“Lo Psicológico es determinante en los movimientos colectivos pero no suficientes para individualizarlos y diferenciarlos”.
La sociedad urbano-industrial, específica de nuestra contemporaneidad, se reproduce en un espacio geohistórico, respuesta de la división del trabajo que le es propia tanto a escala internacional como regional. La variable geohistórica refleja como síntesis las modalidades del funcionamiento de la sociedad vigente. A escala mundial asistimos a la evidencia funcional o sistémica de la ley del desarrollo desigual, en tanto que en el escaño regional se sincronizan las contradicciones inherentes al mismo, atento al dictamen de sus condiciones históricas. La universalidad geohistórica se sustenta en la división del trabajo como motor de la dinámica global.
La costumbre de representarse la globalidad desde las variables “clasistas” pareciera que hizo olvidar el postulado fundamental que no es la “suma” sino la “interacción” (relaciones) de sus “elementos” cuando define a la totalidad. Si el macrosistema se organiza en subsistemas y estructuras interrelacionados, ningún componente impondrá una “autonomía” sino una dirección u orientación en la totalidad de la dinámica del conjunto. Esta dirección para proponer la totalidad no puede divorciarse de la objetividad o contexto desde el cual ordena. La objetividad universal reposa sobre la división del trabajo; la única energía capaz de reproducirse naturalmente en el seno de cualquier sociedad es la proveniente del “trabajo humano”. Lo que conduce a aceptar como toda fuerza productiva a “la unidad orgánica (síntesis) del trabajo vivo con el trabajo acumulado”; éste último en estrecha relación con el nivel de civilización dominante según las escalas. La historia demuestra cómo la más importante división del trabajo se operó con la separación del campo y la ciudad. Se suplantó (en la dinámica) la aldea por la urbe; contradicción que se ha mantenido hasta nuestros días.
La ciudad instituye “nuevas formas” de interacción entre la sociedad y el entorno. Oficio e industrias rompen con las actividades agrícolas con el consecuente desarrollo del comercio y la incorporación del “intercambio” con su rol indeclinable hasta la fecha. La ciudad toma la función directriz (“líder”) en la mayoría de los
N
ot
as D
ocen
tes
órdenes; centraliza la administración, la seguridad, los impuestos, en una palabra: la política en general. Para la historia contemporánea de occidente este proceso generado por la oposición “campo-ciudad”, arranca desde el renacimiento urbano de la baja Edad Media. Con sus altibajos, con sus zig-zags, como todo lo histórico, “puede decirse que toda la historia económica de la sociedad -Marx en El Capital; T.I sec. IV-Cap. XII- se resume en la dinámica de este antagonismo”.
Quisiéramos destacar dos hechos integrados a esta contradicción por lo que abonan en la fundamentación de la hipótesis de nuestra proposición.
1. Con la separación que nos ocupa, la población se dividió “en dos grandes clases”; a saber: los limitados animales urbanos y los limitados animales rústicos (La Ideología Alemana) “reproduciendo diariamente este antagonismo de intereses”. 2. Se produce “la absorción del individuo (La Ideología Alemana) por la división
del trabajo (civilización), por una determinada actividad que le viene impuesta”.
Demostrativa la tipología de “animales” en virtud de la absorción (anonadamiento) del individuo en el sistema por la actividad que le ha sido impuesta. En el proceso social desaparece la individualidad, diríamos que se “colectiviza”. Estilo de existencia que reproduce la situación psicosocial típica de la sociedad preclasista. “Individuos colectivos” asociados a sus “instrumentos de trabajo” se inscriben en el espectro sociohistórico a lo largo y ancho de estos últimos ochocientos años. La trayectoria experimentada por la asociación “Hombre-Herramienta” inmersa en los distintos contextos geohistóricos que se han sucedido registra las alternativas de la división del trabajo. El hombre con su oficio o profesión, la herramienta como instrumento de trabajo definido por los niveles de civilización específicos. Asociación que implica una “retroacción” con sus efectos en la productividad del trabajo.
En el caso de la sociedad capitalista donde se produjeron la separación del hombre y su herramienta así como el producto de su trabajo, asistimos a: aumento de la división del trabajo, aumento en la acumulación de capitales que generan a su vez aumento en la división del trabajo con aumento del tipo de trabajador estimado como “obrero”; aumento del obrero, aumento de la división del trabajo y aumento de la acumulación de capital. La productividad se da en el seno de una
Ros
a Figuer
oa
estructura específica, donde no experimenta frenos y está ajustada a la división del trabajo definida por el rendimiento de los instrumentos de trabajo así como por la organización del último.
