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En las novelas de J. Saramago traducidas al español y publicadas en Cuba, aunque aparecen algunos pocos ejemplos en los que, tal como está normado y se ejemplifica más adelante, se separa el vocativo y la interjección del resto del enunciado, lo más recurrente es que no se exprese gráficamente la pausa que debe señalar estas estructuras.

• Se separa la interjección mediante comas

a) siéntate aquí, junto a mí, ay, me he mojado toda. (El año de la muerte de Ricardo Reis)

b) Jesús llamó, Eh, los de dentro, dijo, y acto seguido apareció una mujer en la puerta, (El evangelio según Jesucristo)

c) Se retorcían de risa, pateaban, batían en el suelo con los garrotes, uno de ellos avisó súbitamente, Eh, si alguna está con sangre, no la queremos, será para la próxima (Ensayo sobre la ceguera)

d) el aire fresco entra silbando y atiza el incendio, ah, sí, no lo olvidemos, los gritos de rabia y miedo, los aullidos de dolor y de agonía (Ensayo sobre la ceguera)

• Se separa el vocativo mediante comas

a) los espinos le cortan la piel de las piernas como uñas ávidas, las cerdas lo azotan, Oveja, dónde estás, grita él, y las colinas se pasan la consigna, (El evangelio según Jesucristo)

b) buenos resultados obtenidos, Sustanciales, papagayo de mar, Muy sustanciales, albatros, conseguimos excelente fotografía de la bandada de pájaros (Ensayo sobre la lucidez)

• Se separan por comas el vocativo y la interjección

a) imaginamos que por la altura, que la cara es barbada como la de todos, le gritará con una buena risa llana y medieval, Eh, hombre, altas son de más estas murallas para que a tus hombros pueda yo otra vez subir y lanzar la escala, (Historia del cerco de Lisboa)

2.4.2.1 Omisión de la coma que, según la norma, limita al vocativo

1. Estructura: adverbio afirmativo + vocativo. Se produce en el caso de los enunciados señor / sí señores, que se manifiestan tanto en los diálogos (incisos d, e, f, g, i, j, k, l que aparecen seguidamente) como en la intervención reflexiva u omnisciente del narrador (a, b, c, h).

a) Hay luna, se cree que fue Santa Lucía quien hizo el milagro, y al fin es sólo cuestión de aspirar, de olor, Sí señores, qué hermosa luna la de esta noche. (Memorial del convento)

b) Eran las cuatro de la mañana cuando salieron de casa para coger buen sitio en la explanada, a las cinco formó la tropa, ardían antorchas por todas partes, luego empezó a amanecer, bonito día, sí señor, Dios cuida bien su hacienda, ahora se ve el magnífico trono patriarcal, al lado izquierdo del pórtico, con su silla y dosel de terciopelo carmesí con guarniciones de oro, (Memorial del convento)

c) si no fueran las familias lo que son, fútiles, inconstantes, ésta vendría aquí a recordar al antepasado curador de ojos y otras cirugías, es bien verdad que no basta grabar el nombre en una piedra, la piedra queda, sí señores, se salvó, pero el nombre, si no se va a leer todos los días, se borra, se olvida, no está aquí. (El año de la muerte de Ricardo Reis)

d) Se calcula en más de dos mil el número de beneficiarios, Todo gente pobre, Sí señor, todo gente pobre, de las chozas, de las barracas. (El año de la muerte de Ricardo Reis)

e) Me recuerda una serpiente que se hubiera arrepentido en el momento de morderse la cola, Bien visto, sí señor, realmente, por muy agarrados que estemos a la vida, hasta una serpiente vacilaría ante la eternidad, (Historia del cerco de Lisboa)

f) No está obligado a más, sí señor, sobre todo, como en su caso, cuando falta el gusto por la modificación, el placer del cambio, el sentido de la enmienda, (Historia del cerco de Lisboa)

g) Para qué lo quiere, preguntas, pues, mira, es una buena pregunta, sí señor, lo malo es que no sé responderte, la cuestión, en su estado actual, está toda entre ellos dos, y Jesús no creo que sepa más de lo que a ti te haya dicho, (El evangelio según Jesucristo)

