2.5 Energy Management Formulation
2.5.1 Energy Management Algorithm
Corea siempre ha mantenido un vínculo estrecho con China, pues esta fue la primera civilización en el oriente de Asia. Todos los que hoy en día forman parte de la cultura o del pensamiento coreano —las normas culturales confucianas y la versión china de budismo— han llegado a través de China (Calvet 2001: 99); y el pueblo coreano, por consiguiente, admiraba profundamente la cultura china y hasta llegó a conocerse como una sowha, una ‘pequeña China’. De hecho, según Sampson (1997: 174), en algunos aspectos, Corea realizó una mejor adaptación de las normas confucianas que la propia China.
No obstante, en cuanto a las lenguas, los dos idiomas tienen profundas diferencias, ya que pertenecen a distintas familias de lenguas: el coreano, al grupo de la lengua altaica, y el chino, al de la sino-tibetana45. Pero con el japonés, en cambio, el coreano
45 Respecto de la clasificación genética del coreano, aún se considera una de las lenguas más
desconocidas en cuanto a su origen histórico, por lo que algunos autores han intentado demostrar que el coreano pertenece a la familia altaica —que engloba la mongólica, la túrquica y la tungúsica—, y otros han afirmado que es una lengua aislada junto con el japonés. Siendo más generalizada la primera opinión, es probable que las lenguas autóctonas de Corea sean de Mongolia, Manchú o Siberia oriental, sin pasar por la tierra china. Véanse también, en este sentido, Song (2009: 16), donde se señala que en la Corea de la edad antigua, específicamente en la época de tres reinos (b.C. 57 - d.C. 936) existieron al menos dos tipos de habla, que uno era por parte de Manchú y del norte de la península coreana, y otro se había difundido en la parte del sur. Según este autor, si bien no se ha dado a conocer exactamente el origen del habla de parte del sur de la península, en el norte, probablemente, había hablantes de lenguas tungúsicas.
Aquí mencionamos brevemente algunas características destacables de la rama de lenguas altaicas. En primer lugar, se caracteriza, principalmente, por su condición de ser lenguas aglutinantes. A diferencia
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muestra una afinidad notable con respecto a su estructura gramatical. Parece necesario, por ello, averiguar en qué radican las semejanzas y las diferencias entre estos tres idiomas, y por qué razón el coreano ha llegado a poseer las características que se van a exponer.
Empezando por la escritura, el carácter chino, como es sabido, se fundamenta en el sistema marcadamente logográfico, por lo que los morfemas o palabras chinos no muestran un vínculo claro entre el significante gráfico que constituye un carácter y el significante fónico que se relaciona con su pronunciación (Calvet 2001: 89). Por ejemplo, el carácter que representa ‘mujer’ (女) forma parte del carácter que se refiere a ‘hermana mayor’ (姊) o ‘hermana menor’ (妹). Así, estos caracteres transcriben ideas, y no sonidos.
Dicha escritura, llamada hànzì (hanja en coreano y kanji en japonés / literalmente significa ‘verdaderas letras o letras de Han’) llegó a la península coreana en el siglo I, y se transmitió desde el siglo III hasta el siglo VI al archipiélago japonés. Corea y Japón utilizaban el hànzì para expresar ideas y adoptaron dos formas de leerlo: una, basada en el significado (en coreano hundok y en japonés kunyomi), y otra, fundamentada en la pronunciación del carácter chino (en coreano umdok y en japonés onyomi) (Coulmas 2002: 273). En efecto, la primera forma de adopción, precisamente, trata de la coreanización o niponización de la pronunciación de los caracteres chinos; por ejemplo, el carácter 天 —que representa ‘cielo’ y se pronuncia /tiān/ en chino— ha llegado a pronunciarse, según la primera manera, /haneul/ en coreano y /ama/ o /ame/ en japonés; mientras que, conforme a la segunda, se leería /chon/ en coreano y /ten/ en japonés. La diferencia entre el coreano y el japonés respecto del proceso de la adopción de hànzì,
de lenguas indoeuropeas, o, más específicamente, de lenguas románicas (flexivas), en las lenguas aglutinantes, a la raíz del sustantivo se pueden unir adjetivos y morfemas gramaticales formando una larga palabra; por ello, lo que en las lenguas flexivas se constituiría al menos con cuatro acentos y en la escritura con siete palabras, en las aglutinantes se reduce a un solo acento y una única palabra. En segundo lugar, fonológicamente son pobres en consonantes (p. ej. no suele haber distinción del fonema [r] y [l]), mientras que son más ricas en vocales; además, existe, particularmente, la armonía vocálica, que se refiere a que se cambian las pronunciaciones vocales según la vecindad con otras vocales. En tercer lugar, morfológicamente, no existe género gramatical; a diferencia de las lenguas flexivas en las que un afijo suele desempeñar varias funciones gramaticales, en las aglutinantes se establece claramente el límite de entre raíz y sufijos verbales y sus respectivas funciones, y también un afijo suele tener una única función. En cuarto y último lugar, sintácticamente se destaca por tener el orden de palabras S-O-V (Del Moral 2014: 242-243).
