3.4 Results and Discussion
5.4.2. Effects of Bioprotect™ on starch degradability of maize and sorghum varying in
La producción coral inmediatamente posterior a la celebración del Concilio de Trento –identificada en el presente trabajo como grupo C– representa de lejos el fondo más numeroso dentro del conjunto de cantorales segovianos. En total, hemos podido detectar sus pergaminos en 56 volúmenes: 34 antifonarios, 5 salterios, 11 graduales, 4 antifonarios-salterios y 2 antifonarios-graduales, cuyo desglose reflejamos a continuación [cf. fig. 1.15]:
Fig. 1.15: Producción libraria del grupo C
Antiphonale officii: 34 02, 11, 12, 13, 15, 18, 19, 20, 21, 22, 28, 31, 32,
37, 41, 43, 49, 50, 51, 52, 54, 60, 61, 63, 65 67, 68, 72, 75, 76, 77, 80, 81 y 82
Psalterium: 5 03, 23, 34, 38 y 42
Graduale: 11 01, 05, 08, 16, 29, 30, 45, 53, 55, 56 y 57
Antiphonale officii et psalterium: 4 06, 10, 39 y 79
Antiphonale officii et graduale: 2 27 y 35
Podemos verificar en la relación expuesta cómo la práctica totalidad de la producción libraria anterior –en total 38 cantorales– fue remodelada a lo largo de este periodo. Ello explica la rica simbiosis en su interior de pergaminos pre y postridentinos. Tan solo un volumen del grupo anterior a Trento permaneció inalterado: el gradual- kirial CSeg 70. Ciertamente, la inclusión en el mismo de misas votivas y cantos del Ordinario, repertorios estos en principio no susceptibles de experimentar cambios, posibilitó que pudiera escapar al proceso enmendador. No introducimos en el cómputo los fragmentos de antifonario de principios del siglo XVI insertos en los salterios CSeg 09 y 26 en calidad de guardas. Con propiedad, tales pergaminos pertenecieron a otros cantorales, en la actualidad perdidos, aspecto que hace contraproducente su contabilización. Dentro del fondo antiguo, los volúmenes que patentizan un menor índice de correcciones son los salterios, algo lógico si se repara que su contenido no se vio alterado con motivo de la reforma litúrgica257. Los graduales de Tempore, a saber, CSeg 01, 16, 30, 45 y 56, tampoco evidencian cambios de entidad, ya que dicha sección apenas fue retocada en el misal tridentino. Caso contrario sucede con los graduales de
Sanctis –CSeg 29, 53, 55 y 57–, afectados por la importante reducción de festividades
de santos derivada de la revisión del calendario. Los antifonarios constituyen, de lejos, la producción que registra mayores modificaciones, llegando al punto incluso de hacer anecdótica la presencia de pergaminos antiguos en bastantes ejemplares. Como ya indicamos en un apartado anterior [cf. cap. 1, § 1.2.2.], tales variaciones vinieron a responder a los significativos cambios experimentados en el rezo de las horas después de Trento. A pesar de las severas transformaciones, en el ánimo del momento estuvo el conservar los pergaminos antiguos en cuanto fuera posible. Semejante proceder resultaba, ciertamente, ventajoso tanto para el clero local, pues veía reducido el coste de los libros, como para los libreros, ya que de este modo podían agilizar el proceso de escritura. Entre los antifonarios que menores modificaciones incorporan, cabe subrayar el volumen CSeg 22 (Domingo Resurrección-Ascensión): en total 31 de sus 115 folios se adscriben al grupo B, en concreto los ff. 10, 20, 21, 24, 25, 27, 28, 57-59, 61, 63, 64, 67, 68, 70, 73, 76, 77, 80, 82, 84, 85, 97-99, 102, 103, 106, 109 y 112.
257H. WAGENER: «Die liturgischen Gesänge im 15. und 16. Jahrhundert», en K. G. FELLERER (ed.),
Ha de reseñarse, por otra parte, que 18 de los libros de coro que recogen pergaminos del grupo C son de nueva creación. Su relación queda explicitada en la siguiente tabla [cf. fig. 1.16]:
Fig. 1.16: Cantorales de nueva creación en el periodo inmediatamente posterior a Trento (grupo C)
Antiphonale officii: 13 02, 11, 12, 28, 41, 43, 51, 52, 65, 68, 72, 75 y 77
Psalterium: 1 38
Graduale: 2 05 y 08
Antiphonale officii et graduale: 2 27 y 35
Salvo los antifonarios CSeg 02 y 77 y el salterio diurnal CSeg 38, el resto de volúmenes inscriben repertorio del Santoral; hecho que testimonia las importantes transformaciones que evidenció esta sección a raíz de la imposición de las ediciones de «Nuevo Rezado». Debemos tener presente, asimismo, que los antifonarios de Sanctis pretridentinos se ordenaban de manera algo distinta a la actual, aspecto al que aludíamos en su momento [cf. cap. 1, § 1.2.2.].
