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En Japón, es posible encontrar un universo religioso poblado de cultos y creencias: hablamos de taoísmo (filosofía china del camino o del método116) confucianismo, cristianismo, diversos tipos de budismo, shintoísmo y una amalgama de ritos populares principalmente de carácter animista, que se enmarcan en las nuevas religiones y sectas de Japón. Estas se desarrollan entre finales del siglo XIX y principios del XX. De todas formas y de acuerdo a lo que dice John Stevens, se puede dividir la espiritualidad japonesa en dos amplias corrientes, la corriente zen: fuerte, directa y austera, y la corriente mística, que explica una divinidad a la cual se accede, a través de ritos secretos, transportes y transmutaciones; aquí la revelación, la profecía y el chamanismo toman un papel central (Stevens, 89). En el aikido y principalmente en la figura de O´Sensei, se puede apreciar una tendencia hacia la religiosidad mística que encuentra su fundamento en el shintoismo y en algunos principios del budismo shingon. El común de las personas piensa que el budismo

zen es el fundamento primordial de todas las artes marciales en Japón, pero el aikido no utilizo sus métodos ni terminologías (Stevens, 89).

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El aikido, recibe del shintoismo un sustrato conceptual y algunas tradiciones que se aprecian durante su práctica, y de la secta Omoto Kyo, una influencia importante, que determina el carácter universalista que a la larga O´Sensei imprime al aikido y que refleja el afán unificador de paz universal que esta disciplina hoy en día promueve en el mundo entero.

3.3. Shintoismo

El shintoismo es la religión originaria de Japón, se describe como un sofisticado culto animista, en el que también se observa una especial preocupación por los antepasados. En el siglo V con la llegada del budismo al Japón, a esta religión, que con los años pasa a ser pieza fundamental en la consolidación de una identidad nacional, se le denomina shin- to, palabra china que quiere decir “El camino de los dioses”, para diferenciarla del budismo o butsudo (camino del buda117). La palabra shintoismo se escribe con dos caracteres, kami

que alude al concepto de Dios, y michi (calle118), que significa calle. (Lanzaco, 56). En el

shintoismo se adoran las fuerzas y seres de la naturaleza que habitan en determinados elementos, seres y lugares, por ejemplo: en las montañas, los lagos, los islotes, cascadas, animales, etc. (…). A estas fuerzas vivas, se les denomino tama (bola-esfera119). Son los espíritus de los dioses kami, que pueden ser tanto favorables como maléficos y dañinos. Estas fuerzas o espíritus de la naturaleza, también habitan en el hombre y llevan por nombre tamashi (alma-personalidad120), cuando deviene la muerte, estas fuerzas abandonan el cuerpo (…). Los kami pueden ser tanto un ser superior de la naturaleza, como un antepasado o distinguido jefe de un clan (Lanzaco, 58). Según el filólogo y crítico literario Motoori Norinaga (1730-1801), antiguamente todo ser con propiedades fuera de lo común, era un kami (…). Hideo Kishimoto (1903-1964), explica que el primitivo shinto veneraba tres tipos distintos de kami, seres de la naturaleza, seres humanos destacados y fuerzas abstractas con poder vital generativo musubi (Lanzaco, 59). Esta religión en su aspecto primitivo se preocupa por atraer o ahuyentar a los espíritus (Lanzaco, 57), ritos de culto estacional, plegarias y agradecimientos por la obtención de buenas cosechas, ritos de fertilidad familiar y culto a los antepasados (…).

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En un principio el shintoismo veneraba los lugares sagrados donde los dioses descendían, esto podía ser un árbol, una roca o una montaña, se demarcaban con una gruesa cuerda de paja de arroz, que lleva por nombre shimenawa (cuerda de paja de arroz121), que separaba el lugar sagrado del profano. (Lanzaco, 60). Con el tiempo se construyeron santuarios en lugares que destacaban por su belleza, la entrada al recinto se señalaba con una puerta alta o tori (puerta122), y en el edificio principal haiden (oratorio123), se colgaba una shimenawa, para resaltar el carácter sagrado del lugar (…).

La Religión shintoista primitiva, contiene varios elementos, entre los que destacan: los distintos tiempos, el de las festividades o hare (soleado124), y ke (tiempo ordinario), ambos con ofrendas y practicas particulares, los rituales de purificación, misogi, harae

(expulsión de adherencias físicas como espirituales125), imi (abstinencia126), (Lanzaco, 61). También destacan dentro de la practicas shintoistas las oraciones norito (oración-palabras a las deidades127), conjunto de oraciones dirigidas a los dioses, las cuales a través de palabras sagradas kotodama, pretenden atraer su beneficio (Lanzaco, 62).

Entre los personajes que configuran las creencias shintoistas, encontramos a miko

(chaman femenino128), que a través de un trance es poseído por un kami, el cual le otorgo poderes adivinatorios y de exorcismo (…). Existen también los kami-gakari (posesión espiritual129), hombres y mujeres poseídos por un kami, que atraen las bendiciones para la comunidad y los monotsuki (posesión maléfica130), personas o animales poseídos por seres maléficos (Lanzaco, 63).

121 Trad. del jap. al es., se utilizará en el texto para shimenawa.

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Las funciones sacerdotales eran ejercidas por los jefes de familia o clan, los chamanes y sacerdotes que heredaron estas funciones de sus padres (…). Con el tiempo y a medida que el clan Yamato controlaba Japón, el emperador tenno (soberano celestial131), asumió la función política y religiosa del país (…).

La cosmología shintoista divide su universo simbólico y conceptual en tres planos:

Takamagahara (alta llanura del cielo132), o la alta pradera celestial donde habitan los dioses, Nakatsu-Kuni (mundo intermedio133) donde habitan los hombres y los seres de la naturaleza, y Yumi-no-kuni (región de las tinieblas134), reino de la muerte, y refugio de los espíritus malignos e impuros.

Debido al impacto de la civilización China en Japón, este último se vio en la necesidad, al igual que la corte china, de tener sus crónicas oficiales, y así demostrar que Japón también podía presentar una genealogía completa de sus emperadores (Lanzaco, 64). Para este cometido se escribieron dos textos de crónicas a través de los cuales, también se explica la creación del mundo y la relación entre los dioses y emperadores de Japón. Estos textos son el Kojiki (crónica de los acontecimientos antiguos135) y el Nohon Shoki (crónicas de Japón136).

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