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The effects of applied uniaxial stress during devitrification on

La población libre e independiente de los asentamientos ur­ banos y rurales, cuya segura situación económica se basaba en la producción agrícola y artesanal y en el comercio y que empleaban más o menos a los esclavos como mano de obra representan a la clase dominante , a la llamada clase de ios awi- lü. La interpretación etimológica de esta expresión es todavía incierta. Su equivalente hebrea ’u l significa «prohombre», «noble» (similar es también la expresión árabe ’auwalun, que significa el «primero»). En acadio, esta expresión designaba en principio a una persona cuya situación dentro de la tribu y de la familia era preeminente . Los awilü, pertenecientes a las ca­ pas superiores de la escala social, formaban el más poderoso factor económico de la sociedad mesopotámica. Cuando el des­ arrollo de las fuerzas de producción condujo a una mayor divi­ sión social del trabajo, esto es, a la separación de agricultores y artesanos, éstos no limitaron la producción a lo necesario para su propio consumo, sino que la aumentaron también para el intercambio, llevado a cabo mediante la venta de los produc­ tos. Permanecieron en los puestos dirigentes cuando el gran impulso de la producción agrícola y artesanal llevó a la diferen­ ciación de una nueva categoría, la de los comerciantes, que, sin poseer ellos mismos medios de producción, obtenían beneficio

al mediar en la compra y la venta de Jas mercancías entre los productores.

Entre los awtlü se distinguen claramente distintas capas so­ ciales. Las diferencias de su posición estaban condicionadas por Ja mayor o menor importancia de sus miembros en la vida política, en la producción agrícola y artesanal o en el comercio. En la cima de la escala social formada por las capas de ciudada­ nos libres se encontraba por supuesto el rey con sü familia, su corte y los altos funcionarios por un lado, y por otro los repre­ sentantes de la hierocracia del templo. Seguían los grandes terratenientes, los más importantes artesanos y los grandes co­ merciantes. Sólo después de éstos venían los productores me­ dios y Jos ciudadanos libres normales. Esta desigualdad entre los awtlü estaba incluso correspondientemente reflejada en la legislación mesopotámica. Según las leyes de Hammurabi, el awilum que golpeaba la mejilla de otro awilum situado por en­ cima de él en Ja escala social, era castigado a recibir sesenta lati­ gazos ante la asamblea pública. A este tipo de castigo iba pues asociado un carácter difamatorio. Pero si el golpeado había si­ do un awtlum de su misma posición, el castigo se limitaba a una multa de una mina de plata (art. 202, 203).

Gran parte de la legislación sumeria y aCadia se ocupa de proteger Jos intereses económicos de los awtlü y de las rela­ ciones entre ellos. Dicha legislación debía servir también estos intereses. Precisamente en ello se manifiesta su carácter de cla­ ses (véase cap. XIV).

En la época neobabilonia la expresión awilum deja de desig­ nar a un miembro de la clase dominante, pasando a significar simplemente, «hombre». Con Ja forma abstracta que se derivó de esta expresión, awilütu indicaba en aquella época la servi­ dumbre no libre (esto es, los esclavos y esclavas en un determi­ nado estado).

El p r o b l e m a d e l o s m u s h k e n u

Desde la época sumeria antigua hay que diferenciar, junto a Ja clase de los ciudadanos libres y a la de los esclavos, una terce­ ra categoría de personas cuya posición social no ha podido ser puesta en claro hasta el momento..En los arcaicos textos econó­ micos de Fara (Shuruppak) la expresión sumeria que se en­ cuentra para designar a este grupo es mash . en , kak , mientras que en los textos acadios se les denomina como mushkénü. Eti­ mológicamente se podría derivar esta expresión del verbo shu- kenu que equivale al concepto de «inclinarse» (concretamente, inclinarse hacia el suelo ante una persona de mayor posición so­ cial como muestra de respeto). Evidentemente, los mushkénü eran personas subordinadas y dependientes de otras en el plano laboral. En el corpus lingüístico arameo, hebreo, árabe y etíope

existe una expresión idiomática análoga que significa «un pobre infeliz». Similar sentido poseen la expresión italiana meschino y la francesa mesquin.

