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5. Theoretical Effects of Network Neutrality

5.2 Efficiency and Welfare

tidades

y

debemos decir con Renán:

“En la

realidad

se

es. más

o

menos hombre, más o-menos hijo de

D ic s ...i

Y o no veo la razón

para

que un papua sea inm ortal". Los igualitarios modernos, al no. comprender ya que no puede haber igualdad más que en lo abstracto {J ), y; que Ja esencia de lo concreto es la desigualdad, han de­ mostrado. además de su insigne torpeza política, la ex­ traordinaria grosería de su espíritu.

El humanismo, tal como acabo de definirlo, no tiene nada que ver con el internacionalismo. Este es una pro- ’tesia contra ei egoísmo nacional, no en beneficio de una pasión espiritual, sino de otro ‘egoísmo, de otra pasión 'terrestre: es ei movimiento de una categoría de hom­

bres-—obreros. banqueros, industriales—:, que se une por encima de las fronteras, en nombre de sus intereses prác­ ticos y particulares, y no se alza contra el espíritu de la r.acicn porque este la estorba en la satisfacción de sus intereses (2). Junto a semejantes movimientos, la pasión

j l ) Císto lo ha entendido muy bien la Iglesia, con «J coro- brío de eata verdad: que no se puede engendrar e) amor entre Jo* hom bres otás que desarrollando en ellos la sensibilidad en ci hoin- 6rc abstracto y combatiendo el Interés, por e] hombre concreto; in-

clinipdolo hacía la meditación metafísica y apartándola del estu­ dió de la historia (véase Majebranche). Dirección exactamente

epueitj a Sa de los intelectuales mpdcrnos, pero éstos, una vez más.

no í/o<aa en forma alguna de orearse el amor entre los hombre.?. (2) Iqualmcnte adopta el espíritu de nación cuando le parece ccivir ingreses; testigo; el partido de los 'socialistas-nacio nsüstai''.

nacional parece un movimiento idealista ya desinteresa- do. E n fin. el humanismo es también algo totalmente di­ ferente al cosmopolitismo, simple deseo, de gozar de las ventajas de todas Jas naciones y de todas sus culturas, y, generalmente, exento de todo dogmatismo moral (1). Perq.volvamos a la acción de los intelectuales que exhor­ tan a los pueblos a sentirse en aquello que los hace distintos.

Lo que, sobre todo, asombrará a la histoiia en esta acción de los intelectuales, es con qué perfección la han puesto en práctica. Ellos han exhortado a los pueblos a sentirse en aquello que más los distingue, en sus poetas antes que en sus sabios, tn sus leyendas antes que en sus filosofías, siendo la poesía inííniiaiuente ;:t¿s nacio­ nal, más separadora...fpmo muy bien lo han podido ver. que los productos de la pura inteligencia (2). Ellos han

LA TRAICION DE LOS INTELECTUALES * 31

(1) Algunos nacionalistas quieten honrar c] cosnvofxilitismo. cuyo valor perciben sus Intdigeiikias. aunque i.o sacrifican en nada su nacionalismo, declaran que ei cosmopolitismo representa a! "na­ cionalismo ilustrado *. Paul Bourge». que es quieo da esta definición

{Parls-Tiraes. {unió, 192-i),'cita cauto ejemplo a Goethe y Stendhal, "uno de ellos ian profundamente alemán y tratando de aprehender todo el movimiento d i! pensamiento francés, y el otro tan p.'ofun- dáiuente francés y tratando de penetrar Italia".' U<io se pregunta en qué ambos maestros, 'permaneciendo profundamente aleiuín y profundamente francés respectivamente. La» deslustrado el menor "nacionalismo**' aunque sea ilustrado. ÜQimjtM -¡.oitlundc evidente­ mente nacional y nacionalista.

