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CCN Effect on Convective Precipitation Using Nested Cloud/Regional-Scale Models

5. Cloud-resolving Model Simulations

5.4. CCN Effect on Convective Precipitation Using Nested Cloud/Regional-Scale Models

Boletín ICCI No. 25, abril del 2001

El Banco Mundial es parte de las instituciones creadas por los acuerdos de Bretton Woods en 1944, y que redefinie-ron las condiciones geopolíticas de poder después del fin de la Segunda Guerra Mundial. La creación del Banco Interna-cional de Reconstrucción y de Fomento, BIRF, que conformaría el núcleo de las di-versas agencias de desarrollo denomina-das luego como “Banco Mundial” (World Bank), se constituyó como uno de los ejes estratégicos en la formación hegemónica de los Estados Unidos como potencia do-minante en el período de posguerra. La otra institución concomitante a esta estra-tegia es el Fondo Monetario Internacio-nal, FMI. Ambas organizaciones inscribi-rían sus funciones dentro de las nuevas re-laciones de poder existentes a nivel mun-dial y heredadas del período de posguerra. La “guerra fría” será el contexto geopolítico que estructure las decisiones, las estrategias, las dinámicas y los procesos más fundamentales de las dos superpo-tencias, los Estados Unidos y la Unión So-viética. Para cada una de ellas, el planeta entero se presentaba como un tablero de ajedrez en el cual las naciones muchas ve-ces eran consideradas como peones que cumplían un papel dentro de una estrate-gia más amplia: aquella del poder y la he-gemonía mundial.

Dentro de esa lógica, los Estados Unidos van a privilegiar la acción del Ban-co Mundial Ban-como organismo de Ban- cobertu-ra internacional que les permitía una polí-tica de asistencia económica sumada a un afán de control político. Su interés va a evidenciarse con la presencia de Robert McNamara, en la presidencia del Banco Mundial, un hombre que será conocido también por haber sido Secretario de De-fensa de los Estados Unidos.

El Banco Mundial es parte de un orden político mundial en el cual la hege-monía norteamericana se afirma y conso-lida como presencia dominante. Es a par-tir del Banco Mundial, que Estados Uni-dos despliega una intensa campaña asis-tencialista y de ayuda al desarrollo en los países pobres, ayuda destinada a disuadir a estos países de una opción de tipo socia-lista o diferente a aquella determinada por Estados Unidos. En América Latina, juga-rá un papel clave a través del apoyo a la iniciativa conocida como “Alianza Para el Progreso”, iniciativa tomada justamente a raíz del triunfo de la revolución cubana de 1959.

Sin embargo, los tiempos cambian y también las estrategias. La caída del blo-que socialista y la consolidación de un or-den “unipolar” con la evior-dente hegemonía norteamericana, transforman el panora-ma mundial y obligan a la generación de nuevos discursos que justifiquen y legiti-men esa geopolítica del poder mundial. La caída de los “socialismos reales” coincide con la redefinición de funciones para el FMI y el Banco Mundial a inicios de la dé-cada de los noventa, a partir del

denomi-nado “Consenso de Washington”, y con la emergencia del fenómeno de integración de mercados a nivel planetario bajo el control de las corporaciones americanas, europeas y asiáticas, fenómeno conocido como “globalización”.

De otra parte y como antecedente, es interesante destacar el papel jugado por ambas instituciones, el FMI y el Banco Mundial, en la década de los ochenta cuando se produjo la crisis de la deuda ex-terna en América Latina y se impusieron los programas de ajuste económico. Esta crisis amenazaba directamente a los secto-res financieros de los Estados Unidos, y por ende al modelo de crecimiento ameri-cano. Es justamente en esa coyuntura que aparece el FMI como la institución inter-nacional que gozaba de cierta legitimidad y a partir de la cual podía obligarse a los países latinoamericanos a transferir los costos de la crisis a su población. Habían empezado las políticas de ajuste económi-co al tenor de las reeconómi-comendaciones del FMI y bajo la mirada atenta del Gobierno americano.

