3.6. Institutional frameworks and requirements for efficient, effective and equitable water
3.6.3. Effectiveness and equity indicators
EL
MECÁNICO
Una vez iba un hombre en su automóvil por una larga y muy solitaria carretera cuando de pronto, su auto comenzó a detenerse hasta quedar estático. El hombre bajó, lo revisó, trató de averiguar que era lo que tenía. Pensaba que pronto podría encontrar la razón de la falla pues hacía muchos años que conducía ese automóvil, sin embargo, después de mucho rato se dio cuenta de que no encontraba el daño del motor. En ese momento apareció otro carro, del cual bajó un hombre y le ofreció ayuda. El dueño del primer auto dijo:
–Mira, éste es mi auto de toda la vida, lo conozco como la palma de mi mano. No creo que tú sin ser el dueño puedas hacer algo.
El otro hombre insistió con una cierta sonrisa, hasta que finalmente el primer hombre dijo:
–Bueno, haz el intento pero no creo que puedas pues éste es mi auto.
El segundo hombre echó manos a la obra y en pocos minutos encontró el daño que tenía el auto y lo pudo arrancar. El primer hombre quedó atónito y preguntó: –¿Como pudiste arreglar el auto si es mi auto?
El segundo hombre contestó:
–Verás, mi nombre es Felix Wankel... ¡yo inventé el motor rotatorio que usa tu auto!
Para reflexionar:
¿Le has dado a los demás el puesto que se merecen? ¿Consideras oportunas las ayudas de los demás?
¿Te has encontrado ante una situación similar?
EL
RATÓN
Y
LA
RATONERA
Un ratón, mirando por un agujero en la pared ve a un granjero y a su esposa abriendo un paquete… Pensó, luego, qué tipo de comida podía haber allí... Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una ratonera (trampa para ratones). Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: –¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!
La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levantó la cabeza y dijo:
–Discúlpeme señor ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero no me perjudica en nada, no me incomoda.
–¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!
–Discúlpeme señor ratón, pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones.
El ratón se dirigió entonces a la vaca, y la ésta le dijo:
–¿Pero acaso, estoy en peligro? Pienso que no –dijo la vaca.
Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a la ratonera del granjero. Aquella noche se oyó un gran barullo, como el de una ratonera atrapando su víctima.
La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado. En la oscuridad, ella no vio que la ratonera atrapó la cola de una cobra venenosa. La cobra picó a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital.
Ella volvió con fiebre. Todo el mundo sabe que para alimentar a alguien con fiebre, nada mejor que una sopa. El granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina. Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla. Para alimentarlos, el granjero mató el cordero. La mujer no mejoró y acabó muriendo. El granjero entonces vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral.
Para reflexionar:
La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que como no es tuyo, no le prestas atención...
piénsalo dos veces. El que no vive para servir, no sirve para vivir.
EL
TAZÓN
DE
MADERA
El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de 4 años. Se mudó de su casa, estaba solo y deseaba compartir sus últimos días con ellos. Los años no pasaron en balde y ya las manos le temblaban, la vista era torpe y los pasos no eran tan fuertes como hacía unos años. Toda la familia comía en la misma mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del abuelito hacían que alimentarse fuera un asunto difícil, los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, era muy fácil que se le derramara la leche sobre el mantel.
El hijo y su esposa se cansaron de la situación: –Tenemos que hacer algo con el abuelo –dijo el hijo.
–Ya he tenido suficiente y estoy muy harto de esta situación, derrama la leche; hace ruidos al comer y tira la comida al suelo, es hasta un mal ejemplo para el niño.
–Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor, pasaban los días y el abuelo comía solo en su mesita, mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer en la mesa grande. Como ya había roto varios platos, su comida era servida en un tazón de madera; de vez en cuando los esposos miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba allí sentado comiendo solo.
Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida o hacía ruidos al sorber la sopa. El niño de 4 años observaba todo en silencio. Una tarde antes de la cena, el papá observó que su hijo estaba jugando con trozos de madera en el suelo... y le preguntó suavemente:
–¿Hijo; que estás haciendo?
Con la misma dulzura, el niño contestó:
–¡Ah!, estoy haciendo un tazón para ti y otro para mi mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos.
Sonrió y siguió con su tarea. Las palabras del pequeño golpearon a sus padres de tal forma que quedaron sin habla. Las lágrimas brotaron de sus mejillas, y aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer. Esa tarde el esposo tomó gentilmente la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia. Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa de ellos y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se le caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.
Para reflexionar:
¿Por qué a veces somos tan superficiales? ¿Por qué crees que los hijos tendemos a
alejar a nuestros padres?
