Chapter 4: Analysis and Results
4.3 Exploratory factor analysis
4.3.1 EFA procedural considerations
a) Tasa de actividad, empleo y paro
Durante los últimos catorce años, el promedio del empleo en la Unión Europea ha aumentado levemente (66,2% en 1999 a 68,5% en 2013) (Figura 2). Esta tendencia ha sido más pronunciada en España hasta el fin del ciclo expansivo (58,4% en 1999 a 69,7% en 2007). De ahí en adelante, ha decrecido hasta el año 2013. Pese al período de auge, el promedio de empleo español es más bajo que el de la UE durante todo ese
64
Estudio N° 2942 “Familia y Género (II) (ISSP)”, abril-junio 2012.
65 Estudio N°2529 “Familia y Género (ISSP) relación familia y trabajo remunerado, acuerdos familiares”,
junio de 2003. Encuesta aplicada a la población española de ambos sexos de 18 y más años. 66
CIS, op.cit.
67 Tobío, C. (2001) “Family and Employment in Spain: Working Mothers’ dilemmas”, ponencia
presentada en la Conferencia Internacional sobre Progressing Gender Relations in Europe: Questions of Equality in Paid and Unpaid Work, organizado por la Universidad de Salford, en Salford del 6 y 7 de septiembre.
68 Encuesta aplicada a directivos y directivas de empresas con 6 o más empleados de ambos sexos de 30 a
60 años de edad, CIS (2007), Estudio N° 2744 “Mujeres directivas”. 69
CIS, op.cit.
70 Estudio N° 2997 Barómetro de septiembre de 2013.
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tiempo, a excepción del 2006 cuando ambas cifras se igualan en torno al 69%. Tanto en el promedio regional como en el nacional, las tasas de empleo alcanzan su más alta cifra en 2006, disminuyendo con lentitud en la UE y más aceleradamente en España.
En la UE, las mujeres presentan tasas de empleo más bajas que los hombres. Entre las mujeres el período se inicia en 1999 con una diferencia de 15% del promedio de la EU sobre las españolas, cifra que va disminuyendo hasta el 2007 con 3,5% y vuelve a aumentar hasta 8,9% en 2013. Entre los hombres, la distancia es más corta, incluso en algunos años (2000-2008), pero desde la crisis hasta el último año del ciclo estudiado (1999-2013) el empleo vuelve a caer superando el promedio de la EU y la brecha entre las mujeres.
La brecha de empleo entre los sexos se ha acortado de manera gradual y sistemática (19,2% en 1999 a 11,7% en 2013 a favor de los hombres) en la región; mientras que ha tenido una evolución más radical con reducciones importantes de la distancia que más adelante revisaremos con detalle en el país. Pese a los avances presentados por España, la brecha de género continuó siendo superior a la del promedio de la UE hasta el año 2011, cuando se revierte desde ese año.
Figura 1: Evolución de la tasa de empleo en España y Europa, 1999-2013
Fuente: EUROSTAT, 2014
Nota: durante los años 2005-2006 hay un quiebre en la serie en España
El empleo femenino español creció 17 puntos porcentuales entre 1999 y 2008 y desde ese tiempo hasta 2013 ha decrecido 3 puntos, mientras que, en el caso de los hombres, el empleo crece hasta el 2006 en 6 puntos y cae abruptamente 17 puntos desde el año siguiente. Como podemos ver, los hombres han sido fuertemente golpeados por la crisis con una dramática caída en la tasa de empleo más profunda que la de las mujeres.
El notable incremento del empleo femenino, pese a los vaivenes y la disminución de los últimos años, no oculta las dificultades que las mujeres encuentran en la búsqueda de empleo y su permanencia en él. En décadas anteriores se decía que la brecha de género en el mercado laboral se debía a una menor cualificación de la mano de obra femenina o a altas tasas de fecundidad que obligaba a las mujeres a dedicar
40 45 50 55 60 65 70 75 80 85 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 Total EU (27) Total España Hombres EU (27) Hombres España Mujeres EU (27) Mujeres España
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parte de su tiempo a las tareas del hogar, lo que reducía su disponibilidad para dedicarse al trabajo remunerado. Actualmente, tal argumento es insostenible porque ambos fenómenos se han revertido (aumentando el nivel educativo y reduciendo levemente el trabajo doméstico). Sin embargo, la brecha de género continúa en las características del empleo femenino, expresada en una segregación por rama productiva y ocupacional, temporalidad, empleo a tiempo parcial e inferioridad salarial. Además, la particularidad del empleo femenino español a tiempo completo -diferente al de otros países europeos- presiona aún más la carga de trabajo de las mujeres (Salido y Moreno, 2007).
