3.3 Discussion
5.2.3 Effect of recombinant prion expression and kanamycin treatment on
Del siglo XVIII, existen varios documentos que hacen referencia a restauraciones por el mal estado de la Puerta de Madrid, y las conocidas actuaciones bajo la prelatura del Cardenal Lorenzana, que sustituyó parte de los muros del recinto arzobispal por tapias72.
Es en este momento, cuando el deterioro de las murallas coincide con parte de su demolición. Si en 1724-25 la Puerta Nueva estaba arruinada—tal como señala Portilla—, en 1758 la necesidad de derribar parte del recinto afectaba también al tramo sur. Pero en este caso en el trazado desde la Puerta de
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Ibídem, p. 57.
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A.M.A.H. Obras Públicas y Urbanismo. Leg. 611/1, 1655.
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Madrid hasta la del Vado, acometiéndose un amplio desmonte. Los materiales se pusieron a la venta y se emplearon también en la reparación de la puerta del Vado. Los ladrillos se ofrecieron a los vecinos, durante un prolongado periodo de tiempo, desde junio de 1758 a febrero de 1760.
El grueso de los trabajos se centró en la Puerta del Vado y en las proximidades de ella, especialmente, entre el 1 de marzo de 1758 y el 24 de septiembre de 1759. A todas luces, el comienzo del desmonte, que ocupó 30 días aproximadamente, con una media de 5 peones, fue generando diversos problemas añadidos. La demolición de las tapias, hizo que aumentase rápidamente el peligro de desplome de la Puerta del Vado, con la caída parcial de la de Madrid. La venta de ladrillo (150.000 aproximadamente) y de la piedra, 43 carros, a lo que se sumaban las abrazaderas y cerrojos de la puerta del Vado, con la madera que fue a parar a las carnicerías de la Plaza de Abajo, generaron unos ingresos municipales de 23.441 reales. A pesar de la destrucción de la muralla, las puertas, fueron al menos reparadas. Para el caso de la del Vado:“Que se trabajó en las dos escusas, de la Puerta del Bado, y que la una estaba, arruinada, en cuya fortificación y reparo de los escalones se gastaron 5 días<.”. También implicó la reparación de la cubierta, muy dañada “<hasta los otros 350 reales se gastaron en teja madera, clavos, cal y yeso, para reparar y componer otras cruces y graderías y la teja se usó, para restituir, la que se había quebrado, en la casa contigua a la otra muralla y la casilla del guarda73<”.
Se reparó además el arco y la bóveda, con fisuras, revocándolas de arena y cal. El texto también nos señala el motivo de las obras o demoliciones, como resultado‖del‖desplome‖de‖“la muralla de la Puerta de Madrid”.
Finalmente, del desmonte realizado, se empleó para la recuperación de la Puerta del Vado, 43 ladrillos, y 50 carros de piedra. La caída de la cerca que había permitido vender la astronómica cifra de 250.990 ladrillos, acabó siendo un negocio poco rentable para el Municipio con unos ingresos de de
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386 reales, tras descontar gastos. De esta última parte del texto, se deduce que, por un lado se estaba procediendo a la eliminación de tramos de muralla, al mismo tiempo que, se mantenían las puertas74.
Pero existen otros documentos que también demuestran el estado de avanzado deterioro de la muralla en la 2ª mitad del XVIII, como la inspección que realizó el arquitecto de la villa, Joseph Román de la Puerta de Madrid en 1763, a la que encontró
“<su f{brica bastante quebrantada y molida por lo cual se hace preciso rebajarla a la altura de las tapias de la cerca del Palacio, con cuio desmonte se alibió de peso *<+ se cubrir{ con una armadura a dos aguas dexando otra a dos aguas75”.
Las obras se llevaron a cabo y significaron el desmantelamiento de la planta superior de la puerta. Fue definitivamente demolida en 1787, siendo sustituida por la obra neoclásica que todavía podemos contemplar. Todo ello dentro de un amplio conjunto de actuaciones sobre las murallas en el periodo de gobierno del Cardenal Lorenzana (1772-1800) que, incluyó la sustitución de las cercas que protegían el recinto arzobispal entre la Puerta de Madrid y el Arco de San Bernardo, por tapias, en las que trabajaron la mayoría de los jornaleros de la villa en 1791, coincidiendo con la apertura del camino de ronda en torno al recinto.
