3. THE EXTENT OF UNDERCOMPENSATION AND THE DISTRIBUTION OF
3.3 EFFORT TO DOCUMENT UNDERCOMPENSATION
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trador de la universidad nueva, se consagró a Plauto (1587), y su hijo más joven, Francisco, tuvo la inspiración de reunir los fragmentos de Lucilio (1597). Daniel Hein sius (1580-1655) llegó a ser el discípulo predilecto de Esca ligero entre los holandeses; y Escaligero fue el primero en reconocer las raras dotes del joven Hugo de Groot (Grotius), el mayor filólogo holandés del siglo xvil. Y si miramos más lejos, encontramos que los trabajos crono lógicos de Escaligero fueron inmediatamente admitidos en Inglaterra por John Seiden, el erudito editor del lla mado Marmor Parium, dos fragmentos de una tabla cro nológica encontrada en Paros y ahora en el Ashmolean Museum100. Ya hemos hecho notar sus relaciones con algu nos filólogos contemporáneos de Alemania101, y fue aquí —pero no antes de mediados del siglo xvm — donde Winckelmann102 reconoció que Escaligero era el primer filólogo que reconstruyó la vida del mundo antiguo en su totalidad; Winckelmann no sólo leía los textos anti guos, sino también a los grandes clásicos franceses, al propio Escaligero, al amigo de éste, de Thou, y a su discípulo Grotius, como podemos ver por sus referencias a ellos. En su Historia del Arte A n tig u o 103, publicada por primera vez en 1764, admitió la sugerencia que hizo Esca ligero a Salmasius104 en una carta de 1607 de que, en su opinión, había cuatro épocas en la poesía griega, y Winckelmann aceptó la misma división de cuatro épocas distintas para la evolución del arte griego. El concepto
100 Marmora Arundetiana (1628/9). 101 Ver arriba, pág. 201, n. 98.
102 No he podido encontrar una referencia directa a esto en la bibliografía sobre Escaligero. C. Justi, Winckelmann und seine
Zeitgenossen, I (1898), hizo referencias ocasionales, especialmente
págs. 134 y 160, pero no a los pasajes citados abajo, nn. 103 y 104. 103 «Geschichte der Kunst des Altertums», 8. Buch, I. Kap. =
Werke, I (Stuttgart, 1847), 299.
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alemán de una ciencia general de la antigüedad1®, que adoptan las generaciones siguientes, se basa en las ideas de Winckelmann, y en este asunto su propia referencia a Escalígero tiene una importancia histórica fundamental.
Salvada esta digresión para contemplar el aprecio y efecto de las obras 106 de Escalígero en otros países, hemos
105 Esperaba encontrar alguna cosa sobre Escalígero en los escritos de F. A. Wolf, pero no lo he conseguido hasta ahora. Las entusiastas expresiones de Niebuhr y sus contemporáneos se citan una y otra vez.
106 No hay una compilación de Opera omnia; tenemos que refe rirnos a los títulos de cada libro en particular. — Epistolae omnes, ed. por D. Heinsius, Lugd. Bat., 1627, reimpr. en Francfort en 1628 (la edición que uso). Lettres françaises inédites, publ. et annotées par Ph. Tamizey de Larroque (1879). — Scatigerana ou
bons mots, I, Vertuniani (1574-93), y II, Vassanorum (1603-6) (nom
bres de los compiladores), óptima edición en 2 vols, por Pierre des Maizeaux, Amsterdam, 1740; una nueva edición crítica preparó M. Bonnet, y luego, M. A. Monod (1920?), pero no se ha publicado nada. — A primera vista resulta extraño que la única monografía sea aún la de Jacob Bernays, Joseph Justus Scaliger (Berlín, 1855); las págs. 1-17 y 31-104 contienen la introducción y la vida, pero las notas y los apéndices ocupan, con mucho, la parte mayor de la obra; al considerar la grandeza de Escalígero se comprende por qué nadie se ha sentido capaz de emprender una biografía documentada. Barnays dedicó su obra, ensayo más que libro, a F. Ritschl, que lo consideraba como el alumno más dotado. Cf. Wolfgang Schmid, «Friedrich Ritschl und Jacob Barnays», Bonner
Gelehrte, Beiträge zur Geschichte der Wissenschaften in Bonn,
Philosophie und Altertumswissenschaften (1968), pág. 137, y espe cialmente, A. Momigliano, «Jacob Bemays», Mededeetingen der K.
Nederlandse Akademie van Wetenschappen, Afd. Letterkunde, n. r.
