Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial han sido una cuestión tan polémica o más que los de la Primera. Una cosa, sin embargo, no ofrece discusión: el sistema mundial creado a fines del primer conflicto, a partir de 1919, nunca funcionó satisfactoriamente. La Sociedad de Naciones no pudo ser el instrumento que se esperaba a causa de las dificultades de su propio nacimiento, las limitaciones de sus poderes, el aislacionismo americano y las disensiones entre las potencias. Asimismo, el Trata do de Versalles nunca fue aceptado ni asimilado por A le mania y Hitler supo explotar a fondo este sentimiento.
Independientemente de estas razones de origen más antiguo, las circunstancias que explican la desembocadu ra de los problemas del mundo en un nuevo conflicto armado tienen mucho que ver con el nuevo sistema de potencias, los problemas de la economía y las dificulta des de creación de un nuevo orden social -entre dem o cracia. fascismo y com unism o- realidades todas ellas que se presentan de forma acusada en los años treinta. En este período, las potencias occidentales, especial mente Gran Bretaña, practicaron una política de «apaci guamiento» (appeasement) frente al fascismo, en el con
vencimiento de que las apetencias de los nuevos estados fascistas, Alemania e Italia, tendrían un limite que no se traspasaría. Esta fue la política que siempre defendió el primer ministro británico, Neville Chamberlain, y hubo que llegar a 1939, después de múltiples concesiones a Hitler. para comprender lo erróneo de esta creencia.
Hitler fue desarrollando su política expansionista, su política de construcción del Reich. de manera continua
da, con riesgo calculado, una jugada tras otra. Primero, la militarización de Rhenania, después la anexión de Austria y de Checoslovaquia. En función de que Hitler había conseguido sus tres primeras jugadas, Rhenania, Austria y Checoslovaquia, venciendo las resistencia y arrastrando a Francia y Gran Bretaña a la aceptación, pensó que ocurriría igual en Polonia. Para asegurar aún más los riesgos, había pactado previamente con la Unión Soviética una actuación conjunta en el Este. Pero la invasión de Polonia llevó a la declaración de guerra de Gran Bretaña y de Francia.
Los graves enfrentamientos políticos, ideológicos, económicos y estratégicos de los años treinta tuvieron un episodio especial en España. La guerra civil española es, sin duda, el producto de los problemas internos del país; pero todo el mundo vio en el caso español, en la sublevación militar contra un gobierno de izquierda, un ejemplo del enfrentamiento entre viejas y nuevas fuerzas que se presentaba imparable; un problema «a tres» entre la democracia liberal, el fascismo y el socialismo. La intervención internacional en la guerra española le dio también el carácter de confrontación entre potencias, confrontación que sería ya directa pocos meses después del final de la guerra en España. La guerra de España, en Europa, y el ataque japonés a China, en Oriente, son los dos sucesos que marcan la marcha imparable hacia la Segunda Guerra Mundial.
Fracaso del sistema El óleo de la ilus tr a c ió n , p in t a d o p o r S a lv a d o r D ali ( 1 9 0 4 - 1 9 8 9 ) , se titula «Premonición d e la g u e rr a civil española». La gu e rra civil en España produjo un amplio eco literario, artísti co, intelectual, en todo el mundo, que tuvo carácter gene ralmente de defen sa de la República española frente al fa s c is m o . El ó le o de Dalí está dentro del más puro estilo d el s u rre a lis m o .
una corriente pictó rica, escultórica y literaria que tiene su a p o g e o en los años veinte y trein ta. O tro s pintores s u r r e a lis t a s son Delaunay, Chirico, etc., que tienen en común la exp lo ra ción del mundo de los sueños. 5 7
Creación de bloques
T r o p a s fr a n c e s a s entran en la cuenca a le m a n a d el río Ruhr cuando la ocu p a c ió n d e 1 9 2 3 . Unos de los proble mas fundamentales que dejó pendiente el final de la Gran Guerra fue el de las reparaciones econó micas que Alemania d ebía hacer a sus antiguos enemigos, puesto que el Trata d o de V ersalles la declaraba culpable de la g u e r r a . La principal beneficia ría de estos pagos e ra F ran cia, cuya política buscó siem p re a s e g u r a r lo s . F u e c é le b r e en F ra n c ia el d ich o «Alemania pagará». Pero no pagó.
Una compleja política internacional
El problema fundamental de la vida internacional en los años veinte y treinta fue el de afianzar la seguridad de
los Estados evitando los peligros de guerra. A la vista de que la Sociedad de Naciones nunca pudo ser el instru mento de política internacional que Wilson había queri do -en tre otras cosas porque el propio Congreso de Estados Unidos no ratificó nunca el pacto de la SDN y. por tanto, el primer país del mundo no formó parte del organismo-, la política internacional volvió al sistema de pactos entre naciones y a la formación de bloques. No obstante, la política internacional de los años veinte se esforzó en encontrar fórmulas de acuerdo y de garantías mutuas entre los países salidos de la Gran Guerra.
