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1 Introduction

1.5 LPS induction of an inflammatory response through TLR4

1.5.4 The effects of obesity and diabetes on monocyte function

El punto de partida y de la llegada, el objetivo de la filosofía de Mikel Dufrenne, es el hombre en búsqueda de la Naturaleza de su mundo y de todo lo que hay en él (en el mundo). Según él, la filosofía de hoy tiene que salvar y proteger al hombre y no contribuir a lo que le mata. Una de las muertes que le amenaza es olvidarle, llevarle a olvidarse; es hacerle comprender que no es más que un objeto, es decir, una pura materia sin espíritu. Es también sujeto por quien todo se revela, se piensa y se hace. Es el protagonista importante de todo lo que hay y se hace en el mundo139.

Desde luego, del pensamiento de nuestro autor, destacamos unas hipótesis evidentes. El ser humano está en el mundo para poder recibir una nueva historia. Es lo que Mikel Dufrenne expresó de esta manera:

«Nosotros estamos en el mundo, y esto significa que la conciencia es principio de un mundo y que todo objeto se revela y se articula según la actitud que ella adopte y en la experiencia que incorpore, pero esto significa también que esta conciencia se despierta en un mundo ya arreglado donde se encuentra como la heredera de una tradición, beneficiaria de una historia, y donde afronta por sí misma una nueva historia»140.

139 Cf. Mikel DUFRENNE, (1968), Pour l’homme, op.cit., p. 10-11.

140 Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,

Es un hecho incuestionable. En vez de preguntarnos por qué estamos en el mundo, ya que no lo podríamos saber, mejor cambiar la pregunta por un para qué. Esta última pregunta puede ser elucidada por la manera de estar en el mundo. Si decimos que el hombre es un ser que está en el mundo, habría que contestar también a la pregunta del cómo, de qué modo está en el mundo.

El ser humano tiene modos de estar en el mundo. Está en el mundo relacionando con él. Se relaciona con el mundo, no sólo con simple contacto, sino que tiene conciencia de su experiencia de su estar en el mundo y con lo que hay en el mundo. Tener conciencia de las relaciones que mantiene con todo lo que lo rodea es, de una manera u otra, tener conciencia de la realidad misma del mundo. Es afirmar que no está solo en el mundo. Está con otros entes. Estos entes lo definen tal cual lo demostró bien Mikel Dufrenne en su libro Pour l’homme: «Este hombre es hombre por lo que él no es, por la vida en él y la cultura a su lado»141. El hombre es un ente entre los entes que hay en el mundo142.

El hombre real está en el mundo para relacionarse con el mundo. Se relaciona con el mundo para poder conocerlo. Quiere conocer el mundo para poder conocerse también como un ente más del mundo ya poblado. Así que podríamos decir que el hombre encuentra un mundo ya hecho. La realidad y la verdad del mundo y lo que hay en él, no son frutos de la intención del hombre. Son anteriores a la conciencia humana. Salen de lo que Mikel Dufrenne llama Naturaleza «naturante» (es decir, el origen de la naturaleza de lo que hay en el mundo). Esta Naturaleza, principio de todo, no está al alcance del hombre y de sus capacidades para conocer. «En realidad no se puede pensar la Naturaleza

tout objet se révèle et s’articule selon l’attitude qu’elle adopte et dans l’expérience qu’elle en fait, mais cela signifie aussi que cette conscience s’éveille dans un monde déjà aménagé où elle se trouve l’héritière d’une tradition, la bénéficiaire d’une historie, et où elle entame elle-même une nouvelle histoire ». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de l’expérience esthétique. T.1. L’objet esthétique, op.cit., p. 6]. 141 « Cet homme n’est homme que par ce qui n’est pas lui, par la vie en lui et la culture autour de lui». Mikel DUFRENNE, (1968), Pour l’homme, op.cit., p. 12.

‘naturante’ porque no hay hombre para pensarla» destacaba ingenuamente Mikel Dufrenne143.

Lo que se sabe, y sobre lo cual se puede opinar, es la Naturaleza «naturée»144 que es fruto del encuentro entre el hombre y el mundo. En el mundo, el hombre no goza de quietismo. Se caracteriza por un cierto movimiento que, no sólo es signo de la vida, sino que también es actividad consciente. No es el hombre que atribuye el sentido al mundo tal como unos filósofos lo podrían pensar. Los idealistas piensan que el sentido de las cosas es el fruto directo de la conciencia. Pero su intención juega un papel en la afirmación de la realidad y la existencia de estos sentidos. El sentido de las cosas se revela al ser humano capaz de abrirse. Diríamos que todo parece nuevo en su historia que se define como relación con el mundo.