h) a los primeros pescadores que encontraron les preguntaron por Jesús. Habían oído hablar de él, sí señor, de él y de su magia, pero por allí no andaba. (El evangelio según Jesucristo)

i) Sí señor, la respuesta del niño salió con un tono de despecho, como si no le gustara que mencionasen su defecto físico, (Ensayo sobre la ceguera)

j) Me llevó a casa, es verdad, pero luego se aprovechó de mi estado para robarme el coche, No es verdad, yo no robé nada, Lo robó, sí señor, lo robó, (Ensayo sobre la ceguera)

k) hasta este momento no ha aparecido ni un solo elector a votar, hace ya más de una hora que hemos abierto, y ni un alma, sí señor, claro, al temporal no hay medio de pararlo, lluvia, viento, inundaciones, sí señor, seguiremos pacientes y a pie firme, claro, para eso hemos venido, no necesita decírmelo. (Ensayo sobre la lucidez)

l) Deme ese papel, y ya sabe, silencio absoluto si no quiere arrepentirse de haber nacido, Sí señor, quédese tranquilo, mi boca no se abrirá, (Ensayo sobre la lucidez)

2. Estructura: interjección + vocativo

a) pero yo te diré, Cuidado, oh predicador, que cuando vuelves el concepto de pies a cabeza, estás dando involuntaria voz a la tentación herética que duerme en ti y se revuelve en sueños, (Memorial del convento)

b) y entonces el pérfido Delagarde, pérfido le llama el historiador, le soltó un tortazo al pobre fraile, el cual, oh evangélica mansedumbre, oh lección divina, le ofrece incontinenti la otra mejilla, (Memorial del convento)

c) los acompañan hasta fuera del pueblo las infelices, que van clamando, ésta con el pelo suelto, Oh dulce y amado esposo, y otra protestando, Oh hijo, a quien tenía por consuelo y dulce amparo de esta fatigada vejez mía, (Memorial del convento)

d) va a levantar la bandeja, asegurándola, ahora se endereza, forma con ella un arco de círculo, se aleja hacia la puerta, oh Dios mío, hablará, no hablará, quizá no diga nada, quizá me toque sólo el brazo como el otro día, (El año de la muerte de Ricardo Reis)

e) y en él tumbado el que hace de muerto, con un pañuelo atándole la mandíbula y las manos cruzadas, aprovecharon que ya no llovía y se echaron a la calle, Ay mi maridito que no te vuelvo a ver, gritaba en falsete un bigardo cargado de crespones negros, y unos que hacían de huerfanitas, Ay papaíto, que tanta falta nos haces, alrededor corrían otros pidiendo ayuda para el entierro, (El año de la muerte de Ricardo Reis)

f) La gente, al cruzarse con él, gritaba, Eh muerte, Eh estafermo, pero el enmascarado no respondía, ni volvía la cabeza, siempre adelante, el paso rápido, subió las Escaleras del Duque de dos en dos, ágil criatura, no podía ser Fernando Pessoa, (El año de la muerte de Ricardo Reis)

g) se tira el endemoniado al suelo y clama en voz alta, Qué quieres de mí, oh Jesús, hijo de Dios Altísimo, por Dios te pido que no me atormentes. (El evangelio según Jesucristo)

h) Después de asegurarse de que los micrófonos estaban desconectados, el comisario masculló un desahogo, Qué payasada ridícula, oh dioses de la policía y del espionaje, yo papagayo de mar, él albatros, sólo falta que comencemos a comunicarnos por medio de gañidos y graznidos, tempestad, por lo menos, ya tenemos. (Ensayo sobre la lucidez)

i) iban a los espectáculos deportivos, en particular al fútbol y al baloncesto, que son los que más juego dan en las gradas, entablaban conversación con los vecinos, y, en el caso del fútbol, si el empate era a cero le llamaban, oh astucia sublime, con sobreentendidos en la voz, resultado en blanco, a ver qué pasaba. (Ensayo sobre la lucidez)

Si se tiene en cuenta el presupuesto de J. Saramago relacionado con la analogía entre la música y la expresión escrita (ver nota 6), entendidas ambas creaciones como manifestaciones de ritmo, la ausencia del signo en estos casos puede explicarse a partir de un planteamiento de J. A. Benito, quien considera que la coma que aísla el vocativo deja de ser un indicador fonológico en el lenguaje oral, pues en él no se realiza nunca la pausa correspondiente. (1992: 12)