Uno de los más serios conflictos, fue sin duda, el que se derivó del pago de las reparaciones por parte de A le mania. Este país ofrecía cuanta resistencia podía a ello y en los primeros años de la postguerra sus posibilidades de cumplirlo eran escasas. Francia era el país más inte resado en que las reparaciones se pagaran, porque era el que más daños había sufrido y porque confiaba en esos pagos para rehacer su economía. Estados Unidos se desentendió en buena parte del problema y en gran Bretaña había mucho escepticismo sobre la posibilidad de los pagos.
Francia, por tanto, se encontraba casi sola en su política de exigir el pago de las reparaciones. La política exterior francesa tenía que actuar en solitario y por ello buscó la alianza de los nuevos estados nacidos de la gue rra: Polonia. Checoslovaquia, Yugoslavia, que también tenían interés en que los Tratados se cumplieran escru pulosamente. Francia amenazó también con medidas de fuerza sobre Alemania; a la vista de que ésta incumplía sus entregas en especie, de carbón y madera, el primer ministro francés, Raymond Poincaré, decidió la ocupa ción militar de la cuenca del Ruhr. punto neurálgico de la industria pesada alemana, en enero de 1923, lo que produjo un gran resentimiento en Alemania y llevó a la adopción del Plan Dawes.
El primer acuerdo internacional entre dos países que se presenta en la nueva época es el Acuerdo de Rapa- lio, suscrito entre Alemania y la URSS en 1922. Era la
contacto con la diplomacia mundial, y precisamente con su antigua enemiga, para suscribir un acuerdo que tenia, sobre todo, carácter económico. Pero el primer pacto multinacional de importancia es el Acuerdo de Locar- no, firmado en 1925 por las tres potencias vencedoras
-G ran Bretaña, Francia e Italia (gobernada ya por el
régimen fascista de Mussolini)- y Alemania. Mediante este tratado, que se llamó «de la seguridad colectiva», se garantizaban las fronteras establecidas en Versalles para Francia y Bélgica; Alemania era admitida en la SDN, y pasaría a ocupar una plaza en el Consejo de la misma en 1926.
Un paso más en este nuevo espíritu de diplomacia de la conciliación fue el Pacto Briand-Kellog llamado así por
el nombre de los dos políticos, el ministro de Asuntos Exteriores francés y el Secretario de Estado norteamerica no, que lo propiciaron, y que se firmó el 27 de agosto de
1928, en París. Este pacto, al que se adhirieron sesenta naciones, era una declaración contra la guerra que esta-
Los pactos
A r is t id e B ria n d ( 1 8 6 2 - 1 9 3 2 ) fue uno de los políticos de la época de en- treguerras que con m ayor inteligencia vio los p roblem as que para el futuro de Europa se p re s e n t a b a n p o r el e n f r e n t a m i e n t o a rm a d o entre sus p rin cip ales n ac io nes. Briand es uno de los predecesores del e u ro p e ís m o y de la Unión E u ro pea actual. Fue pri m er m in is tro en once ocasion e s, y en los años veinte fue sobre todo mi nistro de Asuntos Exteriores, partida rio sie m p re de la re c o n c ilia c ió n de Francia y Alemania y de la renuncia a la güeña. Recibió el Premio Nobel de la Paz en 1926 com partido con el polí tico alemán Gustav Stressem ann, otro g r a n e u r o p e is t a . B ria n d fu e p o c o comprendido en su tiempo. 5 9
Los pactos
Firma en Roma del lla m a d o «P a c to a C u a t r o » d e 1 9 3 3 q u e fu e el últim o intento de que las potencias fascistas y las d e m o c rá tic a s pudiesen establecer un acuerdo que pre servara el equilibrio y la paz. En realidad, este pacto nunca fue ratificado por los fir mantes y nunca, por ta n to , e stu v o en vigor. Era un intento de retomar el Acuer do de Locamo y de a rre g la r todos los problem as interna cionales por la coo peración entre las grandes potencias. Pretendía también promover el desar me, gran problema de la época.
blecia que todas las diferencias se resolverían por la nego ciación. Pero, por desgracia, no era un pacto jurídicamen te vinculante y, por tanto, no establecía sanciones para quienes lo incumplieran; aunque se trataba, sin duda, de una prueba del espíritu de conciliación que reinó entre 1925 y 1930. período en el que desaparecieron las comi siones interaliadas para vigilar el desarme alemán y Fran cia evacuó la zona del Ruhr ocupada en 1923.