El aumento progresivo de la participación laboral femenina fue permanente hasta el año 2012, incluso en los períodos recesivos de la economía (1993-1995) cuando el desempleo femenino alcanzaba el 30% y duplicaba al masculino. La brecha de género en desempleo ha sido una constante durante todo el período hasta 2008 cuando disminuye significativamente, acercándose casi a la paridad en la actualidad.
La situación de España, en el contexto mundial de la OCDE, muestra una disminución de la brecha de género en la fuerza laboral durante el período 2000-2010, aunque las tasas de actividad varían mucho de un país a otro, tal como lo indica la Figura 2.
Figura 2: Brecha de género en la fuerza laboral entre países de la OCDE (pobl.15- 64 años)
Fuente: OCDE, 2012 y ILO, 2012
España en el año 2000 se ubicaba sobre el promedio de la OCDE en la brecha de género laboral, siendo uno de los que ostentaba la distancia más amplia, sólo superado por México, mientras que, en el otro extremo, Finlandia tenía valores cuatro veces menores que España. Pese a ese panorama desalentador para la igualdad de género, la brecha española fue acortándose, aunque todavía se ubica en el último tercio de la cola de los países sobre el promedio de la OCDE.
Cabe destacar que si bien es el país que ha presentado el amortiguamiento de la brecha de género más pronunciado del grupo OCDE, ha sido al alero del empeoramiento de los hombres en el contexto de la crisis económica. Por su parte, las
0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 50 2010 2000
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actuales medidas de austeridad no terminan por decantarse, por lo que no está claro desde la perspectiva de género su efecto en la conformación del mercado laboral.
Si nos centramos en España, podemos observar evoluciones distintas de las tasas de actividad, empleo y desempleo según sexo (Figura 3). Esto nos permitirá ver los avances y retrocesos ocurridos en el último tiempo, especialmente considerando el brusco impacto que ha tenido la crisis económica sobre los indicadores laborales que se esconde en las cifras globales de la OCDE que vimos anteriormente.
Durante el período de estudio (1999-2013) la tasa de actividad de las mujeres sube de un 40,7% a un 53,3%, sosteniéndose con retrocesos mínimos en 2001 y 2013. En tanto, la tasa de empleo tuvo un alza menos espectacular con un quiebre a la baja desde 2009 que perdura hasta 2013 (alcanza su punto más alto con 43,9% en 2008 y un 38,9% en 2013). El gran avance del empleo femenino en tiempos de auge económico empujó a un crecimiento del empleo total sin precedente. El paro femenino era alto en 1999 (22,3%) disminuyendo hasta 2007 (10,9%); al año siguiente comienza un brusco y acentuado repunte hasta 2013 (27%). Desde el comienzo de la crisis hasta 2013, el empleo disminuyó en 5 puntos porcentuales y el paro creció 14 puntos.
Por su parte, la tasa de actividad de los hombres entre 1999 y 2013 creció hasta 2008 (65,9% y 69,5% respectivamente), al año siguiente experimentó una caída que se mantiene hasta el final del período (68,7% en 2009 y 66,2% en 2013). La tasa de empleo masculina sigue la tendencia anterior creciendo paulatinamente hasta 2007 (de 58,9% en 1999 a 64,9%) y desde 2008 cae (62,5%) con celeridad hasta el año 2013 (49,1%). Estos datos anuncian un desempleo alto, éste en 1999 era moderado (10,5%) comienza una baja hasta 2001 y un repunte al año siguiente, pero desde 2003 hasta 2007 cae nuevamente (8,5% a 6,4%). Desde el inicio de la crisis los datos engrosan el desempleo. En 2008, el paro masculino era 10,1% aumentando rápidamente hasta alcanzar un 25,8% en 2013.