Por tanto, a finales del siglo XVIII, podemos observar varios procesos nuevos en la paulatina desaparición de la muralla:
El desmantelamiento de amplios tramos en el suroeste de la ciudad (1758-1760).
74 La cifra de ladrillos del desmonte entre las Puerta de Madrid y la del Vado es una cantidad,
ciertamente elevada, que permite hacer numerosas especulaciones. Si considerásemos de manera lineal, el material puesto a la venta, interpretando que una tapia con altura de 3 metros de altura, y 0,90 m. de ancho, nos da una cifra de 95 m. aproximadamente. El uso real, en cambio, con cajones en tapial tapial nos permite triplicar esta superficie holgadamente, ya que se reduce considerablemente su uso.
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A.M.A.H. Obras Públicas. Leg. 611/4. Firmado por Joseph Román el 2 de noviembre de 1763. Sobre datos más precisos de la Puerta de Madrid vid.infra. Puerta de Madrid.
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La demolición de puertas (Madrid) (1763) y su sustitución por otras carentes ya, de naturaleza militar o defensiva (1787-1788).
La reparación de algunas con graves problemas estructurales (la del Vado) (1758-1760).
La desaparición de otras, como es el caso de la Puerta Nueva, ya en ruina en 1724.
Todavía es posible, ,sin embargo observar el interés por el mantenimiento de las principales entradas a la Ciudad, pero, posiblemente más como reflejo del deseo de la continuidad fiscal a ellas asociadas76, que, por la necesidad de mantener la ciudad protegida. La incapacidad económica municipal para afrontar grandes obras de reparación se observa claramente en la petición de las autoridades alcalaínas, al arzobispado, de que acometa la reforma de la Puerta de Madrid y la apertura de la nueva ronda, ante la inexistencia de fondos para afrontar dichas obras. Ésta es la situación a comienzos del siglo XIX, en los años previos a la Guerra de la Independencia, que significó un importante impacto sobre la cerca, ya que volvió a recuperar su importancia defensiva.
3.2. La Guerra de la Independencia (1808-1814).
En Alcalá de Henares se produjo el acuartelamiento de un importante número de tropas francesas que se situaban no sólo en las proximidades de la capital, sino también cerca de una de las regiones en las que la acción guerrillera fue más intensa: la provincia de Guadalajara.
Todo ello originó un aumento notable del deterioro de las áreas fortificadas, que sufrieron incluso bombardeos puntuales, como el ocurrido en 1808, al aproximarse las tropas francesas, que ante los disparos de la población
76 Entre los dependientes de rentas reales y provinciales citados por el Catastro de Ensenada figura
“don Leonardo Vivanco, Fiel Registrador de la Puerta del Vado, tiene de situado dos mil novezientos y veinte reales; ytem, por Fiel del arbitrio del vino, setecientos treinta reales”, en LOPE HUERTA, A.; Alcalá de Henares 1753. Según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada, Madrid, 1992, p. 65.
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respondieron con varios cañonazos sobre la Puerta de Madrid77, y el saqueo generalizado de la ciudad. Ante el acoso de los guerrilleros comandados por el‖ “Empecinado”‖ se‖ tapiaron‖ los‖ portillos‖ de‖ la‖ muralla‖ y‖ se‖ hicieron‖ reformas en el conjunto Arzobispal78, abriéndose fosos y limitando el acceso a través de las puertas de los conventos79.