En este ambiente de conciliación y cierto optimismo, antes de que se desencadenara y expandiera la gran cri sis económica de 1929. aparecieron en Europa las pri meras grandes corrientes de europeísimo, es decir, aque
llas corrientes que preconizaban algún modo de unión de los países de Europa bajo la forma federal, la crea ción de organismos supraestatales europeos, que permi tieran frenar aquella «decadencia» que muchos escritores y políticos preveían para Europa com o consecuencia del desastre de la Gran Guerra.
Los años treinta
En los años treinta, se van perfilando tres bloques de países: los Estados liberal-parlamentarios; los Estados fascistas. Alemania e Italia, y con un régimen muy seme jante. Japón; y el llamado Estado socialista, la Unión Soviética. Sin duda, la clave esencial de la política inter nacional de los años treinta es el expansionismo nazi en O ccidente y el japonés en O riente. La Sociedad de N aciones entra en franco declive. Precisam ente las potencias fascistas serán las que aceleren tal crisis aban donando la institución: Japón se retira en marzo de 1933, Mussolini io hace en 1937 y Hitler la ignora siempre y. especialmente desde que, en 1936. denuncia el Acuerdo de Locam o de 1925.
Sin embargo, a comienzos de los años treinta toda vía hay intentos, más o menos sinceros, de retomar una política europea de conciliación, com o la que tuvo efec to en el Acuerdo de Locam o. Asi, Mussolini es el alma de un acuerdo entre Italia, Alemania, Francia e Inglate rra que será el «Pacto a Cuatro», firmado el 7 de junio
de 1933.
Francia practica una política de acercamiento a las nuevas naciones con las que formará la «pequeña Enten te»; Yugoslavia. Rumania, Checoslovaquia, pero no con 6 0
Polonia que prefiere el pacto con Alemania. Con la URSS. Francia practica también una política de acerca miento; así, en 1934. patrocina la admisión de la URSS en la SDN. cosa que ocurre en septiembre. El acerca miento de la URSS a las potencias occidentales era clave en la política de Stalin. que veía claro el peligro del nazis mo con su antisovietismo básico. Francia refuerza aún más sus alianzas estableciendo un acuerdo exclusivo con Mussolini. el Frente de Stressa, en enero de 1935, que
se basa sobre todo en la defensa, por parte de ambos países, de Austria que se hallaba amenazada por Hitler.
Desde la segunda mitad de la década, estas políticas de relativo entendimiento son barridas por las iniciativas de los estados fascistas. Mussolini quiere reactivar la política colonial italiana y hacer de Italia un Imperio. En octubre de 1935, emprende el ataque a Abisinia (Etio pía), fronteriza con la Somalia italiana, conquistando el país en mayo de 1936. Abisinia es un Estado reconoci do y miembro de la SDN. Italia tenia, pues, que ser
Los pactos Sentado, el ministro de Asuntos Exterio re s d e la U R S S , Potenkim, y de pie el de Francia, Pierre L a v a l, en el acto de la firm a d el acuerdo franco-ruso de 1935. El peligro alemán hacia buscar el en tend im iento, pero en las poten cias democráticas era común también el recelo ante Stalin, el líder de la URSS.
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Los pactos
Firm a del llam ado Pacto Anti-Komintem entre Japón, repre sentado por el conde Kimimoto, y Alema nia, representada por el que después seria desde 1938 su minis tro de Asuntos Exte riores, Joachim von Ribentropp, el 25 de noviembre de 1936. Italia se ad hirió a dicho pacto en no viem bre de 19 3 7 . Ribentropp fue siem pre, en la Alemania nazi, el inspirador de la política hacia la U R S S , con la que tres años después fir maría un pacto, en agosto de 1939. Ri bentropp era partida rio de la lucha ideoló gica contra la ex pansión del comunis mo. P a ra firmar el Pacto, Japón exigió a cambio que Alemania reconociera el régi men “títere» que los ja p o n e se s habían establecido en Man- duiria.
declarada agresora y sufrir sanciones; pero éstas se limi tan a pequeñas sanciones económicas. Es la primera claudicación de las democracias ante los fascismos.
La política hitleriana tendrá más consecuencias. Desde 1935. Alemania, a pesar de lo que disponía el Tratado de Versalles, establece el servicio militar obligato rio, ocupa la zona de Rhenania que el Tratado de Versa lles declaraba desmilitarizada, y empieza la construcción de una zona de fortificaciones que se conocerá también ahora com o Línea Sigfrido. Todo ello significaba dejar sin efecto el Acuerdo de Locarno. En 1936 se produce el acercamiento definitivo entre las dos potencias fascis tas y el 1 de noviembre de 1936 se firma un pacto que se conocerá como Eje Roma-Berlín. Poco antes, Hitler había emprendido negociaciones con el Japón de régi men semifascista del príncipe Konoye y firmado el Pacto A n tik o m in te rn , es decir, un pacto contra la posible
expansión del comunismo. A ese pacto se suma Italia
-Franco se sumaría a él en 193 9- y el Eje se convierte en un pacto a tres entre Alemania. Italia y Japón. El nombre de «Potencias del Eje» empieza ya a sonar.