Las políticas de ajuste fueron dise-ñando un nuevo modelo de Estado y de sociedad. Sin embargo, el FMI como insti-tución creada para ayudar a corregir los desequilibrios económicos del corto pla-zo, se veía impotente para conducir y pro-vocar cambios más profundos y más al largo plazo. Estos cambios eran las refor-mas estructurales al Estado, de tal manera que aquel Estado que había sido diseñado bajo los esquemas de bienestar y protec-ción social, (el “Estado del Bienestar”), y cuyo fundamento era la creación de un

mercado interno a través de la protección al empleo y a la industria nacional, dé pa-so a un nuevo Estado sin ninguna respon-sabilidad con la sociedad, es lo que los neoliberales denominan el “Estado Míni-mo”, es decir, un Estado que deje de preo-cuparse por garantizar la regulación social y la asignación de recursos al interior de la sociedad, ahora estas tareas debería hacer-las más bien el mercado.

El FMI, por su mismo diseño insti-tucional, era incapaz de concebir, dirigir, orientar, coordinar, monitorear y finan-ciar esas reformas estructurales del Esta-do. Su papel estaba centrado más bien en el corto plazo y en ayudar a corregir los desequilibrios macroeconómicos. Es pre-cisamente por la necesidad geopolítica de llenar ese espacio vacío que se acude al Banco Mundial.

En adelante, el Banco Mundial será la institución encargada de consolidar esas reformas estructurales del Estado, que no son otra cosa que el desmantelamiento del Estado de Bienestar y la consolidación del Estado Mínimo neoliberal. Esta tarea es-tratégica coincide en los tiempos históri-cos con la caída del muro de Berlín y la de-rrota de la clase obrera, como eje político de contrapoder a nivel mundial.

La década de los noventa se inaugu-ra con la globalización de la economía, con el Consenso de Washington, y con la caída del socialismo. En este proceso, el Banco Mundial se constituye como uno de los actores con mayor importancia estra-tégica dentro de la definición de las condi-ciones de poder a nivel mundial y de im-posición del nuevo orden económico

neo-liberal. Su papel no es solo garantizar la transformación del Estado de Bienestar en Estado mínimo neoliberal, sino en asegu-rar el predominio hegemónico de los Es-tados Unidos como poder mundial hege-mónico.

De ahí que el Banco Mundial em-piece a generar dinámicas que le son com-pletamente nuevas pero que evidencian ese afán de copar los espacios existentes dotándoles de los nuevos contenidos de la dominación unipolar. Así por ejemplo, frente a las críticas hechas desde el medio ambiente y el discurso de la ecología polí-tica, el Banco Mundial no tiene problema en involucrarse en una problemática nue-va y articula el concepto de “desarrollo sustentable” (sustenaible development), a sus coordenadas de liberalización, desre-gulación, privatización. Frente a las de-mandas de los pueblos indígenas, no tiene problemas en generar el discurso del “et-nodesarrollo”. Frente al crecimiento de la pobreza que provocan los programas de ajuste económico, no tiene ninguna duda en financiar programas que parecen criti-carlo, como es el caso del foro SAPRIN, pero que a la larga terminarán por legiti-marlo.

De los tradicionales contenidos de la ayuda a proyectos de desarrollo para países pobres, el Banco Mundial genera nuevas iniciativas que comprenden diná-micas novedosas y aparentemente fuera de los propósitos para los cuales fue crea-do. Ahora financia estudios e iniciativas en contra de la corrupción, programas de ayuda a pueblos indígenas, reformas a los sistemas legales, modernización de los

sis-temas de procedimientos del régimen par-lamentario, etc.

En el caso del Ecuador, el Banco Mundial tiene una presencia cada vez ma-yor en una diversidad de sectores y con una pluralidad de actores, con la particu-laridad de que es en Ecuador justamente el país en el cual el Banco Mundial tiene su proyecto estrella con los pueblos indíge-nas: el “Proyecto de Desarrollo para los Pueblos Indígenas y Negros del Ecuador”, denominado “PRODEPINE”. Es una con-tradicción y una paradoja de la historia el hecho de que el Banco Mundial trabaje ahora con los indios del Ecuador, toman-do en cuenta que en 1994, fue el Banco Mundial la institución que más presionó políticamente por la modernización del sector agrario a través de la Ley Agraria del Gobierno de Sixto Durán Ballén (1992-1996). Una Ley que apuntaba a la destrucción de las comunidades indíge-nas, a la conformación de un mercado de tierras bajo parámetros de competencia, desregulación y liberalización capitalista. Un proyecto de Ley, cabe recordar, que ha-bría de desencadenar el segundo levanta-miento indígena de la década.

