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Effects on ability to drive and use machines

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4.7 Effects on ability to drive and use machines

sociales.

2.1.2. Identificación de los niños y jóvenes como población

destinataria

La educación de manera sistemática se dirige a este segmento de la pobla- ción. Se basa en la idea de transmisión intergeneracional de los conocimien- tos, saberes y todo lo que compone la cultura, localizado en un tiempo y lugar determinados. Significa que para la reproducción social es indispensable no solo la replicación de los individuos físicos sino también de la forma de vivir que caracteriza a la población que pretende trascender y proyectar su futuro. Esto comprende tanto conocimientos y saberes propios –que son el insumo instrumental para no estar partiendo siempre desde el principio– como otros aspectos que hacen a la convivencia social que incluyen la moralidad y lo que algunos pedagogos llegan a denominar ‘un fondo común de valores’.

Pero existe un problema mayor en la identificación de la población destina- taria: su caracterización a los efectos del tratamiento pedagógico. Es decir, cuáles son sus características más significativas que importan para la educa- ción, qué son capaces de aprender, de qué manera y en qué momento, dado que nos encontramos con naturalezas muy cambiantes en cortos períodos de tiempo.

La graduación y el agrupamiento por edades fue una de las respuestas que encontró la educación normalista, que tuvo su asidero en la caracterización positivista de la naturaleza infantojuvenil. Pero son muy evidentes las dificulta- des frente a las que se encuentran las caracterizaciones específicas para dar cuenta, desde tipos ideales, a la multiplicidad de cualidades –no tan genera- lizables pero determinantes– de la población infantojuvenil, tan influenciable por la acción educativa sistemática como por otros estímulos del contexto, que inciden sobre las capacidades de aprendizaje. Una salida para esta cues- tión se vincula con la contextualización de la actividad educativa, pero este

tipo de caracterización conlleva la dificultad de establecer el factor determi- nante, por ejemplo, el tipo de organización económico-productiva: industrial o agrario; las características del medio de vida: rural o urbano; las característi- cas socioeconómicas de las familias: alto, medio o bajo; las características étnicas, etcétera.

2.1.3. Delimitación de una serie de contenidos para ser

transmitidos

Aquí aparecen dos tipos de problemas ante la complejidad de la organización social. Por una parte, no es posible transmitir todos los conocimientos pues, por la limitación temporal, deben seleccionarse los más importantes; y por otro lado, por las características de la población destinataria, solo deben selec- cionarse los transmisibles y asimilables. Esta última delimitación responde a muchos criterios y es muy difícil determinar quiénes son los sujetos que, de acuerdo con la percepción que tienen de las necesidades futuras del colectivo social, toman decisiones sobre los contenidos que las nuevas generaciones deben aprender. En sociedades estáticas es posible clarificar esta percepción en la medida que la situación de su propia actualidad tiende a repetirse de manera indefinida. Pero una de las grandes novedades que aporta la moder- nidad occidental, sobre todo a partir del renacimiento, es que tal inmovilidad no se corresponde con la historia de la humanidad, que se caracteriza por la sucesión de acontecimientos que modifican la organización de la sociedad.

Esta última característica, propia de la modernidad, asocia un tercer proble- ma sobre el sentido del cambio: quienes ocupan lugares sociales dominantes, además de percibir un conjunto de sentidos posibles, procuran hacerlos pre- dominantes como los únicos  sentidos posibles. Esto remite a la relación de

poder entre los diferentes grupos sociales capaces de intervenir políticamente en la sociedad e imponer un sentido a su funcionamiento.