España y China
La importancia y la resonancia de la cuestión española estribaba, primero, en que ya bien avanzado el siglo XX pudiera darse una guerra civil en un país de Occidente y. después, en el juego de influencias que se van a ejer cer, en el campo internacional, en favor de uno u otro de los bandos enfrentados. En efecto, en julio de 1936 se produce en España un levantamiento militar, apoya do por las fuerzas de las derechas, contra el Frente Popular que gobierna la II República. El levantamiento es apoyado de inmediato por los Estados fascistas. Italia, sobre todo, y Alemania, además de Portugal. La Unión Soviética se decide a apoyar a la República. Francia pre tende prestar inmediatamente ayuda a la República, pero Gran Bretaña enfría sus ánimos advirtiéndole del peligro de una reacción de Hitler. Para intentar aislar la guerra española se crea, a iniciativa de Gran Bretaña y de Francia, el Com ité de No-Intervención que tuvo su
sede en Londres. La victoria de Franco y la elimina ción de la República democrática en España, en abril de 1939, fue una consecuencia esencial de la política de
España U n a fo to d e M a nuel Azaña (1 8 8 0 - 1940), prim er mi nistro entre 1931 y 1933 y, luego, des de mayo de 1936 Presidente de la Re p ú blica E sp añ o la, p asan d o revista a las tropas en Barce lona. Azaña es, sin d u d a , un o d e los más gran d es esta distas españoles del siglo xx y fue la fi gura probablem en te más representati va de la vida de la República. Su parti d o e r a Iz q u ie r d a Republicana, parti do clave de la bur guesía republicana. Azaña fue presiden te de la República a lo largo de toda la g u e rr a civil, p e ro esta guerra influyó de tan negativa ma nera en su ánim o que no ejerció sus funciones de Presi dente con la ener gía necesaria. M u rió en M on tau ban (Francia), a donde llegó en 1940.
China
T ro p as japo n esas, con caretas antigás, en plena lucha en una ciudad china, en 1937. La Segun da Guerra Mundial empezó en Asia con esta invasión jap o nesa d e una débil China dividida por luchas internas. Pe ro J apón no pudo c o n t r o la r el p a ís entero que creó un gobierno y una ca pital provisional en Chungking.
«apaciguamiento» frente a los dictadores practicada por los conservadores de Gran Bretaña y de su temor a que la Unión Soviética pudiera tener una influencia prepon derante en la República española.
En Asia, el expansionismo japonés venía siendo una constante desde el comienzo de los años treinta. En el continente asiático. Japón había ocupado Manchuria en 1931 y el Jehol en 1933. Contra una China muy debili tada después de las revoluciones que habían eliminado el Imperio, y en medio de la lucha entre el régimen del general Chiang Kai-Chek y los comunistas dirigidos por Mao Tse-tung, Japón pretende continuar su expansión para apoderarse de China entera. Con la excusa de unos nimios incidentes surgidos en el curso de unas maniobras -incidentes del «puente de Marco P o lo » - en julio de 1937, Japón declara la guerra a China. Pero se encon tró enfrente a las fuerzas unidas de los comunistas y los nacionalistas de Chiang Kai-Chek y su partido el Kuo- mintang, que habían llegado a un acuerdo ante el inva sor. La guerra entre Japón y China desde 1937 marcó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en Asia.
Los virajes definitivos en Europa
Tras haber establecido ya un claro sistema de alianzas, Hitler va a mostrar, en 1937. los ejes fundamentales de la política de expansión del III Reich. La doctrina nazi
habla de la necesidad de que el pueblo alemán conquiste su lebensraum (espacio vital) para acoger a su demogra
fía pujante. En sus límites actuales Alemania carecía de ese espacio. Pero, además, la doctrina contemplaba tam bién el caso de aquellas poblaciones alemanas que esta ban separadas del Reich, que no se habían incorporado
a la patria común alemana. Esto decían de Austria, de los alemanes de Bohemia, de Polonia, etc. El expansionismo hitleriano iba a seguir justamente esas líneas: unión de los alemanes y expansión territorial hacia el Este.
La primera etapa fue el Anschluss o unión con Aus
tria. Los tratados de postguerra prohibían también esa unión. Austria era una pequeña República con un antiguo y sólido partido socialdemócrata y una derecha católica, representada por el canciller Dollfuss. represor
Expansionismo alemán
Entrevista entre el
Duce de Italia, Beni to Mussolini y el can ciller austríaco En- gelbert Dollfuss, a propósito de la pre sión alemana sobre Austria. Dollfuss per teneció al P artido