Empero de ello, la visión del Banco Mundial se revela como estratégica. El he-cho de haber conceptualizado un proyec-to específico para los pueblos indígenas del Ecuador, da cuenta de que dentro de los cálculos políticos del Banco Mundial, los indios del Ecuador, con sus estructuras organizativas y políticas, pueden conver-tirse en el obstáculo más serio para sus po-líticas de liberalización, desregulación y

privatización. Una visión que los aconte-cimientos actuales la confirman como co-rrecta. De ahí el énfasis puesto por el Ban-co Mundial en el proyecto “Prodepine”, de la importancia geoestratégica de este pro-yecto de desarrollo.

Creado en 1997 e implementado efectivamente desde 1998, este proyecto “Prodepine”, se ha ido consolidando al in-terior de las estructuras organizativas del movimiento indígena ecuatoriano, como uno de sus peligros más amenazantes. Es-te proyecto replica los objetivos estratégi-cos del Banco Mundial, al interior de la ló-gica de uno de los actores más importan-tes del momento actual, el movimiento indígena. La dinámica que genera este proyecto se enmarca dentro de los pará-metros del asistencialismo y el desarrollis-mo, así como de la generación de estruc-turas tecno-burocráticas que se consoli-dan como estructuras de poder al interior del movimiento indígena ecuatoriano. Re-clutando técnicos que provienen del mis-mo mis-movimiento indígena, y dotándoles de capacidad de gestión y negociación, este proyecto se convierte en una correa de transmisión entre el Banco Mundial y su proyecto neoliberal, y los pueblos indios del Ecuador.

La enorme cantidad de recursos que posee esta institución la convierten en una amenaza permanente para el movi-miento indígena ecuatoriano. La visión modernizante y apegada a los parámetros neoliberales de la cual son portadores los tecno-burócratas de esta institución se convierten en un riesgo cotidiano para el

proyecto político de las organizaciones in-dígenas y en una fuente de conflictos per-manente. Pero, no se trata del choque en-tre dos visiones distintas de la realidad, si-no de la confrontación entre dos proyec-tos históricos distinproyec-tos. Para el Banco Mundial se trata de legitimar su propues-ta de liberalización, desregulación y priva-tización, una legitimación que pasa por el reconocimiento nacional e internacional de su ayuda al desarrollo y en contra de la pobreza. Gracias a este doble juego, el Banco Mundial ha logrado neutralizar la oposición política de los indios en contra suya, al mismo tiempo que compromete mayores esfuerzos en la reforma estructu-ral de carácter neolibeestructu-ral del Estado ecua-toriano.

El Banco Mundial actúa como uno de los lados de la tenaza, el otro es el FMI, para cerrar el paso a cualquier tipo de al-ternativa al proyecto neoliberal. Su carác-ter estratégico de actuar con una plurali-dad de actores le otorgan mucha legitimi-dad, y el hecho de haber inaugurado un proyecto específico para los indios, le ge-nera un marco de acción política de enor-me importancia dentro de sus cálculos es-tratégicos. Gracias a este proyecto puede tener un monitoreo permanente de la ca-pacidad política y organizativa de las prin-cipales estructuras del movimiento indí-gena ecuatoriano.

Es sintomático el hecho de que este proyecto esté totalmente desligado del control político de estas estructuras orga-nizativas del movimiento indígena. Es también bastante revelador que este

pro-yecto financie a las estructuras organizati-vas del movimiento indígena, pero no les permita ninguna capacidad de decisión de sus marcos teóricos y epistemológicos de acción. Una práctica que releva del clien-telismo pero que aparece como política-mente útil cuando los indígenas cuestio-nan al modelo neoliberal pero sin hacer ninguna referencia al Banco Mundial y a su papel estratégico dentro de la imposi-ción de este modelo.

