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Nosotros, a quienes nos llaman víctimas, somos tan heterogéneos… estamos los dolientes, los sobrevivientes, los luchadores, los muertos en vida y los vivos en muerte, los indiferentes, los temerosos, los silentes. Lo cierto es que estaremos destrozados, en pedazos, pero nunca alcanzaremos la desgracia de quien desaparece o mata o tortura como forma de vida; estaremos con miedo, huyendo, desplazados, pero nunca

alcanzaremos la pavura de quien pudiendo pararse irme, erguir su voz, no hace

nada; estaremos deprimidos, doblados de dolor, en melancolía crónica, pero nunca sentiremos peso tal al de vivir con un muerto a cuestas (porque nosotros vivimos con nuestros seres queridos al lado); tendremos muchas necesidades, nuestros proyectos se habrán truncado una y mil veces, pero nunca necesitaremos más que aquellos que

sólo piensan en su dinero, en sus propiedades, en su poder, en su relejo en el espejo.

Camilo Eduardo Umaña (2014).28 Según Gonzalo Sánchez, es más que pertinente hablar del tema de las víctimas, no sólo porque hay demasiada condescendencia, por decirlo de alguna manera, con los victimarios, sino porque hay un malestar que “produce el discurso homogeneizador de las víctimas, y la pretensión, a

27 “Los mismos periodistas cuando me hablan, pero es que se volvió a organizar, cuéntenos cómo es eso que se volvió a organizar y lo destacan en una de estas cosas “buscando a su esposo y se vuelve a organizar” porque eso es así, así lo pinta todo el mundo” (Entrevista Realizada a Pilar Navarrete, 12 de marzo 2014).

28 Discurso Camilo Eduardo Umaña hijo de Eduardo Umaña. Referencia electrónica: http://centromemoria.gov. co/el-hombre-supo-morir/. (Recuperado el 11 de noviembre de 2014)

menudo infundada, de quienes se reclaman sus intérpretes o voceros exclusivos, privatizando de cierta manera sus relaciones con la sociedad y con las instituciones públicas” (2008, p. 4).

Para efectos de la ley 1448 del 2011:

Se consideran víctimas […] aquellas personas que individual o colectivamente hayan sufrido un

daño por hechos ocurridos a partir del 1º de enero de 1985, como consecuencia de infracciones al Derecho Internacional Humanitario o de violaciones graves y maniiestas a las normas internacionales de Derechos Humanos, ocurridas con ocasión del conlicto armado interno. También son víctimas el cónyuge, compañero o compañera permanente, parejas del mismo sexo

y familiar en primer grado de consanguinidad, primero civil de la víctima directa, cuando a esta se le hubiere dado muerte o estuviere desaparecida. A falta de estas, lo serán los que se encuentren en el segundo grado de consanguinidad ascendente. (Colombia, Congreso Nacional

de la República, 2011, 10 de junio, Art. 3).

De acuerdo con esto, tanto los/as familiares de los/as desaparecidos/as del Palacio de Justicia, como lo/as desaparecidos/as son víctimas. Sin embargo, para efectos de este documento, “víctimas” son los/as familiares y “víctimas directas” son los/as desaparecidos/as de los hechos ocurridos del Palacio de Justicia.

En la práctica, hablar de víctima es útil para satisfacer necesidades jurídicas que implican norma- lizar y homogenizar procesos, sucesos y sujetos, reduciendo la validez y la singularidad de cada historia, y con ello, la posibilidad de la reparación integral que implica cada caso. Ser «víctima» implica ser enunciado dentro de una categoría ija y estática que puede ser peligrosa porque apri- siona y ancla al sujeto a la situación de daño. Si bien está construida legalmente bajo la intención de señalar, dar a conocer, reparar, generar procesos sociales, también funciona para invisibilizar, ocultar, desaparecer, deslegitimar, desconocer. Las víctimas se traducen en cifras, son excluidas de su singularidad, se les introduce en el anonimato y en la eliminación de la particularidad del sufrimiento (Jaramillo, 2008).