Su encuentro con el mundo, su movimiento hacia lo que es diferente de él, causa un cambio. El cambio es esa apariencia que le hace diferente en medio de lo que hay en el mundo. Su cambio es su identidad, es su vida. Que haya algo en él que se quedaría sin ser modificado es otro problema que habría que investigar en otros trabajos. Ahora, lo que nos preocupa, es poder explicar el fundamento de ese movimiento que caracteriza a la vida misma del ser humano. Pero, antes de todo, lo más importante que hay que hacer, no sería explicar el movimiento en sí de la realidad de la vida del hombre, sino identificar su causa, es decir, describir lo que podría ser su Naturaleza «naturante». No podríamos escapar de la relación que siempre el hombre mantiene con el mundo. Es la misma relación que estaría en el origen de todas las explicaciones adecuadas que podríamos ofrecer a cualquier movimiento que hay en el mundo.

Para poder explicar la relación que hay entre el hombre y el mundo, Mikel Dufrenne recurrió al espíritu dualista usando la imagen del cuerpo y alma: «el pensamiento del hombre, en su relación con el mundo, nos instala en el dualismo del sujeto y del objeto (que encuentra un eco en el hombre mismo, en el dualismo del alma y

143 « La Nature naturante, on ne peut en rigueur la penser puisqu’il n’y a pas d’homme pour la penser ». Mikel DUFRENNE, (1968), Pour l’homme, op.cit., p. 126.

144 Aquí no encontramos en español un término adecuado para traducir este término francés de «naturée». Para no cambiar su sentido, preferimos usarlo tal como es.

cuerpo). Pero el en-sí, no es solamente todo lo que el hombre tiene a distancia como un espectáculo o como el teatro de sus operaciones, sino también lo que lleva el hombre y le hace nacer»145. Lo importante no es contemplar o explicar aquí lo que es este tipo de dualismo, sino darse cuenta de una diferencia que atiende a la unidad, a la interdependencia. Un monismo146 que se funda y se explica por los elementos que el dualismo le ofrece. Lo importante no es quedarse en los elementos ofrecidos por el dualismo, de la diferencia entre el hombre y el mundo. Lo importante es explicar el modo en el cual el hombre se relaciona con el mundo, y su papel en el descubrimiento de la verdad del mundo.

Para conocer el mundo o lo que contiene, hace falta un encuentro entre hombre y mundo. Este encuentro es imprescindible para que se hable de la realidad del uno o la del otro. Este encuentro hace que nada ni nadie se quede como era antes. El mundo y el ser humano entran en la historia donde la transformación y la revelación cambian todo. El mundo no se queda en el anonimato. Y el hombre también no se queda encerrado en un quietísimo que aniquilaría su misma realidad. Su movimiento da lugar a otras cosas nuevas y ofrece posibilidad de descubrir la verdad de ellas. ¿Habría una cierta dependencia entre hombre y mundo? ¿Habría algo del hombre que justificaría la verdad del mundo y la de sus cosas? A continuación, intentaremos aportar respuestas a estas preguntas.

145 « La pensé de l’homme dans son rapport au monde nous installe donc dans le dualisme du sujet et de l’objet (qui trouve un écho en l’homme même, dans le dualisme de l’âme et du corps). Mais l’en-soi n’est pas seulement tout ce que l’homme tient à distance comme un spectacle ou comme le théâtre de ses opérations, il est aussi ce qui porte l’homme et lui donne naissance ». Mikel DUFRENNE, (1968), Pour

l’homme, op.cit., p. 126.

146 El monismo es imprescindible a la hora de pensar la inserción del hombre en el mundo como «Nature naturée». Es lo que Mikel expresó a la manera siguiente: «al menos habría que pensar la inserción del hombre en el mundo como Naturaleza ‘naturée’, que hace recordar la reflexión sobre el monismo. El pensamiento del hombre, lo verificaremos muchas veces, se ve obligado a oscilar entre el dualismo y el monismo» [«il faudrait au moins penser l’insertion de l’homme dans le monde comme Nature naturée, qui appelle la réflexion au monisme. La pensé de l’homme, nous le vérifierons à maintes reprises, est donc vouée à osciller entre le dualisme et le monisme ». Mikel DUFRENNE, (1968), Pour l’homme, op.cit., p. 126.