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Electrodepositon and equal channel angular pressing

2.1. Nanocrystalline and ultrafine grained materials

2.1.1. Electrodepositon and equal channel angular pressing

por Máximo Bonfantini y Giampaolo Proni

Holmes comparado con Peirce

En cuanto a los tres tipos de consideración suscitados por el esquema, dejemos de lado el último, que concierne más a las operaciones destinadas a la captura

del criminal que a su descubrimiento e identiicación. Concentremos, en cambio, nuestra atención en el segundo tipo de consideraciones: la estructura del proceso de investigación de Holmes. Cualquiera que conozca la obra de Peirce no encontrará diicultad en advertir la perfecta correspondencia estructural entre la lógica de la investigación según Holmes y la lógica del proceso del conocimiento en general y de la ciencia en particular según Peirce.

Con una simple relectura de las líneas básicas que resumen las operaciones indagatorias realizadas por Holmes en STUD, el lector versado en Peirce verá en seguida cómo las tres fases típicas del proceso cognoscitivo se entrelazan, se suce- den una a otra y se combinan en él; para Peirce estas tres fases corresponden a las tres clases de inferencia: inducción, abducción (o hipótesis) y deducción. En suma, Holmes empieza por observar, registrar y encajar diversos datos observacionales

(inducción); después adelanta hipótesis que expliquen o interpreten los hechos

observados con el in de identiicar las causas posibles de los acontecimientos resultantes (abducción); expone analíticamente las consecuencias necesariamen- te inherentes a las hipótesis postuladas (deducción); somete las hipótesis y las

consecuencias deducidas de ellas a una prueba de observación y, en sentido lato, “experimental” (inducción). De este modo, las hipótesis, concebidas y seleccionadas

una por una, terminan por formar una red que converge en la identiicación de la hipótesis fundamental: la identidad del asesino.

No obstante, la perfecta correspondencia entre Holmes y Peirce en el modo de entender la estructura lógica en su complejo proceso cognoscitivo no signiica en sí misma una perfecta identidad de método. De hecho, a Peirce (si le entendemos

correctamente) la correspondencia le hubiera parecido (o le hubiera debido pare- cer) perfectamente natural y casi consabida. En el segundo de sus dos ensayos anti-cartesianos de 1868, Some Consequences of Four Incapacities, Peirce trata de demostrar que a un ser humano le es imposible llevar a cabo un acto psíquico, del tipo que sea y, con mayor razón, nada que se parezca a un proceso cognos- citivo, ya sea válido o no, sin recurrir a las tres clases obligadas y obligantes de

razonamiento: inducción, deducción y abducción. Así, dado que para Peirce el entrelazamiento de las tres fases de la inferencia constituye una constante común, tanto en los problemas de la vida cotidiana, como en la investigación especializa- da y en la propiamente cientíica, no es de extrañar que una prolija ilustración de los procedimientos de averiguación policial revele la presencia de las tres clases canónicas de inferencia.

En suma, si lo interpretamos correctamente, el espíritu de Peirce se dirigiría al de Holmes (esto es, al de Conan Doyle) y le diría:

Descubrir que conocemos a través de la combinación de tres formas fundamen- tales de inferencia es dar un paso necesario pero no plenamente suiciente hacia la clariicación de un método cientíico. Las tres clases de argumentación se conocen

explícitamente desde los tiempos de los griegos. Yo las he hallado en el Organon

de Aristóteles. Y desde Galileo, por lo menos, existe la conciencia generalizada de que el método de la ciencia es hipotético-deductivo-experimental. Ahora bien, el método cientíico, tal como lo reconozco en la práctica de los hombres de ciencia y tal como lo recomiendo en mis relexiones ilosóicas, está vinculado con la tradición de Galileo, a la que hace más especíica, de mayor alcance y más innovadora. Los reinamientos y ampliaciones de la inducción (mediante instrumentos y técnicas de

observación y experimentación) y de la deducción (mediante la formalización de

la lógica analítica y los progresos de las matemáticas) son conocidos, aceptados y universalmente reconocidos.

Pero yo insisto, sobre todo, en la importancia de la función de la abducción, de la hipótesis. Al subrayar, en contra de la tradición cartesiana, que todos nuestros conocimientos tienen una base hipotética, por una parte pongo de relieve su fali- bilidad intrínseca, pero por otra proclamo la necesidad de poner resueltamente la abducción en el puesto de mando del proceso cognoscitivo en general y sobre todo del proceso cientíico, puesto que sólo mediante la hipótesis, mediante abducciones nuevas y más osadas, podemos descubrir nuevas verdades, por aproximadas y provisionales que sean; sólo mediante nuevas hipótesis podemos ampliar nuestra visión de lo real y descubrir nuevos caminos de experiencia, ofrecer material nuevo para el banco de pruebas de la experimentación. Ahora, al estudiar detenidamente su método, tal como usted lo teoriza y lo practica en sus investigaciones, querido Holmes, me pregunto si concuerda o no en sus líneas fundamentales con el mío, o si las posibles divergencias son de tal especie que ambos podemos beneiciarnos corrigiendo alguna de nuestras respectivas unilateralidades dogmáticas.

Bonfantini, Máximo y Proni, Giampaolo, “To Guess or not to guess?” en: Umberto Eco y Thomas Sebeok (eds.), El signo de los tres. Dupin, Holmes,

IV. Sobre la realidad: construcción, simulación y engaño

El dilema ético de la elección entre