El palacio fue empleado como acuartelamiento principal de tropas, incluyendo distintas obras para la instalación de caballerías y pesebres. Sin embargo, lo más interesante son las labores de fortificación generalizadas que se llevaron. Una de las obsesiones que demuestran el grueso de los documentos es el cierre de las puertas desde las que se accedía directamente al exterior de la ciudad80, lo que indica que, en esos momentos se producía una doble realidad: tramos donde había desaparecido la muralla, con otros, en los que sobre las tapias o cercas del recinto, se habían abierto vanos. Las obras se desarrollaron en dos fases: la primera entre diciembre de 1810 y enero de 1811, en la que se obligó a trabajar a todos los vecinos de la villa, salvo solteras y viudas, ó al pago de una multa en su sustitución81. Significaron un importante empleo de recursos, 57 peones, 19 maestros de obra, 250 carros de piedra de los pueblos cercanos, 8 carpinteros, 80 fanegas de yeso y 100 de cal, más argollas y cierres para todas las puertas. El 27 de diciembre de 1810 el comandante de la plaza mostraba su impaciencia por la lentitud de las obras, lo que incluía como imprescindible el levantamiento de cerca, mediante tres tapias y albardilla82.
Bernardino García, maestro de obras, remitía un escrito al Ayuntamiento el 18 de febrero de 1811, en el que señalaba que las obras de defensa habían
77
DIEGO PAREJA, L. M. “Alcalá de Henares en la Guerra de la Independencia. Del dos de Mayo a la derrota de Somosierra”, Anales Complutenses, vol. XII, 2000, p. 85-101.
78
DIEGO PAREJA, L. M., Contribución del Ejército Español a la Salvación de una ciudad Patrimonio de la Humanidad: Alcalá de Henares, Premio del Ejército . Madrid, Ministerio de Defensa, 2001, p. 89.
79 A.M.A.H. Obras Públicas Leg. 614/4. 80
A.M.A.H. Libro de Acuerdos, año 1810. Leg. 856/1. Así lo solicitaba el comandante francés de la plaza con fecha 27 de diciembre de 1810.
81
Ibídem., con fecha 8 de diciembre de 1810.
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concluido “<se han hecho los trabajos de fortificación, cerca de la ciudad, poner Puertas en los puntos donde se hallan83 *<+”. Los gastos ascendían a 18.175 reales, sin tener en
cuenta la cal de los Santos de la Humosa, yeso de Anchuelo, la piedra procedente de varios pueblos, y 78 cargas de cal de Corpa84.
Este maestro de obra volvía a revisar el recinto fortificado en la 2ª mitad de 1811, describiendo:
“Por orden del Comandante de la Plaza, he visto, reconocido y calculado, el coste que ha de tener de materiales, y jornales, las obras que se necesita en la reparación de torres, parapetos, fosos y demás puntos de fortificación, en el Palacio y cerca de esta ciudad, y echo cargo de todos ellos regulo es necesario la cantidad de nueve mil y quinientos reales85<”.
Iniciadas en octubre de 1811 emplearon a menos vecinos que la anterior, aunque las condiciones laborales debieron ser pésimas, ya que el subprefecto de Alcalá de Henares, Manuel de Chamarría, en una carta al Comandante de la Plaza, y de singular dureza, describe lo inhumano del trabajo de los jornaleros en las obras de fortificación, todo ello como colofón del gran número de quejas sobre la escasa igualdad del repartimiento en las actuaciones86.
A pesar de que no tenemos datos suficientes para asegurar las áreas donde se realizaron reformas, salvo la referencia explícita al Palacio y a las puertas de la Ciudad, éstas duraron, entre 1810 y 1811, al menos tres meses, lo que unido a las constantes referencias sobre la necesidad de cerrar vanos “ilegales”,‖ desde‖ los‖ que‖ se‖ podía‖ salir‖ y‖ entrar‖ en‖ la‖ ciudad,‖ podemos‖ imaginar las dificultades para obliterar la villa, como veremos algunos años
83 Ibídem, 18 de febrero de 1811.
84
A.M.A.H. , Libro de Acuerdos, Leg. 856/1,5 de diciembre de 1810, se señala la obligatoriedad de apoyo económico y material por parte de las aldeas y pueblos de la Comunidad de Villa y Tierra.
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A.M.A.H. Obras Públicas. Leg. 616/4, 30 de agosto 1811.
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más tarde con la epidemia de cólera morbo que afectó a Alcalá con especial crudeza.