La misma cuestión es anotada por C. Figueras al considerar que «en la teoría de la puntuación convergen dos tipos de recomendaciones: las que se refieren a los usos de los signos de puntuación en la lectura, y las que atienden a las funciones gramaticales de la puntuación en la escritura. Unos y otros, sin embargo, resultan a menudo contradictorios» (2001: 24), como en el caso de la coma tras el vocativo, o entre la interjección y el vocativo, como puede verse a continuación.

2.4.2.2 Omisión de la coma que, según la norma, limita la interjección

a) Ay qué diferente es el carnaval en Portugal. Allá en las tierras del otro lado del mar, las tierras de Cabral donde canta el sabiá y brilla la Cruz del Sur, bajo aquel cielo glorioso, y calor, que si el cielo se enturbia al menos el calor no falta, desfilan las comparsas bailando avenida abajo, con cuentas que parecen diamantes, (El año de la muerte de Ricardo Reis)

b) Lo conozco, albatros, No lo conoce, no pertenece al servicio, Ah, Responderá a su consigna con la frase Oh no, el tiempo siempre falta, Y la mía, cuál es, El tiempo siempre llega, (Ensayo sobre la lucidez)

c) es acreedor de toda nuestra confianza, ellos son conscientes, oh sí, absolutamente conscientes, de la trascendente importancia de estas elecciones municipales para el futuro de la capital. (Ensayo sobre la lucidez) 2.4.2.3 Omisión de los signos de interrogación en enunciados interrogativos

a) Preguntó el rey, Es verdad lo que acaba de decirme su eminencia, que si yo prometo levantar un convento en Mafra tendré hijos, y el fraile respondió, Es verdad, señor, pero sólo si el convento es franciscano, y volvió el rey, Cómo

lo sabéis, y fray Antonio dijo, Lo sé, no sé cómo he llegado a saberlo, yo soy sólo la boca de que la verdad se vale para hablar, la fe no tiene más que responder, (Memorial del convento)

b) y eran casi todas rubias, de ojos azules, verdes, cenicientos, Quiénes son éstas, preguntó Sietesoles, y cuando un hombre se lo dijo ya estaba él seguro de que eran las inglesas llevadas al navío de donde por fraude del capitán habían salido, (Memorial del convento)

c) Mientras el conductor bajaba el portaequipajes fijado en la trasera del automóvil, el viajero preguntó, notándosele por primera vez un leve acento brasileño, Por qué están en la dársena esos barcos, y el maletero respondió, jadeando, pues ayudaba al conductor a izar la maleta grande, pesada, Ah, es la dársena de la marina, fue por el mal tiempo, los mandaron para aquí anteayer, si no, eran capaces de garrar y encallar en Algés. (El año de la muerte de Ricardo Reis)

d) Cuánto le debo, preguntó el viajero. Por encima de la tarifa, lo que quiera dar, respondió el maletero, pero no dijo cuál era la tarifa ni el precio real del servicio, se fiaba de la fortuna que protege a los audaces, aunque los audaces sean maleteros, (El año de la muerte de Ricardo Reis)

e) y él, que no sabía si soñaba o estaba despierto, preguntó, para estar seguro, Señora, quién sois vos, y ella respondió, con buenos modos, Yo soy la Virgen, (Historia del cerco de Lisboa)

f) Mi libro, se lo recuerdo, es de historia, Así lo designarían sin duda, de acuerdo con la clasificación tradicional de los géneros, pero no siendo mi propósito apuntar otras contradicciones, en mi modesta opinión es literatura todo lo que no es vida, La historia también, La historia sobre todo, y no se ofenda, Y la pintura, y la música, La música anda resistiéndose desde que nació, unas veces va, otras viene, quiere librarse de la palabra, supongo que por envidia, pero vuelve siempre a la obediencia, Y la pintura, Bueno, la pintura no es más que literatura hecha con pinceles, Espero que no olvide

que la humanidad empezó a pintar mucho antes de saber escribir, (Historia del cerco de Lisboa)