Ilustremos con un ejemplo extremo: la formación centrada en contenidos que impulsen un sentido pacificista a la organización social, se contrapone a otra que considere a la guerra como la manera más eficaz de resolver las con- troversias sobre el dominio de territorios. Es muy distinto educar a las jóvenes generaciones según se crea que la paz predominará para siempre, o que aun para mantenerla hay que estar preparado para la guerra. Estos posibles sen- tidos son sostenidos por diferentes grupos sociales y desatan en el campo de la educación una u otra percepción, por ejemplo, al hacer de la enseñanza de la historia una sucesión de hechos guerreros y ocultando la historia de la diplomacia que procuró el mantenimiento de un modelo pacífico de conviven- cia. Estas visiones son impulsadas por grupos de intereses determinados, y constituyen sentidos posibles que se imponen a la acción educativa según predomine en la configuración social el poder de uno u otro de esos grupos.

Esto remite al problema de cómo tuvieron que resolver la educación en las ciu- dades-estado griegas, tanto en Esparta como en Atenas, donde grupos orientados hacia un predominio de la paz procuraban el desarrollo de contenidos vinculados a la administración de lo público y la participación en los foros ciudadanos o el progreso del comercio, mientras que los grupos ocupados en el desarrollo de los conflictos interestatales debían impulsar una formación centrada en las destrezas guerreras y el manejo militar de tropas y armamentos. Si volvemos a los proble- mas planteados al inicio, entonces el saber sobre la administración de la burocra-

cia y de la participación ciudadana debe ser el básico para poder desempeñarse en esos ámbitos y, de igual manera, los referidos a la guerra; pero además, un estado pacífico puede ser atravesado por conflictos guerreros (por ejemplo, la gue- rra con Persia) o períodos de paz. Queda así expuesta la complejidad que conlleva la selección de contenidos que es atravesada por determinaciones cuyas lógicas exceden los conocimientos específicos de la educación en un sentido restringido.

2.1.4. Características de los individuos que están a cargo de la

transmisión

Esta es una de las cuestiones menos tratadas por la pedagogía, dando por supuesto un tipo diferenciado de actividad llevada a cabo por un sujeto ahis- tórico y neutral frente al contexto que incide tanto en la organización del trabajo como en la influencia que ejerce sobre la cultura de los destinatarios. Si bien se hace mucho hincapié en el modelo magistrocéntrico, cuando se trata de caracterizar al actor que ocupa ese lugar se cae en una abstracción muy poco realista. Es como si se pretendiera que este agente civilizador –tal como lo caracterizarían en Argentina los que adhieren a los principios sarmien- tinos– viviera por fuera de las influencias del medio. La idea del sacerdocio laico opuesto al ejercicio de los clérigos a cargo de la educación de los niños resultó muy eficaz para oponer una acción militante, de carácter civilizatorio y contrapuesto a la incidencia predominante de la Iglesia Católica en la acción educadora. Pero, más allá de su experticia técnica y las características mora- les, muy poco se dice sobre el vínculo con las poblaciones y con el contexto del cual formaban parte y del cual se aconsejaba tomar distancia, como actor civilizador que venía a difundir e iluminar la vida de los alumnos y sus familias. El ideal iluminista va a predominar en el sentido de afianzar una caracte- rización contrapuesta a la acción clerical vinculada desde estos términos al oscurantismo. ‘Faros de la civilización’ era la manera en que se caracterizaba a las escuelas, concebidas no solo como centros de enseñanza sino como genuinos centros culturales o contraculturales para ser más precisos, en los que jugaba un papel fundamental y basal el lugar de las bibliotecas; ‘cada escuela con una biblioteca’, así se concibe el diseño sarmientino y va a ser el modelo escolar predominante en el territorio nacional.

Tomadas las principales coordenadas que caracterizan la conformación de la escuela tradicional, podemos ahora avanzar en el abordaje de alternativas que aparecen sobre esta configuración y que en alguna medida ponen en cues- tión diferentes aspectos de la visión dominante.

LECTURA OBLIGATORIA

O

Mercante, V.

 (1916), “Capítulos 1 y 2”, en

 Metodología especial de la enseñanza primaria 

, Cabaut editores, Buenos Aires.

K

2.

Identifique, luego de la lectura anterior, los elementos que se asocian