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Empirical Model

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Does Agglomeration boost Innovation? An Econometric Evaluation *

4.4 Empirical Model

Tengo miedo. Parece que hay alguien que me espera, invisible, en la sombra; vagas formas astrales asoman a mi paso sus rostros irreales. En cada puerta hay un fantasma; en cada puerta me ataraza una mano esquelética y yerta

En memoria

7.1. Introducción

Es el misterio un elemento esencial en la prosa de Emilio Carrere y también en su poesía, ya sea como recurso o como tema en torno al que se desarrolla la trama. Como tema, ha dado lugar a un buen número de artículos, que después utilizaría para desarrollar y, en ocasiones, “refritar” en sus novelas. Muchos de estos textos breves fueron recogidos y publicados en un volumen titulado Almas, brujas y espectros grotescos112. Debido a que el número de novelas a las que ha dado lugar el tema ha sido significativo, hemos creído conveniente dedicarle un apartado propio.

No podía escapársele a Carrere, buen observador e imitador de los subgéneros novelescos de su época, las posibilidades que podía brindarle la novela de misterio, y practicó el tema, a su manera, en sus dos vías: la gótica y la policíaca. Además de ello, se sirve de los ingredientes que usa para crear el misterio y el horror, y los disemina en muchas otras novelas, ya sean estas galantes, de amor, etc.

Respecto a la vertiente que habremos de llamar “gótica” en seguimiento de la crítica113, que se refiere al anglosajón Gothic Tale, y bajo la cual se recogen los títulos Los ojos de la diablesa, La leyenda de San Plácido, La conversión de Florestán, La mujer sin cara y La casa de la cruz, hemos de aclarar, ya desde el principio, un aspecto clave, y es que, aunque críticos y editores se empeñen en clasificar los títulos anteriores como “novela gótica” o afirmen que La torre de los siete jorobados sea una novela de terror con tintes detectivescos, no son tales. Para poder comprender esto, debemos tener en cuenta

112 Madrid, Viuda e Hijos de Sanz Calleja, sf. 113

Véase el prólogo de Jesús Palacios a su edición de La casa de la cruz y otras historias góticas, Madrid, Valdemar, 2001.

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dos cosas; la primera de ellas es que Emilio Carrere es un autor que traduce a su quehacer, al gusto de su público y a las condiciones bajo las que publica su novela (extensión, grado de complejidad, etc.), algunas de las corrientes de la época. No debe entenderse que estamos quitando mérito a Carrere, pues el hecho de trabajar diversos subgéneros ya tiene mucho, pero sí queremos matizar afirmaciones como las siguientes hechas, por ejemplo, para describir La leyenda de San Plácido: “sabia combinación de fantasía histórica,

costumbrismo madrileño y relato de misterio, en gran medida nos hallamos ante un ejemplo arquetípico de relato gótico, en esa tradición que plantea un misterio aparentemente de carácter sobrenatural y fantástico… que se explica, sin embargo, finalmente por medio de la razón”114

. Más adelante entraremos en la definición de lo que es el cuento gótico. O “La casa de la cruz es una joya del cuento español, que rezuma auténtica inspiración fantaterrorífica y que podría haber encontrado un hueco en cualquiera de los pulps clásicos”115

. No queremos decir que Carrere no cultive o no consiga, crear un cuento de misterio porque, de hecho, lo consigue, en su aspecto racional con un tipo de desenlace que, en ocasiones, apela a lo racional, al estilo de Radcliffe, irracional, en uno de los casos al estilo de H. P. Lovecraft, e incluso policiaco, pero no puede decirse, y esta es la segunda de las causas, que construya relatos arquetípicos del

Gothic Tale, o que logre su estructura, ya que este surge y se desarrolla en unas condiciones muy especiales fuera de nuestras fronteras y que nunca se han desarrollado aquí. Veamos las afirmaciones que al respecto hace Juan Ignacio Ferreras:

Entiendo por novela de terror, o Gothic Tale, la nacida o mejor producida en la Inglaterra de finales del siglo XVII; novela de origen aristocrático –incluso cultivada por los aristócratas- que se opone al racionalismo triunfante y burgués, y exalta ante él la sinrazón, la muerte, las fuerzas oscuras y misteriosas, etc. (…) ¿Y en España? En España, para empezar, que yo sepa, el grupo aristocrático o la nobleza, que se encuentra en el origen de esta novela, no sufrió ninguna decadencia, no necesitó pues, purgarse con artística catarsis de una revolución burguesa que le arrebataba el universo (…). Si la novela negra es de origen aristocrático, como supongo, la novela negra no puede florecer en España. Y de hecho no ha florecido (…). Bien mirado, el editor, el traductor y hasta el lector español de esta época no puede identificarse con la novela de

114 Jesús Palacios, prólogo a su edición La casa de la cruz…, p. 14. 115 Ídem, p. 21.

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terror, no puede comprender-compartir su problemática, aunque puede, eso sí, sentirse atraído por la novedad de sus temas.116

¿Qué es lo que hace entonces Carrere en las novelas que aquí llamamos de tema de misterio? Pues, como ya hemos adelantado, nuestro autor imita estos lenguajes adaptándolos a su saber hacer, a su estilo y a su público, y lo hace muy sabiamente. Conocedor de los relatos de E. A. Poe, de quien tradujo sus textos117, es capaz de imitarlo en el hecho de conocer que la novela de misterio requiere ciertos elementos como: escenarios oscuros y tenebrosos, crímenes, o la intervención de seres sobrenaturales cuya aparición puede tener una explicación racional o no. En realidad, Carrere es capaz de imitar un lenguaje pero no una estructura novelesca. De este modo, cuando leemos sus novelas, todas tienen la misma estructura (la heredada o continuada del costumbrismo) y el mismo estilo, lo que varían son los personajes (bohemios, prostitutas, asalariados…) y los recursos (eróticos, fantásticos, de misterio…)

Además de Poe, otros autores que pudieron influenciar en el aspecto literario a Carrere y que eran traducidos y, por tanto, conocidos en su época fueron: Mauricio Maeterlinck, Hoffman, Conan Doyle, Madame Blavatsky, G. de Nerval y su amigo Mario Roso de Luna, autor de la “Biblioteca teosófica de las maravillas”118

y editor de la colección “Biblioteca Blavatsquiana”. Autores que, sin duda, Carrere conoció porque son citados directa o indirectamente en sus relatos.

No obstante, no todas las fuentes que emplea Carrere en este tipo de novela son de carácter literario. En sus novelas de tema de misterio, además introduce elementos más propios del mundo del ocultismo, del espiritismo, de la nigromancia o del más allá. El acceso al conocimiento de estos temas no fue exclusivamente libresco, aunque leyó a autores como Lombroso o Quintín López, quien escribió un libro que seguramente Carrere manejó titulado Estudios de Metapsiquismo: la mediumnidad y sus misterios119.

116 Juan Ignacio Ferreras, Los orígenes de la novela decimonónica, Madrid, Taurus, 1973, pp. 245-246. 117 Edgar Alan Poe, Historias extraordinarias, Madrid, Mateu edit. s.a. Prólogo, edición y traducción de

Emilio Carrere.

118 Serie publicada en Madrid, Imp. Helénica, a partir de 1921. Se encuentra en la BNE pero no está

completa. Algunos de sus títulos: I. Hacia la gnosis: Ciencia y Teosofía; II. En el umbral del misterio. Ciencia y Teosofía; XXII. Simbología arcaica. Comentarios a “La doctrina secreta” de H, p. Blavatsky Fundadora de la Sociedad Teosófica.

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