Pero en los momentos posteriores a la Guerra de la Independencia, y antes de sufrir importantes cambios en su fisonomía en la cuarta década del siglo XIX, ¿se había producido una reducción considerable del número de puertas de la ciudad?, ¿Habían desaparecido nuevos tramos de muralla? Una vez más contamos con dos referencias básicas, las obras públicas que se efectuaron en esta fase, y los acuerdos municipales, y dentro de ellos la celebración de la Feria de Alcalá a finales de agosto, en la que se describen, en algunas ocasiones, la organización espacial dentro de la ciudad de todos aquéllos que llegaban a ella, que instalaban su ganado entre las Puerta de Santiago y el Arco de San Bernardo87. También hemos recogido datos sobre la Puerta de Mártires, ésta con varias reformas entre 1800-1816, y la de Aguadores, para el año 1818, con motivo de la feria de San Bartolomé88. Nos resulta casi, sorprendente el mantenimiento en esas fechas de la Puerta de Santa Ana que, en 1823 se encuentra tapiada89. El conjunto de reformas en el área suroccidental de la ciudad, en la 2ª mitad del XVIII, sugerían su desmantelamiento.
3.3. La Alcalá Liberal: El acuartelamiento de tropas (1808-1870).
Pero si va a existir un cambio importante en la situación de la ciudad en este momento, entre 1820-1830, es la primera gran instalación de tropas y el paulatino acuartelamiento de ellas, en algunos casos con dificultades. El periodo bajo el gobierno de Fernando VII (1814-1833), coincide con una
87 A.M.A.H. Libro de Acuerdos. Leg. 808/1, 22 de agosto de 1825. 88 A.M.A.H. Libro de Acuerdos. Leg. 807/1, 20 de agosto de 1818.
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A.M.A.H. Obras Públicas. Leg. 1037/3, 8 de Julio de 1823. Se trata de una solicitud por los labradores Nicasio Fernández y Manuel Mamibla, como administradores de los señores canónigos, Pablo Aparicio, José Salamanca, y Luis Molina, señalando que “la puerta que llaman de Santa Ana cerrada con tapias, como los demás portillos a ésta, y siendo hasí que esta es una de las principales, como es público y notorio; y absolutamente necesaria para el uso de las gentes…”, solicitan se proceda a su apertura, por el enorme esfuerzo que requiere, el traslado de las cosechas de los campos próximos a otra puertas de la ciudad.
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importante reorganización de la ubicación de tropas en la Península tras tres procesos coincidentes: la pérdida de las colonias americanas, la necesidad de asegurar con la proximidad militar, cualquier asalto al poder, junto al deseo de evitar amotinamientos o sublevaciones.
Algo había cambiado después de 1814. Alcalá mantuvo a mediados de las década de los 20 del siglo XIX, un importante contingente de tropas realistas como contrarreacción al periodo de gobierno liberal entre 1820-1823. Una vez más prima en este caso, la necesidad de tener el control en la circulación de la población y los lugares de paso, por lo que en agosto de 1825 el Comandante de Armas Realistas solicitó el cierre de los portillos y cualquier acceso, a lo que la Corporación municipal contestó que era inviable realizar lo que se le pedía, entre otras razones : “que adem{s debe tener en consideración que hay otras muchas más entradas en esta ciudad ya por las tapias caídas de los corrales de algunas casas y ya también por algunas puertas accesorias de las mismas90”. Sugiere, aparentemente, que cada vez era
más difícil controlar la apertura en las tapias de la cerca, junto a su paulatino deterioro.
En este sentido, la epidemia de cólera morbo que asoló la Península a comienzos de la década de los 30, obligó a extremar las medidas sanitarias, incluyendo el cierre de la ciudad, para evitar el contacto de los vecinos, con la enfermedad, todo ello, con escaso éxito. Se constituyó una Junta Municipal de Sanidad que colaboró con la Provincial, instalada en Madrid91. Con tal fin, se prescriben un conjunto de normas de higiene y separación que en el caso de Alcalá de Henares se concreta en “*<+ se cierren provisionalmente con tapias de tierra
90
A.M.A.H. Libro de Acuerdos. Leg. 808/1, 22 de agosto de 1825.
