1.1. Al Capítulo I
• La pregunta fundamental fue traducida en términos de analizar cómo ha influenciado la música religiosa popular (como un metalenguaje teológico) en la transformación y/o creación de la imagen de Dios en el ser humano creyente, para, entre otras cosas, revalidar la importancia de la música en la evangelización.
• Se estableció la necesidad del problema en la medida en que se hace evidente una revalidación del papel evangelizador de la música sacra, en cuanto que ésta tiene un estatus performativo en la integralidad de la persona y, por ende, en la creación, formación y transformación de la imagen de Dios en el ser humano creyente.
1.2. Al Capítulo II
• Se cataloga a la música como un ejercicio libre de la existencia del ser humano; como una acción a través de la cual dicho ser humano ejerce su estructura, que es Dios mismo; en dicho ejercicio, Dios se revela, y por ende, el ser humano capta, en mayor o menor medida, a Dios. Por ello, se
determina que la música es un vehículo de la revelación de Dios y, consecuentemente, de la creación y/o transformación de las imágenes de Dios que el ser humano se gesta.
• Se determina, de la mano conceptual de González Faus, la posible clasificación de las imágenes de Dios del mundo actual en tres grupos, a saber: las imágenes idolátricas de Dios, la imagen de un Dios manipulable y las imágenes increyentes de Dios. Cada grupo, en general, contiene una subdivisión de pequeñas imágenes de Dios.
• Las imágenes que se presentan en el transcurso del presente documento son las imágenes idolátricas de Dios y la imagen de un Dios manipulable; se hace especial énfasis en esta última; de igual forma, se subraya la imagen idolátrica de Dios denominada como el Dios sin espíritu.
• Las imágenes de Dios que no se presentan en el transcurso del trabajo investigativo son las imágenes increyentes de Dios, a saber, un Dios rival, un Dios inútil o un Dios sin novedad, dado que estas imágenes corresponden a seres humanos no creyentes, por lo que quedan fuera del rango de investigación.
• González Faus plantea las imágenes alteradas o desviadas de Dios (que son las anteriores) y la imagen acertada, que es la imagen de Dios de Jesucristo. Esta se da en el creer en Dios; para González Faus, desde la óptica de Jesús creer en Dios consistía en practicar a Dios; el énfasis de la concepción y de la imagen de Dios lo ubica, pues, en las acciones y no tanto en las ideas o conceptos realizables del mismo.
1.3. Al Capítulo III
• Se realiza un estudio breve del canto gregoriano en cuanto a su historia, estructura y formas musicales. Se resalta la importancia del gregoriano como música litúrgica; en otras palabras, la liturgia hecha lenguaje musical, diferenciándola de una concepción que separe las dos cosas haciendo a la una servidora prescindible de la otra.
• Se expuso la teoría del octoecos, explicitando, en cada uno de los ocho modos gregorianos, su estructura musical y su ethos o caracterización particular, la que permite que cada pieza gregoriana (correspondiente obligatoriamente a uno de estos ocho modos) transmita un espíritu y sentimientos particulares correspondientes inefablemente al contenido de su texto.
• Se realizó un ejercicio de análisis de una melodía gregoriana desde la óptica teológica, sobre todo en búsqueda de la comprensión del texto y la imagen de Dios que éste representa para el compositor de la pieza, obteniendo como resultado que la melodía está construida como una síntesis muy conveniente para la transmisión de una imagen de Dios como la sugerida por González Faus: creer en Dios.
• Se establecieron siete criterios de juicio fundamentados en el gregoriano, que servirán de sustento y de patrón de discernimiento para el establecimiento de la forma en la que una melodía religiosa es creadora y formadora de una imagen de Dios adecuada, según los criterios de González Faus. Estos criterios son la base para el análisis de confrontación sobre el trabajo de campo posterior y para la determinación de la propuesta.
• Los siete criterios que permitirán determinar esa gestación de personas humanas que crean, forman y transforman las imágenes de Dios establecen a la liturgia y la música como una unidad indivisible, le atribuyen a la música la función de crear comunidad a partir de procesos personales de interiorización y experiencia íntima con Dios, ponen la música al servicio de esta experiencia y de la palabra (lo cual la carga de un sentido inconmensurable), y ponen la estructura musical como un vehículo especial y delicado para la transmisión de cada uno de los sentimientos particulares o contenidos de la experiencia religiosa. Además, la música formada de este modo traspasa los límites del tiempo pues perdura en la historia, por ser artística.
1.4. Al Capítulo IV
• Se realizó un trabajo de campo a personas de dos ambientes parroquiales diferentes, con resultados más o menos similares. Esto se hizo a través de un instrumento diseñado en dos partes: un pre-análisis, que daba los insumos y horizontes para un posterior análisis.
• Las conclusiones parciales de este trabajo de campo ponen de manifiesto que las imágenes de Dios predominantes en los seres humanos creyentes actuales son, en la terminología de González Faus, la de un Dios manipulable y la de un Dios sin espíritu.
• Los resultados de las preguntas dirigidas directamente al cuestionamiento por el gusto estético de las personas arrojó resultados reveladores: la música religiosa popular, en su gran mayoría, no está cumpliendo con su finalidad evangelizadora, en virtud de la decadencia de la dimensión estético – artística de la misma. Los componentes que enlazan una belleza
musical con un significado de un contenido de sentido profundo parecen haber desaparecido de un conglomerado amplio de los cantos o himnos religiosos populares cantados en nuestros templos en la actualidad.
• A la anterior causal obedece el hecho de que las personas gesten la imagen de Dios como un ser manipulable: la música de un rito puede ser manipulable al antojo de cualquiera de los entes participantes del mismo, sin mayores criterios que su juicio crítico o subjetividad.
• De igual forma, el Dios sin espíritu aparece como consecuencia lógica, en la medida en que la superficialidad estructural de estos cantos religiosos afectan de forma mediocre a las diversas inteligencias del ser humano (emocional, espiritual, musical, entre otras), implicando una no profundización de las cosas; en este caso, de la experiencia de Dios, lo que produce una transmisión sin sentido de algo que no tiene sentido, es decir, de una experiencia de Dios que no tiene profundidad en la intimidad del ser humano.
1.5. Al Capítulo V
• Con base en la confrontación entre los contenidos de los capítulos segundo (la música gregoriana) y tercero (la música religiosa popular actual), teniendo en cuenta los siete criterios, se concluye que la música religiosa popular actual no cumple a cabalidad con ninguno de esos siete criterios.
• La música religiosa, por ser música, es performativa. Crea una realidad y universos propios en el interior de cada ser humano, pues, además de todo, pertenece a un tipo de inteligencia que éste posee. Por tal motivo, para que la música religiosa popular actual retorne a su ideal evangelizador y transmisor – performativo de imágenes de Dios, que a la vez gesten
acciones concordantes con ello, adecuadas y semejantes con la imagen de Dios de Jesucristo del creer en Dios, debe seguir ciertos parámetros que, claramente, se está saltando. Y esos parámetros están resumidos en los siete criterios del capítulo tercero, sobre la música religiosa en su apartado gregoriano.