FLUCTUATIONS INTO EQUITY PRICE
3.3 Empirical modelling
3.3.2 Empirical variables in the model
2. Aislarse del mundo
La más inmediata de las consecuencias nefastas del entusiasmo prematuro es la tendencia a aislarse de amigos y conocidos. Una vez más, al principio
muchas de las mujeres que vuelven con los hombres que las abandonaron se cuidan mucho de reservar un par de días a la semana para verse con sus amigas. Poco a poco, a medida que pasan las semanas y la ilusión aumenta, ese propósito comienza a convertirse en un deber y muy pronto es ya una carga pesada.
En esos momentos comienza a funcionar la máquina de excusas: de la cena con copas se pasa a la cena sin copas; de esta al café, del café a la comida y, finalmente, la norma es una escueta y rápida cena mensual. Si, es difícil resistirse a la tentación de convertir la vuelta con el hombre que se fue en un refugio exclusivo, pero recuerde que también fue duro el descubrir, cuando él la abandonó por primera vez, que muchas de sus amigas ya no estaban junto a usted cuando más las necesitó.
Tenga presente en su memoria cuanto le costó volver a cultivar esas amistades y obtendrá la fuerza necesaria para dedicar a sus amigos el tiempo que merecen.
3. Abandonar las aficiones
Antes las mañanas de los sábados se dedicaban a ir de compras, a jugar al tenis con los amigos, a pasear o a buscar libros en librerías antiguas. Se salía a probar nuevos restaurantes, se emprendían viajes, se practicaba golf, se hacía yoga. Ahora el tiempo vuela y todo se hace en pareja, incluidas esas aficiones masculinas que él, al contrario de usted, no ha querido abandonar.
Claro que de vez en cuando todavía dedica tiempo a sus inquietudes, pero ese tiempo siempre coincide con las ausencias de él, con sus cenas de trabajo, con sus citas para ver partidos de futbol. Y así, poco a poco y casi sin darse cuenta, sus aficiones terminan encerradas bajo llave en el baúl de los recuerdos. Y lo que es peor, su conversación y su amplitud de miras se constriñen con ellas.
4. Plegarse siempre a los planes de el
¿Cuándo fue la última vez que insistió para que el la acompañase a hacer algo y abandonase, en cambio, sus propios planes? ¿No lo recuerda? Tal vez sea porque no ha sido una conducta habitual. El fin de semana pensaba usted aprovechar el tiempo para hacer una limpieza a fondo y ordenar los armarios, pero él tenía que llevar el coche al taller y hacer una serie de gestiones. La habían invitado a casa de una amiga que hacía mucho tiempo que no veía, pero el tenia entradas esa noche para ver un concierto de su grupo preferido. Pensaba irse de compras con su hermana, pero él necesitaba urgentemente un traje nuevo y sin usted es incapaz de comprar nada.
Las situaciones son variadas, la conclusión es universal: la mujer enamorada termina anteponiendo los intereses del hombre a los suyos propios.
Le cuesta admitirlo, se lo niega a sí misma, pero es así.
5. Estar demasiado pendiente de la relación
“¿Eres feliz?” “¿Estás bien?” “¿Algo va mal?” “¿En que estas pensando?” “¿Con quién vas a quedar?” Seguramente le suenan algunas de estas preguntas y seguramente sabe, antes de que yo se lo diga, que no debe hacerlas. Son preguntas que están bien en la adolescencia; incluso en la primera juventud, pero a partir de los 30 años deben ser desterradas por completo del vocabulario.
En realidad, la mejor forma de darse cuenta de lo irritantes y absurdas que resultan esas cuestiones es haber tenido una relación con una persona que en algún momento nos sometió a ellas. Aparte de demostrar una profunda e inquietante inseguridad, acorralar al otro con interrogantes de ese tipo debilita la relación y produce hastío y rechazo.
Al hacerlas, además, se pone de manifiesto que una no se siente digna de suscitar el amor del hombre con el que está. En realidad, aquello que decían nuestras abuelas sobre la conveniencia de mantener el misterio en el amor tiene aquí mucho de verdad. No en el sentido de convertir la relación en un campo de maniobras y artificialidades, sino en el de mantener vivo en el corazón del otro la sensación de que el amor que recibe es un bien valioso que debe disfrutar, pero que también ha de merecer y mantener.
Es por ello que despreocuparse un poco de la relación, dejar de obsesionarse con la idea de si el hombre que se fue siente o no siente lo que nosotras quisiéramos que sintiese, es una de las claves para hacer de la vuelta un éxito.
6. Convertir el regreso en una cuestión de vida o muerte
El que se empeña fracasa, decía, ya lo hemos visto, Lao Tse. Examinadlo todo y quedaos con lo bueno, aconseja San Pablo. Las chicas Parker asimilan y aplican todo lo que reciben, todo lo que las enriquece, todo lo que amplía y profundiza sus puntos de vista, pero no insisten en su empresa hasta mas allá de lo razonable.
Hacer del éxito en la vuelta el objetivo último de la vida supone aplicar un nivel de presión a la experiencia que no pocas veces acaba con ella. Regresar y hacer de ese regreso una relación estable y feliz es una cima importante que requiere esfuerzo, respeto, paciencia y amor. Pero jurarse a una misma que si ese objetivo no se alcanza la vida dejará de tener sentido no es más que volver a repetir, uno a uno, todos los errores del pasado.
Mire al frente, pues. Disfrute, relájese y todo irá bien. Y si no es así deberá usted armarse de valor y seguir adelante.