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por su parte, consiste en que en coreano se ha eliminado radicalmente el uso de dicha escritura para sustituirla por sus equivalentes escritos en hangeul, pero en japonés, en cambio, la versión japonesa de hànzì (kanji), actualmente, forma parte del sistema de escritura japonesa junto con dos sistemas silabarios, el hiragana y el katakana46.
A continuación, pasemos a comparar las características fonológicas. Los tres idiomas que se tratan presentan diferentes aspectos respecto de su pronunciación. Por una parte, a diferencia del coreano que permite la estructura silábica C-V-C (aquí se observa la consonante final en la sílaba, denominada batchim), el japonés no conoce este tipo de estructura; además, en japonés nunca van seguidas dos consonantes, por ello, para los japoneses es costoso articular las sílabas trabadas en otras lenguas. Y en cuanto a las vocales, el japonés es pobre en vocales ya que solo cuenta con 5, mientras que en coreano se incluyen 21 vocales. El chino, por otra parte, se diferencia fundamentalmente de los dos idiomas por ser lengua tonal. El chino mandarín conserva cuatro tonos y el chino cantonés, seis. Aunque, según Sampson (1997: 191), el coreano medieval poseía contrastes suprasegmentales de tono y duración de vocales, en la actualidad, su uso prácticamente ha desaparecido.
En lo que respecta a las características morfológicas de estos tres idiomas, el coreano y el japonés, que son lenguas aglutinantes, indican una afinidad enorme en cuanto a su estructura gramatical. En cambio, el chino es una lengua aislante, cuyas palabras consisten en una o más raíces monosilábicas invariables. Por tanto, el chino no reconoce ninguna distinción morfológica entre nombres y verbos, pues no existe flexión nominal ni verbal. Además, el tiempo, aspecto y modo verbales se presentan a través de una serie de partículas adverbiales (Sampson 1997: 174).
Más concretamente, en cuanto a las clases de palabras, el nombre coreano y japonés, en primer lugar, es invariable —por eso se llama cheeon (en coreano) o taigen (en japonés) (‘palabras indeclinables’)—, e indica su función gramatical en la oración
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El hiragana y el katakana se derivan por una parte de ciertos caracteres chinos. Por ejemplo, el carácter 奴 —en chino se lee /nú/ y se refiere a ‘esclavo/a’—, se ha convertido en ぬ en hiragana, transcribiendo el mismo sonido ‘nu’ (Calvet 2001: 103). El sistema hiragana se utiliza, principalmente, para escribir las partículas gramaticales y terminaciones verbales que indican distintas funciones gramaticales en la oración, como, por ejemplo, -ga o -wa que denota la partícula de sujeto en japonés. El
katakana, en cambio, transcribe los sonidos y palabras occidentales. Estos dos silabarios, según Moreno
Cabrera (2005: 95), tienen un carácter parcialmente subfonográfico como el alfabeto coreano hangeul, pues existen marcas que se refieren a la sonorización (dos comillas) y la oclusivización (un circulito).
