregó el mando al general Aquileo Juárez263. En tanto que Alan Knight agrega que por indisciplinado, Greene había caído de la gracia de Carranza y por ello éste le llamo a Veracruz y le sustituyó en el mando, al tiempo que ordenaba la movilización de tropas desde el vecino estado de Campeche para neutralizar las fuerzas de Greene, en caso de que quisiera oponerse a los designios del Jefe Máximo. Por su parte, Aquileo Juárez, después de un breve período de calma, y como tabasqueño que era, se identificó más con los intereses locales en vez de guardar, tal como lo esperaba Carranza, mayor lealtad hacia el régimen nacional. Fue en esa lógica que el recién nombrado gobernador de Tabasco devolvió las propiedades confiscadas a sus antiguos propietarios, además de que se comentaba que era un “villista encubierto”, es decir, un enemigo del propio Carranza.264 Por esta razón, el coahuilense decidió sustituir a Juárez por Pedro Cornelio Colorado, lo cual produjo una rebelión en San Juan Bautista encabezada por José Gil Morales y la tropa a su mando.

El saldo inmediato de esta rebelión fue el asesinato del Pedro C. Colorado el mismo día que tomó posesión como gobernador del estado, de varios oficiales y de familiares de éstos, el 29 de agosto de 1915.265

Carranza no estaba dispuesto a tolerar esas manifestaciones de regionalismo violento que producían inestabilidad y complicaban la gobernabilidad del estado. Todo ello atentaban contra los propósitos de unidad nacional del Jefe Máximo, a lo que hay que agregar el riesgo de que una rebelión en Tabasco podría sumarse a otras en Veracruz, Oaxaca y Chiapas, en donde también había fuertes expresiones de regionalismo que se oponían al ejercicio del poder centralizado.

Alan Knight al respecto sostiene que Carranza, después de las designaciones hechas en Tabasco, se dio cuenta que había cometido un error al confiar en las fuerzas

263 Alfonso Taracena, op. cit., pp. 303-305. 264 Alan Knight, op. cit., p. 974.

265 José Gil Morales era un “revolucionario de tipo indígena, inclinado al villismo –según se decía-, bien vestido, muy bien reputado en su medio; no hacía mucho que había salido de la cárcel, adonde había ido a parar por haber dado muerte a un hombre durante una diputa en un salón de baile. Para el gobierno central, [la rebelión de] Gil Morales representaba ‘reacción’, villismo y provincialismo contagioso. Para Gil Morales, se trataba de un asunto puramente tabasqueño, sin repercusión nacional; ‘nuestra revuelta –dijo- no es contra el primer jefe del ejército constitucionalista… porque es simplemente local’, ibid.

revolucionarias locales (pues hay que recordar que Domínguez, Greene, Juárez y Colorado eran todos revolucionarios tabasqueños).