Guidance Notes
TOPIC 6 KNOWLEDGE OF THE EFFECT OF BULK LIQUID CARGOES ON TRIM, STABILITY AND STRUCTURAL INTEGRITY
16. Other Information
12.5 Electrostatic hazards
Las reformas estructurales de los años noventa, conocidas con el nombre de “apertura económica” fueron puestas en marcha en la primera mitad de este decenio con efectos sociales perjudiciales para los distintos grupos de colombianos, tanto del área urbana como de la rural. Según Alcides Gómez, la manera en que se llevó a cabo la apertura económica en Colombia no sólo fue “un craso error de política económica” sino también “la más grave equivocación que se cometió durante la década de los noventa” (Gomez, 2003, p. 204). En su diagnóstico de lo que califica como los “dramáticos efectos sociales” de las reformas de los noventa, Gómez llama la atención sobre los siguientes puntos:
i. El desempleo al finalizar la década de los noventa fue el más alto registrado en toda la historia de la Encuesta Nacional de Hogares. En 1999, la tasa de desempleo alcanzó el 19,5%, la cual doblaba al nivel observado en 1991. La tasa de desempleo de mujeres jóvenes (12-24 años) aumentó del 15% en 1992 al 40% en año 2000.
ii. El aumento de la tasa global de participación en el mercado laboral, unida a la disminución de escolaridad, reflejó la deserción educativa de los estudiantes que crecientemente tuvieron que refugiarse en las actividades del mercado laboral informal.
iii. La migración interna debido al desplazamiento forzoso acumuló 2 millones de personas entre 1985-2000, con una población que para el 2002 ya superaba los 2,7 millones de colombianos.
iv. El número de pobres, medidos según la línea de pobreza, se incrementó en 4,1 millones de personas entre 1991-2000. En total, para el año 2000, Colombia contaba con un total de 24,6 millones de colombianos en condición de pobreza, los cuales representaban el 59,6% de la población total.
v. Al finalizar la década, la desigualdad en la distribución de ingreso aumentó considerablemente. Mientras que en 1991, el 10% más rico de la población percibía un ingreso que era 30 veces mayor al ingreso del 10% más pobre, en el año 2000 el 10% más rico ahora tenía un ingreso que era 77 veces mayor que el percibido por el 10% más pobre.
vi. La precarización laboral también se incrementó, en tanto la población ocupada en el sector informal de la economía pasó del 55% al 61% en el transcurso de la década. No obstante, tal precarización fue mucho más perjudicial para el 10% más pobre de la población, donde la informalidad alcanzó el 92,5% de la población ocupada (Gomez, 2003, p. 205).
Si bien puede decirse que las reformas del noventa afectaron a toda la sociedad colombiana en su conjunto, desde el punto de vista de la migración internacional y la histéresis del hábitus, es importante prestar especial atención a los sectores cuya trayectoria no había sido afectada de manera sustancial en la historia reciente. En muchos sentidos, el mundo rural continuó experimentando durante los años noventa las mismas inequidades que observábamos en la década de 1980 (Gomez, 2003). De ahí que sea esperable que histéresis como la de José se hubieran extendido y profundizado también durante el último decenio del siglo XX. De hecho, la crisis del café continúo extendiéndose durante este periodo, sin poder regresar a los precios y niveles de producción de la década de 1980, y mucho menos a la de 1970 (Aguilar, 2003).
Sin embargo, si atendemos a los cambios relativamente drásticos y repentinos en la estructura de relaciones que malogran las condiciones de existencia de algunos grupos sociales, encontramos que son precisamente las distintas capas sociales del mundo urbano los grupos que más fuertemente experimentaron la crisis de los años noventa. Como mencionábamos más arriba, serían entonces aquellas reformas estructurales de los
años noventa uno de los elementos que más contribuirían a diversificar la migración de colombianos a Estados Unidos, diversificando por esta vía los distintos tipos de histéresis que se produjeron dentro del mundo urbano. En este sentido, lo significativo desde el punto de vista de la histéresis no es tanto que la crisis de los noventa hubiera involucrado a toda la sociedad en su conjunto, sino que hubiera involucrado a sectores cuya trayectoria no se había visto malograda en la década anterior.