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mediante una serie de partículas que son parecidas a las terminaciones de caso de las lenguas flexivas. En segundo lugar, las partículas de estos idiomas también muestran la similitud con respecto a las funciones que ellas desempeñan. Las partículas coreanas - (n)eun y -ga/i que marcan el sujeto corresponden a -wa y -ga en japonés; asimismo, la partícula coreana -(r)ul que señala el objeto equivale a -wo en japonés. Y otra característica interesante sobre el uso de las partículas de dichos idiomas es que posee muchos morfemas o palabras que indican el respeto o humildad hacia los interlocutores (en coreano kyeongeo y en japonés keigo, que se refieren al lenguaje honorífico); por ejemplo, la terminación de cortesía equivalente al -yo en coreano es -masu en japonés. Además, el japonés dispone de los prefijos o- y go- que expresan exclusivamente cortesía47. Por último, el verbo coreano y el japonés se conjugan de una manera aglutinante, pues su función gramatical se marca mediante un conjunto de terminaciones verbales (de pasiva, causatividad, temporales, etc.). Además, como se verá con detalle en el apartado siguiente, los verbos no marcan explícitamente la persona gramatical, por lo que se dice igual (yo) como, (tú) comes y (él/ella) come. Por poner un ejemplo, se presentan diversas formas del verbo ir en coreano y en japonés en la [tabla 1]:
VERBO IR COREANO JAPONES
Ir Gada Iku
ir (en oraciones afirmativas) Gayo Ikimasu ir (en oraciones negativas) Gaji anta Ikanai
¡Vamos! Gaja Ikou
¡Ve! Ga Ike
Puedo/puedes/puede (...) ir Gal su itda Ikeru Si voy/vas/va (...)
(modo condicional) Gandamyeon Ikewa
[Tabla 1]
A diferencia de las lenguas románicas, estas formas verbales no varían según la persona gramatical. Como puede observarse en la [tabla 1], tanto en coreano como en
47 No obstante, el uso de lenguaje honorífico ha ido evolucionando de manera distinta en los dos
países, hasta el punto de que hay situaciones en que en Corea es preceptivo su uso, mientras que en Japón este se relaja. Algunos investigadores indican que la aún enorme influencia de la educación confuciana en Corea ha propiciado la conservación del uso del kyeongeo en situaciones que en Japón serían consideradas más relajadas y tendentes al uso de registros más informales (Guerrero Plaza 2007: 86).
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japonés aparece primero la raíz verbal del verbo ir: ga- (coreano) e ik- (japonés). Después, las terminaciones verbales marcan el tipo de oraciones: -yo (oración afirmativa en coreano) y masu (o. afirmativa en japonés), -ji anta (o. negativa en coreano) y -anai (o. negativa en japonés).
El último aspecto que se trata consiste en la estructura sintáctica de estos tres idiomas. Si se observa, en primer lugar, el caso del coreano y el japonés, parece casi idéntica su estructura sintáctica. Ambos idiomas responden al esquema S-O-V, al contrario del castellano cuya estructura es S-V-O, si bien en esta última lengua no se trata de un orden rígido. Por ejemplo, en una oración como Seonsaengnimeun
sinmuneul ikseumnida (El profesor lee el periódico) tendrá la estructura como Senseiwa shinbuno yomimashita en japonés. En estas dos oraciones, las partículas coreana y
japonesa -eun y -wa indican el sujeto de la oración, y -eul y -o, el objeto de la oración;
ik- y yomi- se refieren a la raíz del verbo ‘leer’, y las formas verbales -seumnida y - mashita denotan las terminaciones prefinales (o interfijos) y terminaciones verbales
finales (afirmativas). Como puede observarse, el orden de las palabras en los dos idiomas es exactamente el mismo, así como el uso de las partículas gramaticales y terminaciones verbales. En el caso del chino, en cambio, hay más afinidad con el idioma como el inglés, pues los dos idiomas responden al orden de palabras S-V-O y se marca su función sintáctica, principalmente, a través del cambio de orden de las palabras y el uso de las preposiciones.
Volviendo a los ejemplos citados en el párrafo anterior, también destacan las palabras empleadas, ya que estas palabras tienen claramente un origen chino. Las palabras seonsaeng en coreano y sensai en japonés (‘profesor’) provienen de xiānsheng en chino, y lo mismo sucede con las palabras sinmun y shinbun (‘periódico’). En efecto, buena parte de las palabras que aparecen en los diccionarios coreanos son sino-coreanas, es decir, palabras chinas con pronunciación coreana. La relación entre las dos lenguas es tal que cualquier palabra china automáticamente puede incorporarse como palabra coreana en su forma convencional sino-coreana. La situación es parecida también en Japón. La mayor parte de los nombres de personas se escriben en kanji (versión japonesa de hànzì, carácteres chinos), así como los patronímicos, topónimos y numerales (Sampson 1997: 174, Dominich Del Río 2006: 198).
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