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3.6 Implementation

3.6.1 Efficient Shadow Stacks

Una vez analizados los frenos y las ventajas de las que dispone la deslocalización empresarial, podríamos analizar de igual forma los principales factores positivos y negativos con lo que también cuenta este tipo de proceso.

Las deslocalizaciones, en general, tienen efectos negativos, pero también positivos.

Tanto para los países pobres, receptores de las mismas, como para los países más desarrollados, emisores de tales transferencias de producción.

A pesar de las consecuencias sociales negativas, que en términos de empleo y desindustrialización de determinados territorios suponen, tanto los expertos como las autoridades públicas consideran, en general, que las deslocalizaciones son un mal necesario para las economías desarrolladas: permiten, en algunos casos, la supervivencia de las empresas y mantener un núcleo de trabajadores en el país de origen; las empresas deslocalizadas siguen adquiriendo componentes de sus suministradores habituales, con lo que favorecen la balanza comercial de sus países originarios; contribuyen a reducir los precios que ofrecen las empresas y aumentan la productividad de las mismas.

EPSEM UPC________________________________________________________ 64 Otra de las caras positivas de las deslocalizaciones/inversiones hacia el exterior es que contribuyen a la compra de productos manufacturados nacionales. Es lo que ha sucedido con las inversiones europeas en los países de la ampliación, aumentando, de esta manera, los excedentes comerciales de los quince. Las inversiones en el exterior también pueden ayudar a fijar las poblaciones en el territorio.El ejemplo contrario de todo ello son las relaciones de la UE con el Magreb y con África en general: pocas inversiones, debilidad de las exportaciones europeas y grandes flujos migratorios hacia Europa.

En cuanto a los países emergentes, gracias a las deslocalizaciones pueden modernizar su aparato productivo y adquirir un saber hacer industrial y de servicios. Este es un proceso que hemos conocido en España, por ejemplo, durante las décadas de los 60 y 70 (quizá por ello, España tiene uno de los índices de trasnacionalidad más elevados de Europa –el 19,5 en 2001–, sólo superada, y ampliamente, entre los países europeos por Irlanda, Bélgica, Luxemburgo, Dinamarca y Suecia).

Por otro lado, la llegada de multinacionales a los países menos desarrollados puede comportar, igualmente, efectos perversos: pérdida de control político sobre sectores económicos estratégicos; desestabilización del tejido productivo local, con las consiguientes reestructuraciones profundas, y socialmente costosas; abandono, casi repentino, del territorio para instalarse en otro más rentable.

Otro de los efectos negativos de las deslocalizaciones, es la percepción de esta amenaza potencial con la que juegan muchos empresarios, acrecentando la inseguridad laboral. Con la consiguiente presión y chantaje sobre los salarios y las condiciones de trabajo: las amenazas de deslocalización pesan como una losa sobre los trabajadores. De ello se han producido varios ejemplos en España pero también en los últimos meses en Alemania, donde más de un centenar de empresas, entre ellas algunas grandes firmas multinacionales, han planteado a los trabajadores la ampliación del tiempo de trabajo y otras exigencias varias, todas orientadas a reducir el coste laboral, bajo la amenaza de la deslocalización. Este tipo de chantajes están igualmente de actualidad en Francia, donde importantes empresas amenazan con deslocalizar su producción si no se revisan (es decir, se rompen para permitir una mayor jornada laboral) los acuerdos vigentes sobre la jornada semanal de 35 horas.

Esta inseguridad social favorece la aceptación de desigualdades crecientes, provocando desincentivos del consumo, y en consecuencia de la inversión y el crecimiento. Propicia, en suma, la profundización de políticas que han sido las responsables – mucho más que las deslocalizaciones – del escaso crecimiento y del alto desempleo que aquejan a Europa desde hace más de veinte años.

El principal efecto positivo de la deslocalización para los países receptores es el aumento de la inversión extranjera que se realiza en el país, dotándolo de más y mejores infraestructuras y propiciando un crecimiento económico muy importante que dificilmente

EPSEM UPC________________________________________________________ 65 se producirá sin estos flujos inversores. Pero esto depende en gran medida de la calidad de sus políticas públicas: formación, implicación de los actores sociales, desarrollo de capacidades emprendedoras, regulación exigente, marco de relaciones laborales cooperativo, vinculación de los centros de investigación a las actividades productivas, etc. México, el sureste asiático o Irlanda, que han sido, a su favor, objeto en el pasado de fuertes procesos de deslocalización productiva, son una muestra de que los resultados pueden ser muy diversos en función de las políticas y de los modelos sociales imperantes en cada territorio.

Para los países normalmente más afectados por la deslocalización, los más ricos, los efectos a corto plazo pueden ser negativos, porque se producen pérdidas de capital y de empleo, sobre todo del empleo menos cualificado, que es el que compite con el de las economías menos desarrolladas. Sin embargo, a largo plazo, los efectos tienden a ser beneficiosos, los consumidores se benefician de menores precios de los productos que importan, y los productores, de la expansión de la demanda mundial. Pero los efectos negativos pueden prolongarse en el tiempo si no se incentivan suficientemente los procesos de especialización en productos de mayor calidad, y se ponen en marcha planes de formación de la mano de obra ambiciosos y coherentes con ellos.

Con todo, la importancia de los efectos negativos a corto plazo depende también de la forma en que se produce la deslocalización. En efecto, no es lo mismo que ésta se deba a las empresas propiedad de residentes que de no residentes, puesto que las primeras parecen establecer lazos productivos de complementariedad con sus filiales en el resto del mundo, no siendo tan claro, como a menudo se cree, que sustituyan empleos internos por externos, salvo quizá en el caso de trabajadores muy poco cualificados.

En cambio, las filiales de empresas transnacionales localizadas en países de similar nivel de desarrollo económico realizan producciones más similares, lo que tiende a facilitar los procesos de deslocalización, pues la filial de un país puede sustituir productivamente a otra.

Por consiguiente, la deslocalización parece ser más dañina cuando la protagonizan empresas de capital extranjero. No obstante, sus efectos son más desastrosos cuando abandonan aquellas actividades en los que las empresas propiedad de residentes son menos eficientes, y en las que, por consiguiente, resulta más difícil sustituir los empleos perdidos. Sin embargo, éste no suele ser el caso más frecuente, puesto que, precisamente, la rentabilización de su mayor eficiencia en el mercado interno es lo que motiva su presencia en el territorio. No obstante, la liberalización del mercado nacional, su apertura a la competencia internacional, puede tener como resultado la aparición de otras localizaciones más favorables.

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8. PROPUESTA DE MEDIDAS CORRECTORAS AL

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