Llama la atención el escaso volumen de pergaminos del grupo C vislumbrado en la pareja CSeg 27/35. En concreto, dichos pergaminos transmiten el repertorio del Común de apóstoles y mártires para el tiempo pascual; en total, poco más de 30 folios: 33 en CSeg 27, y 34 en su dúplice CSeg 35. A lo largo de los siglos XVII y XVIII ambos cuerpos irán dando cabida a distintas celebraciones hasta quedar configurados en el modo en el que los contemplamos en la actualidad. Teniendo en cuenta que la media de folios por ejemplar se sitúa en torno a las 130 hojas, ¿resulta factible que en su etapa inicial dichos cantorales funcionaran como libros independientes? Pese a no contar con pruebas al efecto, todo indica que en un principio este corpus figurara en otros volúmenes; tal vez en los antifonarios CSeg 68 y 72, por ser los que recogen el repertorio del Común de apóstoles y mártires, en su caso, fuera del tiempo pascual. Ilustrativo, en este sentido, es el bajo número de folios incluidos en los dos cantorales: en total, 74 y 75 pergaminos respectivamente. Si este fuera el caso, ¿qué se pretendería con el fraccionamiento? Aun sin certeza documental, resulta previsible que el traslado de este repertorio obedeciese al deseo de aumentar el grosor de los volúmenes receptores. Pensemos, sobre este particular, que sólo el ítem CSeg 27 contiene 59 folios, y ello incluyendo el susodicho corpus del Común de apóstoles y mártires tempus
paschali.
Acerca de la hechura de este grupo de cantorales apenas disponemos de noticia alguno. El extravío de la documentación de fábrica entre los años 1576 y 1603, periodo en el que transcurrió la copia de la mayor parte de los ejemplares, constituye hasta la fecha un obstáculo insalvable. Por si ello fuera poco, las actas capitulares locales presentan también una laguna desde 1591 a 1600. El dilatado espacio de tiempo discurrido entre la data de la primera y última mención de escritura de este conjunto coral, a saber, 1574 y 1610, o lo que es lo mismo, 36 años, demuestra que su elaboración fue lenta. El elevado número de cantorales proyectados, unido a los importantes costes económicos que comportaba la empresa, harían aconsejable dosificar la producción en intervalos razonables. Una mayor celeridad en el proceso de copia hubiera requerido además una participación más pródiga de escribanos; artesanos que, por lo que intuimos, debieron convertirse en piezas muy cotizadas por aquellos años. En efecto, ha de ponderarse, en este punto, que toda iglesia que contara con libros de facistol –un número a priori bastante alto– demandaría por entonces de sus servicios a
fin de reajustar sus colecciones a las nuevas prescripciones. Mientras que los nuevos ejemplares no estuvieran finalizados, resulta presumible que se siguieran utilizando los volúmenes antiguos, acomodándoles, en la medida de lo posible, a los pertinentes cambios en materia litúrgica.