Figura 3: Evolución de la tasa de actividad, empleo y paro por sexo en España, 1999-2013
Fuente: Encuesta de Población Activa (EPA). Instituto Nacional de Estadística Información actualizada al 21 de febrero de 2014
Nota 1: Los datos de 2001 a 2004 corresponden a la metodología EPA-2002 y los datos de 2005 en adelante a la metodología EPA-2005
Nota 2: Los porcentajes se han calculado sobre las cifras anuales, que corresponden a la media de los cuatro trimestres del año
Nota 3: 2001-2014 (IV Trimestre)
0.0 10.0 20.0 30.0 40.0 50.0 60.0 70.0 80.0 1999 2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 Ta sa de a ctivida d MUJERES Ta sa de empleo MUJERES Ta sa de pa ro MUJERES Ta sa de a ctivida d HOMBRES Ta sa de empleo HOMBRES Ta sa de pa ro HOMBRES
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La tasa de actividad de las mujeres españolas aumentó en todo el período (1999- 2013), mientras que la de hombres tendió a mantenerse con pequeñas variaciones al alza hasta 2008 (de 65,9% a 69,5%) y llegó al 2013 con una cifra más cercana al inicio (66,2%). El aumento de la participación laboral femenina y prácticamente el estancamiento del empleo masculino han provocado, como ya señalamos, una disminución en la brecha de género en la tasa de actividad (25,2% en 1999 a 12,9% en 2013).
Si comparamos los datos entre los sexos, a primera vista podemos decir, que el empleo femenino está sorteando la crisis mejor que el empleo masculino, que ha bajado a tasas inusuales, llevándose el peor impacto de la destrucción de empleo. Si bien el desempleo es más alto en las mujeres, es más dramática la subida del desempleo de los hombres. Pero tampoco esto indica que la posición de ella sea mejor. En este contexto de mayor desempleo masculino, las mujeres también han tenido que insertarse buscando mejorar el ingreso familiar y lo han hecho en situaciones de mayor vulnerabilidad (Alcañiz, 2014).
La tasa de empleo de los hombres siempre es mayor que la de mujeres, pero también presenta la caída más brusca, incluso llegando al final del período a un valor menor que el logrado al comienzo (58,9% baja a 49,1%). La brecha de género en la tasa de empleo en 1999 era alta (27,3%) y ha ido reduciéndose hasta 2013 (10,2%), sin que las variaciones de los empleos femenino y masculino hayan afectado su caída año tras año.
A medida que disminuye el empleo masculino y se ralentiza el femenino, ha crecido la tasa de paro en ambos sexos cuando se desata la crisis económica en 2008. En todo momento, el paro femenino es más alto que el masculino; sin embargo, cabe resaltar que la brecha de género ha tendido a disminuir durante todo el ciclo afianzándose esta situación hasta 2012 (brecha de 0.6 %) y comenzando a subir en 2013. A principios de siglo, la distancia entre ambas tasas de paro llega a 11,8% mientras que al finalizar el período la brecha es de 1,2%. Pese a que la disminución de la brecha de género puede interpretarse de manera positiva, lo cierto es que en 2013 la tasa de paro masculino es de 25,8% y la femenina es de 27%, por lo que no necesariamente significa un avance en la igualdad de género.
Pese al descenso de las tasas de paro a lo largo de la década del 2000, el problema del paro seguía estando en el primer lugar de las preocupaciones ciudadanas lo que revela que aún en los momentos de mayor empleo ha sido un asunto central para la opinión pública y para la clase política (Carabaña y Salido, 2007), quizás porque el mercado laboral español presenta tasas más volátiles con alzas y caídas –producto de las recesiones- con bastante más celeridad que otros países de EU(15).
Al comienzo de la crisis actual (2008-2009), la intensificación de paro (en 2,3 millones) tuvo como correlato un fuerte descenso del empleo, primero como efecto de la agudización del descenso del empleo masculino y luego la disminución del empleo femenino. En un comienzo el paro afectó a la construcción, y después vino la caída de las actividades de comercio, hostelería y todas las demás actividades de servicios, lo que
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nos muestra que la crisis de la construcción ha arrastrado a otros sectores (Toharia & Malo, 2009).