(2) 'Casi todas las obras ds propaganda nacional, en ias pe­ queñas naciones de la Europa oriental, son antologías de poetas, y casi nunca obras de pensamiento. Véanse Jas palabras picmmcindas por E. Routroux.. en agosto de 1915. eu <1 comité ue Entente Cor­ dial, contra ios pueblos que tan grande paitkípiu'íón conceden a Ja.

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JULIEN SENDA

exhortado a les pueblos a honrar sus caracteres en ¡a medida que son particulares, y no universales: U n joven escritor italiano glorificaba recientemente su lengua por­ que ella no es usada sino -en Italia, y despreciaba el idio­ ma francés porque conoce ia universalidad {!}'. Los in­ telectuales han exhortado a los pueblos a sentirse zn 'todo lo que los hace distintos, no solo en su lengua, en su arte, en su literatura, sino en su vestido, en su vivienda, en su amoblamiento, en su alimentación» Es cosa corrien­ te veir, desde hace- medio siglo, a escritores sedes exci­ tando a sus compatriotas, por no hablar más que de nues­ tra patria, a permanecer fieles al comedor francés, a la cocina francesa, a la carrocería francesa... Los intelec­ tuales han exhortado a jos pueblos a sentirse distintos hasta en sus vicios: los historiadores alemanes — dice Fuste) de Coulanges-r-i invitan a su patria a embriagarse con. su personalidad hasta en su barbarie. Ta! moralis­ ta francés no se queda atrás y pretende que sus compa-' triólas acepten su “determinismo- nacional" en su “ tota­ lidad indivisible, con sus injusticias y con sus sagacida­ des. con sus fanatismos y con sus claridades, con sus mezquindades y con . sus grandezas. Otro (Maneras) dice: "Buenos o malos, nuestros gustos son nuestros y s/empre es cómodo considerarnos ios únicos jueces y mo­ delos de nuestra « d a ”. Una vez más. lo que hay de

íaccliyeitcia, la cual “en si misma, tiende a ser una y común a iodos • los seres capaces cíe conocimientos”.^

notable'en esto, no es que se dígan tales cosas, sino que las digan intelectuales, clase de individuos cuya acción hasta' ahora había consistido en invitar a sus conciuda­ danos a sentirse en lo que tienen de común con los de­ más hombres; que sean dichas, en Francia, por los des­ cendientes de Montaigne. Pasca!, Voítaice y Renán.

Esta- glorificación del particularismo nacional, tan imprevista en todos los intelectuales, lo es singularmente en aquellos a quienes yo denomino los intelectuales por excelencia: en los hombres de Iglesia. Es singularmen­ te notable ver a quienes, durante siglos, han exhortado a ios hombres, al menos teóricamente, a aminorar en si ei sentimiento de-sus. diferencias para aprehender Ja di­ vina esencia que los reúr.e a todos, dedicarse a alabar, según e) lugar de su sermón, su “ fidelidad al alma fran­ cesa ”, "la inalterabilidad de su conciencia alemana”, o "el fervor de su corazón italiano" ( i ) . Puede uno pre­ guntarse entonces lo que pensaría aquel que dijo por boca del apóstol: "N o hay griego, ni judio, ni escita, sino Cristo que está en todas las cosas”, si penetrara hoy en una de esas iglesias, al ver ahí, ofreciéndose a la ve-

LA T RAICIO N DE LOS INTELECTUALES 83

( I ) .H e aquí un ejemplo de tas acrobacias a que tienen que entregarse estos doctores para conciliar la palabra cristiana con la prédica de los particularismos nacionales; "Queremos poner ei ideal del universalismo 'en relación positiva con la realidad contemporá­ nea de fa forma nacional que es la de toda clase de vida, incluso de la cristiana" {Paslcur W itte. r w A. Loisy. ’ Cuerre cí Re­ ligión". p. 18). He aquí unos ?.sp'n¡(i« para los que la cuadratura dej circulo no pasa, por cierto, de ser sido ttu jutyo.