La primera noticia sobre este grupo de libros corales la hallamos en un acuerdo del cabildo fechado el 5 de febrero de 1574258. En el mismo, se determina comenzar la copia de los libros de canto, habida cuenta de la entrada en vigor del nuevo rezo para el primer domingo de Adviento de ese año. Para 1575 estaría ya concluida la enmendación de los salterios CSeg 23 y 34, dato dilucidado de la fecha que reza en la portada de ambos volúmenes259. Que la revisión de los cantorales se iniciara por los salterios se atiene a toda lógica, puesto que representan el pilar fundamental en el rezo de las horas. En noviembre de ese año de 1575 localizamos una referencia en las actas capitulares acerca del negocio de la escritura del misal y breviario260. En lo tocante al breviario, no descartamos que dicha alusión guarde relación con los citados salterios; de hecho, el contenido de estos libros no dista en demasía. Datos contradictorios nos impiden conocer con mayor precisión el ritmo al que se iría fabricando la nueva remesa de cantorales. Un acuerdo del cabildo de 3 de marzo de 1578 resuelve que, con la mayor presteza, se haga “el libro de cantoría del choro que falta”261. De su lectura podría inferirse que la colección para entonces estaba bastante avanzada. Con todo, no debemos llevarnos a engaño: sólo unos meses después, en 10 de octubre, se realizan gestiones al objeto de determinar la manera en que deben hacerse los cantorales262. En ausencia de mayores evidencias, es de prever que la tipología de los libros reseñados en ambas anotaciones sea distinta. Considerando que para 1575 ya estaban listos los salterios de maitines CSeg 23 y 34, quizás el primer acuerdo pueda asociarse a la conclusión de algún salterio aún pendiente, hipotéticamente los diurnales CSeg 38 y 42. La reseña de octubre, por consiguiente, se vincularía con el inicio de la escritura de los antifonarios o los graduales. Para enero de 1579 tales libros estarían en fase de elaboración, momento en que se destinan 230 ducados, sobre otros 100 retribuidos con anterioridad, para sufragar su coste263. Un posterior acuerdo, fechado en octubre de 1584, resuelve abonar la cantidad necesaria con la que acabar los libros que faltan para el servicio del coro264. Se deduce, pues, que para entonces la obra estaba bastante avanzada, al menos en lo tocante a algún conjunto librario bien delimitado. La ausencia de datos más explícitos impide conocer cuántos cuerpos estaban ya finalizados. Parece razonable, no obstante, que entre éstos se hallaran los antifonarios CSeg 02 y 77. Una rúbrica localizada en su interior [fol. 77r], relativa a los rezos de la Expectación de María y Santo Tomás, advierte que los mismos se ajustan a la edición del breviario y al «Motu Proprio» del papa Gregorio265. Este último documento debe tratarse del breve
Pastoralis officii cura de Gregorio XIII, con data de 30 de diciembre de 1573;
instrumento por el cual el citado pontífice autorizó la celebración de varias fiestas, entre
258E-SE, C-46, Actas capitulares, 5-II-1574, fol. 23r(apéndice I, doc. 118).
259En el caso del salterio CSeg 34 la fecha resulta ilegible por el deterioro que evidencia el pergamino en
donde se inscribe la rúbrica. Con todo, no dudamos de que figurase dicha fecha, ya que el volumen en sí constituye una réplica de CSeg 23.
260E-SE, C-46, Actas capitulares, 23-XI-1575, fol. 89r(apéndice I, doc. 119). 261E-SE, C-46, Actas capitulares, 3-III-1578, fol. 200v(apéndice I, doc. 120). 262E-SE, C-47, Actas capitulares, 31-X-1578, fol. 9v(apéndice I, doc. 121). 263E-SE, C-47, Actas capitulares, 30-I-1579, fol. 20r(apéndice I, doc. 123). 264E-SE, C-48, Actas capitulares, 26-X-1584, fol. 48v(apéndice I, doc. 125).
265“Quæ omnia extracta sunt et in unum congesta ex regulis breviarii et ex motu proprio S. D. N. D.
ellas la Expectación de María, en toda España266. La actualidad de la normativa impelería a dejar constancia de la misma en los referidos cantorales.
Unos años más tarde, a saber, en diciembre de 1589, los miembros capitulares aprueban que se provea lo necesario con que hacer algunos libros de coro aún pendientes267. A falta de mayores evidencias, cabría interpretar tal requerimiento como el punto de partida para la escritura de una nueva partida de cantorales. Es de suponer que ésta se culminara en los años mediatos, pues las cuentas de fábrica a partir de 1603, momento en que se reanuda dicha serie documental, no mencionan nada sobre este particular. Pese al silencio de las fuentes durante el último decenio del siglo XVI, resulta más que factible que para entonces estuviera ya prácticamente conclusa la escritura del fondo coral del grupo C. Los últimos ejemplares en incorporarse fueron los antifonarios CSeg 12 y 51 (San Frutos, Ángeles Custodios y Santiago apóstol), de cuya copia sabemos a través de varios descargos efectuados entre 1609 y 1610268. Su tardía confección se relaciona con varios acontecimientos sucedidos alrededor de esos años. En primer lugar, el restablecimiento en 1608 de la fiesta de los Ángeles Custodios, suprimida durante el pontificado de Pío V269. De su recepción y subsiguiente oficialización en la diócesis segoviana, da cuenta una acta capitular fechada en 2 de febrero de ese año270. Asimismo, en 1609 la Santa Sede aprueba el culto del patrón local San Frutos271. Por lo que atañe al apóstol Santiago, es posible que la tardía consignación de su repertorio esté relacionada con el recelo que, en torno a esos años, suscitaba en Roma su hipotética predicación por tierras españolas. Aunque la edición del martirologio romano de 1586 admitía su venida, esta postura fue cuestionada por la comisión formada en 1592 para la revisión del breviario. No sería hasta la promulgación del breviario de Urbano VIII en 1631, y tras un largo forcejeo, cuando se condescendiera finalmente en este asunto272.