Siguiendo esta línea, enunciarse como víctima también puede ser una posición estratégica en la que se usa la categoría sin que ésta use al sujeto. Aunque las categorías tienden a presentar una cierta solidez, una cierta iguración que podemos identiicar rápidamente y aunque todas ellas parecieran tener un locus, podemos crear un quiebre y actuar desde el intersticio y dar cuenta que también es algo líquido. Es un concepto que podemos signiicar con nuestra experiencia, lo que quiere decir, darle cuerpo al mismo, de otras maneras.

El primer paso en el proceso de reparación a las víctimas debería ser el reconocimiento a la

diversidad de sus experiencias, de sus expectativas y de sus modos de procesar la pérdida o el trauma […] las víctimas viven y asumen de manera muy distinta su experiencia, por más

elementos comunes que haya en la situación de partida. O dicho en términos más sociológicos, las víctimas-sujetos determinan los usos de la memoria (Sánchez, 2008, p. 4).

La manera en la que los/as familiares de los/as desaparecidos/as del Palacio de Justicia han asumido el hecho violento y la búsqueda es diferente al modo en el que lo han hecho las víctimas de otros acontecimientos. Esto se debe a la particularidad del crimen de la desaparición forzada de la que fueron víctimas sus familiares, al tiempo que llevan en el proceso de búsqueda y a las implicaciones sociales e históricas que tuvo el holocausto del Palacio de Justicia. Es por medio de sus experiencias producidas en el marco de su contexto la manera por medio de la cual escapan de la categoría estática de «víctima». La resigniican buscando acciones que además de tener como objetivo hacer memoria de sus familiares van en miras a una transfomación social. Para ello, el uso de sus objetos personales en la esfera pública ha sido fundamental.

Dado esto, considero pertinente discutir sobre las consecuencias familiares que tal crimen ha tenido en ellos/as, de modo que se pueda comprender la lucha que han emprendido, y que aún sostienen.

II. ¿DÓNDE ESTÁN LOS CUERPOS?

La desaparición no es igual a un secuestro, la desaparición no es igual a un asesinato, la desaparición es algo que tú no sabes, todos los días estás pensando en qué pasó y quedas como una pelota loca, no sabes para dónde coger […] y tener que seguir la vida y tener que trabajar y aparte de eso tener que seguir frente a la búsqueda, seguir en esto.

Pilar Navarrete (Entrevista realizada el 24 Agosto de 2013).

La primera vez que escuché los dinosaurios de Charly García, esa canción que dice “la persona que amas puede desaparecer”, pensé en las ausencias de mis relaciones sentimentales. Me decía que mi pareja desaparecía porque la cosa ya no daba, o que yo desaparecía porque tengo la manía de huir. Me sentía sumamente identiicada. Pensaba que todo lo que desaparecía o, mejor, todos/ as los/as que desaparecían lo hacían por una decisión personal. Sin embargo, haciendo a un lado mi ingenuidad y mi lectura irresponsable, debo decir que Charly no se refería a eso y que no todo habla sólo de amor, romanticismo y cosas cursis como creía en esa época (aunque no puedo aban- donar la idea de que las luchas políticas sí están a travesadas por el amor y por los afectos).

García habla de las desapariciones forzadas, esas que dejan marcas, cicatrices, inefables ausen- cias. Esas que no se pueden demostrar, que signiican incertidumbres, vacios que se transforman en luchas políticas. Desapariciones que son actos violentos y acciones caracterizadas por el terror.

Pensar en la noción de desaparecido/a requiere una relexión sobre el pasar del tiempo sin conocer el paradero de un ser querido, un proceso en el que se da una larga espera, la intervención de dife- rentes generaciones, relatos que se transmiten, dimensiones que se hacen confusas, la reconigu- ración del tiempo y de los espacios. Referirse a la noción de desaparecido/a implica pensar en el vacío y en la ausencia del cuerpo, en entender de otras maneras los rituales entorno a la muerte, en disputas y conlictos por la legitimidad de la existencia de la persona, en acciones de resistencia.

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