Marx lo advierte en “Trabajo Asalariado y Capital”: “con la invención de un nuevo instrumento de guerra, el arma de fuego, hubo de cambiar forzosamente (sic) toda la organización interna (estructura) de los ejércitos, cambiaron las relaciones dentro de las cuales formaban los individuos un ejército y podrían actuar como tal, y cambió también la relación entre los distintos ejércitos”.
Si trasladamos la situación a la actividad productiva parece lógico suponer que los cambios científico-técnicos que se han operado y aplicado en el sistema productivo, han tenido su repercusión en los grupos laborales (organización interna) con cambios de orden necesariamente significativos.
Si la división geográfica del trabajo se tradujo en dos clases de población con intereses antagónicos (Géneros y Modos de Vida), unido a la “absorción del individuo” por la actividad que le fue impuesta, en la situación contemporánea cuando los cambios tecnológicos experimentados por los instrumentos de trabajo han superado el nivel manual para interesar al “intelectual”, no es aventurado considerar que una “nueva revolución” de consecuencias aún desconocidas ha afectado a las poblaciones relacionadas con las distintas actividades productivas. Un hecho muy decisivo es el tiempo de aprendizaje que exige hoy un oficio y su comparación con el caso del “artesanado”. El artesanado para ser reconocido como tal (maestro) debía pasar por todas las fases de su especialidad; conocer todos los pasos de su profesión. En la actualidad el trabajador es una pieza más sin identificación dentro de una acentuada “fragmentación”.
Estos cambios han debido interesar necesariamente a la “totalidad” en sus estructuras y funcionamiento. Investigaciones sociológicas sobre masas urbanas, han descubierto como “la conciencia pequeña burguesa” ha penetrado sectores del proletariado industrial, de la alta burguesía, la intelectualidad así como al campesino de la sociedad capitalista, pero lo significativo de este fenómeno psicológico es que ha sido detectado en las sociedades socialistas.
N
ot
as D
ocen
tes
capitalismo) no solo a su ideología proletaria, marxista, sino también, a toda suerte de ideologías “extrañas”, inclusive burguesa, hostil a su naturaleza” (En: “La naturaleza social de la conciencia de masas. Ciencias sociales 1987; Academia de Ciencias de la URSS”)
Esta penetración podría llevarnos a pensar que una “nueva flexibilidad” ha ganado terreno en “las relaciones de los individuos entre sí”, y al registrarse tanto en las sociedades urbano-industriales capitalistas o socialistas, habría que relacionarlas por lo pronto con la división del trabajo de la civilización contemporánea.
El pequeño burgués aparece en la mayoría de las veces, como solicitado por una ansiedad de consumo. Su perfil ha sido propuesto por Goethe en el “Fausto”. Al describir a los asistentes al teatro puntualiza: “Pensad qué clase de leña tenéis que partir, y ved solamente para quien escribís. Si llega el uno impulsado por el tedio, viene el otro ahíto de opípara mesa, y, lo que es aún peor, muchos acaban de leer el diario. Corren acá presurosos cual a un baile de máscaras, y solo por curiosidad presta alas a sus pasos; ofrécense las señoras en espectáculo, ellas y sus perifolios, y representan su papel sin cobrar sueldo. ¿Y qué soñáis vos en vuestra cumbre de poeta? Mirad de cerca a los mecenas. Medio fríos son y medios toscos. Prométese el uno, después de la función, su partida de cartas; el otro, una noche de brega en los brazos de alguna pelandusca”.
Una nueva figura ha surgido en esta sociedad urbano-industrial es el “mass-cul”; proyección de la mentalidad considerada como “pequeño-burguesa”. Ella es el caldo de substancia del género “telenovelas”; su producción se rota y con el “doblaje” ensanchan o generalizan el mercado.
Las masas no son sino expresión de la auto organización de una estructura fundamental masificadora cuya determinante no sería exclusivamente “las relaciones de los hombres con los bienes” sino la hipotética de “las relaciones de los hombres entre sí”. Nueva determinante que ha minimizado la cohesión tradicional de los integrantes de una “clase social”.
La división del trabajo, asociada con la separación del hombre y la herramienta, en el grado que ha alcanzado, alimenta el proceso de desarrollo que al afectar la totalidad obliga a una auto organización a tono con la nueva dinámica y su
Ros
a Figuer
oa
reproducción en “masas”; unas activas y otras pasivas, unas subjetivas y otras objetivas. Esta nueva sociedad de masas que se gestaba en el seno de las estructuras precedentes terminó por imponerse pasada la profunda gran crisis de la civilización occidental como lo fuera la Segunda Gran Guerra Mundial.
Fuente:
N
ot
as D
ocen
tes