MATERIALS AND METHODS Trial 1: Egg quality
Trial 1: Egg quality
JUrgen Habermas
En «Trotsky and the Wild Orchids», Richard Rorty lanza una mirada romántica sobre su desa rrollo como filósofo.1 Utilizando la forma de una «narrativa de maduración», presenta su desarro llo intelectual como un distanciamiento progresi vo de su sueño adolescente; era el sueño de fundir en una sola imagen la extraordinaria belleza de las orquídeas salvajes y la liberación del profano sufrimiento de una sociedad explotada: el deseo de «unir la realidad y la justicia en una sola visión» (Yeats). El trasfondo existencial del neopragmatis- mo de Rorty es su rebelión contra las falsas premi sas de la filosofía: una filosofía que pretende ser capaz de satisfacer las necesidades estéticas y mo rales al satisfacer las teóricas. Había una vez en que la metafísica quería instruir a sus alumnos en los ejercicios espirituales que entrañaban una con templación purificadora del bien en la belleza. Pe ro el joven Rorty, que había permitido que lo llena ran de entusiasmo Platón, Aristóteles y Tomás de Aquino, termina dándose cuenta dolorosamente de que la perspectiva del contacto con la realidad de lo extraordinario ofrecida por la teoría — un contacto a la vez deseable y reconciliador— , aun que posiblemente alcanzable en las formas más
1 R. Rorty, «Trotsky and the Wild Orchids», Common Know-
ledge, 3 (1992): 140-53.
definidas de la plegaria, no puede lograrse en el sendero de la filosofía. Como resultado de ello, Rorty recuerda a Dewey — desdeñado por Mc- Keon, Leo Strauss y Mortimer Adler— , quien no había sido completamente olvidado en la Chicago de la década de 1940. La toma de conciencia de que la realidad cotidiana no oculta una realidad superior, ni un reino del ser-en-sí que descubrir en éxtasis, y de que las prácticas cotidianas no dan cabida a una visión redentora, cura al ya sobrio Rorty de su enfermedad platónica. Desde luego, el recuerdo de la visión exótica y del aroma irresisti ble de las orquídeas salvajes en las montañas de su infancia, en el noroeste de New Jersey, no pue de extinguirse por completo.
Crudamente, entonces, Rorty nos explica en función de su propia historia de vida los motivos de su perspectiva de la dominancia dual de Dewey y Heidegger desarrollada en Contingency, Irony, and Solidarity. Curiosamente, esta presentación de sí mismo no contiene referencias al rol desco llante que tuvo Wittgenstein, la tercera parte en la alianza. El informe de Rorty sobre las experien cias de su propio desarrollo filosófico se detiene en sus lecturas de Hegel, cuando sus días de estu diante en Yale se acercan a su fin y su trabajo como filósofo profesional está apenas por comenzar. Su formación en filosofía analítica con su maestro real, Wilfrid Sellars, su convicción básica de la ver dad del fisicalismo, su exitosa carrera como joven filósofo analítico: esos pasos en su desarrollo no son mencionados para nada. Sin embargo, sola mente su ambivalencia respecto de la tradición de la filosofía analítica — la única tradición en cuyo lenguaje Rorty aprendió a argumentar y gracias a
cuyo uso continúa exponiendo sus enseñanzas bri llantemente— puede explicar por qué atribuye una significación culturalmente crítica a su giro antiplatónico, significación que supuestamente se extiende mucho más allá de su propia persona y su propio cambio de lealtades filosóficas.
Trataré brevemente esta motivación por una clase de filosofar que quiere despedirse como tal, antes de limitarme a la discusión de la justifica ción de la concepción neopragmática en sí misma. Desde la radicalización pragmática del giro lin güístico, Rorty alcanza una comprensión no realis ta del conocimiento. Con el fin de verificar si radi caliza el giro lingüístico de manera correcta, inten taré luego comparar el enfoque contextualista con la duda epistemológica del escéptico moderno. Al hacerlo, evocaré un problema que siempre fue re lacionado con las concepciones coherentistas de la verdad: el problema de cómo se deberá distinguir la verdad de la aceptabilidad racional. En la res puesta a esta pregunta hay una bifurcación de ca minos filosóficos. Mientras Rorty asimila la ver dad a la justificación a expensas de las intuiciones realistas cotidianas, otros intentan tomar en cuen ta las intuiciones aun dentro del paradigma lin güístico, ya sea con la ayuda de una estrategia deflacionaria respecto del problema de la verdad, o por medio de una idealización del proceso de jus tificación en sí mismo. Por una parte, no estoy de acuerdo con la estrategia deflacionaria que se ba sa en una concepción semántica de la verdad, y destaco más bien las ventajas de un punto de vista pragmático. Por otra parte, nuevamente desde una perspectiva pragmática, criticaré un tipo de epistemización de la idea de verdad que yo mismo
propuse. Al hacerlo, desarrollaré una alternativa a la liquidación de las pretensiones incondiciona les de verdad. Esta liquidación es lo que última mente ha compelido a Rorty a efectuar una proble mática naturalización de la razón lingüistizada —o, en todo caso, una naturalización que conduce a problemas ulteriores— .