La escasez de noticias recabadas acerca de este grupo de cantorales imposibilita identificar con la suficiencia debida a los agentes encargados de su confección. En lo pertinente a escritura, el único dato contrastado es que el librero Diego López fue el artífice de los antifonarios CSeg 12 y 51. De la lectura de varios descargos se desprende que recibió hasta un total de 630 reales por copiar los oficios de San Frutos y de los Ángeles Custodios, sitos en ambos volúmenes273. Teniendo presente que el valor del real a principios del siglo XVII se mantuvo en los 34 mrs, el montante global por la copia de dichos oficios ascendió a 21.420 mrs. No descartamos que el mencionado
266RUIZALCOHOLADO: Ceremonial romano, fol. 96r.
267E-SE, C-48, Actas capitulares, 1-XII-1589, fol. 192v(apéndice I, doc. 126).
268E-SE, C-236, Libro de fábrica, varios descargos entre los años 1609 y 1610, ff. 87v, 88r y 118v
(apéndice I, docs. 127, 128 y 129).
269M. RIGHETTI: Historia de la liturgia, vol. 1, Madrid, BAC, 1955, 943.
270“Este día el señor arcediano de Segovia pressidente hizo rrelaçión como su Magestad y el consejo
avían acordado se guardase el Ángel de la guarda que es a primero de março como se guarda en el Arçovispado de Toledo y que el señor obispo mandava se guardase y que el cabildo mirase si le paresía hubiese sermón por ser fiesta nueva, para su maior autoridad el cabildo acordó que por este año hubiese sermón y cometieron a los señores licenciado Jartilán y Villafañe ablasen en rrasón dello a su señoría”; E- SE, C-50, Actas capitulares, 23-II-1608, fol. 7v.
271E-SE, C-50, Actas capitulares, 21-X-1609, fol. 64v; también mencionado por COLMENARES en:
Historia de la insigne ciudad, vol. 1, cap.X, § 5, 170. El perfil histórico del culto a San Frutos aparece bosquejado en el cap. 4, § 5.1.
272Z. GARCÍAVILLADA: Historia eclesiástica de España, vol. 1, Madrid, Compañía Ibero-Americana de
Publicaciones, Madrid, 1929, 30-40.
273E-SE, C-236, Libro de fábrica, varios descargos entre los años 1609 y 1610, ff. 87v, 88r y 118v
librero esté también detrás de la elaboración de otros libros de facistol, dada la afinidad codicológica y paleográfica advertida en los ejemplares de este grupo. A valorar, en este sentido, que en 1605 ya se le cite, aunque por error, en un asiento de la documentación de fábrica274.
En el colofón del antifonario-salterio CSeg 79 figura el nombre de Manuel Nieto. Pese a no tener constancia de ningún escribano con dicho nombre en las fuentes documentales, es de suponer que fuera el encargado de su escritura. Curiosamente, a finales del siglo XVIII las actas capitulares registran la actividad de un mozo de coro bajonista con similar nombre275. Aun así, debemos descartar que éste tuviera alguna responsabilidad sobre la mencionada anotación, puesto que resulta contemporánea a la escritura del libro. Su compañero CSeg 39, entre tanto, recoge en su término el nombre de Francisco. En un apartado anterior [cf. cap. 1, § 1.2.2.], sugerimos la posibilidad de que la reseña aluda al escribano Francisco de Salazar, activo en el segundo tercio del siglo XVI. Si bien, el hecho de que el pergamino en donde se recoge la rúbrica pertenezca al grupo C, aventura que este Francisco sea alguno de los libreros ejecutores de este grupo libresco.