¿Por qué crees que el abuelo no dijo nada?
LA
MANSIÓN
ETERNA
Un día una señora falleció y llegó al cielo junto a las miles de personas que diariamente mueren, estaba haciendo fila para saber cuál sería su destino eterno. De pronto, apareció san Pedro y les dijo:
–Vénganse conmigo y les mostraré en qué barrio está la casa que le corresponde a cada uno, ello dependerá de la cantidad de amor que cada cual haya ofrecido en la tierra a los demás, aquí la única cuota inicial que se recibe para su habitación eterna es la caridad y el buen trabajo que hayan dado en la tierra. Y los fue guiando por barrios de lujo, como ella jamás pensó que pudieran existir.
Llegaron a un barrio hecho todo de oro, casas de oro, puertas doradas, paredes y techos de oro, ¡una maravilla!, y san Pedro exclamó:
–Aquí todos los que gastaron mucho dinero en ayuda a los necesitados, los que dieron su vida por amor a los demás.
Y fueron entrando todos los generosos: los que partieron el pan con el hambriento, los que regalaron sus vestidos a los pobres, consolaron a los presos y visitaron enfermos. La señora quiso entrar, pero un ángel la detuvo al tiempo que le decía:
–Perdóneme, pero usted en la tierra no dio ni migajas a los demás, jamás dio nada que en verdad costara ni en tiempo ni en dinero, ni tampoco en vestido. Este barrio es solamente para los de corazón generoso. Y no la dejó entrar.
Pasaron luego a otro barrio de la eternidad, todas las casas estaban construidas en marfil, todo blancura y elegancia nunca vista. La señora se apresuró a entrar en tan hermoso barrio pero un ángel guardián la tomó del brazo y le dijo:
–Me da pena señora pero este barrio es solamente para aquellos que tuvieron un trato limpio y sincero con los demás; usted era una persona cruel con los otros, dura, criticona y hasta grosera en su trato.
Y mientras los demás estaban gozosos en tomar posesión de sus lujosas casas, la pobre mujer se quedaba afuera mirando con envidia a aquellos que habían sido afortunados. Ella no pudo entrar, le faltaba la cuota inicial: haber tratado bien a los demás.
Siguieron luego a un tercer barrio, todo era del más puro cristal, todo brillante y hermoso; la señora corrió a tomar posesión de una de aquellas maravillas pero el ángel portero la detuvo y le dijo muy serio:
–En su pasaporte dice que usted no se interesó, ni poco ni mucho por instruir a los demás y nunca se preocupó porque las personas con las que usted vivía se volvieran mejores, así que no hay casa para usted, le falta la cuota inicial de haber colaborado para que otros se instruyeran en las cosas del Señor.
Entristecida, la pobre mujer veía que entraban miles de personas muy alegres a tomar posesión de su casa, mientras ella, con un numeroso grupo de egoístas, era llevada, cuesta abajo hacia un barrio verdaderamente feo y asqueroso, todas las habitaciones estaban construidas de desechos; el único material que se había utilizado para la construcción de aquellas casas eran objetos extraídos de la basura. Las lechuzas sobrevolaban por ahí, ratones moraban en aquel lugar, ella se tapó la nariz porque la fetidez era insoportable y quiso salir huyendo. No obstante, el guardián del barrio le dijo muy seriamente:
–Una de estas casas será tu habitación, ven a tomar posesión de ella.
La mujer gritó angustiada que no, que eso era horrible, que jamás sería capaz de vivir en semejante montón de basura y el ángel le respondió:
–Señora, esto es lo único que hemos podido construir con la cuota inicial que usted envió desde la tierra, las habitaciones de la eternidad las hacemos con los materiales que las personas mandan desde el mundo, usted cada día solamente enviaba egoísmo, malos tratos a los demás, murmuraciones, críticas, palabras hirientes, odios, tacañería y envidia, ¿que más hubiésemos podido construirle? ¡Usted misma nos mandó el material para construirle su mansión!
La mujer empezó a llorar y a decir que ella no quería vivir ahí, y de pronto, al hacer un esfuerzo para zafarse de las manos de quien quería hacerle vivir en semejante casa, dio un salto... ¡y se despertó!
Tenía la almohada empapada en lágrimas; sin embargo, aquella pesadilla le sirvió de examen de conciencia y desde entonces empezó a cambiar su vida, y a cambiar el material que enviaba como cuota inicial para la cons-trucción de su casa eterna.
Para reflexionar:
¿Qué brindas a los que te rodean en el día a día? ¿Cómo es tu relación con los demás?
¿Crees que con lo que das a diario tienes la “cuota inicial”?