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Investigating the Discursive Struggle in Performance Assessment as Genre

T: And how will you end that discussion?

A veces encontramos personas que siempre tienen la voz enronquecida o que hablan muy flojo, con mucho aire, como cuchicheando. Seguro que todos conocéis maestros que os dicen que al final de la semana laboral no tienen voz o que los han operado de una u otra lesión de las cuerdas vocales. También hay niños y niñas que tienen una voz peculiar. Voces que rascan, que parece que se ahogan, que no las oímos. Podemos afirmar que son voces enfermas.

La voz se produce por la coordinación de diferentes estructuras de nuestro cuerpo. Esta coordinación no siempre funciona eficazmente y el producto sonoro, la voz, no tiene las características que nos gustaría que tuviera. La voz puede estropearse por el mal uso o por el abuso y también por ciertas anomalías de las cuerdas vocales. Podemos nacer con pequeñas alteraciones de las cuerdas vocales o bien generar lesiones en ellas por el uso poco adecuado de la voz.

Los niños y las niñas también pueden sufrir alteraciones de la voz. A pesar de que la laringe en la infancia presentan unas características diferentes y que la mayoría de niños y niñas gritan con fuerza en sus ratos de recreo, algunos tienen voces diferentes y en algunos casos existen lesiones en los pliegues vocales.

Entendemos la disfonía como la alteración de las calidades acústicas de la voz. Se trata de un fenómeno relativo porque las mismas alteraciones pueden ser vividas como incapacitantes o no en función de las expectativas y necesidades vocales de cada individuo. Normalmente las disfonías que presentan los niños son de corta duración y los padres las asocian con facilidad a estados gripales o resfriados o bien a excesos vocales en fiestas, prácticas deportivas o estancias

fuera de casa, como colonias escolares o campamentos de verano. Los padres no consideran estas alteraciones de la voz un motivo suficiente para la consulta al médico pediatra.

La disfonía infantil no es un fenómeno fácilmente observable de manera objetiva por los padres ni, a veces, por parte de los médicos pediatras. Los padres se acostumbran a ciertas características de la voz de sus hijos y no las consideran una alteración, fuera de los estándares. El propio niño no valora de manera negativa las características de su voz. Incluso al contrario, el niño identifica la voz “afónica” con el éxito en una competición deportiva o con haber disfrutado mucho en una salida de recreo. Quedarse afónico puede llegar a verse como un valor positivo.

Frases de los padres cuando piden consulta médica o logopédica por la voz de sus hijos

Mi hijo hace mucho esfuerzo para hablar. A mi hijo no le sale la voz fuerte, no sabe gritar. Mi hijo siempre habla muy fuerte.

La maestra de música nos ha dicho que el niño no llega a las notas.

La maestra de música nos dice que al niño “se le escapa el aire” cuando canta.

Entendemos la disfonía como la alteración de las calidades acústicas de la voz. Sea por la frecuencia, la intensidad, el timbre o la duración o varias combinaciones de estas cualidades, una modificación significativa de los valores respecto a los estándares puede ser vivida por el sujeto como una alteración. Queremos insistir en la relatividad del concepto de la disfonía, pues las mismas manifestaciones vocales desviadas de la norma pueden ser entendidas como patológicas o no serlo. Para un niño con intereses musicales, no conseguir las notas agudas de las lecciones de solfeo puede ser vivido como incapacitante y no serlo para otro niño con las mismas limitaciones pero con otras expectativas y necesidades vocales. Así, la disfonía infantil la entendemos desde esta cuádruple orientación: acústica, gestual y de confort, lesional y de eficacia comunicativa.

No es fácil cuantificar cuántos niños presentan manifestaciones de la disfonía. Conocemos referencias de prevalencia que nos informan que entre el 10 y el 40% de los niños presentan alteraciones en la voz. El abanico puede ser muy amplio según si se tienen en cuenta sólo los niños que presentan lesiones en la laringe o si se contabilizan también problemas de voz sin diagnóstico de lesiones en las cuerdas vocales.

El objetivo de este texto no es la descripción clínica de las lesiones laríngeas más habituales que afectan la voz de los niños, pero debemos distinguir entre

las lesiones de tipo congénito y las que son adquiridas; también podemos diferenciar las lesiones en las que se puede suponer un factor funcional importante y otras cuya causa no reside en el hecho de hablar de una manera o de otra.

Alteraciones laríngeas en niños

Nódulos laríngeos Pseudoquiste seroso Edemas fusiformes Quiste por retención

Pólipo laríngeo Quistes epidermoides y sulcus glotidis Estrías o surcos anchos Sinequias

En el cuadro siguiente podemos observar la distribución de las alteraciones de la voz en niños según Cornut (1998) y Arias (2005). En él se observa un predominio de las lesiones adquiridas sobre las congénitas. Entre las primeras, Arias destaca una mayor presencia de edemas fusiformes que de nódulos.

Distribución de lesiones laríngeas en niños

G. Cornut C. Arias Disfonía disfuncional sin lesión 1.4% 0.7% Disfonía disfuncional con lesión 68.9% 55.3% Lesiones congénitas 27.4% 41.2% Quistes por retención mucosa 2.2% 2.1% Otros 0.7%

Estos autores nos informan de la diferente distribución de la patología vocal según la edad. Presentan un mayor número de consultas en la franja de los 8 a 10 años, un 44%, frente al 27% y 29% de las franjas de edad anterior y posterior. Destaca también que en las dos primeras franjas de edad, la prevalencia es mayor en niños, mientras que a partir de los 12 años se iguala la tasa por sexos y se inicia la mayor prevalencia de lesiones vocales en el sexo femenino, propia de la edad adulta.

Es importante que los profesionales que trabajan en la escuela conozcan los factores que participan en la aparición de las alteraciones de la voz para

así poder intervenir preventivamente. La voz es un fenómeno complejo. No podemos hacer un análisis simplista de la disfonía infantil, limitándola exclusivamente a la consecuencia de un mal hábito. En el gráfico siguiente podemos conocer algunos de los factores que participan en la aparición de la disfonía en los niños y niñas.