91 Azaña reconoce a lo largo del siglo XIX, varios brotes de cólera morbo, siendo el más importante el
del año 1834, en AZAÑA, E. Historia de Alcalá de Henares, Alcalá de Henares, 1986, p. 1001. En una reciente publicación sobre el impacto de esta enfermedad en Alcalá de Henares, se realiza un amplio estudio sobre esta epidemia, en otros momentos, entre 1854 y 1855, especialmente, porque se señala “sin embargo de las infecciones de 1834 y 1865 no se tiene ninguna otra prueba documental”, en SIMÓN ARCE, R., “La gestión municipal de las epidemias en el siglo XIX: Alcalá de Henares”, VI Congreso de Historia Social de España, Madrid, 2008. A todas luces, se trata de una apreciación incorrecta.
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de una altura proporcionada las entradas de la ciudad, dejando abiertas, pero con puertas las de Madrid, Vado, Santiago y Mártires92 *<+”. La situación económica era tal, que el
ayuntamiento se declaró incapaz de financiar las obras necesarias para el cierre de la villa. Todo ello, debía ser más complejo que el mero control de las puertas principales, a lo que se unía la amenaza de que se produjesen disturbios ante la virulencia de la enfermedad, por lo que la Junta Municipal de Sanidad a instancias de la Provincial vuelve a aconsejar en noviembre de 1833: “Que se cierren las entradas y salidas de la población con paredes de tierra regularmente construidas dejando libre la comunicación por sola las puertas de Mártires, Santiago y Madrid, proveyéndose de las puertas que no tienen y tabicando las falsas que caen al campo93*<+”.
A esta situación, de imposibilidad de mantener el cierra de la ciudad, por la ausencia de muralla, la demolición de ella en años precedentes, se suma en 1834, cuando ya se ha producido la expansión de la enfermedad, un nuevo testimonio del estado en el que se encontraban éstas, redactado por el Subdelegado de Policía de Alcalá de Henares, en un oficio remitido a la corporación municipal en el que se describe:
“Se dio cuenta de un oficio del Sr. Subdelegado de Policía de esta ciudad fecha de hoy reducido { que lejos de dejar que se destruyan los portillos se haga el Ayuntamiento que se reparen por quienes los han destruido, y que se sostengan al menos mientras varíen las circunstancias94 *<+”.
Pero si la epidemia de cólera morbo nos sirve para observar uno de los fotogramas de la situación de la ciudad en la cuarta década del siglo XIX, existen algunos elementos que causaron una mayor incidencia sobre la muralla, y que provocaron su definitiva demolición, o desaparición. Uno de ellos, ya lo hemos mencionado, la instalación de tropas y la necesidad de acuartelar a un amplio conjunto de ellas, en edificaciones que, tras las desamortizaciones necesitaban cada vez mayor espacio, y una cierta
92
A.M.A.H. Libro de Acuerdos. Leg. 1044/2, 14 de septiembre de 1833.
93
Ibídem, 16 de noviembre de 1833.
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adaptación de las instalaciones. Muy unido a ello, desde los años 30, se está produciendo un fenómeno nuevo en el caso de la Ciudad, que está marcando su transición hacia el urbanismo militar y burgués decimonónico: la apertura de grandes rondas en torno a ella. Es una de las preocupaciones municipales recurrentes a lo largo de este periodo. Son frecuentes los nombramientos para tal fin, con personajes relevantes del municipio. Fue un proceso largo, iniciado en torno a 1833, que todavía se continuaba en 1846 produciéndose reformas y adecuaciones sucesivas de ésta95.
Coincidiendo con las obras vinculadas a la ronda, se planteó en 1834 la demolición de la torrea albarrana (Figura 2):
“El Sr. Echavarría como uno de los comisionados para la compostura de la ronda, hizo presente que reconociendo la zanja ha observado que la torre de la alvarrana y la inmediata hacia la Puerta de Madrid, ya separada de la tapia de la huerta están amenazando próxima ruina tanto muy sensible, cuanto se reúnen muchos niños con aquellas inmediaciones, sirviendo además de abrigo