A nivel paleográfico, los libros corales del grupo C permanecen fieles a los tipos góticos, si bien a costa de apostar por unos perfiles cada vez más redondeados. Ciertamente, en la transición del siglo XVI al XVII, momento en que se elaboran estos cantorales, las escrituras humanísticas gozaban ya de plena difusión. Otro factor decisivo en la consolidación de esta tendencia hacia la cursividad lo tenemos en la imprenta. Su creciente implantación en la sociedad del momento, unido al importante avance experimentado en el diseño de juegos de letrería, fomentó el gusto por variedades caligráficas cada vez más armónicas a la par que legibles. Ilustrativo al respecto es que las capitales de este grupo de corales figuren en tipos romanos en vez de góticos con la única excepción de algunas letras de pluma o quebradas, muy poco numerosas por cierto [cf. fig. 1.17]. La acentuación de los mencionados rasgos de armonía y legibilidad en la escritura romana justificarían con sobrados motivos su elección.
Los cantorales del grupo C se caracterizan, a su vez, por la potenciación del elemento funcional frente al meramente decorativo. La variada paleta ornamental de la que hacían gala las iniciales en anteriores producciones corales desaparece por completo. En su lugar, valores como la sencillez o la sobriedad cobran un inusitado auge. Como única concesión al ornato, los calígrafos tienden a inscribir las capitales alternando los colores rojo o azul; si bien, más que ornato, cabría hablar de un deseo de organizar los cantos con un claro sentido jerárquico. En efecto, mientras que las capitales rojas se reservan para los comienzos de piezas, las azules se emplean en la sección versicular de introitos, graduales, responsorios, tractos y aleluyas. No faltan, de todos modos, excepciones a esta regla. En este sentido, a veces se pueden divisar series de antífonas para vísperas o laudes en donde sólo la que inaugura la hora figura en rojo. También detectamos situaciones en las que el amanuense se ha equivocado a la hora de aplicar el color, como en el versículo Domine si adhuc populo [CSeg 43, fol. 139r], cuya inicial se ha consignado en rojo. No faltan tampoco ejemplares en donde las capitales se plasman
274“Yten cinco mill y cien mrs que por libramiento del señor don Antonio. Pago a Diego López escriptor
de libros, digo a Hernando López librero de enquadernar y adereçar unos misales”; E-SE, C-234, Libro de
fábrica, descargo de 1605, sin foliar.
275Véanse los núms. 3.068 (10-XI-1784), 3.070 (24-XI-1784), 3.180 (10-VI-1789), 3.182 (26-VI-1789),
3.220 (20-VII-1791), 3.231 (28-IX-1791), 3.235 (19-X-1791) y 3.373 (7-XI-1799) en LÓPEZ-CALO:
exclusivamente en color negro, caso de CSeg 20, 39, 79 y 80, así como parte de CSeg 12 y 51. Parece, pues, que la distinción de las piezas por jerarquías, tan habitual en el Medioevo, no representa una preocupación especial en esta época. Muchas de las iniciales se acompañan, además, de letras de espera o aviso; esto es, letras de carácter efímero trazadas con el único fin de informar al iluminador sobre la capital que ha de pintar. Lo normal es que éstas desaparezcan una vez delineada la letra definitiva, si bien advertimos que los amanuenses de este conjunto librario se han tomado pocas molestias al respecto. Su presencia indica que la plasmación de las capitales fue llevada a cabo por otro artesano distinto al encargado de la escritura ordinaria.
Por su parte, las letras quebradas pueden localizarse en los antifonarios CSeg 15, 18 y 19. Su cometido resulta análogo al de las iniciales azules: servir de encabezamiento a la sección versicular, relegando las capitales rojas a los comienzos de piezas. Como norma, los responsables de estos libros ciñen su paleta pigmentaria únicamente al color negro, si bien en CSeg 19 podemos avistar alguna muestra adornada en tonalidades amarilla y roja. Al igual que sucede con la escritura ordinaria, las letras quebradas adquieren contornos más redondos respecto a plasmaciones anteriores. En ningún caso, hemos divisado en sus inmediaciones letras de aviso, síntoma que demuestra que fueron responsabilidad del calígrafo de letra común.
Fig. 1.17: Repertorio de capitales en los cantorales del grupo C
Inicial romana roja Inicial romana azul Inicial quebrada
Aun a pesar de la parquedad decorativa exhibida en estos libros, podemos apreciar algunas muestras del minio bastante destacadas, obra de dos artesanos con personalidades pictóricas claramente contrapuestas [cf. figs. 1.18 y 1.19]. En comparación con producciones anteriores, ninguna de las pinturas de este periodo viene acompañada de orlas. Aunque tal rasgo puede ser síntoma de la aludida contención del ornato o simplemente venir derivada de eventuales penalidades económicas, cabe la posibilidad de que existiera en la mentalidad del momento cierta suspicacia hacia este