Respecto al empleo femenino, podemos decir que las mujeres dentro de los sectores de la economía siguen teniendo una parte desproporcionada pérdida del empleo. La recesión también ha mostrado que los sectores protegidos en un período pueden llegar a ser vulnerables o flexibles en otro, por ejemplo, el sector público que ha sido un empleador de importante mano de obra femenina y considerado una fuente de protección, está a punto de ser una fuente de vulnerabilidad de las mujeres por la reducción y degradación del empleo, es decir, hay más mujeres trabajando en sectores donde se están produciendo los recortes del gasto público (55.1% de asalariados/as del sector público son mujeres) (Rodríguez Fernández, 2013; Rubery & Rafferty, 2013). Muchos de estos recortes se han traducido en una congelación del empleo público y una reducción temporal de los salarios del funcionariado. También pueden estar influyendo los recortes en las prestaciones familiares para quienes cuida a personas dependientes, en su mayoría, las mujeres (OCDE, 2014a).
Del total de mujeres que participan como fuerza laboral, el grupo de 25 a 49 años de edad concentra la mayor tasa de actividad en comparación con otros tramos de edad, sin embargo, existe cierta heterogeneidad dentro del grupo (Tabla 1).
Tabla 1: Tasa de actividad de mujeres según grupo de edad 2001-2013
Fuente: Encuesta de Población Activa. Instituto Nacional de Estadística Nota 1: 2001-2004 las cifras corresponde al IV Trimestre de cada año
Nota 2: Las cifras 2005-2013 corresponden a la media de los cuatro trimestres del año Tabla actualizada a fecha 5 de marzo de 2014
Las cifras más altas de la tasa de actividad femenina se concentran en edades centrales (25 a 49 años), principalmente en el tramo 30 a 34 años en los tres últimos años. Las más jóvenes del grupo (25 a 29 años) presentan persistentemente cifras muy altas, mientras que las mujeres de 30 a 39 años comienzan con valores más bajos que van aumentando superando a las menores de 29 años al final del período. Son éstas también quienes presentan una participación similar a la de sus pares masculinos. En
Año 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013 Total ambos sexos 53.4 54.6 55.9 56.7 57.4 58.3 58.9 59.8 59.9 60.0 60.0 60.0 59.6 Total 41.0 42.7 44.5 45.8 46.4 48.0 48.9 50.5 51.6 52.3 52.9 53.4 53.3 16-19 20.4 18.2 19.1 19.5 23.4 24.8 24.5 25.2 20.3 18.4 17.2 15.8 14.7 20-24 54.9 57.0 57.4 58.0 61.7 63.1 62.4 63.3 63.0 61.7 61.3 59.0 56.8 25-29 75.6 76.6 79.7 80.4 79.6 80.8 80.9 82.6 83.1 84.4 83.5 83.8 84.1 30-34 68.2 71.5 74.4 76.1 74.9 77.1 78.6 80.6 82.1 83.5 84.9 85.2 86.3 35-39 62.8 66.2 68.7 71.3 70.1 73.0 73.8 76.2 79.1 81.1 82.8 84.4 84.7 40-44 61.8 64.8 67.0 68.3 68.5 70.4 72.5 74.4 77.1 77.5 79.0 81.0 81.9 45-49 54.7 59.0 60.5 63.0 63.3 65.7 67.9 70.6 73.2 75.1 76.1 78.2 78.7 50-54 42.3 44.8 47.8 51.3 52.2 55.1 58.3 60.5 62.8 66.7 68.3 70.3 71.6 55-59 30.3 31.1 32.9 34.6 37.7 39.6 41.5 44.2 48.0 49.0 53.0 55.9 57.7 60-64 17.1 17.0 18.7 19.1 20.4 21.3 22.8 23.5 25.8 27.3 29.4 30.5 30.9 65-69 2.4 2.3 2.4 2.8 2.8 3.2 3.3 4.2 4.4 4.6 4.5 4.5 4.1 70 y + 0.2 0.3 0.4 0.4 0.5 0.5 0.4 0.5 0.4 0.5 0.6 0.6 0.4
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todos los grupos de edad se observa una aproximación hacia tasas de ocupación más igualitarias con aceleración a partir de 2009 como efecto del descenso de los hombres. En términos generales, la brecha de género ha transitado de 11 puntos porcentuales a 5 desde ese año (Ministerio de Empleo y Seguridad Social, 2013).
Entre los distintos grupos de mujeres, las jóvenes presentan sistemáticamente las tasas de paro más altas y los mayores aumentos en las cifras, seguido a cierta distancia por las trabajadoras de edades centrales (30 a 49 años). En su conjunto, todos los grupos presentan magnitudes progresivamente en alza durante la década y descensos significativos a medida que se avanza en edad.