g) y en este momento una voz dentro de sí preguntó, Qué es lo que en nosotros sueña lo que soñamos, Quizá los sueños son recuerdos que el alma tiene del cuerpo, pensó, y esto era una respuesta. (El evangelio según Jesucristo)

h) Se llenó de temor su corazón, imaginó que el mundo iba a acabarse, y él puesto allí, único testigo de la sentencia final de Dios, sí, único, hay un si- lencio absoluto tanto en la tierra como en el cielo, ningún ruido se oye en las casas vecinas, aunque fuese sólo una voz, un llanto de niño, una oración o una imprecación, un soplo de viento, el balido de una cabra, el ladrar de un perro, Por qué no cantan los gallos, murmuró, y repitió la pregunta, ansiosamente, como si del canto de los gallos pudiera venirle la última esperanza de salvación.

i) Se levantó, y preguntó aún, Notas alguna diferencia, Ninguna, dijo él, Aten- ción, voy a apagar la luz, ya me dirás, ahora, Nada, Nada qué, Nada, sigo viendo todo igual, blanco todo, para mí es como si no existiera la noche. (Ensayo sobre la ceguera)

j) Habían llegado al portal, dos vecinas miraron curiosas la escena, ahí va el vecino, y lo llevan del brazo, pero a ninguna se le ocurrió preguntar, Se le ha metido algo en los ojos, no se les ocurrió y tampoco él podía responderles, Se me ha metido por los ojos adentro un mar de leche. (Ensayo sobre la ceguera)

k) El secretario se encogió de hombros y preguntó, Tomo nota del requerimiento del representante del pdd, señor presidente, Opino que no es para tanto, (Ensayo sobre la lucidez)

l) durante horas y horas estas y otras mil frases igualmente inocuas, igualmente neutras, igualmente inocentes de culpa, fueron desmenuzadas hasta la última

sílaba, desgranadas, vueltas del revés, majadas en el almirez de las

preguntas, Explíqueme qué cántaro es ése, Por qué el asa se suelta en la fuente y no durante el camino o en casa, Si no solía votar, por qué ha votado esta vez, Si la esperanza es como la sal, qué cree que debería hacerse para que la sal sea como la esperanza, Cómo resolvería la diferencia de color entre la esperanza, que es verde, y la sal, que es blanca, Cree realmente que la papeleta de voto es igual que un billete de lotería, Qué pretendía decir cuando usó la palabra blanco, y otra vez, Qué cántaro es ése, Fue a la fuente porque tenía sed, o para encontrarse con alguien, El asa del cántaro es símbolo de qué, Cuando pone sal en la comida está pensando que le pone esperanza, (Ensayo sobre la lucidez)

m)el hecho de que no se hable de ellas no prueba que no existan, ha comprendido, papagayo de mar, Sí, albatros, he comprendido perfectamente, Que va hacer mañana, papagayo de mar, Atacaré al águila pescadora, Quién es el águila pescadora, papagayo de mar, acláreme, La única que existe en toda la costa, albatros, que se sepa no hay otra, (Ensayo sobre la lucidez) Como se ve, en ocasiones se prepara al lector para la lectura de una interrogación a partir de la presencia de unidades léxicas. Las más comunes son las formas del verbo preguntar

preguntó, volvió [a preguntar]— o la introducción del lexema en función complementaria —repitió la pregunta—, que pueden aparecer antes del enunciado interrogativo o después de él. En otros casos, no obstante, se deja al lector la interpretación de la marca entonativa, como en f) y en m).

2.4.2.4 Omisión de los signos de exclamación en los enunciados que expresan ese matiz

a) Dame el pan, Baltasar, dame el pan, por el alma de quien la tienes, Primero has de decirme qué secretos son éstos, No puedo, gritó ella, y bruscamente intentó rodar hacia afuera del jergón, pero Sietesoles le echó el brazo sano, la cogió por la cintura, ella se debatió brava, luego le pasó la pierna derecha por encima y así liberada la mano, quiso apartarle los puños de los ojos, pero ella volvió a gritar, despavorida, No me hagas eso, y fue tal el grito que