32.5 (1969), 151-78. Bernays, gran filólogo a su vez, fue capaz de reconocer en la obra de Escalígero la perfección absoluta de cono cimiento y método, y debemos estarle agradecidos por su juicioso y noble Escalígero. Fue reseñado por el único crítico competente en la materia, Mark Pattison (a cuyas publicaciones me referí en
Historia [I], pág. 13), en Quarterly Review, 1860 (reimpreso en Essays, I [1889], 132-95). Como consecuencia de esta recensión,
Chr. K. J. von Bunsen, gran amigo de Bernays, propuso a Pattison, en 1856, durante una conversación, que «escribiera la vida de
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de continuar el desarrollo de la filología en Francia des pués de Escalígero. Su grandeza especial resulta todavía más evidente cuando pasamos a Isaac Casaubon (1559- 1614), contemporáneo suyo, aunque algo más joven, y a su sucesor en Leyden, Claudius Salmasius (1588-1653). Casaubon había nacido en Ginebra, era hijo de un pastor hugonote y tuvo una adolescencia difícil, cuya última parte transcurrió en las montañas del Delfinado con su padre, que fue su único maestro. A los veinte años volvió a Ginebra para proseguir sus estudios de griego con más intensidad; se casó además con una de las numerosas hijas de Henri Étienne y tuvo diecinueve hijos. Después de impartir sus enseñanzas en Ginebra y Montpellier, fue llamado a París en 1599 por el rey Enrique IV, que de seaba restablecer la paz religiosa. Le dieron el título de «Lecteur du Roi», pero no ocupó ningún cargo oficial ni en la universidad ni en el Collège de France hasta ser nombrado sub-bibliotecario de de Thou en la Biblioteca Real. Cuando Enrique IV fue asesinado en 1610, apre miaron a Casaubon para que se convirtiese al catolicismo. Aunque distaba mucho de simpatizar con el estricto dog matismo del calvinismo durante su estancia en París, no lograba decidirse a ingresar en la Iglesia Católica. Se inclinaba por una via media y aceptó con gusto la invi- Escalígero en conexión con la historia religiosa de aquel tiempo». Durante treinta años procuró Pattison reunir el material (Memoirs, 1885, págs. 321 ss.); después de examinar sus notas en la Biblioteca Bodleyana (cf. arriba, pág. 177, n. 26), lamento decir que jamás habría podido él realizar su plan; ni nadie. Una visión de con junto de los esfuerzos y razones del fracaso, en C. M. Bruehl, «J. J. S caliger. Ein Beitrag zur geistesgeschichtlichen Bedeutung der Altertumswissenschaft», Zeitschrift für Religions- und Geistesge
schichte, 12 (1960), 202-18, y 13 (1961), 45-65. J. Scaliger, Autobio graphy, traducción inglesa de G. W. Robinson (Cambridge, 1927),
contiene útiles citas (en inglés) de sus cartas con introducción y notas.
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tación del arzobispo de Canterbury para ir a Inglaterra. Murió poco después, en 1614, agotado por el exceso de trabajos filológicos, a los cincuenta y cinco años de edad, y fue sepultado en la Abadía de W estm inster107.
Casaubon fue un filólogo de tipo muy independiente,os; como no era gramático ni crítico sobresaliente, no se convirtió en primer lugar en editor de textos críticos, y como no tenía imaginación inventiva, no hizo recons trucciones históricas. Era lector y compilador paciente, y su genio, si puede aplicarse la expresión a este caso, fue el de un infatigable esfuerzo mental. Su ambición era acumular un conocimiento exahustivo mediante copiosas lecturas de todas las fuentes posibles y construir luego un cuadro del mundo antiguo acoplando todo lo aprendido. Estaba siempre en un estado de desaliento, porque en contraba nuevos textos y nuevos libros y temía que el tiempo no le permitiese completar sus conocimientos. Su misión era escribir comentarios109, de los cuales los más importantes eran los de Geographica de Estrabón (1587,
iw Mark Pattison, Isaac Casaubonus (1875); una 2.a edición de este libro de más de 500 págs. salió en 1892. Es una biografía moderna, detallada, bien documentada y atractiva, tal como apenas existe de ningún filólogo clásico, excepto quizá el Poggio de Walser (ver antes, pág. 63, n. 40); pero no hace justicia completa a los aciertos filológicos de Casaubon (defecto que ofrece también la monografía de Walser sobre Poggio). Se hallan impresas sus cartas y diario, Epistolae (3.a ed., 1709) y Ephemerides, 2 vols. (Oxford, 1850). Sus manuscritos: 60 vols, de «Adversaria» se conservan en la Biblioteca Bodleyana; algunos libros suyos, especialmente textos con notas marginales, están en la Biblioteca Universitaria de Cam bridge, por ejemplo, el Esquilo con notas suyas y de Escaligero, pero su Polibio está en la Bodleyana.
ios Estaba todavía bajo la influencia de Dorat, y sus notas ma nuscritas sobre la tragedia griega muestran que es injusto llamarle αμοοσος, ver E. Fraenkel, Aesch. Ag. I 38 y 77.
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2.a edición 1620) 110, los Caracteres de Teofrasto (1592, 2.a edición 1599, 3.a 1612 y otras muchas después), los de Suetonio (1595)111 y de Ateneo (1600) m . Sus Animadver
siones sobre Ateneo fueron escritas entre lamentos y sus
piros, de día y de noche, durante más de tres años. Nadie después de Casaubon ha tenido bastante abnegación para escribir comentarios a textos como Estrabón o, incluso, Ateneo. Sus notas al texto griego de Polibio, con traduc ción latina, fueron publicados póstumamente en 1617. En el prefacio sostuvo que una historia como la de Polibio es escuela preparatoria para el político; apenas puede dudarse de la influencia de la filología holandesa m en la última obra de Casaubon.
Su comentario de 1605 a las Satirae de Persio (todavía reimpreso a la letra en 1833) iba acompañado de un en sayo «De satyrica Graecorum poesi et Romanorum satira» (reimpreso muchas veces por separado hasta el siglo xvm ) y es la primera monografía sobre un problema de histo ria de literatura antigua. Todos sus escritos se basaban en material recogido independientemente por él mismo; esto los distingue de las meras compilaciones de últimos
del siglo X V II y del xvm , especialmente en Holanda y
Alemania, y no ha habido nadie más en la historia de la filología clásica cuyos comentarios hayan sido hasta ahora indispensables y no reemplazados durante tanto tiempo. En materia de crítica textual era más bien conservador e insistía sobre todo en la autoridad de los manuscritos, aunque no se asustaba ante audaces conjeturas. Sin em bargo, para cualquiera que lo compare con los humanis
110 Todavía citamos por las páginas de su edición,
m Ver S. Weinstock, Divus Julius (Oxford, 1971). Los méritos de Casaubon como crítico textual los muestra Weinstock.
112 Reeditado por Schweighäuser, 1801, y reimpreso ocho veces hasta 1840.