La situación jurídica de los mushkénü está mencionada en el código de Eshnunna. En el de Hammurabi a los mushkénü se les menciona normalmente tras los arnlü, pero siempre antes que a los esclavos. Para los delitos cometidos contra un mush­ kénum el castigo fijado es siempre menor que para los delitos cometidos contra un awilum. Por el mismo tratamiento, el mushkénum debe pagar al médico un honorario menor que el awilum, pero mayor que el que debe pagar su dueño por el tra­ tamiento de un esclavo. El legislador concede también su pro­ tección a los bienes muebles e inmuebles de los mushkénü. Es­ ta actitud del legislador ante los mushkénü na sorprende en absoluto, debido al marcado carácter de clases de la legislación mesopotámica pero permite ver con mayor claridad la posición social de los mushkénü. Los mushkénü trabajaban principal­ mente las tierras de palacio que les eran distribuidas bajo de­ terminadas condiciones. Estaban obligados a cultivar la tierra, que no podían abandonar, y a entregar al palacio una parte de los beneficios. Durante las campañas guerreras estaban obliga­ dos a participar en ellas. Los bienes inmuebles que les eran confiados podían ser transferidos, junto a las obligaciones inherentes, a los herederos de los mushkénü. Bajo estas mismas condiciones también podían ser vendidos. Los mushkénü podían disponer libremente de sus propios bienes e incluso po­ seer esclavos, cuya situación era en algunos aspectos más favo­ rable que la del esclavo de un awilum. No ha podido todavía constatarse si era el rey quien entregaba los esclavos al mushké­ num junto con las tierras. Los mushkénü podían trabajar tam­ bién como artesanos, sin que tampoco en este caso pudieran abandonar su lugar de trabajo.

La capa social que equivalía en Asiria a los mushkénü era la de los llamados khupshu, mientras que en la época neobabiló­ nica se empleó la palabra shushané para designar a estas perso­ nas. Se conserva una curiosa queja de un funcionario del período asirio tardío, a quien alguien impedía disfrutar de las tierras que le habían sido confiadas. Después de aludir a su po­ sición de mushkénum, ruega aí soberano: «El rey mi señor sabe que soy un mushkénum, que cumplo mis deberes para con el rey, que no abandono la corte; que me sea devuelto el terreno para que no muera de hambre.»

No puede considerarse a los mushkénü, según han supuesto algunos investigadores, como a los primitivos habitantes de la región sumeria conquistada por Hammurabi, que no poseían igualdad de derechos. Por un lado, las antiguas fuentes sume­ rias que se han mencionado anteriormente atestiguan la exis­ tencia de mushkénü ya a principios de la época histórica; por

otro lado, en el prólogo como en el epílogo de sus leyes, el pro­ pio Hammurabi se dirige siempre en la misma forma a los ha­ bitantes de Akkad y a los de Sumer. Se puede considerar a los mushkenü, con grandes probabilidades de acertar, como a aquellas personas que no estaban integradas en las comunida­ des rurales (de aquí también su antiguo origen) y que dependían de las empresas económicas del palacio. Esta in­ terpretación, sostenida principalmente por I. M. Djakonow, podría corresponder a la situación de, todo lo más tarde, la época paleobabilónica. El desarrollo general produjo también cambios en el carácter social de los mushkenü. La acertada cla­ rificación de este tema constituye uno de los más difíciles problemas de la historia socioeconómica de Mesopotamia.