Si revisamos la participación laboral femenina según la cantidad de hijos que tienen podemos ver que a medida que se incrementa el número de hijos menores de edad, disminuye la tasa de empleo. Esto se observa cuando se compara el grupo de mujeres de 25 a 49 años sin hijos (cuya tasa de empleo en 2012 era de 67%) y el de las madres trabajadoras (se reduce a 60 cuando tienen hijos menores de 12 años). Ese mismo año, cuando las mujeres tienen un hijo menor de esa edad, la tasa alcanza a 62% y va disminuyendo a 58% en caso de los dos hijos y baja a 49% cuando tienen tres hijos menores de 12 años (INE, 2014d).
Tanto la ocupación como la erosión del empleo varían según el nivel de cualificación, siendo la variable “estudios” más relevante en España que en otros países de la Unión Europea. La incidencia del desempleo es mayor en mujeres con niveles de formación más bajos y menor en niveles más altos, sin embargo, la alta concentración de españolas con alto nivel de estudios las convierte en mayoría entre los desempleados con alta cualificación (Ministerio de Empleo y Seguridad Social, 2013).
El nivel educativo en las mujeres ha sido crucial para el crecimiento económico en los países de la OCDE; las mejoras en educación explican la mitad del crecimiento económico. Las jóvenes españolas han tenido los mayores logros educacionales de los países de la OCDE, después de Portugal. Este nivel de cualificación ha contribuido a disminuir la brecha de género en la población activa pasando de 50 puntos porcentuales en 1980 a un 20% en 2007. La brecha disminuyó aún más durante la crisis, llegando al 13.5% en 2011, debido al incremento de la participación de las mujeres (OCDE, 2014a). La tasa de actividad de las españolas varía en función del nivel de formación alcanzado creciendo a medida que se tiene más estudios (Tabla 2). En el período revisado (2005-2013) hay grupos que aumentaron su nivel de participación como los de “Formación e inserción laboral que precisan y no precisa título de primera etapa de secundaria” y el “Primera etapa de educación secundaria”, mientras que la mayoría de las categorías ha tendido sus cifras con leves variaciones. Cabe señalar que en el período de crisis económica, algunos niveles del tercer ciclo educativo ha disminuido bruscamente luego de alcanzar su máximo, entre ellos, el nivel de formación “Títulos propios (no homologados) de Universidades” y “Formación e inserción laboral que precisa título de primera etapa de secundaria”. Otros han tenido un aumento significativo en los dos últimos años, como “Formación e inserción laboral que precisa título de segunda etapa de secundaria”. En general, puede afirmarse que los efectos del
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desempleo han afectado más al grupo de trabajadoras con estudios secundarios y menos a aquellas con nivel educativo más bajo.
Entre los hombres se repite el patrón de participación laboral de las mujeres siendo más bajo entre quienes tienen menos niveles de formación. Si comparamos los datos del inicio y fin del período observamos que los más perjudicados con la crisis han sido los grupos con menos formación como “Educación primaria”, “Formación e inserción laboral no precisa título de primera etapa de secundaria” y “Primera etapa de educación secundaria”. Aunque también se ha visto afectado el nivel “Formación e inserción laboral que precisa título de segunda etapa de secundaria” dado que tuve un repunte importante en 2009.