Cuando los indígenas realizaron su más reciente levantamiento, en febrero de 2001, fueron cercados por la Policía y el Ejército ecuatorianos en la Universidad Politécnica Salesiana. La Cruz Roja Inter-nacional, la UNICEF, las Naciones Unidas, entre otras instituciones, intercedieron para que el Gobierno del Ecuador rompa el cerco y permita al menos el paso de ali-mentos, medicinas y vituallas a las más de quince mil personas que estaban cercadas. La población de la ciudad de Quito se mo-vilizó para atender a los pueblos indígenas que marcharon hacia la capital y que esta-ban ahora siendo cercados por el Gobierno. En esas circunstancias, cuando los pueblos indígenas necesitaban más que nunca apoyo para su lucha, el Proyec-to “Prodepine” jamás gastó un solo centa-vo en ayudar a sus hermanos indígenas ni tampoco hizo ningún pronunciamiento a su favor ni buscó la forma de ayudar a las víctimas de la represión. Un silencio que a más de cómplice es bastante revelador de las motivaciones que subyacen tanto al proyecto como a sus tecno-burócratas, y que evidencian de su real práctica política.

En efecto, desde su implementación en 1998, este proyecto ha estado totalmen-te al margen de los principales acontotalmen-teci- aconteci-mientos políticos que han cambiado pro-fundamente al Ecuador y de los cuales los indios han sido sus protagonistas princi-pales. Así por ejemplo, no jugaron ningún papel, ni siquiera simbólico, en la Asam-blea Constituyente de 1998, no tuvieron ninguna participación en los levanta-mientos de 1999; en el 2000 apoyaron al Gobierno de Mahuad, cuando se produjo el levantamiento que a la postre derroca-ría a este presidente. Tampoco tuvieron alguna presencia en las elecciones seccio-nales de mayo de ese año, y no han apoya-do a los poderes locales que el movimien-to indígena ganó en estas elecciones. En el 2001, no dieron el respaldo al levanta-miento de febrero de 2001, ni al proceso de “Mesas de Diálogo” que se generaron a partir de este levantamiento. Sin embargo, desde 1998, han sido un punto de conflic-to que imposibilitó la unión estratégica de las principales organizaciones indígenas nacionales, hasta febrero de 2001.

Pero este proyecto “Prodepine”, pa-rece estar atravesando un momento de transformación cualitativa en los tiempos recientes, cuando ha empezado a hacer funcionar sus redes clientelares en función de sus requerimientos específicos. Es el ca-so de su más reciente actuación en el Con-greso de la organización provincial indí-gena de Cotopaxi, el MICC. Aquí se evi-dencia un papel más protagónico y mili-tante. Del perfil bajo que tuvo en sus

pri-meros años, ahora el proyecto “Prodepi-ne”, parece sentirse lo suficientemente fuerte para incidir e interferir en las es-tructuras organizativas del movimiento indígena ecuatoriano. Una incidencia que no apunta a fortalecer o a consolidar estas estructuras sino más bien todo lo contra-rio, busca debilitarlas e incluso dividirlas.

En ese sentido, este proyecto “Pro-depine” coincide con los objetivos del Gobierno de debilitar al movimiento indí-gena en momentos en los que las “Mesas de Diálogo” parecen agotarse política-mente, y en los que el modelo neoliberal no logra consolidarse. Los tiempos políti-cos venideros son de enorme importancia estratégica. Son tiempos electorales que van a cambiar la correlación de fuerzas en el escenario político nacional. Son mo-mentos que ameritan consolidar los espa-cios ganados por el movimiento indígena y articular una posición de poder desde el movimiento indígena que quiera ser alter-nativo, viable y factible para el país. En es-ta coyuntura el proyecto “Prodepine” va a jugar un papel estratégico, tratando de di-vidir, atomizar y debilitar el proyecto polí-tico del movimiento indígena ecuatoria-no. Es importante entonces, que se tenga una percepción clara de las funciones que asumen las instituciones vinculadas al le-vantamiento indígena, al mismo tiempo que se adopten decisiones que sean cohe-rentes con el proyecto político del movi-miento indígena, de los movimovi-mientos so-ciales y del pueblo.

Valores, costumbres y símbolos