Junto a los mushkenü se encuentran, dentro de la sociedad mesopotámica, toda una serie de personas que recibían parce­ las de tierra del soberano. Su situación está explicada con ma­ yor detalle en el Código de Hammurabi. Por un lado, se trata de militares; por otro, se habla de nashi biltim , «contribuyen­ tes». La tierra que trabajaban era inajenable; no podían dejár­ sela como herencia a su esposa ni darla como dote a las hijas. No les era posible ni siquiera entregar el terreno al acreedor co­ mo fianza (art. 36 y ss.). No obstante estas personas podían te­ ner tierras propias, sobre las que disponían libremente. Se co­ nocen también otros grupos, como por ejemplo, las sacerdoti­ sas del templo, los traficantes y los llamados ikum akhum, «los que están atados por otros servicios obligatorios». Estos estaban autorizados a transferir las tierras que se les había entregado, pero siempre con todas las cargas inherentes a éstas (trabajos obligatorios).

Ca r a c t e r e s g e n e r a l e s d e l a c o r p o r a c i o n m e s o p o t a m i c a

Hemos mencionado ya que las diferencias entre los awílü dependían en primera línea de su estructuración en corpora­ ciones. Queremos señalar aquí sólo los rasgos más significativos de esta estructuración, ya que profundizar en este tema requeriría un tratamiento mucho más detallado. Como ya se ha dicho anteriormente, en la cima de la clase dominante y con ello también en toda la ordenación corporativa, se encontraba el rey junto a su corte y los miembros de su familia. Le seguían inmediatamente los altos dignatarios del templo. Para ejecutar todas las tareas administrativas, políticas, económicas, legislati­ vas y jurídicas, el rey precisaba de un amplio aparato burocráti­ co; los máximos representantes de este aparato eran, al mismo tiempo, los más importantes miembros de la clase dominante. Su postura dirigente se apoyaba más en la extensión del poder

de su cargo que en circunstancias económicas, ya que estos fun­ cionarios no siempre poseían medios de producción.

Las obras legislativas nos dicen muy poco sobre estos máxi­ mos representantes de la burocracia mesopotámica. Entre las leyes de Hammurabi sólo se encuentra —prescindiendo de la determinación de los deberes de los miembros del colegio judicial— una única mención de un organismo burocrático, concretamente el de los mensajeros, que no era precisamente uno de los más importantes. Se le menciona en relación con la búsqueda de esclavos huidos (art. 16). Se habla también del je­ fe de la comunidad rural, que ya en tiempos de Hammurabi era un órgano más de palacio (art. 24). Por el contrario, resulta sorprendente que el código de Hammurabi, aunque contiene diversas normas sobre el mantenimiento de las instalaciones de riego, no cite al importante funcionario, encargado de la nave­ gación y del sistema de riego, a quien ya se menciona en el có­ digo de Eshnunna (art. 50).

En las capas sociales más altas se encontraban también los al­ tos jefes del ejército y los altos dignatarios de la clase sacerdo­ tal. De los primeros, el código de Hammurabi menciona al menos a algunas personas, en relación con su responsabilidad ante sus subordinados; sin embargo no hace mención alguna de los sacerdotes. En el código sólo se regula la situación de dis­ tintos grupos de sacerdotisas del templo y del claustro, en de­ terminados casos incluso con gran detalle.

En el marco de la corporación, los representantes del comer­ cio en Mesopotamia disfrutaban de una importante situación. Los llamados tamkarü llevaban a cabo una importante labor no sólo en el terreno comercial y crediticio, pues realizaban tam­ bién servicios especiales del palacio, que merecen ser considera­ dos aparte.

Para completar nuestro esbozo de la ordenación corporativa de Mesopotamia, citaremos a los representantes de las distintas ramas de la producción artesanal, a quienes, según sus méritos, se les abonaba una tarifa especial, codificada en las leyes de Hammurabi (véase por ejemplo el art. 274). Por último, hay que hablar también de los arquitectos y armadores y de los miembros de las llamadas profesiones libres, tales como médi­ cos, cirujanos, veterinarios, comadronas y finalmente, aunque no en último término, los escribas. Estos últimos eran, no sólo escribas profesionales (al servicio de palacio o del templo, ejercían sus funciones para el gran público, que no sabía escri­ bir), sino también, y en último término, los representantes y portadores de la cultura sumeria y acadia, como autores de obras literarias de todas clases (véase más adelante pág. 231 y ss.).

AGRICULTURA Y GANADERIA, BASE

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