Chapter 2 Literature Review
2.6 Effects of fly ash on the durability of concrete
Para equilibrar un poco la relación, los psicólogos experimentales deben seguir un código de conducta de trato respetuoso y digno hacia sus participantes.
Como experimentador novel, debe colgar en su sala de experimentos un letrero (uno imaginario está bien) que diga: “¡Los participantes también son seres humanos!” Los parti- cipantes merecen el mismo trato cortés que le brinda a quien le ofrezca ayuda con un pro- yecto. Veamos algunas reglas básicas de cortesía:
1. Hacerse presente. Es muy frecuente que los experimentadores olviden que citaron a un participante o que no le avisen si se descompuso el instrumental o si, por alguna razón, se pospuso o se canceló el experimento. Si la persona se anota para un expe- rimento, debe esforzarse por cumplir con su obligación de estar presente.
2. Sea puntual. También el tiempo del participante es valioso. No lo desperdicie.
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3. Esté preparado. Repase todas las fases del experimento antes de presentarse ante algún participante. No sólo es descortés no hacerlo, sino que también si tartamudea las instrucciones, juguetea con el equipo y en general si manosea y parlotea durante el experimento, los participantes se confunden o se enojan y trabajan mal.
4. Sea cortés. A menos que lo requiera el experimento, pida a sus participantes que hagan algo sin darles órdenes. Haga un uso libre de las expresiones: “por favor”, “gracias” y “de nada”.
5. Sea discreto. Trate como confidencial toda la información que el participante le dé en el contexto de un experimento. Sea discreto no sólo acerca de lo que le dice una persona, sino sobre la forma en que realiza la tarea asignada. En las subvenciones que proceden del erario, hay normas muy concretas sobre qué información se puede obtener, cómo puede aprovecharse y cómo debe codificarse y almacenarse. Si es posible, suprima los nombres de los participantes de las hojas de datos y siga un método que impida que terceros descubran la identidad de los individuos.
6. Sea profesional. No necesita ser tan grave ni tan rígido que sus participantes se sien- tan incómodos, pero tampoco hay que ser tan casual y frívolo que se convenzan de que no le importa mucho el experimento: a ellos tampoco les importará. Ni el expe- rimento es el lugar adecuado para conseguir citas, piratearse compañeros para el golf, vender seguros o, en fin, valerse de la relación del experimentador con los par- ticipantes para cualquier propósito diferente al de la investigación.
Estas reglas se ven muy sencillas, pero no todos los temas éticos concernientes a los participantes humanos son tan claros. Los temas más polémicos, como saber qué constituye un consentimiento informado o si debería tolerarse el estrés mental, se analizan exhaustiva- mente en los Principios Éticos en la Realización de Investigación con Participantes Humanos (Ethi- cal Principles in the Conduct of Research with Human Participants, APA, 2002). Comoquiera que sea, ninguna publicación abarca todos los temas éticos y en muchos experimentos se dan situaciones comprometidas que exigen juicio y buen sentido. Por estos motivos, las institu- ciones de investigación tienen consejos institucionales de revisión (Institutional Review Boards, IRB).2 Los IRB están formados por investigadores experimentados y, a veces, médi-
cos y otros expertos técnicos. Toda investigación con participantes humanos debería ser
analizada por estos consejos.3 El investigador llena una forma que contiene varias pregun-
2 Los institutos nacionales de salud exigen que haya un IRB en toda investigación que se realice con sus fondos.
Publicaron la guía: “Protección de los Sujetos de Investigación Humana: Guía del Consejo de Revisión Institucional” (NIH Guide, vol. 22, núm. 29, 13 de agosto de 1993), que está dirigida a ayudar a los miembros de consejos, inves- tigadores y directores de las instituciones a que cumplan con sus responsabilidades. Se consiguen ejemplares en: U. S. Government Printing Office, Superintendent of Documents, P.O. Box 371954, Pittsburg, PA 15250 (referencia GPO Stock No. 017-040-00525-3).
3 En algunos casos, para los cursos que estudian un libro como el que tiene en sus manos, el profesor puede conven-
cer al IRB de que lo deje evaluar los experimentos de la clase, por cuestiones éticas. Al hacerlo, el profesor tiende a ser conservador acerca de lo que será aprobado. Aunque ocasionalmente un experimento escolar resulta tan impor- tante como para publicarlo, el propósito primordial de estos experimentos es capacitar a los estudiantes para que realicen investigaciones. De ordinario, los estudiantes aprenden tan bien en experimentos inocuos como en experi- mentos arriesgados. Si tiene planeado un experimento en el que los participantes se traguen un puñado de pastillas y luego revelen en público sus fantasías sexuales más pervertidas, mejor olvídelo.
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tas, como: “¿Se les pedirá a los participantes que den un consentimiento informado?” “¿Se mantendrá la confidencialidad de la información?” En esta forma también se le pide al investigador que describa brevemente la investigación que propone. Los miembros del con- sejo ponen particular atención a posibles daños físicos o psicológicos de los participantes. No es realista pedir que se elimine completamente el riesgo de lastimarse en una investigación. Un participante podría romperse una pierna al tropezarse con un tapete. Sin embargo, es deber del consejo cerciorarse de que se minimice el riesgo de lesiones. Y cuando se sabe que los riesgos son parte de la investigación, el consejo tiene que decidir si los beneficios que se deriven de la investigación sobrepasan esos riesgos.
Los consejos eliminan o corrigen investigaciones que podrían faltar a la ética. Ahora bien, los IRB del campo biomédico han sido sometidos a investigaciones, ya que se descu- brió que una minoría significativa de sus miembros no equilibran bien riesgos y beneficios de la investigación con seres humanos (B. Barber, 1976). Entre los interrogados, la gran mayoría no tienen estudios formales de ética de la investigación.
Algunos psicólogos sostienen que no hay muchas pruebas de que los consejos logren reducir los riesgos que corren los participantes humanos (Mueller y Furedy, 2001). Asi- mismo, hay quienes consideran que los IRB pueden volverse tan quisquillosos que limiten las empresas intelectuales de las ciencias sociales. Otros, como Tom Puglisi (2001), ex direc- tor de la oficina del gobierno federal que supervisa los IRB, creen que los IRB sirven para un fin necesario y que en una lectura adecuada de las normas se ve que muchas ciencias de la investigación social y del comportamiento están exentas. En otras palabras, cuando la mayo- ría de los psicólogos presentan sus propuestas de investigación a un IRB, deben declarar por qué está exenta de las normas, en lugar de tratar de justificar por qué hay que hacerla. Cual- quiera que sea su opinión sobre la utilidad de los IRB, tenga presente que la responsabilidad última de que una investigación sea ética recae en usted, el experimentador.
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