Baltasar la dejó, asustado, casi arrepentido de su violencia, (Memorial del convento)

b) Ay al día siguiente, pasado que fue aquel primer susto de repetirse la racha de viento del mar, que agitó todo aquel tablado, pero, en fin sopló y pasó, ay al día siguiente, volvamos a la exclamación y atentos a la fecha, diecisiete de noviembre de este año de gracia de mil setecientos diecisiete, se multiplicaron las pompas y ceremonias en el atrio desde las siete de la mañana, (Memorial del convento)

c) los acompañan hasta fuera del pueblo las infelices, que van clamando, ésta con el pelo suelto, Oh dulce y amado esposo, y otra protestando, Oh hijo, a quien tenía por consuelo y dulce amparo de esta fatigada vejez mía, (Memorial del convento)

d) La gente, al cruzarse con él, gritaba, Eh muerte, Eh estafermo, pero el enmascarado no respondía, ni volvía la cabeza, siempre adelante, el paso rápido, subió las Escaleras del Duque de dos en dos, ágil criatura, no podía ser Fernando Pessoa, (El año de la muerte de Ricardo Reis)

e) entonces se acerca Ricardo Reis, Marcenda se había levantado, resignada, y él entonces pone sobre su seno los dedos índice y corazón, juntos al lado del corazón, no fue preciso más, Milagro, milagro, gritan los peregrinos, olvidados de sus propios males, les basta el milagro ajeno, ahora afluyen, traídos en confusión o venidos por su difícil pie, los lisiados, los paralíticos, los tísicos, los llagados, los frenéticos, los ciegos, es toda la multitud que rodea a Ricardo Reis, implorando una nueva misericordia, (El año de la muerte de Ricardo Reis)

f) cuando Cristo se apareció al rey portugués y éste le gritó, mientras el ejército postrado en el suelo lloraba, A los infieles, Señor, a los infieles, y no a mí, que creo lo que podéis, pero Cristo no quiso aparecerse a los moros, (Historia del cerco de Lisboa)

g) no habría sido preciso esperar tres siglos a Maquiavelo para enriquecer la práctica y el vocabulario de la astucia política, sin más pensar llamaríamos afonsino a este golpe genial, Alá es el único Dios, grita el almuédano, y, como un solo hombre, avanzan los portugueses a paso de carga (Historia del cerco de Lisboa)

h) Es lo que tiene el tiempo, corre y no nos damos cuenta, anda uno ocupado en sus cosas, de pronto se le ocurre y exclama Dios mío, cómo pasa el tiempo, parece que era hoy aún cuando estaba Salomón vivo, y han pasado ya tres mil años, (Historia del cerco de Lisboa)

i) A Belén de Judea, informó el marido, Huy, qué lejos está eso, exclamó

Chua, y no era hablar por hablar, pues una de las veces que fue en peregri- nación a Jerusalén bajó hasta Belén, allí al lado, para orar ante la tumba de Raquel. (El evangelio según Jesucristo)

j) Tiago y José, se acercaban, no oyeron lo que Jesús habló, pero no valía la pena ir a identificar al visitante, Lidia gritaba, entusiasmada, Es Jesús, es nuestro hermano, entonces todas las sombras se movieron y en la puerta de la casa apareció María, (El evangelio según Jesucristo)

k) los conductores, allá atrás, que no sabían lo que estaba ocurriendo, protestaban contra lo que creían un accidente de tráfico vulgar, un faro roto, un guardabarros abollado, nada que justificara tanta confusión. Llamen a la policía, gritaban, saquen eso de ahí. El ciego imploraba, Por favor, que alguien me lleve a casa. (Ensayo sobre la ceguera)

l) Al fin, un ciego había tropezado con las cajas y gritaba, abrazado a ellas, Están aquí, están aquí, si este hombre recupera la vista algún día, seguro que no anuncia con mayor alegría la buena nueva. (Ensayo sobre la ceguera) m)Entonces el viejo, como para agradecer la acogida, anunció, Tengo una

música, qué bien, Sí, pero es una radio pequeña, de pilas, y las pilas no duran siempre, recordó el viejo, (Ensayo sobre la ceguera)

n) el periódico no iba a estar durante todo el día en los quioscos, podía

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