Tabla 2: Tasa de actividad según sexo y nivel de formación alcanzado 2005-2013
Fuente: Encuesta de Población Activa. Instituto Nacional de Estadística
Nota: Las cifras anuales corresponden a la media de los cuatro trimestres del año (*) y formación e inserción laboral correspondiente
Tabla actualizada a fecha 5 de marzo de 2014
Si comparamos los resultados entre mujeres y hombres observamos que las brechas de participación son más pronunciadas en los grupos de menor formación (“Educación primaria”, “Formación e inserción laboral no precisa título de primera etapa de secundaria” y “Primera etapa de educación secundaria”). La distancia se vuelve moderada entre “Analfabetos” y grupos con nivel formativo intermedio (“Formación e inserción laboral que precisa título de primera etapa de secundaria”, “Segunda etapa de
2005 2006 2007 2008 2009 2010 2011 2012 2013
TOTAL MUJERES 46.4 48.0 48.9 50.5 51.6 52.3 52.9 53.4 53.3
Analfabetos 5.3 6.1 5.4 6.2 7.8 7.7 8.5 7.4 6.7 Educación primaria 18.7 19.0 19.5 20.5 20.9 21.3 20.4 20.0 19.4 Formación e inserción laboral no precisa título de primera etapa de secundaria 54.1 56.8 54.2 56.2 53.1 48.1 61.1 58.4 64.9 Primera etapa de educación secundaria 50.4 52.3 53.9 55.7 56.5 57.2 58.1 57.9 57.0 Garantía social/Iniciación profesional 75.2 79.3 60.7 56.2 61.0 64.6 72.1 72.3 76.8 Formación e inserción laboral que precisa título de primera etapa de secundaria68.6 69.7 64.1 68.5 72.9 70.1 77.2 70.0 68.4 Segunda etapa de educación secundaria 60.6 62.2 63.5 65.1 66.1 65.5 65.5 65.6 64.7 Formación e inserción laboral que precisa título de segunda etapa de secundaria78.1 71.9 76.6 74.9 70.3 76.3 69.8 85.7 87.6 Enseñanzas técnico-profesionales de grado superior 78.1 79.5 78.6 79.0 80.5 80.4 80.6 80.9 80.3 Títulos propios (no homologados) de Universidades (*) 75.5 77.5 69.4 79.1 82.0 87.1 82.7 71.6 77.1 Enseñanza universitaria de primer y segundo ciclo 78.9 79.7 79.9 80.3 80.7 80.6 80.6 81.2 80.7 Estudios oficiales de especialización profesional 89.9 90.2 94.2 89.5 89.5 91.0 91.1 92.2 89.7 Enseñanza universitaria de tercer ciclo (Doctorado) 87.4 90.1 90.6 91.9 89.7 90.2 86.0 85.0 87.3
TOTAL HOMBRES 68.8 69.1 69.3 69.5 68.7 68.1 67.5 66.9 66.2
Analfabetos 21.4 20.2 19.8 23.4 21.1 23.3 20.1 18.8 20.1 Educación primaria 44.4 43.1 42.7 43.1 41.8 40.7 38.2 35.9 34.4 Formación e inserción laboral no precisa título de primera etapa de secundaria 77.9 71.8 66.0 72.7 76.5 74.3 65.2 60.7 72.9 Primera etapa de educación secundaria 79.1 79.7 80.0 80.0 78.5 77.8 77.1 75.8 74.5 Garantía social/Iniciación profesional 66.3 74.4 68.8 74.6 69.2 74.1 71.6 72.7 67.8 Formación e inserción laboral que precisa título de primera etapa de secundaria82.9 88.0 88.5 86.4 84.1 82.8 82.5 80.0 82.9 Segunda etapa de educación secundaria 76.3 77.5 77.5 78.2 77.2 76.3 75.4 74.8 73.4 Formación e inserción laboral que precisa título de segunda etapa de secundaria92.3 86.9 86.4 87.5 91.7 91.1 80.2 81.3 85.3 Enseñanzas técnico-profesionales de grado superior 86.7 86.4 87.2 86.3 86.3 85.4 84.4 84.8 83.8 Títulos propios (no homologados) de Universidades (*) 79.9 78.4 81.5 89.4 81.2 88.1 85.3 80.8 82.3 Enseñanza universitaria de primer y segundo ciclo 83.3 83.2 83.2 82.8 82.1 80.6 80.7 81.1 79.7 Estudios oficiales de especialización profesional 90.5 92.3 90.6 91.2 91.3 91.5 91.6 92.8 93.1 Enseñanza universitaria de tercer ciclo (Doctorado) 82.2 83.9 81.7 86.6 85.1 82.5 83.2 83.5 79.2
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educación secundaria” y “Formación e inserción laboral que precisa título de segunda etapa de secundaria”, aunque ésta última comenzó a ser favorable para las mujeres en los dos últimos años). A nivel de estudios superiores las distancias se acortan teniendo un saldo favorable para las mujeres que tienen “Enseñanza universitaria de tercer ciclo (Doctorado)”. En este nivel las mujeres son quienes más se presentan a las Pruebas de Acceso a la Universidad (PAU) llegando a ser el 55.3% de los postulantes en el año 2012, pero tienen un rendimiento similar, el alumnado aprobado alcanzó un 84,6% con cifras similares entre mujeres y hombres (INE, 2013a).
En el año 2011, España presenta valores muy similares a los de la UE-27 en