En términos de la distribución de ingreso, el período 1991-1995 fue crítico para el área urbana, y en especial para la clase media y baja de este sector. Recordemos que durante los años ochenta fueron estos mismos sectores urbanos (deciles 3-8, ver Anexo 2) quienes salieron mejor librados de los ajustes distributivos. En efecto, entre 1978 y 1991 estos grupos sociales aumentaron su participación en el ingreso global de 25,5% a 26,2%, para los deciles 6-8, y de 13,0% a 13,8%, para los deciles 3-5. Esta dinámica se revertiría de manera importante durante la primera parte de la década de los noventa. Durante 1991 y 1995, estos sectores urbanos vieron decaer su participación en el ingreso hasta 23,8% y 12,4%, respectivamente, alcanzando niveles que se ubicaron por debajo de los observados en la década pasada (José Antonio Ocampo & Tovar, 2000). Si bien la desigualdad en la distribución del ingreso aumento para la mayoría de los sectores urbanos (con excepción del decil más alto), desde el punto de vista de las trayectoria de las clases medias y bajas tal transformación fue experimentada de una manera mucho más severa.
Figura 12. Descomposición en Deciles del Crecimiento del Ingreso Per-Cápita 1995-1998
Fuente: (José Antonio Ocampo & Tovar, 2000) -8 -6 -4 -2 0 2 4 6 8 10 12 1-2 3-5 6-8 9 10
Esta crisis de los años noventa que empezara para el mundo urbano bajo la forma de una distribución del ingreso más inequitativa, también se traduciría para la segunda mitad del decenio en un decrecimiento en los ingresos de estos hogares. La Figura 12 muestra con claridad cómo son ahora los distintos grupos urbanos los sectores más afectados por las contracciones del ingreso en la segunda parte de los noventa. Esto, por supuesto, no niega el hecho de que el mundo rural continuaba sufriendo profundas inequidades en su interior; de hecho, son los grupos menos privilegiados de las áreas rurales (deciles 1-2) quienes presentan la reducción del ingreso más alta. Sin embargo, vistos como un todo, los hogares rurales que en los ochenta habían decrecido ahora en la segunda mitad de los años noventa mostraban un crecimiento del 3,2%. Crecimiento que fue totalmente opuesto al observado en el conjunto de hogares urbanos donde los ingresos decrecían a la misma tasa de 3,2% (José Antonio Ocampo & Tovar, 2000). Tal transformación del modo de vida urbano se aprecia más claramente cuando se compara a la luz de su propio desarrollo en los años ochenta (véase Figura 11).
Figura 13. Descomposición en Deciles de la Tasa de Desempleo Urbano 1995-1998
Fuente: (José Antonio Ocampo & Tovar, 2000)
La profundidad de la crisis que en los años noventa afectaba a los sectores urbanos puede evidenciarse no sólo en la disminución de sus ingresos, y en la inequidad del acceso a ellos, sino también en unas tasas de desempleo creciente. Como puede apreciarse en la Figura 13, el desempleo aumentó en todas las capas del mundo urbano durante la segunda parte de los años noventa. En total, el desempleo en las ciudades aumentó de 9,1% en 1995, a 14,5% en 1998. Sin embargo, como otros productos sociales, el
0 5 10 15 20 25 30 1-2 3-5 6-8 9 10 1995 1998
desempleo fue distribuido de una manera perfectamente regresiva. Durante este periodo, quienes recibieron menores ingresos también fueron afectados por mayores tasas de desempleo, que además se incrementaban con mayor rapidez. Así por ejemplo, los grupos menos privilegiados de las ciudades colombianas (deciles 1-2) llegaron a la mitad de la década con una tasa de desempleo de 17,9%, la cual en 1998 crecería aún más hasta llegar al 26,1%. Lo mismo ocurría en menor proporción dentro de las capas medias (deciles 6-8), hasta llegar a un desempleo casi inalterado en los grupos mejor remunerados (decil 10), el cual aumentaba de 3,7% a 4,7% (José Antonio Ocampo & Tovar, 2000).